INICIAR SESIÓNSuspiro pesadamente, fingiendo que estoy cansada de esperar mientras agarro ambos tacones, de repente me paro estrellando los tacones en las mucamas que tengo a mi derecha e izquierda, ambas caen al piso, la mucama que queda me mira con sorpresa, pero antes de que se acerque tomo la silla en la que estaba sentada y se la lanzo.
—¡Lo siento! —grito comenzando a correr al jardín, sin sentirlo realmente.
Corro atravesando el jardín y los rosales, aunque una extraña sensación me martilla en el pecho, no se porque, solo se que algo no se siente bien, no siento como si de verdad estuviera escapando, sacudo mi cabeza alejando esos pensamientos innecesarios.
“Solo un poco más” pienso, “Solo un poco más y estaré en el bosque”
Aunque logro llegar al bosque la extraña sensación no se me quita del pecho, todo se siente extraño demasiado extraño, lo único que escucho es el aire soplando contra los árboles, mis pasos sobre la tierra, todo está tranquilo, demasiado tranquilo.
Nada se parece a la primera vez que escape, no hay perros persiguiéndome, no hay un escándalo, no hay guardias intentando detenerme, no hay nadie tras de mí.
Tal vez él pensó que no seria tan tonta como para intentar huir de la misma manera dos veces, sigo mi camino, mientras mi cabeza no deja de pensar.
Hace tres años había hombres armados en cada salida posible de la mansión, los pasillos siempre tenían personal, el patio, aunque no era muy vigilado tenia hombres armados patrullando, eso sin mencionar a los perros.
Siempre atados con gruesas cadenas, son perros enormes rápidos y especializados para el ataque, Alonso siempre decía que esos perros eran mas peligrosos que las armas, siempre me decía que tuviera mucho cuidado con ellos, solía decir que no corriera frente a ellos porque podrían arrancarme una pierna y el no quería una esposa lisiada.
Comparando la seguridad de hace tres años con la actual, deja mucho que desear, nunca vi a ningún hombre armado, no había patrulleros en el jardín y ni siquiera escuché a los perros.
Dejo de correr.
De repente, la extraña sensación que sentía en el pecho ahora tiene sentido, no estoy corriendo a mi libertad estoy corriendo a una trampa.
Intento regresa sobre mis pasos y tomar una ruta diferente de escape, pero en cuanto empiezo a correr el sonido de pisadas justo detrás de mi me alteran, los pasos son rápidos, me está alcanzando.
Mi esperanza, se esfuma en un segundo cuando la persona que me sigue me atrapa tirándome al suelo.
Creo… que nunca tuve realmente una oportunidad para huir.
Pov Alonso
Escucho los pasos mucho antes de verla, “sabía que intentaría escapar” pienso mientras sonrió para mis adentros.
- ¿Te divertiste? - pregunto una vez Lilian esta frente a mí siendo escoltada por algunos de mis hombres, el vestido ahora esta manchado y lleno de lodo, en su cabello tiene algo de maleza y tierra en su cara.
Aunque su apariencia solo resalta su encanto.
- ¡Eres un maldito! - exclama, y su rostro esta rojo de enojo, aunque admitiré que su expresión me parece verdaderamente adorable -porque no puedes dejarme en paz?
-Sabes ma rebelle nunca me decepcionas – contesto ignorando sus quejas mientras acerco mi mano a su mejilla y comienzo a limpiar un poco de la tierra.
Ella se estremece ante mi tacto intentado alejarse, pero por alguna razón cojea. Alejo mi mano solo para notar que el vestido azul tiene manchas, son apenas unas gotas, pero son sin lugar a dudas, gotas de sangre.
—Ma rebelle —digo en un susurro que apenas logro contener. Mi voz ya no tiene la condescendencia de antes, ahora es puro hielo—. ¿Te lastimaron?
Ella no responde, pero su silencio es toda la confirmación que necesito. La furia, fría y absoluta, nubla mi visión por un instante. Me giro hacia el grupo de hombres que la escoltaban. Mi mirada recorre sus caras inmóviles hasta posarse en él, el único con barro en su ropa.
—Tú —digo, y mi voz no alza el volumen, pero corta el aire como un cuchillo.
Sin prisa, me acerco al guardia más cercano y tomo el arma de su cintura. Él intenta protestar.
—Mi señor, espere, ella—
No termina la frase. El estallido del disparo retumba en el silencio del jardín. El hombre que lastimó a mi esposa se desploma en el suelo. Un halo escarlata comienza a extenderse sobre la tierra.
Miro a los demás, uno por uno. El mensaje debe quedar claro.
—Nadie toca a lo que es mío —digo, dejando el arma humeante caer al suelo—. Nadie.
Me vuelvo hacia Lilian, cuya expresión de enojo se ha teñido ahora de un terror genuino. La bestia que ella sabía que vivía en mí acaba de mostrarse, y por primera vez esta noche, se queda sin palabras o eso creí.
—Y aun te preguntas porque escape— dice en un susurro, pero decido ignorarla.
Sus quejas son tontas, yo no le haría daño, ni la haría llorar al menos que ella lo pida o estemos en mi cama.
—Y tú, mi rebelde esposa — añado, acercándome de nuevo a ella—, has causado demasiados problemas por hoy— menciono acercándome a su oído y susurrando solo para ella— recuerda: si te portas mal te castigare
Lo ultimo lo menciono mordiendo juguetonamente su oreja.
Pov Lilian—No.—¿No qué?—No digas nada todavía.—¿Vas a...?—Lilian.Cierro la boca.Él mete una mano dentro del abrigo.Mi corazón empieza a latir con tanta fuerza que casi me parece ridículo.—Antes de que digas algo —empieza—, sé que técnicamente esto es extraño.—Estamos casados.—Exactamente.—Muy extraño.—Déjame terminar.Hago un gesto de cerrar la boca.Alonso respira.Y por primera vez desde que lo conozco parece verdaderamente nervioso.No cuando le apuntaron con armas.No cuando entró a una base.Ahora.Conmigo.—La primera vez que nos casamos no hicimos muchas cosas bien.No digo nada.—Yo no hice muchas cosas bien —corrige—. Hubo secretos, decisiones que tomé por los dos y demasiadas veces en las que pensé que protegerte significaba decidir por ti.Lo observo.—No quiero volver a hacer eso.Mi garganta se aprieta.—No puedo cambiar lo que pasó. Tampoco quiero fingir que nuestro matrimonio no importa porque importa. Mucho.Mira hacia mi abdomen.—Todo lo que nos trajo ha
Pov LilianTres meses después descubro que estar embarazada de Alonso tiene una desventaja importante. Todo el mundo se vuelve insoportable.No solo él.Todos.Marcos me quita una taza de café de las manos.Lo miro.—Devuélvemela.—No.—Marcos.—Órdenes.—Puedo tomar café.—Él dijo que no.Señalo hacia Alonso, que está sentado al otro extremo de la mesa revisando algo en su teléfono.—Él no es médico.—Eso le dije.—¿Y?—Me miró.—Cobarde.—Quiero vivir para conocer al bebé.Alonso levanta la mirada.—Te escuché.—Era la intención —respondo.Mi embarazo ya se nota.No demasiado, pero lo suficiente para que ninguna de mis prendas favoritas cierre correctamente.También lo suficiente para que Alonso mire mi abdomen cada vez que entro en una habitación.Al principio fingía que no lo hacía.Ya dejó de intentarlo.—El médico dijo que puedo tomar una taza pequeña —digo.Alonso mira a Marcos.—Devuélvesela.Marcos abre los brazos.—¿Entonces para qué me haces quitarle cosas?—Yo no te pedí q
Pov Lilian—No necesito que Alonso sea bueno para saber que quiero estar con él —continúo—. Tampoco necesito fingir que nunca ha hecho cosas terribles. Las ha hecho. Tenemos mucho que resolver.Miro a Alonso.Él sostiene mi mirada.—Muchísimo.—Estoy aquí —continúo— porque lo elegí.García mira a Alonso.—¿Y cuando vuelva a ocurrir?—¿Qué?—Cuando alguien vuelva a utilizarte para llegar a él.La pregunta duele porque es exactamente lo que me preocupa.—Entonces lo enfrentaremos.—¿Con un bebé?Todo se detiene.Alonso se mueve primero.—¿Qué dijiste?García mira hacia mí.Demasiado tarde.Instintivamente llevo una mano hacia mi abdomen.Sus ojos siguen el movimiento.Mierda.No lo sabía.Solo estaba hablando.Alonso se coloca completamente delante de mí.—Vete.Su voz cambia.Ya no hay conversación.—Alonso.—Ahora.García mira mi abdomen.—Estás embarazada.No respondo.No necesito hacerlo.—Lilian...—No.Alonso avanza.—Dije que te fueras.García lleva la mano hacia su cintura.Todo
Pov LilianGarcía llega un martes.Lo sé porque los martes el jardinero corta los rosales del lado oeste de la casa y llevo toda la mañana observándolo desde la ventana de la biblioteca mientras intento convencerme de que leer sobre cunas es una actividad perfectamente normal.No lo es.Hace una semana ni siquiera sabía que estaba embarazada.Ahora tengo tres libros sobre embarazo, dos sobre bebés y una discusión pendiente con Alonso porque descubrí que uno de sus hombres ya está investigando cuál es el automóvil más seguro para transportar a un recién nacido.Según Alonso, él no se lo pidió.No le creo.Estoy precisamente intentando decidir si necesito comprar otro libro cuando escucho que la puerta de la biblioteca se abre.Levanto la cabeza.Alonso entra.No dice nada.Eso basta.Cierro el libro.—¿Qué pasó?—Tenemos un problema.Mi estómago se aprieta.—¿Qué clase de problema?Alonso se acerca a la ventana y corre ligeramente la cortina.—Encontraron un vehículo cerca del límite n
Pov LilianEl resto del día se convierte en una mezcla extraña de médicos, preguntas y Alonso comportándose como si hubiera descubierto que soy de cristal.El doctor quiere hacer estudios, cambiar algunos medicamentos y revisar exactamente qué tomé durante los últimos días. Me explica que por ahora no debemos adelantarnos y que primero necesitamos calcular de cuánto tiempo estoy.Alonso escucha todo.Absolutamente todo.Incluso toma notas.—¿Estás escribiendo?—Sí.—¿Por qué?—Porque está hablando rápido.El médico lo mira.—Puedo repetirlo.—No es necesario.—Alonso.—¿Qué?—Guarda el teléfono.—Estoy tomando notas.—Me estás poniendo nerviosa.Lo guarda.Dos minutos después vuelve a sacarlo.—Alonso.—Solo quiero comprobar una cosa.—No busques cosas en internet.—No iba a...Lo miro.Guarda el teléfono otra vez.—Bien.El médico intenta ocultar una sonrisa.—Voy a necesitar que descanses.Gimo.—No.—Sí.—Llevo descansando semanas.—Ahora tienes otro motivo.Alonso asiente.—Exacta
Pov Lilian—Alina acaba de recuperar una piedra por la que hay personas dispuestas a matar. Tienes enemigos que ni siquiera conozco y debajo de nuestra casa hay mochilas preparadas por si tenemos que desaparecer.—Las mochilas son precisamente para...—Ese es el problema.Se queda callado.—No quiero que un hijo nuestro aprenda que es normal tener tres pasaportes antes de aprender a leer.Alonso me mira.—Tú tienes tres.—Exactamente.—Puedo reducirlos a dos.Lo miro.Él intenta no sonreír.—No tiene gracia.—Un poco.—Alonso.—Lo siento.No parece arrepentido.—Estoy hablando en serio.—Yo también.Su expresión cambia.—Te escucho.Eso me hace continuar.—No quiero vivir esperando que alguien aparezca. No quiero que un niño tenga guardaespaldas antes de saber caminar. No quiero preguntarme cada vez que sales si vas a regresar.—Voy a regresar.—No puedes prometer eso.Alonso abre la boca.Después la cierra.—No —admite.Me quedo mirándolo.—Gracias.—¿Por qué?—Por no decir que sí so







