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Capítulo 4.

last update Data de publicação: 2026-07-15 14:27:10

Estaba confundida.

¿Por qué Erik querría reclamarme de una forma tan... pública?

—¿Por qué ese bastardo pide una recompensa? —preguntó Kaelen con evidente fastidio.

Zero no tardó en responder.

—Porque insiste en que nos ayudó a entrar al castillo.

Sentí un vacío en el estómago.

Así que lo sabía. Sabía que el ataque ocurriría esa misma noche.

Jodido bastardo mentiroso.

Kaelen resopló.

—No hizo absolutamente nada. Fueron nuestros aliados quienes dejaron abierta la puerta.

—Él asegura que sin su ayuda nada de esto habría sido posible.

El nuevo rey soltó un gruñido.

—No le debemos nada.

Zero inclinó ligeramente la cabeza.

—Tal vez debería decírselo usted mismo, mi señor.

Kaelen guardó silencio unos segundos. Después volvió la vista hacia mí.

—¿Fuiste enviada por el Alfa Erik para convertirte en la amante de mi padre?

Negué con calma.

—No, su alteza. Mi dueño es el Alfa Daniel.

Sus cejas se fruncieron.

—¿Conoces a Erik?

—Solo de nombre.

Y era cierto.

Nunca me habló de nada personal cuando me entrenó. Para mí siempre había sido simplemente Erik, el bastardo que me había comprado.

Kaelen maldijo entre dientes y comenzó a caminar de un lado a otro.

Finalmente se detuvo.

—Llévenla a una habitación con vigilancia.

Miró a Zero.

—Quiero saber por qué ese zorro astuto quiere precisamente a esta humana.

—Sí, mi señor.

Kaelen descargó el puño contra la pared antes de salir de la habitación.

La puerta se cerró tras él.

---

Zero me condujo por un par de pasillos hasta una habitación pequeña.

No tenía ventanas.

Solo una cama, una silla y una mesa de madera.

Cuando cerraron la puerta detrás de mí, dejé escapar un largo suspiro.

Había estado tan cerca. Tan cerca de recuperar mi libertad...

Debí saber que confiar en Erik era una mala idea.

Me dejé caer sobre la cama.

El cansancio terminó venciendo incluso a la frustración.

No recordaba la última vez que había dormido más de tres horas seguidas.

Cuando abrí los ojos, un tenue rayo de sol se colaba bajo la puerta.

Habían pasado varias horas.

Entonces escuché el sonido del cerrojo.

La puerta se abrió apenas lo suficiente para dejar entrar una figura cubierta por una capa oscura.

No necesitó bajar la capucha para que lo reconociera.

Bastardo. Estaba segura ahora de que me pidió como "recompensa" solo para que me aislaran e impidieran que saliera del castillo.

—No tenemos mucho tiempo —dijo Erik mientras cerraba la puerta detrás de él.

Me puse de pie de inmediato.

—¿Qué haces aquí?

—Vengo a darte tu nueva misión.

Sentí un mal presentimiento.

—¿Nueva?

Él asintió con absoluta tranquilidad.

—Ahora tendrás que convertirte en la amante del nuevo rey.

Lo miré sin comprender.

—Y cuando tengas la oportunidad... lo matarás.

Apreté los puños.

—No.

Él arqueó una ceja.

—No —repetí.

Di un paso hacia él.

—Nuestro trato terminó cuando el rey murió.

Erik chasqueó la lengua.

Una expresión casi compasiva apareció en su rostro.

—No exactamente, Yel.

Odiaba cuando me llamaba así.

—Nuestro acuerdo decía que serías libre cuando tú mataras al rey.

Guardó silencio un instante.

—Y, hasta donde pude ver... alguien se te adelantó.

Sentí que la rabia me subía hasta la garganta.

—Eres un miserable.

—Sí.

Lo aceptó sin el menor remordimiento.

—Llevas dos años conociéndome. Ya deberías haberte acostumbrado a que siempre obtengo lo que quiero.

Quise golpearlo.

Él siguió hablando como si nada.

—Como ya conoces esta nueva misión, quiero que sepas que necesito que Kaelen permanezca con vida unos meses más.

—¿Cuántos? —pregunté apretando los dientes.

—Seis meses.

Cerré los ojos.

Respiré hondo.

Volví a abrirlos.

—Te odio.

Sonrió.

—Lo sé.

Metió una mano bajo la capa y sacó un pequeño frasco de cristal lleno de un líquido transparente.

Mi respiración se detuvo.

Sin pensarlo dos veces se lo arrebaté de las manos.

Lo bebí de un solo trago.

El alivio fue casi inmediato.

Erik sonrió satisfecho.

—Hoy has sido una excelente esclava, Yel.

Guardó el frasco vacío.

—Considéralo parte de tu pago... aunque no hayas cumplido tu parte del trato.

Se dirigió hacia la puerta.

Antes de salir, volvió apenas la cabeza.

—Pórtate bien y seguiré haciéndote llegar la cura todos los días.

La puerta volvió a cerrarse.

Me quedé inmóvil.

Después tomé la silla que había junto a la cama y la lancé con todas mis fuerzas contra la pared. La madera se hizo pedazos.

No fue suficiente.

En mi cabeza seguía arrojándole todo lo que encontraba.

Nuestro trato era simple: Mataba al rey, él me daba mi libertad y la cantidad correcta del antídoto del veneno que me hizo beber cuando lo conocí.

Apreté los dientes.

Seis meses parecían muy largos. Sobre todo, cuando la cantidad de antídoto dejaba de ser suficiente en las últimas semanas y los efectos del veneno hacían que mi cuerpo se volviera débil.

De algo estaba segura: Obedecería a Erik.

Después de todo, necesitaba seguir viva para poder matar personalmente a los monstruos que destruyeron mi familia.

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