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3-Día del despertar del lobo

Auteur: Daisy_bell
last update Date de publication: 2026-02-07 00:57:48

[Punto de vista de Aurora]

(Hace tres semanas)

La luz del sol se filtraba a través de las cortinas, pintando rayas doradas en el suelo de mi habitación. Sentía un vuelco en el pecho y un zumbido nervioso me recorría el estómago mientras me alisaba el vestido por tercera vez. Hoy era el día. El día en que mi lobo finalmente me encontraría. Y sería anunciada como la Luna de la manada.

Me acerqué al espejo, me alisé el pelo y respiré hondo. Mi reflejo reflejaba mis dedos inquietos y el leve temblor de mis labios. Los obligué a esbozar una media sonrisa, enderezando los hombros, esperando una mirada de confianza. Me había preparado para este día durante meses: el vestido perfecto, la postura cuidadosamente practicada, las palabras que susurraba cuando la luna me llamara. Esta noche, bajo el resplandor plateado, estaría completa. Con mi pareja a mi lado. Para siempre.

Un suave golpe en la puerta me sobresaltó. La alta figura de mi padre y Seraphina, mi hermana, llenaba la puerta. La mirada de mi padre se detuvo, más de lo habitual. Me alisó un mechón de pelo, apretando los labios en una fina línea, como si retuviera las palabras.

—¿Estás lista, Aurora? —Su voz era firme, pero podía oír el tono cauteloso que subyace en ella, el peso de todo lo que esperaba para mí—.

—Sí, padre —dije, ansiosa y radiante. Mis manos se aferraron a los bordes de mi vestido como si me aferrara al coraje. Nunca he estado más preparada para nada en mi vida.

Entró, su mirada me recorrió como si midiera la distancia entre la niña que era y la mujer en la que me convertiría esa noche. —Tu lobo vendrá esta noche a la ceremonia —dijo en voz baja—. Confía en ti misma. Confía en el vínculo. No lo apresures. Deja que te encuentre y prepárate cuando lo haga. Esta noche lo cambia todo, Aurora, pero es solo el primer paso de quien estás destinada a ser.

Asentí rápidamente, tragando saliva con dificultad. Sentía un nudo en la garganta, un cosquilleo en el estómago de anticipación, una calidez que me hacía hormiguear los dedos y golpear el suelo con los pies, casi desbordándose. No era solo Aurora, su hija, sino un miembro de la manada. Esta noche, sería el centro de todo. Esta noche, conocería la parte de mí que había esperado toda mi vida.

"Me alegro mucho por ti, Aurora. Estoy deseando que aparezca tu lobo esta noche para que toda la manada te respete como su Luna", dijo Seraphina, recorriendo con la mirada mi vestido.

"Gracias, Seraphina", dije.

Mis ojos volvieron a encontrar mi reflejo. Observé cómo la luz iluminaba mi cabello, cómo mi vestido caía suavemente a mi alrededor, el toque de color en mis mejillas. Había algo diferente hoy: algo en cómo mis hombros se sentían más ligeros, mi corazón más agudo, mi mente más enfocada. Podía sentir la anticipación como electricidad bajo mi piel.

Mi padre sonrió brevemente, con el orgullo suavizando sus rasgos, y luego retrocedió. «Avanza con valentía, Aurora. La luna observa. La manada observa. Esta noche, te convertirás en quien estás destinada a ser», dijo en voz baja.

Y así. Él se fue, pero Seraphina se quedó. Ayudándome a preparar la noche.

————————-

Al caer la tarde, el claro rebosaba de expectación. El sol se ponía, tiñendo de oro los pinos, mientras la luna comenzaba su lento ascenso, pálida y luminosa. El pulso me golpeaba las costillas, un tamborileo frenético que me cortaba la respiración. Quería correr hacia adelante, pero al mismo tiempo mantenerse firme.

Voces emocionadas llenaban el aire.

El adolescente que se transformaría esa noche y sus familias se reunían en el lugar de la ceremonia. Los miembros de la manada llenaban el espacio.

La multitud se apartó mientras yo avanzaba, con pasos decididos, el vestido balanceándose ligeramente sobre mis rodillas. Y entonces lo vi: mi compañero.

El alfa de la manada de la luna de piedra. Mis ojos se iluminaron y una radiante sonrisa se dibujó en mi rostro. Estaba de pie cerca de la plataforma de piedra, con la luz dorada de la luna brillando en su cabello, un aura tranquila y firme, como si me hubiera estado esperando todo este tiempo.

Corrí a su lado, incapaz de contener mi alegría. Irradiaba de mí.

"Aurora", murmuró, levantando una mano para alisarme el cabello hacia atrás; su tacto era cálido y reconfortante. "Te ves radiante esta noche. Como siempre."

"Siempre estoy listo para ti, mi amor", dije con la voz llena de confianza. "Esta noche... ¡No puedo esperar para finalmente ser tu Luna!"

Sonrió con un destello de orgullo en sus ojos. "Lo sé y también estoy ansioso", dijo en voz baja, con la mirada fija en mí.

Seraphina se quedó paralizada, rozándose los dedos antes de saludar con la mano lentamente. Mis labios se curvaron sin pensar, devolviéndole su silencioso aliento.

El sol se hundió en el horizonte. La luna salió, llena, brillante, observando. Levanté la cara a mi pesar, preguntándome cómo se reflejaba su luz en mi pelaje al girarme.

La anciana Mariam subió a la plataforma.

«Hijos de la manada de la luna plateada», dijo, «esta noche estarán en el umbral entre la juventud y el destino. Cuando diga su nombre, den un paso al frente y ofrezcanse a la luna».

Se oyeron los nombres.

Uno a uno, los lobos emergieron: un enorme lobo negro. Una elegante hembra gris. Una loba más pequeña con marcas plateadas. Cada cambio fue recibido con vítores, aplausos y orgullosos abrazos.

«AURORA VALE».

Mi nombre resonó en el claro. Me aparté del lado del Alfa Mabel después de que me picoteaba suavemente las mejillas.

Mi pulso latía con fuerza en la garganta, tan fuerte que estaba segura de que los lobos más cercanos podían oírlo. Cada paso se arrastraba, mis pies se hundían en la tierra como si la tierra misma se resistiera. Levanté la cara hacia la luna, cerré los ojos y apreté el pecho con las manos. No pasó nada. Mi corazón latía con fuerza, a un ritmo irregular, mi visión se nublaba al tambalearme. Mis labios apenas se movieron mientras las palabras se escapaban, frágiles y desesperadas. «Por favor, diosa de la luna, déjame pertenecer».

Volví a buscar en mi interior. Y otra vez. Avanzando más allá del ritmo constante de mis latidos, más allá del eco de mi propia respiración, hacia el vacío.

Nada seguía.

El silencio se prolongó, denso y sofocante, presionando mis oídos.

Susurros estallaron detrás de mí: sonidos agudos e inquietantes que me subieron por la espalda.

Miré a la anciana Mariam, con la mandíbula apretada y los hombros tensos. «Por favor... haz algo», suplicaban mis ojos.

Miré de reojo a mi compañero. Su rostro no delataba nada. Sus ojos se encontraron con los míos por un instante... luego se deslizaron hacia la anciana Mariam. Un frío vacío me recorrió el pecho, oprimiendo mis pulmones. Tragué saliva, pero no me salieron las palabras, solo el frenético latido de mi corazón.

Tenía que ser un error... mis manos se aferraron a los pliegues de mi vestido, con los nudillos blancos. Di un paso adelante con la voz temblorosa.

"Por favor... revísame", le susurré a la anciana Mariam, las palabras apenas se me escaparon mientras mis rodillas amenazaban con doblarse.

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