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Capítulo 27.

last update publish date: 2026-08-15 23:11:21

Realmente no me molestaba desnudarme.

Erik me había quitado los pocos remilgos que tenía cuando lo conocí, así que desnudarme frente a un lobo no era precisamente algo que me quitara el sueño. Sin embargo, no podía evitar sentir curiosidad por la orden de Kaelen y, sobre todo, por el motivo detrás de ella.

Ante su indicación, comencé a desabrochar lentamente los botones de mi uniforme.

Escuché que el rey gruñía algo que no alcancé a entender.

Levanté la mirada, pero antes de que pudiera pregunt
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    Kryos dejó caer el cadáver al suelo.Luego dirigió la mirada hacia los lobos que habían viajado con nosotros hasta allí. Eran los mismos que no habían intervenido durante el enfrentamiento, sino que habían permanecido distribuidos en distintos puntos de la multitud, observando y esperando.—Ya saben qué hacer con los cadáveres. La repartición de las recompensas se las daré por la noche.Después, su mirada se desplazó hacia otro punto entre la multitud.—Zero, encárgate de organizar todo. Thorne, conmigo.Thorne salió de entre los habitantes y siguió a Kaelen hacia mi derecha.Bueno, para qué pedirle ayuda a Zero con mi herida si podía ir directamente con el lobo que ya me había curado una vez.Hice una mueca.Caminar un poco más no era precisamente una idea que me agradara, pero tampoco tenía demasiadas opciones.Apreté los dientes y comencé a seguirlos.Algunos lobos desconocidos, miembros de aquel asentamiento, repararon en mí. Nadie me señaló directamente ni hizo ningún comentario,

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    Kaelen habló con una voz tan alta y brutal que incluso los gruñidos de la multitud desaparecieron de inmediato.—Quiero una explicación. ¿Por qué regreso para encontrar a todos queriendo asesinar a esta mujer?Se hizo un silencio sepulcral.Nadie respondió.Pude verlo en sus rostros. Todos sabían exactamente lo que había ocurrido, pero ninguno parecía dispuesto a ser el primero en contárselo al nuevo rey. Algunos bajaron la mirada. Otros observaron a Samantha con una mezcla de rabia y miedo.Entonces una anciana se abrió paso entre la multitud.Caminaba despacio, apoyándose en un bastón improvisado, pero no había miedo en su expresión. Se detuvo a un par de pasos de Kaelen y miró directamente a Samantha.No parecía furiosa.Parecía decepcionada.—Ella nos ha traicionado a todos —dijo finalmente, señalando los cadáveres de los oseznos—. Y quiso usar a inocentes como pretexto para salvarnos.Kaelen no apartó la mirada de ella.—Habla claro, Veel. ¿Qué quieres decir con eso?La anciana r

  • La amante infiltrada del Alfa   Capítulo 50.

    El caballo de Kaelen se detuvo mucho más adelante, justo al llegar a una zona donde el terreno comenzaba a cambiar.Frente a nosotros se extendía una pequeña comunidad.Las casas estaban construidas con barro y tierra mezclados con paja, reforzados con ramas que sobresalían en algunos puntos de los muros. Eran construcciones bajas, de formas sencillas, con paredes gruesas que parecían hechas para mantener el interior protegido del calor. Algunas tenían techos planos y otras estaban cubiertas con una mezcla de ramas y paja seca. No había nada lujoso en ellas, pero parecían firmes y perfectamente adaptadas a aquel lugar.Entre los asentamientos había caminos de tierra endurecida por el paso constante de personas. Algunos corrales improvisados rodeaban las viviendas y, más allá, se extendían los pastizales secos que ya había visto durante el camino.Lo que más llamó mi atención fue el agua.Cerca de las casas había un pequeño ojo de agua que brotaba entre unas piedras y formaba una espec

  • La amante infiltrada del Alfa   Capítulo 49.

    Para cuando por fin llegamos a nuestro destino, el número de guerreros se había reducido drásticamente. Habíamos pasado de ser cientos a poco más de una decena. Los suministros y el oro también habían disminuido considerablemente. Al iniciar el viaje llevábamos dos carretas repletas de oro y otras quince cargadas con provisiones para el viaje. Hacía dos días que las carretas habían dejado de ser necesarias. Kaelen llevaba una bolsa de oro consigo y las provisiones se habían terminado. Cazar se había convertido en una necesidad, así que durante los últimos días nuestra alimentación había dependido de lo que los lobos fueran capaces de encontrar. No era precisamente un viaje cómodo. Todas las manadas por las que pasamos eran diferentes. Algunas dejaban bastante claro que estaban felices con el cambio de rey. Recibían a Kaelen con entusiasmo, ofrecían comida, agua y un lugar donde descansar, y más de uno parecía dispuesto a besarle los pies si se lo pedía. Otras, en cam

  • La amante infiltrada del Alfa   Capítulo 48.

    Seguí al rey por los pasillos del castillo. Supuse que, una vez levantado el campamento, tendría que tomar una habitación en el castillo, aunque no sabía cuánto tiempo pensaba permanecer allí.En cuanto me hizo un gesto para entrar en la primera que encontramos disponible, miró a ambos lados del pasillo antes de cerrar la puerta y señalar la cama.Fui hasta ella de manera sumisa, esperando instrucciones, pero él se limitó a cruzarse de brazos frente a mí.—Escucha, Yelena —dijo con el ceño fruncido—. Mañana partiremos hacia mi hogar, el sitio desde el que planeo gobernar. Has demostrado que tienes suficientes capacidades como para acompañarme, más allá de si puedo o no follarte diariamente.Yo solo lo miré fijamente.—Quiero que conserves esa actitud sumisa y reservada. Será útil a donde vamos —continuó, acercándose a la cama—. Necesito que seas leal a tu empleador. No tienes margen de equivocación. No puedo vigilarte todo el día porque tengo mejores cosas que hacer con mi tiempo, así

  • La amante infiltrada del Alfa   Capítulo 47.

    Después de despertar, la niñera ya me esperaba con expresión aburrida. Señaló a mi alrededor.—No me pagan lo suficiente como para limpiar toda la porquería que acumulaste en tu prueba, humana. Lo harás tú misma.Señaló hacia un rincón.—Ya te he dejado allí lo necesario. Tienes diez minutos para limpiar y cinco para darte un baño y estar jodidamente presentable para tu primera lección.En realidad, no me tardé diez minutos, sino bastante más. El vómito, algo de sangre y otros fluidos se habían adherido a la madera, por lo que tuve que frotar varias veces para conseguir quitarlos.La niñera gruñó cuando le pedí otra cubeta con agua limpia, pero fue por ella.Cuando el suelo estuvo más o menos limpio, me condujo casi a rastras al baño, donde el río seguía corriendo, y me arrojó dentro.No se lo dije, pero agradecí aquello. Aproveché no solo para lavar mi cuerpo con aquella barra de jabón, sino también mi ropa. No sabía cuándo volverían a darme otra, así que prefería conservar la que te

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