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Capitulo 4

Author: Déesse
last update publish date: 2025-04-24 17:43:01

Capítulo 4 – Reunión (2)

Auracio

Bajo para encontrarme con John Smith. Nos espera en la limusina, acompañado, como siempre, por mujeres impresionantes. Me acomodo frente a él mientras dos bellezas se acurrucan a sus costados.

—¿Bien descansado? —pregunta con una sonrisa relajada.

—Lo suficiente —respondo, directo.

—Te presento a mis actuales compañeras: Abril y Bretaña.

—Buenas noches, señor —dicen a coro.

—Buenas noches, bellezime.

John chasquea los dedos, y dos mujeres más se acercan a mí: una rubia con curvas letales, la otra pelirroja, con unos ojos verdes que parecen leer el alma.

—Para ti, hermano. Megs y Tisha.

—Encantado —respondo mientras me evalúan con descaro.

—Estás delicioso —susurra Tisha.

—Te cuidaremos bien —añade Megs, relamiéndose los labios.

—Me parece encantador —digo, conteniendo una sonrisa.

El conductor arranca. Veinte minutos después, escoltados, llegamos a un restaurante elegante. Nos ubican en una mesa reservada, apartada del resto. A cada lado, las mujeres nos rodean como adornos vivos, perfectamente dispuestas. Mis guardias se instalan en una mesa no muy lejos, atentos a cada movimiento.

—¿Te gustaría probar un plato típico americano? —me propone John.

—Sorpréndeme.

Pide una ensalada de col con arándanos como entrada, costillas estilo BBQ de plato fuerte y panqueques de postre. El camarero toma nota de todo, incluyendo la elección del vino: Château Mouton Rothschild, un Pauillac que vale más que el coche de un político medio.

Una hora y media más tarde, partimos rumbo al club. El lugar está abarrotado, pero para nosotros, el nivel VIP+ está reservado. Al llegar, dos botellas del mejor champán ya nos esperan. La camarera las destapa con habilidad y sirve las copas. Brindamos por el ruido de los negocios.

Al dar el primer sorbo, mis ojos se cruzan con los de una mujer.

Y no es cualquier mujer.

Es una diosa. Una visión imposible. Su rostro, su silueta, la forma en la que sostiene la copa... He conocido a las mujeres más bellas del mundo, pero ella está en otra liga. Mi cuerpo se tensa. Algo en mí despierta con violencia. No me había pasado nunca. Y entonces lo supe:

La quiero.

---

El Club

Ariane

—¡Despierta, dormilona!

—Mierda… Déjame dormir un poco más. No pegué un ojo en toda la noche.

—Si queremos salir de compras, es ahora o nunca. Ya es mediodía.

—¿Qué? ¡No puede ser!

—¡Oh sí, Marianne! Levántate y dúchate. Yo me encargo del almuerzo.

—Gracias. ¿Qué haría sin ti?

—Esa es una pregunta que me hago todos los días…

Mientras ella se arrastra hacia la ducha, me voy a la cocina. Decido preparar un risotto. Me encanta cocinar. A Marianne, no. Así que funcionamos bien juntas: ella aporta el dinero que le mandan sus padres cada mes, yo cocino y mantengo el orden.

Nos conocimos hace cuatro años, cuando mi madre murió en un accidente provocado por un conductor ebrio: su tío. Fue devastador para ambas. Sus padres viven, sí, pero siempre están volando de un continente al otro. Ella prefirió quedarse conmigo. Y yo… no tenía nadie más.

Ella me salvó. Sin ella, no sé qué hubiera sido de mí.

Cuando sale de la ducha, ya tengo la mesa puesta. Se sienta frente a mí, aún con el cabello mojado.

—¿Entonces? ¿Cuánto podemos gastar hoy?

—¡Todo lo que queramos! Estoy furiosa y necesito terapia de compras.

—Apúrate entonces, porque tengo prisa por vaciar tiendas. Pero recuerda que te lo devolveré cuando sea rica.

—Jajaja… Sigues con esa historia.

—No te rías, lo digo en serio. En unos meses, voy a ser millonaria. Ya verás quién se ríe al final.

---

Negocios antes del placer

Auracio

Llamo a Fernando mientras nos preparamos para el club.

—¿Cómo fue la transacción de mediodía?

—Todo perfecto, jefe. Ya sabe que los rusos no nos fallan.

—¿Comprobaste la mercancía?

—Todo está ahí, ni un gramo de más ni de menos.

—Perfecto. Por aquí también va todo bien. Seguimos en contacto.

Cierro la llamada. Hace años que trabajo con los rusos, comprando armas y trigo. Los dos productos me sirven: las armas para negocios más oscuros, el trigo para mis industrias alimentarias que distribuyen por todo el mundo.

Mis fábricas están principalmente en Italia, pero tengo empresas legales en EE.UU., Canadá, China, y claro, Rusia, donde los impuestos son más suaves para negocios… especiales. Detrás de cada fachada legal, hay una máquina bien aceitada de lavado de dinero.

Nadie sabe que esas empresas son mías. Ni los chinos, ni los americanos, ni los canadienses. Mi nombre no aparece en ningún lado. Siempre tengo una o varias cartas bajo la manga.

Mientras me cambio, reviso mi equipaje. Siempre viajo como un emperador: trajes a medida, diez relojes, varios pares de zapatos de diseñador. Ser mafioso no impide ser elegante.

---

Marianne

Después de comer, salimos rumbo al centro comercial. Me subo a mi Lamborghini —sí, lo amo—, regalo de mis padres, como los otros dos autos deportivos que tengo: un Bentley y un Porsche. Intentan compensar su ausencia con lujo, pero el dinero no sustituye el afecto.

Mi madre es una abogada criminalista de renombre internacional. Mi padre, un científico brillante. Los veo cuatro veces al año. El resto del tiempo viví con una niñera adorable, como una segunda madre. Mi tío… era lo más parecido a un padre que tuve. Su muerte aún me duele.

Llegamos a la zona outlet.

—Quiero algo que grite deseo, algo en negro o rojo. Que resalte mis curvas —dice Ariane con esa mirada traviesa.

—Mi armario está repleto. No necesito nada.

—¡Ni se te ocurra dejarme sola! Eliges dos y yo me quedo con uno.

—No, tú eliges dos y yo uno.

—Trato hecho.

Salimos con diez bolsas cada una. Ropa provocadora, lencería, zapatos.

Estamos listas para esta noche.

Los hombres que se preparen… porque hoy, van a caer.

---

John

Me arreglo para encontrarme con Auracio. Su reputación lo precede. El más temido entre los mafiosos. No tolera la traición. No solo impone respeto… infunde terror.

Pero también lo respetan. Sus hombres lo siguen con lealtad ciega. Si él dice saltar, saltan. Si dice matar, matan. Tenerlo como socio es una oportunidad de oro.

Nuestro primer trato será sobre armas. Si todo sale bien, seguiremos con el trigo. Luego, con suerte, entraré en su círculo más cerrado.

Yo también soy temido, sí. Pero juntos… podríamos dominar el mundo.

Mi nombre es John Smith. Me llaman el sanguinario. Porque amo la sangre. Me enseñaron que el vencedo

r debe beber de su enemigo para robar su fuerza. Así era en África, según mi bisabuelo.

Y yo… mantengo viva esa tradición.

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