FAZER LOGINLos siguientes días, Alexander se mantuvo distante y preocupado, apenas notaba la presencia de Natasha, y la verdad que Emma le había revelado no dejaba de atormentarlo. Sus interacciones con ella se volvían mucho más frecuentes e intensas, y siempre la buscaba para encontrar consuelo mientras lloraba en silencio en las noches.
Una tarde, cuando la cena había terminado, Emma llevó los platos hasta la cocina. Apenas Alexander vio que su esposa se alejaba hacia otra habitación, sigilosamente se escabulló a la cocina y suavemente tomó a Emma y la movió a un lado. — E..esto es serio… Emma… Natasha se ve a escondidas con un hombre… y muy frecuentemente. Yo he descubierto mensajes de texto, recibos de hotel… Ya no hay manera de negar lo que es evidente… tenías razón… —dijo en voz baja casi susurrando. Se alejó un poco de Emma, quien lo observaba un poco preocupada. Llevó su mano a la cabeza y revolvió su cabello con su mano, se veía cansado y perdido. — La confronté y ella simplemente lo negó todo… Claro, ella dijo que era paranoico y que me imaginaba cosas… Típico de ella. —dijo con un sabor amargo en su tono. — Te dije que no le dijeras nada de esto a ella. —suspiro. — Solo actúa normalmente como eres con ella… Ella dudo que diga algo más de este tema si ya te trato de loco… Simplemente lo evitará. Alexander asintió aceptando que cometió un pequeño error, pero que lo que le dice es mejor que nada. — Tienes razón… Si, debería fingir que nada paso, que solo son ideas mías… —dijo mientras frotaba con sus dedos su entrecejo. Alexander está cargando el peso del mundo en sus hombros. Cada palabra que decía ya era de resignación. — Solo… yo solo… Quisiera saber por qué ella decidió traicionarme de esta manera… ¿Tal vez busco deseo y validación?... O tal vez ella nunca me ha amado después de todos estos años juntos… —su voz se rompía, dejando ver qué esto le estaba afectando y mucho. Emma no podía decir nada ante lo que veía, le dolía mucho verlo de esta forma. — Te debo mucho Emma… Mucho es mucho… No se que haría sin ti… —dijo con la voz ya más suave pero se podía sentir el dolor en ella. — Yo estoy para servir... Gracias por confiar en mí… —dijo asintiendo. El ofreció una sonrisa, su mirada se posó de nuevo en Emma por un tiempo más largo que el necesario. — se que puedo contar contigo… Después de limpiarse las ligeras lágrimas que cayeron de sus ojos, los dos se quedaron en silencio. Alexander aclaró su garganta con un vaso de agua que Emma le dio. — Volvamos a pretender que… pues… Nada ha pasado… Que todo está bien. — Si… Bueno, Natasha me debe estar esperando para que le ayude o algo por él esto… Es mejor no hacerla esperar… —dicho esto él se retiró a su estudio, caminando ya sin fuerzas, para continuar con lo que le había pedido Natasha antes de que ella saliera corriendo hace unas horas. Horas más tarde, después del almuerzo, Alexander volvió a la cocina, apenas abrió la puerta, Emma rápidamente se le acercó. — Oh, se me olvido mencionar algo… Su madre llamó ayer, ella quiere hablar con usted, ella… se preguntaba cuándo… Tendrás un heredero, ella dice que… bueno, es importante para usted y es algo que no puede omitir por siempre... —Asintió mientras lo miraba y murmuraba un poco lo que decía, sabe que estos temas no le gustan del todo a Alexander. Alexander se detuvo en seco, su cuerpo se empezó a tensar al escuchar lo de la llamada de su madre. Lentamente giró para ver a Emma, con una mezcla de emociones cruzando su rostro, frustración, resignación y un destello que casi parecía pánico. “¿cómo se supone le daré un hijo a una mujer que me engaña... Pero es que tampoco puedo negarme, esa no es una opción en estos momentos ...”, pensó para sí mismo. — ¿Mi madre llamó por eso? —Se pasó una mano por la cara. — Claro que sí… Siempre insistiendo, siempre esperando más de mí… Un heredero... Comenzó a caminar de un lado a otro, agitado. — Como si no importara que Natasha y yo… —Se detuvo, lanzándole una mirada cautelosa. — Bueno, da igual. —dijo, su mandíbula se apretó, se tensó mucho. — Tendré que devolverle la llamada, darle alguna respuesta vaga… pero aún así... — Intente hablar más con Natasha al respecto de este tema, señor. —sugirió Emma con una sonrisa. — Tal vez ella sí quiera tener uno, puede que sea algo tímida, o tal vez siente que no es el momento, siento yo… Y si necesitas recomendaciones de qué regalarle o cómo tratar de acercarse a ella sin que sea un león… con gusto le ayudo, pues su prioridad en estos momentos ya no es hacer que la empresa que usted maneja suba de nivel, si no... tener un heredero. Alexander la miró, sorprendido y agradecido por la propuesta sonrió. No era algo que esperaba de Emma, por lo general solo se limita a hablar con él. — ¿Hablar con Natasha sobre… Este tema? —dijo, unos segundos después se quedó callado un momento, meditando un poco la idea de tener un bebé que sea un heredero, de formar una familia con ella. — Claro señor. —dijo asintiendo. — Yo…No lo había considerado desde ese ángulo… Es arriesgado, considerando cómo están las cosas ahora… Pero evitarlo solo va a empeorar todo. —dijo desviando la mirada. Sus ojos se encontraron con los de Emma, una chispa de esperanza brillaba entre la tormenta interna y sus pensamientos. — Tu oferta de ayudarme con recomendaciones es muy amable, Emma... Esto demuestra lo considerada que eres conmigo. — dijo mientras dio un paso al frente y apoyó una mano en su hombro, el contacto duró un segundo más de lo que sería estrictamente amistoso. — Es solamente mi trabajo… Es mi deber. —exclamó nerviosa. — No sé qué haría sin tu apoyo. Tienes una manera especial de ir directo al corazón de las personas... Como el mío. —dijo sonriéndole. — N… No te preocupes, siempre ayudaré en lo que pueda. —respondió Emma con una sonrisa antes de dirigirse a otra habitación. Cuando Emma salió de la habitación, Alexander se quedó solo con sus pensamientos, las palabras de ella no dejaban de resonar en su mente. La posibilidad de hablar con Natasha sobre tener un heredero no le traía paz, está idea le traía peso, pero también... Una salida, por qué, si llegaba a cumplir con tener un heredero... Al menos por un tiempo, todo dejaría de desmoronarse y podría seguir todo con naturalidad, aunque eso significa atarse aún más a una mentira que ya no podía sostener. Pero sabe y entiende que si se niega puede y será un gran problema. Más tarde esa noche, mientras Natasha se preparaba para dormir, Alexander entró a la habitación que compartía con su esposa, estaba sumamente nervioso. Tomó aire profundamente y se armó de valor acercándose un poco hacia ella. — Natasha… ¿Puedo hablar contigo de algo? Ella levantó la vista de su libro, arqueando una ceja. — Claro, ¿Qué sucede? —Su tono era ligero, pero había un matiz de cautela en su mirada. Alexander se sentó a su lado en la cama, eligiendo con cuidado sus palabras pues, este tema no es sencillo de dialogar pero al menos debe fingir que le agrada esta idea. — Hay algo que ya no podemos seguir evitando… Mi madre volvió a llamar y no piensa dejar el tema. — ¿Y por qué de repente quieres hablar de esto ahora?... siempre es lo mismo. —dijo con una voz aunque calmada, el tono era de fastidio, volviendo a la lectura de su libro sin siquiera verlo a los ojos. Él se estremeció ligeramente ante el tono, pero continuó, decidido, esta vez ya no iba a permitir que se saliera con la suya. — No es algo que quiera… pero tampoco es algo que pueda seguir posponiendo... —Su voz era firme, aunque se notaba la tensión y el nerviosismo que traía al hablar. — ... ¿Es en serio?… —murmuró—. Qué conveniente momento para sacar ese tema… — Han pasado 5 años... —dijo con calma. — Eso lo sé Alexander, no soy ciega. —exclamó mirándolo directamente a los ojos. El simplemente suspiro, viéndola directamente a los ojos tal como ella lo hacía siempre. — Hay cosas que… ya no podemos seguir postergando y Mi madre no va a dejar de insistir… y no es la única…— Hace tiempo que no hablábamos de verdad.— He estado ocupada con las tareas de la mansión, señora. Hay mucho que coordinar estos días.— Lo sé... Y las haces muy bien... La casa nunca ha lucido mejor.Emma inclinó ligeramente la cabeza, agradecida.— Gracias.Pero Patricia no terminó ahí. Siguió observándola, demasiado tiempo, como si intentara recordar o descifrar algo.— Te ves diferente, Emma.Emma sintió un pequeño sobresalto interno.— ¿Diferente?— Sí... Más animada... Más... viva. Con un brillo en los ojos que antes no tenías.Emma casi dejó de respirar. El corazón le latió con fuerza contra las costillas. Por suerte, logró componer una sonrisa natural.— Creo que es porque mi madre está mejorando. Las noticias del médico han sido muy positivas últimamente.Y era verdad, en parte. Aquello ayudó a que la explicación sonara genuina y no forzada. Patricia pareció aceptar la respuesta, asintiendo con aprobación.— Es una excelente noticia... Me alegro por ti, de verdad.Emma sint
La mañana siguiente había comenzado de forma relativamente normal. Natasha desayunaba en uno de los salones mientras revisaba algunas revistas relacionadas con maternidad, pasando las páginas con una delicadeza casi reverente, como si cada imagen de cunas y ropitas pudiera materializar el futuro que tanto anhelaba. Emma se encontraba ocupada organizando varias tareas del día junto al resto del personal: supervisaba el menú de la semana, revisaba los arreglos florales y se aseguraba de que cada detalle de la enorme casa funcionara como un reloj suizo.Alexander, por su parte, intentaba terminar algunos asuntos pendientes desde su despacho, firmando contratos y respondiendo correos con la concentración que solo lograba cuando el mundo exterior no irrumpía en su refugio.Nada fuera de lo común. Hasta que una de las empleadas que atiende la parte de los jardines apareció en la puerta, visiblemente nerviosa.— Señor Alexander...Alexander levantó la vista de los documentos, frunciendo el c
Emma bajó la mirada.Sabía perfectamente qué estaba buscando Natasha: la grieta en la armadura de su matrimonio, la verdad detrás de las ausencias inexplicables de Alexander. Y eso la inquietaba hasta el punto de robarle el sueño algunas noches.— Por eso debemos fingir que no somos nada... —dijo Emma, y la frase le dolió mucho más de lo que ella se imaginaba... Porque aunque era verdad, aunque era necesario para protegerse, escucharla en voz alta hacía que todo pareciera más real, más cruel.Alexander levantó una mano y acarició suavemente una de las mejillas de Emma, trazando con el pulgar la línea de su mandíbula. Su toque era cálido, reconfortante.— No me gusta esto...— A mí tampoco.— Pero lo haremos... —afirmó él con convicción. — Solo sera por ahora.Emma asintió, aunque su corazón se rebelaba. Antes de que pudiera decir algo más, Alexander rodeó suavemente su cintura y la acercó hacia él. Sus cuerpos se encontraron sin que ninguno de los dos objetara.— Alexander...— Escúch
La tarde había caído lentamente sobre la mansión, como un velo de seda que se deslizaba con delicadeza sobre los tejados antiguos. La luz anaranjada del atardecer se filtraba por los grandes ventanales de la sala privada, tiñendo las paredes de tonos cálidos y suaves que contrastaban con la frialdad habitual de aquel lugar. Los rayos dorados bailaban sobre los muebles de caoba pulida, sobre los tapices que contaban historias de generaciones pasadas y sobre los libros encuadernados en cuero que nadie parecía leer ya. Por una vez, el lugar parecía tranquilo. Demasiado tranquilo.Y precisamente por eso Alexander había aprovechado la oportunidad.Natasha había salido a una de sus interminables reuniones en la ciudad, con esa expresión tensa que ya no se molestaba en ocultar. Patricia se encontraba en su propia residencia al otro lado de la propiedad, probablemente revisando informes financieros o planeando su próximo evento social. Los empleados estaban ocupados en otras áreas de la man
El incidente del labial debería haber quedado atrás desde que pasaron algunos días y Natasha se ha calmado...En teoría... Debería...Al menos eso era lo que Alexander intentaba repetirse desde aquella mañana, mientras el peso de los recuerdos lo acompañaba como una sombra insistente. Cada vez que cerraba los ojos, revivía la escena: Natasha irrumpiendo en la reunión con esa mirada acusadora, interrogando a una inversora inocente frente a todos los presentes. El silencio incómodo que se había instalado en la sala, las miradas de sorpresa y lástima de los asistentes, y el dolor de cabeza que lo había acompañado durante el resto del día. Era absurdo. Completamente absurdo. Y aun así, aquello había ocurrido. Por desgracia.La paranoia de Natasha estaba escalando a niveles que ya no podía ignorar. Lo que empezó como celos discretos se había convertido en una caza obsesiva, y Alexander sentía que el suelo bajo sus pies se volvía cada vez más inestable. Necesitaba aire. Necesitaba hablar co
Emma terminó bajando la cabeza, completamente avergonzada. Porque una parte de ella sabía que debía negarse, mantener cierta distancia de todo esto pues, ella no resiste todo esto. Pero otra parte... La parte más sincera, la que siempre aparecía cuando estaba cerca de él, se sentía absurdamente feliz, protegida, querida al punto que el deseo era irremediable.— Bueno... No puedo negarme, ¿verdad?... Gracias —susurró.— De nada.Y por unos segundos ambos permanecieron allí, compartiendo aquella pequeña tranquilidad. Lejos de problemas, lejos de sospechas, lejos de Natasha.Sin imaginar que, en otra parte de la mansión, alguien seguía pensando exactamente en ellos.Mientras tanto, Natasha estaba encerrada en su estudio privado. La puerta permanecía cerrada con llave. Sobre el escritorio había varias fotografías, notas detalladas, nombres subrayados y apuntes escritos a mano con furia. La mujer que había estado aquella mañana ya estaba descartada. Una línea roja cruzaba la fotografía c







