LOGINAl final de la noche, cuando los invitados comenzaron a marcharse y la música se volvió más suave, Elena y Damian se detuvieron un instante en la entrada de la finca para contemplar el jardín iluminado. La ciudad seguía viva más allá de los árboles, con sus calles, sus plazas y sus ventanas encendid
La fiesta avanzó entre risas, brindis y fotografías, mientras Elena y Damian recibían los buenos deseos de sus amigos y familiares. En algún momento, cuando la noche comenzó a extender su manto sobre los jardines, Damian condujo a Elena hasta una terraza apartada desde la que podían verse las luces
Damian escuchó sin interrumpirlo y, cuando Sebastian terminó, le estrechó la mano con la misma firmeza con la que lo había hecho aquella noche en la residencia, aunque ahora el gesto tenía una serenidad que ninguno de los dos había podido alcanzar antes. No necesitaban fingir que siempre habían esta
Más tarde, cuando los invitados comenzaron a disfrutar de la cena y las conversaciones llenaron las mesas, Elena descubrió a Sebastian sentado en un rincón de la terraza con Lorena Astrada, su esposa, y el pequeño bebé de tres meses que descansaba en los brazos de su madre. Lorena era una pintora re
La salida de la iglesia se convirtió en una celebración de luz, música y pétalos que descendieron sobre los recién casados mientras cruzaban las puertas tomados de la mano. La recepción tuvo lugar en una finca histórica a las afueras de la ciudad, rodeada de jardines cuidados, árboles centenarios y
Elena terminó con los ojos llenos de lágrimas, y Damian inclinó la cabeza hasta apoyar la frente contra la de ella durante un breve instante, olvidándose por completo de los invitados y de la solemnidad de la ceremonia. No necesitaban repetir las promesas ni jurarse que jamás cometerían errores, por







