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C-58

Author: Charles
last update publish date: 2026-07-28 23:35:24
La tarde caía lentamente sobre la ciudad mientras una agradable brisa entraba por los amplios ventanales del departamento. Después de tantos años viviendo dentro de la enorme Mansión King, Elena todavía seguía sorprendiéndose de lo mucho que disfrutaba el silencio de aquel lugar. No existían órdenes de Margaret resonando por los pasillos, tampoco miradas de desprecio ni la constante sensación de caminar sobre un campo minado. Allí solamente estaba ella, la música suave que sonaba desde un pequeñ
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  • La esposa gorda quiere un divorcio.   C-140

    El consultorio quedó sumido en un silencio pesado después de que la doctora abandonara la habitación, un silencio que parecía demasiado grande para aquel pequeño espacio donde Elena y Sebastian permanecían sentados uno junto al otro, todavía procesando las palabras que acababan de escuchar. Tres años. Aquella cifra se repetía dentro de la cabeza de Elena una y otra vez, golpeándola con una crueldad que no podía aceptar, mientras las lágrimas continuaban deslizándose por sus mejillas sin que ella hiciera el menor intento por ocultarlas. Había pasado por momentos difíciles, había soportado humillaciones, decepciones, un divorcio y heridas que durante mucho tiempo creyó imposibles de cerrar, pero nada de aquello podía compararse con el miedo de perder a su hija.Sebastian permanecía a su lado con la mirada fija en el suelo, intentando controlar una respiración que se había vuelto pesada. Por primera vez en mucho tiempo no estaba pensando en Elena como su esposa, como la mujer con quien h

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   C-139

    La tormenta había cubierto el cielo cuando el jet privado de Damian atravesaba las nubes rumbo a Tokio. Desde las ventanillas apenas podían distinguirse algunos destellos de la ciudad que habían dejado atrás, porque una espesa capa de nubes negras envolvía el avión y los relámpagos iluminaban durante segundos el interior de la aeronave antes de desaparecer nuevamente entre la oscuridad. La lluvia golpeaba con fuerza contra el fuselaje y, cada cierto tiempo, una ligera turbulencia hacía vibrar la cabina, aunque Damian permanecía sentado en uno de los asientos principales con una tranquilidad que contrastaba con el movimiento del avión. Tenía la chaqueta abierta, la camisa perfectamente acomodada y una carpeta portátil apoyada sobre sus piernas, mientras revisaba documentos relacionados con una investigación que llevaba meses desarrollando. Frente a él, Min-Jae sostenía una tableta y esperaba el momento adecuado para explicarle los últimos detalles.—Los resultados de los análisis llega

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   C-138

    El vehículo de Elena apenas se detuvo frente a la entrada de urgencias cuando ella abrió la puerta antes de que el motor terminara de apagarse. Bajó prácticamente corriendo, con el bolso colgado de un hombro y el corazón golpeándole con tanta fuerza contra el pecho que cada latido parecía aumentar el miedo que llevaba acumulado desde aquella llamada de la escuela. Una enfermera ya la esperaba en la entrada, probablemente porque habían avisado que la madre de Lily estaba en camino, y Elena se acercó a ella sin siquiera molestarse en recuperar el aliento.—Soy Elena Hart, la madre de Lily King. Me llamaron de la escuela, me dijeron que mi hija se había desmayado y que estaba sangrando por la nariz. ¿Dónde está? Necesito verla inmediatamente —preguntó con una voz desesperada que intentaba mantener bajo control, mientras sus dedos se aferraban al brazo de su bolso como si aquello pudiera impedir que sus manos continuaran temblando.—Señora Hart, por favor, acompáñeme. La niña está siendo

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   C-137

    Habían pasado tres días desde aquella conversación con Damian, tres días desde que él había cerrado la puerta de su oficina y se había marchado después de confesarle que la amaba, pero que estaba dispuesto a dejarla vivir su vida sin interferir en ella. Elena había intentado continuar con su rutina como si aquellas palabras no hubieran dejado una marca, concentrándose en reuniones, documentos y decisiones relacionadas con la agencia, aunque en ciertos momentos su mirada se perdía sobre la pantalla de la computadora y recordaba la forma tranquila en que Damian había hablado de aquella adolescencia que ella apenas podía reconstruir en su memoria. No había querido buscarlo, porque había tomado una decisión respecto a Sebastian y quería respetarla, pero aquella mañana, cuando Richard entró en su oficina con una carpeta en la mano y una expresión extrañamente seria, Elena supo que algo había ocurrido antes incluso de que él pronunciara una palabra.—Elena, necesito informarte algo sobre Da

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   C-136

    Damian condujo en silencio por las calles de la ciudad, con ambas manos firmes sobre el volante y la mirada fija en el camino mientras las luces de los edificios se reflejaban sobre el parabrisas. Había salido de la agencia sin mirar atrás, no porque Elena dejara de importarle, sino precisamente porque le importaba demasiado como para convertir sus sentimientos en una carga para ella. Durante varios minutos no encendió la música ni respondió las llamadas que comenzaron a llegar a su teléfono; necesitaba escuchar únicamente el sonido del motor y ordenar pensamientos que, por primera vez en mucho tiempo, no estaban siendo dominados por el deseo de recuperar algo perdido.Elena.Su nombre apareció nuevamente en su mente, acompañado por aquella imagen de una muchacha de trece años que sonreía al recibir una pequeña caja de bombones de chocolate blanco. Damian cerró los ojos durante apenas un segundo antes de volver a concentrarse en la carretera. Recordaba aquella época con una claridad q

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   C-135

    Elena apenas había dormido aquella noche. Cada vez que cerraba los ojos volvía a aparecer aquella escena que parecía haber salido de un rincón olvidado de su memoria: una caja pequeña llena de bombones de chocolate blanco, una sonrisa juvenil, una voz que le resultaba demasiado familiar y aquel nombre que se repetía dentro de su cabeza con una insistencia que no conseguía detener. Damian. No sabía si se trataba simplemente de un sueño construido por los recuerdos recientes o si, por el contrario, su mente estaba intentando mostrarle algo que ella había olvidado durante demasiados años. Aquella duda consiguió acompañarla hasta el amanecer.Cuando llegó a la agencia, Elena tenía una expresión diferente. No estaba distraída ni había perdido su habitual seguridad, pero había una tensión sutil en sus ojos que Richard alcanzó a notar cuando ella entró en su oficina. Dejó el bolso sobre el escritorio, encendió su computadora y comenzó a revisar algunos documentos, aunque llevaba varios minut

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