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C-75

Penulis: Charles
last update Tanggal publikasi: 2026-08-05 07:29:45

El apartamento de Elena Hart respiraba una tranquilidad que durante años le había parecido imposible alcanzar. La luz de la tarde atravesaba las amplias ventanas mientras Lily permanecía sentada sobre la alfombra del salón jugando con Mochy, quien corría de un lado a otro intentando atrapar una pequeña pelota de tela que la niña lanzaba entre risas. Aquellas carcajadas llenaban cada rincón del hogar y, por primera vez desde el divorcio, Elena comprendía que la felicidad podía encontrarse en mom
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Eli books
se que sebas fue un perro pero lo quiero con el!!!!!!
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    El asistente apenas tuvo tiempo de acomodarse cuando Elena dejó los documentos sobre el escritorio con una fuerza que hizo temblar ligeramente la superficie. Él levantó la mirada y se encontró con unos ojos que jamás había visto de aquella manera. No había lágrimas, no había súplicas, tampoco aquella dulzura que tantas veces había presenciado cuando Elena hablaba de Sebastian. Solo había una mujer de pie frente a él, completamente erguida, con el rostro pálido y una determinación que le hizo sentir que cualquier mentira sería inútil.—Voy a hacerte una sola pregunta y quiero una respuesta absolutamente sincera —exigió Elena mientras apoyaba ambas manos sobre el escritorio, inclinándose apenas hacia él sin apartar la mirada—. ¿Sebastian King fingió su enfermedad para impedir que yo lo abandonara? No quiero explicaciones, no quiero excusas y mucho menos quiero que intentes protegerlo. Solo dime la verdad, porque después de todo lo que hice por ese hombre, lo mínimo que merezco es saber

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    Elena condujo sin saber realmente cuánto tiempo llevaba frente al volante. Las calles pasaban ante sus ojos convertidas en manchas borrosas, mientras mantenía ambas manos aferradas al volante y luchaba por controlar las lágrimas que insistían en caer sobre sus mejillas.No podía regresar a la villa, no podía mirar a Sebastian, no aun, no podía escuchar su voz, ni permitir que Lily estuviera presente cuando toda aquella mentira terminara de quebrarla por dentro.Por eso tomó una decisión inmediata: iría al departamento donde había vivido antes, aquel lugar que llevaba tiempo prácticamente abandonado y que, por primera vez, necesitaba más que cualquier otra cosa. Necesitaba estar sola, necesitaba pensar, necesitaba llorar sin que nadie pudiera verla.Cada vez que recordaba las palabras de Arthur, sentía que algo le quemaba el pecho. Sebastian no estaba enfermo. La frase se repetía una y otra vez dentro de su cabeza, chocando contra los recuerdos de aquellos meses en Tokio y haciendo que

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    Tokio continuaba despertando bajo una fina neblina cuando, en una zona privada del puerto, varios vehículos negros permanecían detenidos alrededor de un enorme almacén. Los hombres que custodiaban el lugar vestían de oscuro y mantenían una distancia prudente de la figura que caminaba entre los contenedores recién descargados.Damian Müller avanzaba con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo negro, observando cada movimiento sin necesidad de levantar la voz. A su alrededor, decenas de hombres trabajaban bajo una disciplina absoluta, descargando cajas provenientes de distintos puntos de Asia mientras los responsables de cada operación esperaban sus instrucciones.—Quiero que revisen cada contenedor antes de trasladarlo —ordenó Damian mientras se detenía frente a uno de ellos, recorriendo con la mirada los sellos de seguridad—. No me interesa cuánto tiempo tome ni cuántas personas tengan que trabajar durante la noche; ningún cargamento abandona este lugar sin que esté completamen

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