Mag-log inAvrilEra increíble, todavía me costaba creerlo. Estaba embarazada.Habían sido días tan intensos que mi corazón apenas podía seguir el ritmo de todo lo que estaba pasando. Gracias a Dios, Dimitri ya estaba fuera de peligro; le habían suturado la herida y se recuperaba favorablemente. Mi hijo descansaba tranquilo entre mis brazos, y la mayor sorpresa de todas fue que Keila… por fin había despertado del coma.Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos.Después de una semana agonizante en manos de ese imbécil —que por suerte ahora se pudre en la cárcel—, por fin podía respirar un poco de paz. Aún recordaba las náuseas y el miedo que sentí cuando intentó forzarme. Gracias al cielo no lo logró. De solo pensarlo, un escalofrío me recorría el cuerpo. Jamás podría perdonarme si cedía ante él.El rencor y el odio crecieron aún más cuando Dimitri me confesó que ese hombre había mandado a matar a mi padre. Y como si la justicia divina por fin hubiera despertado, el sujeto que intentó matarme me
DimitriMe quedé mirando a todos los presentes en el lugar, preparándome para lo que pudiera venir. Sobre todo, llevaba mi arma. Me habían informado que Sebastián también estaba armado, y por cualquier cosa no pensaría ni dos veces en atacarlo.Aunque eso me mandara a la cárcel, pero lo dudaba era un hombre con muchos aliados en este país.Soy un hombre influyente, y sé muy bien cómo se mueven las cosas en este mundo atroz. Incluso descubrí que el padre de Sebastián llevó a la madre de Avril a la quiebra y que esa mujer ahora se encuentra prácticamente encerrada en un calabozo en su mansión.Un hombre muy cercano a él me vendió información. Estaba cansado de trabajar a su lado y gracias a eso supe muchas cosas.Tengo pruebas de todos sus delitos.Fue él y su hijo quien mandó a matar al padre de Avril en aquel supuesto accidente. Él mismo ordenó el ataque contra ella. Fraudes, negocios ilícitos, demasiadas manchas en su historial. Ni él ni su padre saldrán limpios esta vez.No tendré ni
AvrilMi corazón latía desbocado.Me encontraba en el salón del parlamento del hotel. Habían sido invitados todos los comisionados, concejales, gerentes y accionistas mayoritarios. Entre ellos estaba el señor Wang, el más importante de todos, quien había colaborado con una generosa suma de dinero desde hace diez años.Los nervios me estaban consumiendo.Pero el mensaje que recibí ayer…Ese mensaje me dio la fuerza que necesitaba y no pienso rendirme.Sebastián estaba frente a todos, con una sonrisa de oreja a oreja, estrechando manos, saludando como el gran hombre que presume ser, el que nunca falla, el que jamás comete errores.Podía notar su ansiedad.Estaba esperando que yo hablara, que yo confesara.Que dijera que fui infiel, por eso decidí irme y que estaba loca.Que el accidente fue mi culpa, por eso perdí a mi hijaY que, aun así, él me amó y me perdonó.Maldita escoria.Ayer tuve que actuar como una mujer casi sumisa para que no sospechara. Estuvo a punto de tocarme pero, por suert
Dimitri¿Qué pasó? No podía evitar sentir un hueco instalado en la boca de mi estómago. Me cubrí el rostro, indignado. Cada una de sus palabras me hacía entender una cosa. Ella no está bien.Conozco a Avril desde hace muchos meses y puedo distinguir cuándo no es sincera. Suspiro y vuelvo a pensar. Quizás lo mejor sea esperar y dar el golpe final. Porque de mi cuenta corre —y lo declaro— que mi mujer regresará a mis manos.Mi corazón me dice que ella está sufriendo, pero también sé que todo lo hace por el niño y la entiendo.Termino mi trabajo y firmo unos papeles cuando Jaime entra a la oficina. Se ve más recuperado.—Hola, Señor Dimitri —saluda —. Vengo a presentarme porque necesito hacer un viaje a Rusia.Muevo la cabeza y asiento.—Está bien. Dime qué es lo que vas a hacer y te firmo los papeles del viaje.—Quisiera quedarme un tiempo en la sede, si me lo permites. No creo poder ser un buen abogado para rescatar al hijo de Avril… porque sé que en este momento ella no está bien. Y su
AvrilHabíamos llegado a la mansión que un día fue mía, que ahora le pertenecía a ese imbécil.Él sonreía de par en par mientras daba órdenes a los empleados para que prepararan una cena especial de bienvenida, solo porque habíamos regresado. Después de la forma tan vil en que me echó de mi propia casa, era increíble presenciar la hipocresía de este hombre. El fue cruel y me hecho sin piedad.Me pregunté qué habría pasado con Mónica.Algunas de las mujeres del servicio me miraron con cautela; otras me saludaron y me dieron la bienvenida. Yo ni siquiera tenía ganas de fingir cortesía. No me interesaba.Apreté a mi hijo contra mi pecho y subí con él a la habitación.El niño estaba extraño, distraído, como si su mente estuviera en otro lugar.—¿Qué pasa, pequeño? —le pregunté con suavidad.Él bajó la mirada.—Yo sé que todo esto es por mi culpa, por haber regresado con papá. Lo hiciste por mí, ¿verdad?Negué de inmediato, con el corazón encogido.¿Cómo era posible que mi pequeño pensara
DimitriEstaba sumamente preocupado.Necesitaba averiguar exactamente qué estaba pasando. Avril no se iría así porque sí… no por voluntad propia. Algo no cuadraba.Mi mente volvió inevitablemente a un solo nombre.Sebastián.¿Habrá sido ese imbécil quien le dijo algo o peor aún, le hizo algo?Mandé a uno de mis hombres a investigar lo que ocurría en esa mansión, pero la información que recibí solo empeoró mi inquietud: la mujer de Sebastián, Mónica, se había marchado de la casa y él había salido de viaje junto con el niño.Fruncí el ceño.No podía desconfiar de Avril. Algo malo había pasado. Estaba seguro. Ese hombre tenía mucho que ver en todo esto y no iba a permitir que nada le sucediera a ella.Apreté la mandíbula.Tal vez sus decisiones fueron forzadas; tal vez ese desgraciado la tenía amenazada.Y eso me tocaba el punto más débil. Era ella la mujer que amo con locura.No iba a permitir que la dañara. Mucho menos que utilizara al niño.Ahora lo importante era mantener la calma y







