FAZER LOGINAl ver que ella no respondía de inmediato, prosiguió. Era claro que explicarle esto tomaría tiempo.
— Sé que hemos tenido… dificultades. —Su voz se mantuvo firme, aunque más baja de lo habitual. — Pero no podemos seguir ignorando lo evidente.
Hizo una breve pausa antes de continuar, sintiendo la mirada fulminante de Natasha encima de él.
— Necesitamos un heredero, Natasha. —esta vez no sonó como una petición, sino como una decisión. — Alguien que… mantenga todo en pie, que le dé continuidad a lo que ya existe.
Natasha lo miró en silencio, sus ojos reflejaban extrema cautela y a su vez analizó las palabras de Alexander.
— No, no es eso… —murmuró. — Yo... Yo también he deseado tener una familia, siempre lo he querido… solo que nunca encontré el momento, ni el valor, para decírtelo. —Hizo una pequeña pausa. — Quizás… podríamos intentarlo.
Ante las palabras de Natasha, hubo un silencio que recorría cada rincón de la habitación. Alexander la estudió, esperaba resistencia, discusión, excusas... No esto.
Pero había algo en sus palabras que lo hizo dudar... Su tono de voz, la forma en que evitaba su mirada, la ligera tensión en sus hombros. No podía estar seguro de si hablaba con sinceridad o si había algo más oculto que ni él ni Emma han descubierto.
— ¿Desde hace tanto tiempo... Querías empezar una familia conmigo... Y nunca me lo dijiste?... —dijo Alexander, con el ceño fruncido, con un tono cargado de incredulidad y tensión. — ¿Por qué esperaste hasta este momento, si yo te lo he pedido e insistido durante estos cinco años?...
Natasha ladeo la cabeza con evidente fastidio por este tema, soltando un suspiro corto.
— ¿De verdad vas a empezar con eso ahora?. —exclamó con un tono cortante. — ¿Cinco años? ¡Por favor!, Siempre supe que querías que yo diera el primer paso en esta relación.
— ¡No es justo, Natasha!. —replicó Alexander, al borde de explotar, no podía creer lo doble cara que podía llegar a ser ella. — Por Dios, no es solo "dar el primer paso", es sobre nosotros, sobre lo que somos, sobre nuestra familia, sobre planificación.
— Oh, ¿ahora te preocupas por la planificación?. —interrumpió cruzando los brazos. — Que conveniente... Justo cuando finalmente me animo a hablar, te conviertes en el juez y la víctima al mismo tiempo.
Alexander apretaba los puños al punto que sus nudillos se volvían blancos, la tensión que acumulo a lo largo de años estaba a punto de explotar.
— Esto no es un juego. —dijo mirándola con resentimiento. — No es solo "decirlo y ya"... Hay de por medio expectativas, hay un futuro... Y no puedo simplemente ignorarlo mientras tú actúas como si todo fuera fácil.
Natasha arqueó una ceja, claramente desafiándolo.
— ¿Y qué quieres que haga, Alexander?, ¿vas a hacerme sentir culpable por quererlo también?... —dijo en un tono de sarcasmo. — ¿Acaso no es obvio que he esperado tanto como tu?, Solo que no voy a ponerme a llorar sobre tus cinco años de "espera".
Alexander respiro hondo, tratando de calmar la mezcla de frustración e incredulidad que sentía. Su mirada se endureció, pero la tensión del ambiente seguía ahí.
— Entonces… si realmente quieres esto… vamos a hacerlo bien —dijo finalmente. — Sin más excusas, sin más secretos.
— Si eso es lo que quieres, Alexander... —dijo colocando a un lado el libro que leía y apagando la luz de la mesita de noche de su lado para acomodarse y dormir.
El silencio que siguió no fue cómodo… ni cálido... Esa noche durmieron bajo la misma sábana, en la misma cama... Pero no había calma real. Los gestos de Natasha eran cortantes, su respiración medida, calculada, recordándole a Alexander que había dado un paso, sí, pero no un paso fácil... La presión y la tensión seguían flotando en el aire, como si la tregua fuera solo temporal
A la mañana siguiente, Alexander despertó temprano, no había emoción en su pecho… solo una extraña inquietud que no lograba sacudirse, la discusión de la noche anterior lo había dejado tenso, al mirar a su izquierda, vio que ya Natasha no estaba a su lado, se había levantado primero que él.
Sin darle mucha importancia, se levantó, se duchó, se vistió como de costumbre, luego bajó a la cocina con pocos ánimos y unas ojeras marcadas que delataban la misma rutina de todas las noches.
El aroma del desayuno lo recibió de inmediato, Emma estaba ahí, como siempre, moviéndose con naturalidad, concentrada en cumplir con su tarea diaria.
Por un instante… todo se sintió distinto… Más tranquilo, más sencillo.
— Buenos días, Emma… —dijo con un tono más suave de lo habitual, intentando mantener la compostura. — Huele bien.
Ella levantó la vista y le sonrió.
— Buenos días, señor.
En ese momento, Natasha entró. Como siempre, perfecta, radiante, mientras que Alexander se veía con más ojeras, su mente esta todavía cargada de pensamientos y dudas.
Desvió la mirada casi de inmediato.
— Buenos días, cariño —dijo ella, tomando asiento.
Emma dudó un segundo, era extraño que ella quisiera desayunar, y más un llamarlo “cariño”.
— Disculpen mi atrevimiento pero… ¿prefieren desayunar aquí en la cocina o en el comedor?...
— Aquí está bien. —respondió Natasha con una sonrisa.
Emma asintió y sirvió los platos con cuidado, podía sentir que había algo distinto en el ambiente entre ellos dos… Estaba tenso, aunque ella no lograba descifrar exactamente qué.
Alexander observó a Emma en silencio. Había algo en la forma en la que se movía… algo sencillo, auténtico, que le llamaba la atención. Algo que no necesitaba esfuerzo… Y eso… Le resultaba peligroso.
Se sentó frente a Natasha, pero su atención no estaba completamente ahí.
— Gracias por… aceptar lo de ayer, Natasha. —dijo finalmente, rompiendo el silencio, con una ligera sonrisa.
Extendió la mano, rozando apenas la de ella.
— Es lo correcto. —dijo Natasha, sonriendo con una expresión de aparente satisfacción, aunque Alexander notó el leve filo en su mirada.
Emma, en cambio, bajó la mirada y sirvió lo que faltaba del desayuno a ambos. antes de retirarse, la observó en silencio, notó cómo su atención estaba dividida, cómo Alexander parecía distraído, distante.
Más tarde, mientras la casa retomaba su rutina habitual, Alexander se perdió en sus pensamientos. Pensaba en todos los pros y contras de tener un “heredero”, en la conversación de anoche, y en cómo todo ahora estaba decidido… pero aún así, no se sentía bien.
Sumido en esas reflexiones, no se percató de que Emma limpiaba cerca hasta que ella lo rozó accidentalmente. Instintivamente, la sostuvo por los hombros con firmeza.
— Cuidado —murmuró con voz baja, cargada de preocupación y algo más íntimo—. No quisiera que te lastimes por mi culpa o mi torpeza.
— ¿Alexander?... —murmuró ella, sorprendida.
Al darse cuenta de lo inapropiado del gesto, la soltó rápidamente y retrocedió.
— Perdóname, no quería asustarte —dijo casi murmurando, era un susurro suave.
Su voz era más baja de lo esperado para Emma, quien se sorprendió. Por un momento, ninguno de los dos se movió, estaban demasiado conscientes de la proximidad del otro.
Alexander sintió un impulso extraño en su interior, un deseo de inclinarse un poco más, de mantenerla cerca, de acercarse más, rozar su mejilla, tal vez besarla… pero se contuvo. Su mente luchaba contra lo que su cuerpo quería hacer, recordando que no podía permitirse cruzar ciertos límites.
— No… no pasa nada —respondió Emma, dando un pequeño paso atrás. — Veo que todo está mejorando… eso es bueno —dijo, aclarándose la garganta, intentando aparentar normalidad.
Alexander asintió.
— Sí… eso parece. —murmuró, aunque no sonaba convencido. Su mirada se quedó en ella un instante más de lo necesario, un reflejo de lo que no quería admitir… Su mente todavía estaba atrapada entre la decisión con Natasha y lo que Emma representaba para él.
—Debería… ver a Natasha —añadió, carraspeando mientras daba un paso atrás. — Debo asegurarme de que todo esté en orden.
Emma asintió con una leve sonrisa, aparentaba que la mirada de Alexander no le había afectado pero su corazón latía muy rápido.
— Claro.
— Gracias otra vez, Emma. Por todo.
Dicho esto, se dirigió escaleras arriba, pero se detuvo en el umbral para mirarla una última vez.
Al quedarse sola, Emma se quedó pensativa. No podía ignorar la tensión en Alexander, ni la forma en que sus palabras y gestos parecían decir algo que él no estaba listo para admitir.
Emma terminó sus tareas y salió de la mansión, tratando de distraerse y dejar atrás la sensación incómoda que flotaba en el aire.
En la noche, cuando Emma volvió algo tarde a la mansión, notó de inmediato que algo no estaba bien.
Alexander estaba en la sala.
Sentado en el sillón, con una copa de whiskey en la mano, la corbata floja y los primeros botones de la camisa desabotonados. Su postura relajada contrastaba con la expresión en su rostro sorpresa… y algo de vergüenza al verla.
Intentó pasar sin hacer ruido, pero al cruzar frente a él, sus miradas se encontraron.
— Señor, discúlpeme, llegué un poco tarde… No pensaba interrumpirlo… —dijo algo apenada, apartando la mirada.
— No necesitas disculparte, Emma… respondió con una voz ligeramente baja y áspera por el alcohol. — No es tan tarde...
— ¿Le ayudo en algo?. —pregunto un poco tímida mientras se acercaba un poco hacia el.
— No, no... Es solo que necesitaba un momento para pensar. —dijo mientras él le dio unas palmadas al sillón, invitándola a sentarse a su lado.
Emma dudo. Era la primera vez que lo veía así... Solo, desordenado, vulnerable... Como si todo el peso que siempre llevaba con tanta firmeza, finalmente estuviera saliendo a la superficie.
— ¿Cómo te fue en tu sesión de estudios?... —pregunto intentando sonar normal.
Emma no respondió de inmediato. El ambiente era extraño, pero a la vez se sentía demasiado cercano.
— Hace tiempo que no hablábamos de verdad.— He estado ocupada con las tareas de la mansión, señora. Hay mucho que coordinar estos días.— Lo sé... Y las haces muy bien... La casa nunca ha lucido mejor.Emma inclinó ligeramente la cabeza, agradecida.— Gracias.Pero Patricia no terminó ahí. Siguió observándola, demasiado tiempo, como si intentara recordar o descifrar algo.— Te ves diferente, Emma.Emma sintió un pequeño sobresalto interno.— ¿Diferente?— Sí... Más animada... Más... viva. Con un brillo en los ojos que antes no tenías.Emma casi dejó de respirar. El corazón le latió con fuerza contra las costillas. Por suerte, logró componer una sonrisa natural.— Creo que es porque mi madre está mejorando. Las noticias del médico han sido muy positivas últimamente.Y era verdad, en parte. Aquello ayudó a que la explicación sonara genuina y no forzada. Patricia pareció aceptar la respuesta, asintiendo con aprobación.— Es una excelente noticia... Me alegro por ti, de verdad.Emma sint
La mañana siguiente había comenzado de forma relativamente normal. Natasha desayunaba en uno de los salones mientras revisaba algunas revistas relacionadas con maternidad, pasando las páginas con una delicadeza casi reverente, como si cada imagen de cunas y ropitas pudiera materializar el futuro que tanto anhelaba. Emma se encontraba ocupada organizando varias tareas del día junto al resto del personal: supervisaba el menú de la semana, revisaba los arreglos florales y se aseguraba de que cada detalle de la enorme casa funcionara como un reloj suizo.Alexander, por su parte, intentaba terminar algunos asuntos pendientes desde su despacho, firmando contratos y respondiendo correos con la concentración que solo lograba cuando el mundo exterior no irrumpía en su refugio.Nada fuera de lo común. Hasta que una de las empleadas que atiende la parte de los jardines apareció en la puerta, visiblemente nerviosa.— Señor Alexander...Alexander levantó la vista de los documentos, frunciendo el c
Emma bajó la mirada.Sabía perfectamente qué estaba buscando Natasha: la grieta en la armadura de su matrimonio, la verdad detrás de las ausencias inexplicables de Alexander. Y eso la inquietaba hasta el punto de robarle el sueño algunas noches.— Por eso debemos fingir que no somos nada... —dijo Emma, y la frase le dolió mucho más de lo que ella se imaginaba... Porque aunque era verdad, aunque era necesario para protegerse, escucharla en voz alta hacía que todo pareciera más real, más cruel.Alexander levantó una mano y acarició suavemente una de las mejillas de Emma, trazando con el pulgar la línea de su mandíbula. Su toque era cálido, reconfortante.— No me gusta esto...— A mí tampoco.— Pero lo haremos... —afirmó él con convicción. — Solo sera por ahora.Emma asintió, aunque su corazón se rebelaba. Antes de que pudiera decir algo más, Alexander rodeó suavemente su cintura y la acercó hacia él. Sus cuerpos se encontraron sin que ninguno de los dos objetara.— Alexander...— Escúch
La tarde había caído lentamente sobre la mansión, como un velo de seda que se deslizaba con delicadeza sobre los tejados antiguos. La luz anaranjada del atardecer se filtraba por los grandes ventanales de la sala privada, tiñendo las paredes de tonos cálidos y suaves que contrastaban con la frialdad habitual de aquel lugar. Los rayos dorados bailaban sobre los muebles de caoba pulida, sobre los tapices que contaban historias de generaciones pasadas y sobre los libros encuadernados en cuero que nadie parecía leer ya. Por una vez, el lugar parecía tranquilo. Demasiado tranquilo.Y precisamente por eso Alexander había aprovechado la oportunidad.Natasha había salido a una de sus interminables reuniones en la ciudad, con esa expresión tensa que ya no se molestaba en ocultar. Patricia se encontraba en su propia residencia al otro lado de la propiedad, probablemente revisando informes financieros o planeando su próximo evento social. Los empleados estaban ocupados en otras áreas de la man
El incidente del labial debería haber quedado atrás desde que pasaron algunos días y Natasha se ha calmado...En teoría... Debería...Al menos eso era lo que Alexander intentaba repetirse desde aquella mañana, mientras el peso de los recuerdos lo acompañaba como una sombra insistente. Cada vez que cerraba los ojos, revivía la escena: Natasha irrumpiendo en la reunión con esa mirada acusadora, interrogando a una inversora inocente frente a todos los presentes. El silencio incómodo que se había instalado en la sala, las miradas de sorpresa y lástima de los asistentes, y el dolor de cabeza que lo había acompañado durante el resto del día. Era absurdo. Completamente absurdo. Y aun así, aquello había ocurrido. Por desgracia.La paranoia de Natasha estaba escalando a niveles que ya no podía ignorar. Lo que empezó como celos discretos se había convertido en una caza obsesiva, y Alexander sentía que el suelo bajo sus pies se volvía cada vez más inestable. Necesitaba aire. Necesitaba hablar co
Emma terminó bajando la cabeza, completamente avergonzada. Porque una parte de ella sabía que debía negarse, mantener cierta distancia de todo esto pues, ella no resiste todo esto. Pero otra parte... La parte más sincera, la que siempre aparecía cuando estaba cerca de él, se sentía absurdamente feliz, protegida, querida al punto que el deseo era irremediable.— Bueno... No puedo negarme, ¿verdad?... Gracias —susurró.— De nada.Y por unos segundos ambos permanecieron allí, compartiendo aquella pequeña tranquilidad. Lejos de problemas, lejos de sospechas, lejos de Natasha.Sin imaginar que, en otra parte de la mansión, alguien seguía pensando exactamente en ellos.Mientras tanto, Natasha estaba encerrada en su estudio privado. La puerta permanecía cerrada con llave. Sobre el escritorio había varias fotografías, notas detalladas, nombres subrayados y apuntes escritos a mano con furia. La mujer que había estado aquella mañana ya estaba descartada. Una línea roja cruzaba la fotografía c







