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Capitulo 27

Autor: Luna
last update Data de publicação: 2026-01-02 11:35:34

Naia

​El silencio de mi habitación no era paz era una losa de hormigón que me aplastaba el pecho.

Me encontraba sentada en el suelo, con la espalda apoyada contra la pesada puerta de madera noble que Artem había ordenado cerrar con llave. Mis manos aún temblaban, no solo por el frío residual del exterior tras mi intento de huida, sino por la rabia impotente que me consumía.

Escuchaba el eco de sus palabras: “Cerrad la puerta por fuera. Doblad la guardia” me trataba como a un objeto peligroso,
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  • La bailarina del Mafioso    Capitulo 61

    ArtemEl invierno moscovita golpea los cristales de la mansión con una furia que en otros tiempos me habría parecido un presagio de guerra. Pero hoy, el viento aullador es solo música de fondo para la paz que reina dentro de estos muros. Me observo en el espejo del vestidor, acomodando los gemelos de oro que Naia me regaló en nuestro tercer aniversario. Mi reflejo me devuelve la imagen de un hombre que ha aprendido a sonreír con los ojos, aunque mi mandíbula conserve la firmeza del acero.Cinco años han pasado desde que el corazón de Naia se detuvo y yo lo obligué a latir de nuevo con mis propias manos. Cinco años desde que Mijaíl llegó al mundo para recordarme que el verdadero poder no reside en cuántos hombres puedes matar, sino en a cuántos eres capaz de hacer felices.—¡Papá! ¡Papá, se acabó el tiempo! —la voz de mi hijo retumba en el pasillo, seguida del eco de sus pequeños zapatos de charol contra el suelo de madera noble.Mijaíl entra en mi vestidor como un torbellino de elegan

  • La bailarina del Mafioso    Capitulo 60

    Artem El aire de Moscú era un cuchillo de hielo cuando salimos por las puertas privadas de la clínica, pero esta vez el frío no me produjo esa alerta visceral de siempre. Tenía mis brazos ocupados por el peso más valioso y frágil que el universo me había entregado Mijaíl. A mi lado, en una silla de ruedas empujada por una enfermera bajo mi supervisión letal, estaba Naia. Se veía pálida, sí, y sus movimientos aún eran cautelosos por la cirugía, pero estaba viva. Respiraba el mismo aire que yo. El milagro se había consolidado.El despliegue para llevarlos a casa no era una simple escolta; era una operación de guerra. Veinte camionetas blindadas formaban un perímetro que bloqueaba dos manzanas a la redonda. Mis hombres, vestidos de gala negra y portando armas largas, mantenían a raya a cualquier curioso o periodista que hubiera olido la noticia del nacimiento del heredero. No era ostentación; era un mensaje para mis enemigos Si te acercas a ellos, borraré tu linaje de la historia.—Art

  • La bailarina del Mafioso    Capitulo 59

    NaiaEl despertar no fue una explosión de luz, sino una lenta y pesada ascensión desde las profundidades de un océano de obsidiana. Al principio, no había nada más que un silencio absoluto y una sensación de ingravidez que me hacía dudar de mi propia existencia. No sentía dolor, no sentía frío, solo una paz extraña y lejana. Pero entonces, un sonido empezó a perforar la bruma. Era un ritmo constante, un bip... bip... bip... que parecía anclarme a algo sólido.Poco a poco, mis sentidos regresaron como soldados cansados volviendo de una batalla. Sentí el peso de mis párpados, que pesaban como si estuvieran hechos de plomo. Sentí el roce de una sábana de algodón sobre mi piel y un calor intenso, casi eléctrico, rodeando mi mano derecha. Intenté mover los dedos y una punzada de dolor agudo en el pecho me recordó que todavía tenía un cuerpo.Hice un esfuerzo sobrehumano y logré abrir los ojos. La luz de la habitación era suave, tamizada por persianas que dejaban pasar apenas unos hilos de

  • La bailarina del Mafioso    Capitulo 58

    ArtemEl dolor no es algo que yo sienta a menudo. El dolor es para los débiles, para las víctimas. Pero lo que sentí en ese momento, cuando la línea del monitor se volvió plana y el pitido constante llenó la sala, no fue dolor. Fue la aniquilación total de mi existencia. Mi mundo se colapsó en un punto negro y denso donde no había aire, ni luz, ni futuro.Miré su rostro. Estaba tan pálido, tan sereno, como una escultura de mármol que alguien había olvidado terminar. Sus manos, que horas antes apretaban las mías con la fuerza de la vida, ahora estaban laxas, frías, ajenas.—Señor Belov… la hora de la muerte… —comenzó a decir la doctora con una voz temblorosa, mirando su reloj.—¡CÁLLATE! —rují. El sonido de mi propia voz no me pertenecía; era el grito de una bestia herida de muerte.Me puse en pie, apartando a los médicos y enfermeras con una violencia ciega. Lancé a un enfermero contra la pared y empujé a la cirujana con tal fuerza que cayó al suelo. No me importaba la esterilidad d

  • La bailarina del Mafioso    Capitulo 57

    Artem El silencio de la madrugada en Moscú siempre me había parecido una tregua necesaria, pero esa noche se sentía diferente. Era una calma tensa, como la que precede a una emboscada. Estaba despierto, observando a Naia dormir bajo la luz plateada de la luna que se filtraba por el ventanal. Su respiración era pesada, el ritmo tranquilo de una mujer que cargaba con el futuro de mi linaje. Me permití un segundo de paz, uno de esos raros momentos en los que el Zar de Moscú bajaba la guardia.De repente, Naia soltó un jadeo ahogado y se incorporó de golpe, sujetándose el vientre.—Artem… —susurró, con los ojos muy abiertos.Sentí el frío de la humedad en las sábanas antes de que ella hablara. Había roto fuentes. Una sonrisa involuntaria, una que no solía visitar mi rostro, apareció de inmediato. Era el momento. El heredero estaba en camino.—Tranquila, mi vida. Respira —le dije, manteniendo la calma que años de guerra me habían otorgado. Me puse en pie y activé el comunicador—. Viktor,

  • La bailarina del Mafioso    Capitulo 56

    NaiaEl invierno en Moscú es implacable, pero hoy el cielo ha decidido darnos una tregua, mostrándose de un azul cristalino que hace que la nieve acumulada en los tejados brille como diamantes triturados. Estoy en mi octavo mes de embarazo y, aunque me siento pesada y mis tobillos protestan ante cualquier caminata larga, hoy hay una energía diferente en la mansión. Artem ha estado actuando de manera misteriosa desde el amanecer. No es la misteriosa frialdad de los negocios de la Bratva, sino una impaciencia vibrante, como la de un niño que guarda un secreto demasiado grande para su pecho.—Necesito que te vistas con algo cómodo, pero abrigado, Naia —me dijo mientras desayunábamos—. Vamos a salir.—¿Salir? Artem, tengo una cita con la partera en tres horas y apenas puedo subir las escaleras sin jadear —protesté, aunque ya estaba sonriendo.—La partera puede esperar. Viktor ya ha despejado la ruta y el coche está climatizado. Confía en mí —respondió, besando mi mano con esa devoción que

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