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Tiburón.

作者: LIZI TM
last update publish date: 2026-05-04 14:54:13

Kateryn cruzó el umbral de Aura Design Group. El nombre de la empresa, un homenaje que su madre Aurora había rendido a su propia abuela, brillaba en la placa de la entrada, recordándole que ella era la última línea de defensa de un legado de tres generaciones.

Al entrar en su oficina, cerró la puerta y se apoyó contra ella.

Su cuerpo aún conservaba el rastro eléctrico del contacto con Sebastián; la sensación de sus dedos, la crueldad de su propuesta y ahora su nuevo dueño.

«Finge que solo es un socio más», se ordenó a sí misma.

Se sentó frente a su mesa de dibujo, rodeada de planos y muestras de terciopelo.

Se obligó a concentrarse en los ángulos de un nuevo proyecto, trazando líneas con una precisión que pretendía ocultar el desastre que era su alma.

Sin embargo, la burbuja de falsa calma estalló pronto.

La puerta se abrió sin previo aviso, golpeando el tope con un estruendo que la hizo saltar. Arthur entró en la oficina, con el rostro congestionado por la bilis y una notificación de embargo arrugada en su mano.

—¡Sigues aquí perdiendo el tiempo con dibujitos! —rugió Arthur, arrojando el papel sobre sus planos—. El banco llamó de nuevo. Si no presentas una garantía de inversión antes del lunes, perderemos este estudio y la mansión en un mes. ¿Qué demonios hiciste anoche? ¿Para qué te envié con Nelson si ibas a regresar con las manos vacías?

Kateryn no levantó la vista. Sus dedos apretaron el carboncillo con tal fuerza que el material se desintegró, manchando sus yemas de negro.

—Ya te lo dije, papá. Nelson tenía otras intenciones —respondió ella con una calma gélida que ocultaba el volcán a punto de entrar en erupción en su pecho.

—¡Entonces busca a otro! —Arthur se inclinó sobre el escritorio, invadiendo su espacio con ese aliento rancio a alcohol y fracaso que ella tanto despreciaba.

—Porque te lo advierto, Kateryn: si la empresa cae, no habrá más visitas. Jamás volverás a ver a…

—¡Ni se te ocurra terminar esa frase! —Kateryn se puso de pie de un salto, tirando la silla hacia atrás con un estruendo que hizo eco en la oficina.

El cambio en su mirada fue tan violento que Arthur retrocedió un paso, instintivamente. Ya no era la hija sumisa que aceptaba sus culpas; era una leona protegiendo a su cachorro. Sus ojos azules centellearon con una furia salvaje.

—No vuelvas a amenazarme con mi hijo —siseó ella, rodeando el escritorio —. He soportado tus humillaciones y tus deudas durante cinco años para proteger este lugar y a Leo, pero se acabó. He conseguido la inversión. La empresa está a salvo.

Arthur parpadeó, pasando del miedo a una codicia inmediata que le iluminó los ojos.

—¿La conseguiste? ¿Con quién? ¿Quién es el estúpido que puso el dinero? Tengo que conocerlo para negociar los términos y...

—Tu no vas a negociar nada —lo cortó ella de tajo, con una voz que no admitía réplica—. El contrato ya está firmado y el socio mayoritario exige anonimato absoluto frente a terceros. El dinero entrará en las cuentas mañana y la ejecución hipotecaria se detendrá al menos un mes más. Es todo lo que necesitas saber.

Kateryn sentía el corazón martillando contra sus costillas, una presión sorda que amenazaba con asfixiarla. No podía permitir que su padre supiera que Sebastián Blackwood era el nuevo dueño de Aura Design Group.

Si Arthur descubre que el hombre al que despreció por pobre ahora era un multimillonario, no dudaría en usar a Leo como una pieza de ajedrez para extorsionarlo sin piedad, vendiendo al niño al mejor postor.

Y si Sebastián se enteraba de que tenía un hijo... el riesgo de perderlo para siempre era real. Pero había algo más que le helaba la sangre: Sebastián estaba a punto de comprometerse oficialmente con una mujer de su misma clase social.

Kateryn no podía permitir que su hijo fuera señalado como un hijo ilegítimo a los ojos de todos, una mancha en la impecable reputación que Sebastián estaba construyendo. Prefería cargar con el peso del secreto y la soledad antes que ver a su pequeño convertido en un paria social o en el blanco de los desprecios de la futura familia de Sebastián.

—Vete de mi oficina, papá —ordenó —. Tengo que trabajar para nuestro nuevo socio. Solo vuelve a casa y mientras menos pises la empresa mejor.

Arthur la miró con resentimiento, pero la promesa del capital lo calmó lo suficiente como para marcharse refunfuñando.

Kateryn se dejó caer en su asiento tras el portazo de su padre, ocultando el rostro entre las manos manchadas de carbón. El silencio de la oficina era pesado.

—Ese hombre no cambia, ¿verdad? —una voz suave pero firme llegó desde la puerta.

Kateryn levantó la vista y forzó una pequeña sonrisa. Era Sara, su jefa de proyectos y la única persona en Aura Design Group.

que conocía la verdad sobre Leo y el tormento que Kateryn vivía en casa. Sara entró y cerró la puerta con llave.

—Me pareció oír gritos —dijo Sara, acercándose con dos tazas de café humeante—. Toma, te tiemblan las manos, Kiki.

Al escuchar el apodo, Kateryn sintió una punzada. Solo Sebastián y Sara la llamaban así, aunque con intenciones opuestas.

—Ha vuelto a usar a Leo para presionarme —susurró Kateryn, aceptando la taza—. He firmado el contrato. Tenemos la inversión.

Sara se sentó en el borde del escritorio, observándola con preocupación.

—Eso debería ser una buena noticia, pero tienes cara de haber firmado un pacto con el diablo. ¿Nelson se pasó de listo?

Kateryn negó con la cabeza, sintiendo que el nudo en su garganta se apretaba.

—Es Sebastián, Sara. Sebastián Blackwood es el nuevo socio mayoritario, Aura Design Group, es casi suyo.

El silencio que siguió fue absoluto. Sara dejó su taza en la mesa, con los ojos muy abiertos. Ella sabía perfectamente quién era Sebastián: el amor de juventud que Kateryn tuvo que destrozar.

—¿Blackwood? ¿El tiburón financiero de las noticias? —Sara se llevó una mano a la boca—. Kateryn, eso es...

—Lo sé. Por eso necesito que mi padre no sepa que él es el socio mayoritario —respondió Kateryn con desesperación—. Él me odia, Sara.

Sara suspiró y rodeó el escritorio para darle un abrazo rápido.

—Esta noche no te vas a ir a casa a llorar sola. Vamos a ir por un trago. Necesitas soltar ese estrés.

Kateryn aceptó, sintiendo que por primera vez en el día podía respirar. Necesitaba el apoyo de alguien, porque sabía que a partir de mañana, su vida dejaría de pertenecerle.

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