Compartir

5

last update Fecha de publicación: 2026-08-11 04:10:57

A R I A N A

Reuní los últimos restos de cordura que me quedaban y comencé a empacar mis cosas en silencio.

Mis manos se movían por sí solas, metiendo ropa en una maleta y recogiendo las pocas cosas que realmente me pertenecían.

Fotografías.

Joyas.

Los pequeños detalles que Angelo me había regalado a lo largo de los años, cosas que ahora parecían simples mentiras.

No lloré.

Había llorado demasiado. Ya no me quedaban lágrimas.

Lo único que me mantenía en pie era la pequeña vida que crecía dentro de mí.

Mi bebé.

Lo único bueno que quedaba en medio de aquel desastre.

Cerré la cremallera de la última maleta y lancé una última mirada al dormitorio.

Hacía apenas unas horas estaba tan feliz. Había planeado cada detalle de nuestro aniversario y estaba deseando decirle a Angelo que iba a ser padre.

Ahora todo aquello estaba hecho añicos.

Tomé mi caja de pertenencias y salí sin mirar atrás.

Había bajado la mitad de las escaleras cuando ella apareció.

Bella.

¡Maldita traidora!

La mujer que había reído conmigo, llorado conmigo y estado a mi lado el día de mi boda.

La mujer que acababa de estar en la cama con mi marido.

Estaba apoyada contra la barandilla, con los brazos cruzados y una sonrisa burlona en su rostro perfecto.

—¿Te vas tan pronto? —ronroneó.

No dejé de caminar.

Ella se plantó delante de mí, bloqueándome el paso.

—Oh, vamos, Ariana. No seas así.

Apreté la mandíbula.

—Apártate.

Soltó una risa fría y cruel.

—¿O qué? ¿Vas a llorar un poco más?

Apreté con más fuerza la caja entre mis manos.

—¡Eres repugnante! ¡Debería darte vergüenza!

Bella puso los ojos en blanco.

—Por favor. Tú nunca lo mereciste.

Sentí que el pecho me ardía.

—¿Yo no lo merecía? ¡Tú eres la que se acostó con el marido de su mejor amiga! Confié en ti, Bella. Si alguien podía hacerme algo así, jamás pensé que serías tú.

Se encogió de hombros, como si aquello no significara nada.

—Angelo nunca fue realmente tuyo.

—¿Qué demonios se supone que significa eso?

La sonrisa de Bella se ensanchó.

—Le eché el ojo desde la universidad, mucho antes de que tú lo hicieras.

Me quedé paralizada.

¿Qué?

¿De qué demonios estaba hablando?

Inclinó la cabeza, disfrutando de mi desconcierto.

—Oh, no pongas esa cara de inocente, Aria. Las dos sabemos que a mí me gustó primero. Pero él te eligió a ti.

Su voz destilaba veneno.

—Así que esperé. Y cuando llegó el momento adecuado… lo recuperé.

Sentí que el estómago se me retorcía.

—Tú… ¿planeaste todo esto?

Se rio.

—Por supuesto. ¿De verdad creías que había sido tu amiga todos estos años? Solo estaba esperando mi oportunidad. Cuando quiero algo, Ariana, me aseguro de conseguirlo. Absolutamente nadie merece a Angelo excepto yo. Él es mío y siempre lo ha sido.

Sentí como si acabaran de darme un puñetazo.

Todas aquellas conversaciones hasta altas horas de la noche.

Todos los secretos que habíamos compartido.

Todas las veces que fingió preocuparse por mí.

Todo había sido una mentira.

—Eres un monstruo —susurré.

Los ojos de Bella brillaron.

—Y tú eres una tonta. ¿De verdad creías que te amaba? Solo se quedó contigo porque sentía lástima por ti. ¡No eres nada, Ariana!

Me temblaron las manos.

—Eso no es verdad.

—Oh, sí lo es.

Se acercó un poco más y bajó la voz hasta convertirla en un susurro cruel.

—¿Y sabes qué más? Me aseguré de que nunca quedaras embarazada. Porque si hubieras tenido un hijo, quizá él se habría quedado contigo.

El mundo se detuvo.

Se me cortó la respiración.

¿Qué acababa de decir?

La miré fijamente, con el corazón desbocado.

—¿Qué… qué hiciste?

Bella sonrió con malicia.

—Pastillas anticonceptivas en tu café. Todas las mañanas durante el último año.

Las rodillas casi me fallaron.

Ella me había estado drogando.

Había estado robándome la oportunidad de formar una familia.

Y ahora…

Ahora que estaba embarazada…

De todos modos, me había quitado a Angelo.

Sentí náuseas.

—Maldita zorra —logré decir entre sollozos.

Bella simplemente rio.

—Ya es demasiado tarde, ¿no? Él es mío y no puedes hacer absolutamente nada al respecto. Las dos sabemos que has estado viviendo a costa de él para pagar tus deudas. Eres una zorra, Ariana. Una maldita barata que busca hombres de clase alta para conseguir dinero y mantener tu estilo de vida falso.

—¡¿Cómo te atreves?! —grité.

Ella se encogió de hombros.

—Ya no te quiere. Nunca te quiso. Simplemente no se había dado cuenta. Y ahora que yo le hice ver su error, podemos decir que ha terminado contigo —escupió.

Quería gritar.

Quería golpearla.

Quería destruirla.

Pero decidí no hacerlo.

No iba a darle la reacción que estaba buscando. Mi corazón ya había sido destrozado por el hombre que creía que me amaba.

El dolor que Bella pudiera causarme no era nada comparado con el que me había provocado Angelo.

Solté el aire lentamente, me di la vuelta y comencé a alejarme.

Tenía razón.

No había nada que pudiera hacer.

Angelo la había elegido a ella.

Y yo…

Yo me quedaba sin nada.

Solo con el corazón roto.

Y con un bebé del que él jamás sabría.

—¡Oye! ¿Adónde crees que vas?

Me agarró del cabello.

Solté un grito.

—¡Suéltame!

—Está bien…

Y me soltó.

Pero, en lugar de apartarse, me empujó, haciéndome perder el equilibrio y caer por las escaleras.

Un dolor insoportable me atravesó el abdomen cuando mi cuerpo golpeó el suelo.

Grité de dolor.

—¡No! ¡Mi bebé! —lloré al sentir la sangre correr por mis piernas mientras el dolor se intensificaba.

—Por favor… ayúdame. Por favor… no puedo perder a mi bebé —balbuceé entre sollozos mientras veía a Bella bajar hasta donde yo yacía inmóvil.

—¡Muérete, zorra! Si creías que iba a permitir que tuvieras el bebé de Angelo, eres todavía más estúpida de lo que pensaba —siseó—. No podrás usar al bebé para recuperar a Angelo ni para quedarte con sus propiedades. Me he asegurado de eso… No hay forma de que puedas salvar al bebé. ¡Púdrete en el infierno, maldita zorra!

Se burló de mí antes de darse la vuelta y marcharse.

La observé alejarse hasta que su figura desapareció de mi vista.

Y entonces…

Todo se volvió negro.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • La Venganza de la Heredera   EPÍLOGO

    POV DE ARIANAUn año después…El sol calentaba mi rostro mientras el jardín bullía de ruido, del bueno. Del que hacen la risa, los pies corriendo y los gritos felices de los niños pequeños.Observaba a mis hijos corretear por todas partes.Asher, Leo y las gemelas perseguían una pelota azul brillante. Las gemelas estaban celebrando su quinto cumpleaños.Un poco más allá, Isabella intentaba enseñarle a Sofía a jugar a la rayuela en las piedras del patio que había dibujado con tiza. Sofía, con sus cinco años, se lo tomaba muy en serio, con su pequeña lengua asomando por la concentración.Mi mano descansaba sobre la curva dura y redonda de mi vientre. La barriga ya se notaba grande, otro niño… lo descubrimos la semana pasada.Y no puedo creer que haya pasado un año, un año entero desde que la tormenta terminó.Mi padre, que se había escapado de la cárcel, fue la clave. Lo atraparon cuando intentaba huir del país, y cuando la policía lo interrogó, empezó a hablar.Habló de un trato con An

  • La Venganza de la Heredera   120

    POV DE ARIANAMi teléfono vibró sobre la mesita de noche en la habitación de invitados de Marcus. La pantalla iluminó la oscuridad y fruncí el ceño, preguntándome quién sería.Me acerqué y mis ojos cayeron sobre el identificador de llamadas. Mi corazón dio un vuelco doloroso y loco. Una parte de mí quería estrellar el teléfono contra la pared.Otra parte quería agarrarlo y no soltarlo jamás.Lo tomé.Mi dedo se quedó suspendido sobre el botón de respuesta. Respiré hondo, temblorosa, deslicé para contestar y no dije nada.—¿Ariana? —su voz llegó al otro lado.No era la voz fría y plana de mi oficina.Era su voz, la de mi Dante, quebrada, ronca y llena de dolor.—¿Qué quieres? —pregunté, y mi propia voz sonó pequeña y fría.—Yo… necesito hablar contigo, por favor. Marcus me dijo… me dijo que lo sabes.—¿Saber qué? —espeté, y la ira volvió, caliente y rápida—. ¿Que me mentiste durante semanas? ¿Que tienes otra familia entera viviendo en nuestra casa? ¿O que tú y tu sobrino enfermo y tu e

  • La Venganza de la Heredera   119

    POV DE DANTELlevo horas sentado en mi escritorio, intentando trabajar, pero nada parece funcionar.Solo he estado mirando la pared, mirando a la nada, con la mente convertida en un ruido blanco y vacío. Si me permito pensar, me romperé.Así que no pienso.Solo estoy sentado.La puerta de mi oficina se abrió de golpe, estrellándose contra la pared.Levanté la vista y mis ojos se encontraron con los de Marcus. Estaba de pie, con los ojos llenos de irritación y decepción.Caminó directo hacia mi escritorio y golpeó ambas manos contra la superficie.—¿Cómo te atreves? —gruñó, con voz baja y temblorosa—. ¿Cómo te atreves a hacerle eso a ella?Sabía a quién se refería.Ariana.Mi corazón, que parecía una piedra fría en el pecho, dio un latido doloroso, pero aparté la sensación.Me recosté en la silla, tratando de mantener el rostro impasible.—No sé de qué hablas, Marcus, y este no es un buen momento.—¡No me mientas! —gritó—. ¡No te sientes ahí a hacerte el distante conmigo! La vi, pasé t

  • La Venganza de la Heredera   118

    A R I A N A—Siéntate. Te traigo agua. ¿O té? ¿Algo más fuerte?—Agua, por favor —susurré, con la garganta irritada de tanto llorar.Como prometió, Marcus me recogió y me trajo a su casa.Volvió con un vaso y se sentó en la silla frente a mí, inclinándose hacia delante con los codos apoyados en las rodillas.—Ahora, empieza por el principio. Cuéntamelo todo.Y lo hice. Le hablé de la llegada de Melissa, de la discusión en el jardín, de cómo Dante se puso de su lado. De la soledad aplastante. Luego, de cómo Angelo reveló la verdad: que Melissa era la exesposa de Dante, que Leo era su hijo.—Fui al apartamento de Angelo porque estaba desesperada… no tenía adónde ir después de lo que pasó en la oficina de Dante. Pensé que podría quedarme allí esa noche, hasta que pudiera resolver las cosas, y que tal vez él podría ayudarme —dije, y di un trago grande de agua—. Pero no estaba solo en casa. Ella estaba allí. Melissa.Los ojos de Marcus se abrieron de par en par.—¿En casa de Angelo?—Sí. Y

  • La Venganza de la Heredera   117

    A R I A N AMis piernas se movieron solas, un paso atrás y luego otro, mientras intentaba controlar la respiración para que no me oyeran.Había ido al apartamento de Angelo buscando consuelo, igual que la otra vez que habíamos peleado.Después de lo que pasó en la oficina, no tenía a dónde ir, así que llegué hasta aquí.Verlos a los dos juntos me partió el corazón, me heló la sangre. No podía ser.La voz de Angelo sonaba suave, aprobatoria.Todo esto era parte de su plan… ¿qué tan estúpida podía ser?—Te dije que podía manejarlo. Dante y yo… tenemos historia.La voz de Melissa.Escuché cada maldita palabra.El plan.Las mentiras.La manipulación.Los papeles del divorcio, una «jugada maestra». Los niños, una crueldad que decidió porque simplemente no le importaba.Quería ver a Dante destrozado.Tropecé hacia atrás y mi cadera chocó contra una mesita auxiliar; un florero se tambaleó, pero lo sujeté a tiempo, con los dedos torpes, y logré que quedara en su lugar con un tintineo suave.¿

  • La Venganza de la Heredera   116

    M E L I S S ASonreí cuando la puerta hizo clic al abrirse. Ni siquiera me molesté en girarme; sabía quién era. Angelo se acercó por detrás.Se le veía… satisfecho. Apoyó las manos en mis hombros.—Hiciste un trabajo excelente —dijo, con la voz como un rumor grave en la habitación en silencio—. De verdad. Tengo que admitir que no creía que pudieras hacer que todo pareciera tan… posible en tan poco tiempo.Me permití una sonrisa tensa y pequeña en el reflejo del cristal.—Te dije que podía manejarlo. Dante y yo… tenemos historia, y tú lo sabes. Lo conozco mejor que nadie. Sé lo que lo hace sentir culpable, lo que lo aterra, lo que lo bloquea. —Me giré hacia él, recostándome contra el vidrio frío—. Conozco cada uno de sus botones. Solo tuve que presionarlos en el orden correcto.Los ojos de Angelo brillaban con admiración mientras alargaba la mano, tomaba mi copa de vino y daba un sorbo.—Los papeles del divorcio fueron un golpe maestro. Entregárselos así, tan fría y clínica. Casi me lo

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status