Share

Capítulo 3.

last update publish date: 2026-07-14 18:01:00

No podía dejar de mirar la cabeza del rey.

Sus ojos seguían abiertos.

Su boca se había quedado ligeramente abierta. Era como si se burlara de mí.

Dos años.

Dos años soportando vivir entre monstruos, entrenamientos agotadores y mis planes cuidadosamente elaborados acababan de irse al demonio por culpa de un desconocido.

A mi alrededor, el caos fue apagándose poco a poco.

Los gruñidos cesaron. Los gritos fueron sustituidos por órdenes secas. Solo entonces levanté la vista hacia el hombre que había destruido mi venganza.

Era alto.

Mucho más que cualquiera de los nobles que había visto durante la velada.

Vestía completamente de negro, sin una sola joya adornando su ropa, detalle extraño en un salón donde todos parecían competir por quién brillaba más.

Su cabello oscuro caía ligeramente desordenado sobre la frente.

Pero fueron sus ojos los que capturaron toda mi atención.

Negros.

Tan negros que por un instante tuve la absurda impresión de estar mirando un pozo sin fondo.

No había emoción alguna en ellos.

Ni euforia. Ni rabia. Ni satisfacción por haber asesinado al rey.

Solo una calma inquietante.

Yo sabía que tarde o temprano estallaría una rebelión. Estábamos seguros de que sería después de que el rey muriera.

No tan pronto.

—Debemos darnos prisa —dijo Erik hacía un par de semanas—. Los nobles ya empiezan a impacientarse por colocar a alguno de sus hijos en el trono.

Recordé aquellas palabras mientras observaba de reojo a los pocos nobles que seguían con vida.

La mayoría parecía aterrorizada.

Otros simplemente observaban al hombre que acababa de matar al rey.

Ninguno actuaba como si aquel fuera uno de los candidatos al trono.

Al parecer... Ni siquiera ellos esperaban su llegada.

Yo solo lamentaba una cosa.

No haber sido quien acabó con aquel viejo.

Parpadeé.

Quizá fue ese pequeño movimiento el que atrajo su atención.

Sus ojos se clavaron en mí.

Frunció apenas el ceño.

—Llévense a todas las humanas para interrogarlas.

¿Qué?

Ni siquiera tuve tiempo de reaccionar.

Un lobo me sujetó con brusquedad por un brazo.

Otro hizo lo mismo del otro lado.

Me arrastraron fuera del salón junto con el resto de las jóvenes.

Había estado tan concentrada viendo cómo mi venganza desaparecía frente a mis ojos que apenas comprendía la mitad de lo que acababa de suceder.

No sabía si lamentarlo o agradecerlo.

Erik había sido muy claro.

"Si te descubren o llegan a sospechar de ti... estarás sola."

Apreté los dientes mientras avanzábamos por los pasillos.

Resultaba hasta gracioso.

Hacía menos de una hora todas aquellas muchachas reían emocionadas por la posibilidad de convertirse en amantes del rey.

Ahora caminaban entre lágrimas, convencidas de que iban a morir a manos de los rebeldes.

Nos encerraron en una enorme habitación.

La mayoría de las jóvenes cayó de rodillas apenas la puerta se cerró.

Algunas comenzaron a rezar. Otras lloraban desconsoladamente.

Yo me limité a permanecer de pie junto a la pared.

Fue gracias a sus sollozos que terminé enterándome de lo que me había perdido mientras observaba la cabeza del rey.

—Dicen... dicen que el hombre que lo mató quiere quedarse con el trono...

—Escuché que los nobles pensaban nombrar a otro...

—¡Es uno de los hijos del rey!

Así que era eso.

El hombre había proclamado que no existía nadie más apto para gobernar que él mismo.

Y, según los rumores, también había descubierto que varios nobles planeaban colocar a otro de los hijos del rey en el trono.

Una guerra por la corona entre familia.

Quién lo diría. Los monstruos también cometían parricidio.

Pasó casi una hora.

Después comenzaron a llevarse a las chicas una por una.

Ninguna regresó.

Fruncí el ceño.

Podía escapar si realmente lo deseaba. No sería sencillo. Pero tampoco imposible.

El problema era otro: Escapar llamaría demasiado la atención.

Y eso era exactamente lo que llevaba dos años evitando.

Así que esperé.

Finalmente pronunciaron mi nombre.

Dos guardias me condujeron por varios pasillos antes de detenerse frente a una puerta de madera.

La abrieron.

Dentro solo había una silla. Nada más.

Me obligaron a sentarme, después cerraron la puerta. Escuché unos pasos fuero unos segundos después.

Levanté la vista.

El hombre de ojos negros entró en la habitación y la cerró tras de sí.

Ahora solo estábamos él y yo.

Incluso bajo la escasa luz de la única lámpara de aceite seguía siendo absurdamente atractivo.

Qué desperdicio.

Me observó durante varios segundos antes de hablar.

—Sé que hay espías dentro del castillo.

Esperé.

No era una pregunta... pero tampoco una acusación directa. No sabía qué esperaba que respondiera.

El silencio comenzó a alargarse.

—Eso es desafortunado —contesté finalmente.

Mi voz sonó tan suave como había practicado durante años.

Un extremo de su boca se elevó apenas unos milímetros.

Me ignoró y respondió:

—Y me parece que uno de ellos es una de ustedes.

Parpadeé.

—¿Se refiere a las amantes del rey?

Gruñó con evidente fastidio.

—Lo es. Habla y deja las tonterías.

—No sé de qué habla, su alteza. No soy una espía ni conozco a alguno.

Y eso último era cierto. No era una espía, era una asesina. Tampoco conocía a ningún espía ya que no hacíamos el mismo trabajo.

Gruñó, claramente perdiendo la paciencia.

— Yo descubriré tarde o temprano quién está filtrando información al Clan de los Asesinos.

Incliné apenas la cabeza.

—Le deseo mucha suerte, alteza.

Bufó. Después comenzó a caminar hacia mí.

No se detuvo hasta quedar a un solo paso de distancia.

Su presencia era abrumadora. Tuve que inclinar el cuello para poder verlo a los ojos.

—No eres tan buena mintiendo como crees.

Mi corazón dio un vuelco. No porque me acusara de nada, sino porque sus ojos cambiaron de color a un tono dorado. Un gran indicativo de que no debía provocarlo mucho más.

Él siguió observándome.

—Vuelve a intentarlo. ¿Qué es lo que no me estás diciendo?

Le sonreí. Bajé aún más el tono de mi voz.

—Creo que su alteza es extremadamente guapo.

Fue como si lo hubiera golpeado.

Retrocedió medio paso.

Frunció el ceño.

En ese momento alguien llamó a la puerta.

Sin esperar respuesta, entró.

—Kaelen.

El hombre de ojos negros apartó la vista de mí.

—¿Qué sucede, Zero?

El recién llegado hizo una ligera inclinación de cabeza.

—He terminado de interrogar a los lobos que me pidió.

Kaelen le hizo un gesto para que siguiera hablando. 

Interesante que me acusara de ser una espía pero que aún así deje que su subordinado hable delante de mí.

Eso solo podía significar una cosa: No me dejaría salir de aquí con vida.

Mis posibilidades para escapar eran...

Ninguna. Kaelen me atraparía enseguida.

—Estás perdiendo el tiempo con las humanas. Ese grupo llegó al castillo apenas unas horas antes que nosotros. No pudieron espiar nada ni informar a nadie en tan poco tiempo.

El lobo llamado Zero se acababa de convertir en mi mejor amigo. Casi suspiré de alivio.

Kaelen permaneció en silencio.

Luego se pasó una mano por el rostro.

—Qué pérdida de tiempo.

Sentí un escalofrío.

Aquellas mismas palabras.

Por un instante volví a ver a aquel hombre destrozando el arco de mi padre antes de ordenar la muerte de mis padres.

Aparté el recuerdo con esfuerzo.

Kaelen abrió la puerta.

—Llévenla a las puertas del castillo.

Me puse de pie intentando ocultar el alivio que comenzaba a invadirme.

Después de todo... Nadie sospechaba de mí.

Salí de la habitación acompañada por uno de los guardias.

Al pasar junto a Zero, una mano se cerró alrededor de mi brazo.

Me detuve.

Miré con recelo los dedos que me sujetaban.

Zero volvió la vista hacia Kaelen.

—Espera.

Hubo un breve silencio.

—Ojos turquesas, cabello rubio casi plateado... sí. Esta es la esclava que pide el Alfa Erik como recompensa.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • La amante infiltrada del Alfa   Capítulo 91.

    Sus manos no fueron delicadas, ni sus movimientos lentos. No se tomó el tiempo de preguntarme si estaba cómoda o de comprobar si necesitaba un momento para acostumbrarme a lo que estaba ocurriendo. Simplemente hizo lo que había anunciado, con una rapidez y una eficiencia que me dejaron claro que no esperaba que yo participara.Cuando finalmente me quedé desnuda frente a él, sentí una punzada de rechazo al encontrarme con su mirada.Hasta ese momento había creído que lo que buscaba era deseo. No me gustaba la manera en que me observaba, había algo más que deseo en sus ojos.Posesión.Y algo todavía más profundo, algo para lo que entonces no encontré un nombre. No era una simple atracción ni la satisfacción de haber conseguido lo que quería. Era una intensidad que me resultó difícil de comprender y que, aunque no sabía explicarlo, me pareció peligrosa.No tuve demasiado tiempo para pensar en ello.El hombre tomó uno de mis pechos y lo apretó con tanta fuerza que hice una mueca de dolor.

  • La amante infiltrada del Alfa   Capítulo 90.

    No me levanté de la cama ni intenté apartarme. Simplemente, observé cómo la figura humana desaparecía para dar lugar a un enorme lobo negro.El animal era imponente, aunque su comportamiento no me pareció especialmente amenazador. A diferencia de Isaac, que había observado mi reacción con una curiosidad casi ansiosa la primera vez que se transformó delante de mí, aquel lobo parecía estar más interesado en examinarme que en comprobar si yo le temía.Me sostuvo la mirada durante unos segundos. Después volvió a transformarse.El hombre que apareció bajo la capa se quitó la capucha, revelando por fin sus rasgos.Era ligeramente atractivo, aunque no poseía una belleza espectacular. Tenía facciones agradables, una expresión segura y una apariencia que probablemente habría llamado la atención de muchas mujeres en otras circunstancias. Su cabello y sus ojos no contrastaban con la ropa oscura que llevaba, confeccionada con telas de buena calidad. No necesitaba adornos ostentosos para dejar cla

  • La amante infiltrada del Alfa   Capítulo 89.

    Durante los dos días siguientes, Isaac me permitió pasear por el lugar a mi antojo.Fue así como descubrí que el edificio no estaba tan vacío como había creído al principio. Simplemente, sus habitantes se mantenían en áreas específicas y no tenían demasiados motivos para recorrer los pasillos. Encontré personas trabajando en una habitación que servía de cocina, otras que entraban y salían de los establos, y algunas más que parecían ocuparse del mantenimiento del edificio. Casi todos estaban demasiado concentrados en sus tareas para prestarme atención, y yo tampoco hice ningún esfuerzo por entablar conversación con ellos.Me gustaba caminar sin que nadie me dijera adónde debía ir o qué tenía que hacer. Podía recorrer un pasillo, asomarme a una puerta y continuar mi camino si lo que encontraba al otro lado no despertaba mi interés. Después de tantos años viviendo en el mismo lugar, rodeada de las mismas personas y repitiendo las mismas actividades, aquella libertad me resultaba extraña,

  • La amante infiltrada del Alfa   Capítulo 88.

    Miré a mi alrededor. Los árboles se alzaban a nuestro alrededor y el aire olía a tierra húmeda. No había edificios ni caminos transitados a la vista. Por un instante, me pregunté si habíamos regresado al lugar del que partimos, pero no reconocí nada que me permitiera asegurarlo.Isaac no pareció interesado en explicármelo. Me ayudó a bajar de la carreta y comenzó a preparar nuestro campamento como si aquella parada formara parte de un viaje perfectamente normal.Así que hice lo mismo que había hecho durante los días anteriores: acepté la situación y esperé.Pasamos la noche en el bosque. A la mañana siguiente, Isaac me despertó y señaló un río cercano para que pudiera asearme. Esta vez, cuando regresé, me esperaba con ropa nueva.Nunca había tocado unas telas tan suaves.Era un vestido sencillo, sin bordados extravagantes ni adornos que llamaran demasiado la atención, pero el material se deslizaba entre mis dedos con una delicadeza que me hizo pensar que estaba hecho con hilos sacados

  • La amante infiltrada del Alfa   Capítulo 87.

    El primer día, Isaac me condujo hacia el bosque sin decir demasiado. Caminamos durante un buen rato, siguiendo un sendero que se estrechaba a medida que nos alejábamos de los caminos que conocía. No parecía preocupado por nuestra dirección ni por el tiempo que tardaríamos en llegar a nuestro destino. De vez en cuando, apartaba alguna rama para dejarme pasar o me ofrecía la mano cuando el terreno se volvía irregular, pero, fuera de eso, guardaba silencio.Yo tampoco tenía muchas preguntas que hacerle.En algún momento, cuando los árboles se volvieron más densos y la luz del sol apenas lograba filtrarse entre las copas, Isaac se detuvo. Me soltó la mano, dio unos pasos hacia un claro y, sin previo aviso, se transformó delante de mí.Su cuerpo cambió ante mis ojos. En cuestión de segundos, donde antes había un hombre se alzaba un enorme lobo.Lo observé sin moverme.Parpadeé una vez. Después, otra.Eso fue todo.No grité, no retrocedí ni busqué desesperadamente un árbol detrás del cual e

  • La amante infiltrada del Alfa   Capítulo 86.

    Su plan era tan simple como arriesgado: Ofrecer esclavas humanas para "arreglar" el problema de las hembras.Porque si, el reino de los lobos estaba cada vez más cerca del desastre debido a que menos hembras nacían con cada año que pasaba.Y para este plan, primero tenía que tener a un aliado mucho más poderoso de los que ya tenía.No fui la primera mujer humana que consiguió introducir en el reino, ni sería la última. Para entonces, él ya había comprendido que existían lobos dispuestos a pagar grandes cantidades de oro por una mujer sin importar su origen o especie. Pero yo fui la primera que presentó ante el príncipe. Lo que probablemente ignoraba era que la prohibición que pretendía burlar no había surgido de un simple desprecio hacia los humanos. La familia real tenía motivos mucho más graves para mantenerlos fuera de sus fronteras. Motivos que se remontaban a un rey de hacía un par de siglos, a una decisión que había alterado el destino de innumerables generaciones cuyas consec

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status