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36. Imperdonable

Autor: Marnie
last update Data de publicação: 2025-08-03 20:04:14

En su despacho, Alejandro intentaba concentrarse en los documentos que tenía frente a él, pero su mente no dejaba de volver a Lisseth. A su silencio. A sus ojos llorosos. A la forma en que había evitado mirarlo cuando se marchó con el alma hecha pedazos.

Algo no encajaba. Algo en ella lo inquietaba.

Y entonces, la puerta del despacho se abrió de golpe.

—¡Alejandro! —gritó Renata, entrando como un huracán junto a Danrrique.

Él levantó la vista de inmediato. La mirada de Renata ardía con esa mezc
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Último capítulo

  • La esposa del Ceo Paralítico    39. Amenazada en silencio

    POV: Lisseth LancasterLos primeros días de recuperación en la mansión fueron más difíciles de lo que imaginé. No solo por el dolor físico o por el reposo obligado, sino por esa sensación constante de que alguien me observaba. Era como si no pudiera estar sola, como si unas sombras invisibles me rodearan incluso cuando la habitación estaba vacía.Al principio pensé que eran paranoias mías… secuelas del trauma, del miedo. Pero no. Lo sentía con claridad. Cada vez que me levantaba al baño, cada vez que me quedaba dormida y despertaba de golpe. Ese escalofrío en la nuca… ese silencio extraño. No estaba loca. Había algo.Esa mañana, al levantarme de la cama y cruzar la puerta, lo vi: un pequeño papel en el suelo.Alguien lo había dejado ahí a propósito. Lo supe de inmediato.Me agaché con el corazón acelerado, y al leer su contenido, me paralicé. Una mezcla de rabia, miedo y desesperación me invadió de golpe. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, como si el peligro estuviera más cerc

  • La esposa del Ceo Paralítico    38. Promesas y dudas

    POV: Alejandro MontenegroAl ver a Lisseth ensangrentada, el pánico me inundó por completo. Fue como si el mundo se detuviera… y al mismo tiempo, colapsara sobre mí. Un dolor indescriptible se posó en mi pecho. Insoportable. Desgarrador. Sentí que me arrancaban el alma con las manos.—¡No! ¡Liss! —grité, cayendo de rodillas a su lado, con las manos temblorosas—. Por favor… por favor no me hagas esto.La tomé en brazos sin pensarlo. Su cuerpo se sentía liviano… demasiado liviano. Como si ya no estuviera ahí del todo. Salí corriendo de la mansión, sin mirar atrás. Ni siquiera esperé al chófer. Le quité las llaves de golpe y la acomodé como pude en el asiento trasero.—Resiste, Liss … resiste —murmuraba mientras me subía al auto, con las manos empapadas de su sangre y los ojos nublados por las lágrimas.Conduje como un loco. Me pasé todos los semáforos, los cruces, los gritos de los conductores. Nada importaba. Solo ella. Solo su vida…. Mi corazón latía tan fuerte que sentía que se me ib

  • La esposa del Ceo Paralítico    37. La prueba final

    POV: Lisseth LancasterLos días pasaban lentos… pesados… como si el tiempo quisiera castigarme por algo que aún no termino de comprender. El encierro se había convertido en mi cárcel personal, no solo por las paredes que me rodeaban, sino por las miradas que me atravesaban como cuchillas.Las de él.Las de Alejandro.No decía nada, pero su silencio lo gritaba todo. Y dolía. Dolía más que cualquier palabra hiriente. Lo veía caminar por la casa como un fantasma con rabia en la piel. Ya no se acercaba. Ya no me buscaba. Me evitaba, como si le diera asco, como si mi presencia le recordara un pecado que jamás podrá perdonarse.Yo no podía más.No por mí.Por mi bebé.No iba a dejar que creciera en medio de esta tormenta. No iba a permitir que respirara culpa, que naciera rodeado de odio, de sospechas, de secretos. Mi hijo merecía libertad. Paz. Amor.Y si para eso debía marcharme, lo haría.Aunque tuviera que arrastrarme hasta una comisaría. Aunque tuviera que poner mi rostro frente a una

  • La esposa del Ceo Paralítico    36. Imperdonable

    En su despacho, Alejandro intentaba concentrarse en los documentos que tenía frente a él, pero su mente no dejaba de volver a Lisseth. A su silencio. A sus ojos llorosos. A la forma en que había evitado mirarlo cuando se marchó con el alma hecha pedazos.Algo no encajaba. Algo en ella lo inquietaba.Y entonces, la puerta del despacho se abrió de golpe.—¡Alejandro! —gritó Renata, entrando como un huracán junto a Danrrique.Él levantó la vista de inmediato. La mirada de Renata ardía con esa mezcla de malicia y satisfacción que solo mostraba cuando creía haber encontrado algo útil.—¿Qué pasa ahora? —preguntó él, con voz grave, ya agotado de juegos.—La sirvienta… —intervino Danrrique, sonriendo con una malicia contenida—. Dice que vio a Lisseth escondiendo algo en su habitación. Papeles, documentos. Y estaba muy nerviosa.—¿Qué clase de papeles? —preguntó Alejandro, frunciendo el ceño.La joven sirvienta, temblando, dio un paso al frente.—S-señor… yo no quise espiar, lo juro… Pero la

  • La esposa del Ceo Paralítico    35. Lazos malditos

    POV: Lisseth LancasterCuando Alejandro se fue, sentí que algo dentro de mí se rompía por completo. El sonido de la puerta al cerrarse fue como un disparo seco, directo al pecho. Me quedé ahí, pegada a la pared, con el corazón latiendo como si quisiera salirse del cuerpo, temblando… destrozada.No podía más.No podía con esto.La rabia en sus ojos, sus palabras llenas de veneno, sus manos sobre mi piel, ese beso cargado de furia y deseo… todo me dejó marcada. Pero lo que más me dolió fue no poder hablar. No poder gritarle la verdad. No poder decirle: ¡No es lo que crees!Quise hacerlo, juro que lo intenté. Pero no me dejó. No me escuchó. Solo me juzgó.Y lo peor… es que yo también tenía miedo.Miedo de que todo fuera cierto.Miedo de que lo que sentía por él fuera un pecado.Cuando sus labios tocaron los míos, fue como si algo estallara dentro de mí. Una parte de mí se rindió por completo, porque aún lo amaba, porque aún lo deseaba. Pero otra… otra se llenó de un asco horrible, desgar

  • La esposa del Ceo Paralítico    34. Mentira letal

    POV: Alejandro MontenegroDaba vueltas en la cama sin poder pegar un solo ojo. El techo era lo único que veía, pero en mi cabeza… solo estaba ella.Lisseth.Maldita sea, ¿por qué no podía sacarla de mi mente?Intenté no pensar, intenté dejar de verla... pero era inútil. Cerraba los ojos y ahí estaba su rostro. Sus ojos tristes. Esa forma tan suya de morderse el labio cuando quería evitar llorar.Y también veía otra imagen... una que me destrozaba por dentro.Su voz hablando con otro. En el jardín. A escondidas. Ese maldito hombre tocándola, susurrándole cosas. Ese recuerdo me quemaba el alma. Me llenaba de celos. De rabia. De un asco que no sabía si era hacia ella… o hacia mí mismo por sentirme así.¿Pero por qué?¿Por qué demonios me dolía tanto?Se supone que es mi enemiga… ¿no?Eso me repetía una y otra vez. Pero entonces venían otras imágenes, como bofetadas que me devolvían a la realidad: Lisseth de azul, con ese vestido que hacía que todo a mi alrededor desapareciera. Lisseth ll

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