LOGINEra la hija que descartaron. Camila Reyes creyó en el amor, la familia y los sueños sencillos, hasta que su padre murió y todo se vino abajo. Traicionada por su propia madre, maltratada por el hombre destinado a protegerla, corrió en la noche con nada más que miedo y desesperación. En un puente, a punto de desaparecer, conoce a un misterioso multimillonario poderoso y peligroso. Alejandro de la Vega. Le ofrece un trato que podría cambiarle la vida para siempre. Una relación falsa, una nueva identidad y protección. Pero tras su perfecto control se esconde un hombre perseguido por enemigos, traiciones y rodeado de secretos. Camila planea sobrevivir mientras Alejandro planea usarla. Pero ninguno está preparado para la verdad, porque el pasado del que Camila huyó es mucho más peligroso de lo que jamás imaginó. Y esta vez, viene a por ella.
View MorePunto de vista de Camila
La noche en que terminó mi vida empezó como cualquier otra noche.
"He dicho que vengas aquí." La voz de mi padrastro corta la casa como un cuchillo. Estaba nervioso y el plato en mi mano temblaba tanto que casi se me cae la palabra.
Nunca quiero ir cuando me llama así, pero sé lo que pasará si no lo hago.
"Estoy lavando los platos", susurro. Pero él venía hacia mí y entonces apareció en la puerta. Se llama Ricardo Salazar.
Para todos los que están fuera, es amable, rico y encantador. Pero para mí, es un monstruo.
"¿Te pregunté qué estabas haciendo?" dice suavemente. Esa voz suave es peor que gritar. Significa que está enfadado.
Bajé la cabeza rápidamente y dije: "No." "Entonces ven aquí." Tenía miedo y me obligué a seguir adelante. Cada paso se sentía como caminar hacia el fuego.
Cuando me acerqué lo suficiente, sonrió. Esa sonrisa me pone la piel de gallina. "Estás aprendiendo", dice, extendiendo la mano.
Intenté ocultarlo, pero era imposible. Sus ojos se oscurecen. "¿Por qué siempre actúas como si te hiciera daño?" murmura.
Tenía miedo de decirle que siempre me hacía daño, pero en vez de eso, susurré: "Lo siento."
Me agarra la barbilla con tanta fuerza. "Mírame cuando hables." Levanté la mirada, y estaba llena de lágrimas.
"Eres una chica guapa, Camila", dice en voz baja. "Deberías estar agradecido."
La palabra sonó como veneno, pero antes de que pudiera responder, "¡Camila!" La voz de mi madre resuena desde el salón. Me sentí aliviado, pero casi me desplomo.
Ricardo suelta mi barbilla despacio, como si me recordara que puede hacer lo que quiera. "Vete", dijo. Lo dejé rápido.
Mi madre estaba sentada en el sofá, hojeando el móvil como si no pasara nada. "¿Me has llamado?" Pregunto con cuidado.
No levantó la vista. "¿Por qué la cena no está lista?" "Solo estaba—" "Siempre 'solo' estás haciendo algo", soltó ella, y por fin me miró, con el ceño fruncido, esto no era así antes.
Antes de que muriera mi padre, solía sonreírme, pero ahora, siento que me odia." Lo siento", dije. Siempre decía esa palabra solo para complacerla.
Ella se burla. "Lo siento no arregla nada." Miró hacia la cocina y luego volvió a mirarme a mí. "Y deja de intentar llamar la atención de mi marido."
Me quedé asombrado porque lo que dijo me golpeó como una bofetada. "¡No lo estoy!" Dije rápido. Su expresión se endurece." No me mientas." "¡No estoy mintiendo!" Mi voz tiembla. "Te dije que él—" "¡Basta!"
Se levantó de repente y yo di un paso atrás. "No quiero oír tus historias asquerosas."
Me quedé en shock. ¿Asqueroso...? "Solo tienes celos", continúa. "¿Crees que puedes quitármelo?"
"¡No!" Las lágrimas corrieron por mi rostro. "Siempre me hace daño", dije. Su mano voló sobre mi cara y me abofeteó. El sonido resonó y hubo silencio.
"No vuelvas a decir eso nunca más", susurra. Me ardió la mejilla y me dolió su acción.
Se apartó como si yo no existiera y en ese momento entendí algo. Ya no tengo madre.
Esa noche, no pude dormir. Me tumbé en la cama, mirando al techo. Cada sonido me tensaba el cuerpo.
Oí pasos, luego me apreté más la manta alrededor de mí. "Por favor, no esta noche."
Pero entonces se abrió la puerta y sentí un shock repentino. Pasos lentos entrando en mi habitación. No me moví. Me dije a mí misma, quizá si me quedo quieta, se vaya. Mi cama se hundió, Él estaba sentado a mi lado.
"No hace falta fingir", susurra Ricardo. Las lágrimas se deslizaron silenciosamente sobre mi almohada. "Por favor..." Susurro. "Vete." Se ríe suavemente. "Siempre dices eso."
Su mano tocó mi brazo, me aparté de golpe. "¡No me toques!" Lloré. Pero apretó el agarre al instante. Sentí dolor en la muñeca.
"Te estás poniendo atrevido", dijo con frialdad. Me asusté. "No, no quería decir—"
Me atrajo más cerca y me sujetó el pecho. Pero entré en pánico. Mi corazón latía tan rápido que sentí que iba a morir.
"¡Suéltame!" Empecé a tener problemas con él, pero se negaba a soltarme. Así que hice lo único que se me ocurrió. Le muerdo fuerte.
Grita y su agarre se afloja. Esa era mi oportunidad. Le empujé y salí corriendo.
No me detuve, salí corriendo de casa. Descalzo, sin móvil, sin bolso, solo miedo.
El aire frío me golpea la cara mientras corro por la calle vacía. Las lágrimas me nublaban la vista y no sabía a dónde iba. Sabía que no podía volver a casa.
Minutos después, o quizá horas, me encontré de pie sobre un puente. Las luces de la ciudad brillan abajo y los coches pasan detrás de mí.
Pero sentí que estaba solo en el mundo, y al acercarme al borde, mis manos se aferraron a la barandilla. Todo duele.
"No puedo seguir así", susurro. Nadie me oyó. Las lágrimas caen libremente. "Solo quería una vida normal, una familia, amor y seguridad." ¿Es demasiado?
Tenía miedo y estaba solo. Quizá si lo suelto, todo deje de doler. Me subo despacio a la barandilla, con las piernas temblando.
El viento sopla más fuerte, como si intentara empujarme hacia atrás o quizá hacia adelante. Cerré los ojos y quise acabar con un salto.
Pero un ruido fuerte me sobresaltó y abrí los ojos. Un coche negro se detuvo detrás de mí y la puerta se abrió.
Un hombre salió, alto, elegante y bien vestido de negro. Me miró, no con lástima ni miedo, sino como si me estuviera estudiando.
"¿Qué haces?" pregunta con calma. Su voz era profunda. No respondí, solo le miré fijamente.
"Agáchate", dijo. No era una petición, sino una orden. Pero negué con la cabeza. "No."
Entrecierra un poco los ojos, "vas a caer." "Quizá quiera", susurré. Hubo silencio y luego se acercó.
"¿Por qué?" pregunta. "Porque no me queda nada", dije, con la voz quebrada. "Mi padre se ha ido, mi madre me odia a mí y al hombre con el que se casó"
Me he parado, no puedo decirlo. Me miró detenidamente. Entonces dice algo inesperado. "Entonces no vuelvas." Parpadeé y volví a jugar. "¿Qué...?"
"Vete", dice simplemente. "Vete a otro sitio." Se me escapó una risa amarga. "¿Con qué? No tengo nada."
Me estudió un momento y luego dijo: "Puedo darte algo." Me quedé asombrada. "¿Por qué harías eso?"
No respondió de inmediato, en cambio se acercó y ahora pude ver claramente su cara.
Mandíbula afilada, ojos oscuros, sin calidez, solo control. "Porque yo también necesito algo", dijo.
Era una sensación extraña. "¿Qué necesitas?" Le pregunté, me miró y dijo: "Tú."
Sentí de repente un frío en mi cuerpo. "No lo entiendo" "No hace falta", responde.
Luego extendió la mano, "Ven conmigo." Sentí que era peligroso, no le conozco. Pero luego pensé en volver, quedarme o morir.
Y de repente, esto parece la única opción.
Mis manos tiemblan mientras bajo lentamente de la barandilla y camino hacia él. Cada paso se sentía como adentrarse en lo desconocido.
Me detuve delante de él, "¿Quién eres?" Pregunto suavemente. Respondió con confianza,
"Alejandro de la Vega."
El nombre no me dice nada. Pero se siente importante y poderoso.
"¿Me vas a hacer daño?" Susurro. Su expresión no cambia. "No." No sé si le creí.
Pero aun así le tomé la mano. Mientras me guiaba hacia el coche, oí algo detrás de nosotros. Un grito lejano.
"¡Camila!"
De repente sentí una oleada de miedo.
Ricardo.
Me encontró y me giré asustada, pero Alejandro no. En cambio, aprieta el agarre. Su voz se volvió peligrosa.
"Súbete al coche."
Punto de vista de CamilaLa brecha resultó no ser más que un gato callejero activando el sensor de movimiento, y por un breve y aliviado momento, me permití creer que la noche podría acabar ahí, con nada peor que una falsa alarma y unos cuantos nervios alterados. Entonces Elena llegó al amanecer con algo mucho más inquietante que un animal errante. "Los mensajes que Ricardo ha estado enviando", dijo, extendiendo los papeles sobre la mesa de la cocina mientras Alejandro y yo estábamos de pie sobre ellos, aún medio desnudos por habernos despertado tan temprano. "He hecho que nuestros analistas revisen el horario con tu agenda diaria, Camila. Cada detalle que ha mencionado, el vestido, los cabellos, tu los movimientos por la propiedad coinciden demasiado perfectamente con la información disponible solo desde dentro de esta casa." Se me encogió el estómago. "¿Crees que alguien aquí le está dando información?" "Creo que es la única explicación que encaja", dijo Elena con gravedad. "Lo
Punto de vista de Camila El segundo mensaje llegó tres días después, mientras estaba en la cocina sirviendo café, con las manos firmes por primera vez desde ese primer mensaje aterrador. Mi móvil vibró contra la encimera, mientras dejaba la cafetera lentamente y la cogía, preparándome como había aprendido en las últimas setenta y dos horas, cada notificación ahora cargada con el peso de un posible peligro. Era un número desconocido otra vez, el que dice. "Estoy más cerca de lo que crees." Me quedé mirando las palabras, el pulso acelerado a pesar de todos los esfuerzos por mantener la calma. Llamé a Alejandro inmediatamente, y apareció en la puerta en cuestión de segundos, su expresión se tensó en cuanto vio mi rostro. "Otro más", dijo. No era una pregunta. Le enseñé la pantalla. La leyó dos veces, la mandíbula se le tensó, antes de sacar su propio móvil y marcar a Elena sin dudarlo. "¿Es el mismo número de antes?" me preguntó mientras la llamada estaba conectada. "Es un número
Punto de vista de Camila Por la tarde, el equipo de seguridad de Alejandro había transformado toda la casa en algo parecido a una fortaleza. Se revisaron cámaras y luego se volvieron a revisar una segunda vez para asegurarse de que no se había pasado por alto nada. Cada punto de entrada fue reforzado aún más, y se añadieron cerraduras y sensores extra en solo unas horas. Se duplicaron guardias en cada posición perimetral alrededor de la propiedad, su presencia visible ahora de una forma que antes no había sido. Observaba todo a mi alrededor con una extraña calma distante que se asentaba en mí, la misma claridad que había ganado con esfuerzo durante las últimas semanas negándose a colapsar del todo, incluso ahora, aunque todo volviera a sentirse tan incierto. "Estamos aumentando las patrullas en un horario rotativo", dijo Alejandro, de pie cerca de la mesa de la cocina, revisando una tableta junto a su jefe de seguridad, ambos hablando en tono bajo y concentrado. "Quiero ojos en cad
Punto de vista de Camila Elena llegó a la casa en menos de una hora, moviéndose rápido, con pasos rápidos y urgentes sobre el suelo. Su habitual calma serena, la calma profesional y constante en la que había llegado a confiar en las últimas semanas, se había abierto de par en par por primera vez desde que la conocí. Había papeles apretados con fuerza en su mano, varios ligeramente arrugados por lo duro que era Las había agarrado durante el trayecto, sus nudillos estaban pálidos por la presión. Entró directamente en el despacho sin esperar a que nadie la anunciara, empujando la puerta con verdadero propósito, sin molestarse en llamar ni detenerse en el umbral como normalmente habría hecho por respeto al espacio de Alejandro. "Cuéntamelo todo", dijo Alejandro inmediatamente, su voz cortante y urgente, cortando la habitación antes de que ella cruzara del todo el umbral. Ya estaba de pie, todo su cuerpo tenso y alerta, preparándose para cualquier noticia que ella estuviera a punto de


















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