INICIAR SESIÓNEstimadas lectoras y lectores
Nos vamos encaminando al final de esta bella historia, pero, antes de comenzar a despedirnos, quise darles un adelanto de lo que será la continuación. Algunas ya lo han leído en mi otra novela que recién terminó, algunas no, así que, aquí les dejó un adelanto, espero que les guste... Créanme el final las va a sorprender, quienes han seguido mis novelas de prometo amarte y de amar bajo la sombra del pasado, sabrán que las cosas pueden cambiar drásticamente… 😘😘😘 Diana sostenía aquel plástico con la mano temblorosa, rogaba a todos los santos habidos y por haber que, sus temores no fueran ciertos, que todo se tratase de un susto, miedo, reacción a lo ocurrido, montones de excusas que bien sabía podían ser verdad o bien, mentira. Ella se había imaginado ser madre, claro que se había imaginado, pero no ahora, y menos de él, ¿Cómo podía ser? De él no, no podía, simplemente no podía. Este no era su plan de vida, estaba por irse a la universidad, si esto sucedía, su madre se sentiría sumamente decepcionada, ya bastante tenía con lo que sucedió como para salir con más problemas por lo ocurrido aquella noche. —¡Dios! ¡Dios, ayúdame! ¡Por favor! ¡Por favor, que no sea verdad! ¡Por favor! —dijo Diana con voz quebrada mientras abría de a poco los ojos, tal como si eso ayudara a que sus miedos no se hicieran realidad. Diana solo pensaba en aquella noche, sí esa maldita noche en que salió por la ventana. Ella creía que sería como cualquier otra escapada más, Adrián la recogería, ambos correrían hasta su moto y se irían al bar donde él solía presentarse con su banda. Ella lo escucharía tocar y luego, regresaría a casa como si nada hubiera ocurrido; sin embargo, el destino es caprichoso y tiende a torcer los caminos de maneras demasiado absurdas y dramáticas. —¡No! ¡No puede ser! —dijo Diana al ver el resultado. —¡Esto no, no puede ser! Diana no pudo más, se recargo contra la pared y se dejó caer al suelo con la prueba en mano. Inmediatamente comenzó a llorar, la vida no podía complicarse más, su madre la odiaba, su hermana la odiaba, su padre no quería ni verla. Su única esperanza era la universidad, ahora que entrara, tendría que irse de casa, bien podía fingir que tenía mucha tarea y no regresar a casa por largo tiempo, pero, con esto, ¿Cómo rayos le iba a hacer? Aquella joven dejó caer varias lágrimas, de solo pensar en lo que su familia diría, era seguro que la iban a echar de casa. Diana había sido una niña bien portada, siempre había hecho lo correcto, al menos hasta que llego a la preparatoria, ahí fue donde se cansó de lo mismo y poco a poco, fue cambiando, luego llegó Adrián y su vida cambio aún más. —¡Dios! ¿Qué voy a hacer? ¿Cómo le voy a hacer? Ella se sentía completamente sola, Adrián no quería ni verla, cortesía de su hermana Renata, quien dolida por lo ocurrido, se había lanzado con todo sobre ella, le había gritado, la había abofeteado, maldecido y sobre todo, le había contado a Adrián lo sucedido, claro, con su versión de los hechos. Adrián, por meses, le había insistido en dar aquel gran paso en su relación pero, ella no se sentía lista, no era que no lo quisiera, ella sentía que lo amaba. Amaba su música, sus poemas oscuros, su sonrisa, la familiaridad con la que la trataba, amaba cada momento con él, pero ahora, él ya no quería saber nada de ella. —“Diana, ¿Cómo demonios pude ser tan idiota? Todo este tiempo me viste la cara, ¿verdad? ¿Por qué si querías andar con él no hablaste claro? ¡Estas son idioteces! ¡Madura!” Diana quería explicarse, pero, no encontraba ninguna explicación a lo que sucedió. ¿Cómo podría explicarse? Si ni ella misma sabía bien que sucedió. Los recuerdos de aquella noche eran borrosos, sí, en efecto, cuando iba con Adrián solía consumir una o dos cervezas. Honestamente, ese nunca había sido un tema, pero ahora, por más que buscaba una explicación, simplemente, no la hallaba. —Esto no me puede estar pasando, ¿Por qué? ¿Por qué a mí? Ella se iba a ir a Nueva York, iba a irse a estudiar arte dramático, esto, venia totalmente a cambiar sus planes. Por su mente cruzaron varias ideas; ella podía irse sin decirle a nadie, ya en Nueva York, podía ver que hacía con el tema del bebé, al menos estando lejos, no lidiaría con la reacción de su familia. Si ellos decidían dejar de apoyarla, bien estaba la herencia de su abuelo, ella podía pedirle a su padre que le diera su parte y de ahí podría vivir, al menos hasta que consiguiera un trabajo decente. Otra idea cruzo su mente, bien podía buscar interrumpir el embarazo, por el tiempo, seguro que no había problema, esa idea sonaba bien pero, algo en su interior le gritaba lo contrario. —¿Qué voy a hacer? ¿Qué demonios debo hacer? —dijo metiendo su cabeza entre sus piernas. Para todos, Diana era la hija problemática, rebelde y sin un futuro claro, mientras que Renata, había madurado con la edad y gracias a la compañía de Giovanni. Según lo dicho por su padre, le auguraba un futuro glorioso, puesto que se iría a estudiar negocios internacionales junto a Gio a Italia. Ambos tenían planes, y prácticamente, ya tenían todo listo; la universidad, el lugar donde vivirían y sabía que tras terminar la carrera, se casarían, Diana había venido a joderlo todo, ¿Cómo? Ni ella misma lo sabía o lo recordaba. Diana estaba tan perdida en sus pensamientos que, no se percato de que su madre llevaba rato llamándola, al menos no lo hizo hasta que esta entró al baño y la vio con prueba en la mano. —¡Diana! Dime por favor que esto no es lo que estoy pensando. —dijo Marina con cara pálida ante lo que se venía sobre su hija. La joven se quedó muda, ¿Qué iba a decir? ¿Cómo iba a decir que era un error? Ese maldito plástico estaba en su mano, esas dos rayas indicaban lo que nadie quería escuchar. —Diana, responde… —¿Que, madre? ¿Qué? ¿Qué quieres que te diga? ¡Sí! ¡Sí es lo que estas pensando! —dijo Diana rompiendo en llanto. —Diana… —dijo Marina quebrándosele la voz. —¿Sabes que debo llamar a tu padre? ¿verdad? Diana sabía que tan pronto su padre se enterará, ardería troya, el imperio Montemayor y todo el mundo, pues al enterarse él, se enteraría ella y estaba completamente segura de que, nada bueno saldría de todo esto.Esteban escuchó aquello y por un momento dudó en preguntar, pero no quería quedarse con aquella espinita.—¿Irte? ¿A dónde?—Quiero irme a Italia; por muchos años quise conocer el pueblo del que venía mi familia y ahora que tu padre ya no está, eso haré. -dijo Florencia con firmeza.—Pero… ¿Que nosotros no somos tu familia? ¿Piensas dejarnos solos? —cuestionó Esteban como si fuesen cercanos.—Hijo, mira, yo he estado aquí por años, nunca les he hecho falta, ya están grandes, mira tan solo a Antonio y Tadeo, ellos ni siquiera se preocupan por lo que será de mí, tú mismo no te preocupas, así que el que esté aquí o en Italia no debería ser un inconveniente. -dijo aquella mujer en completa sinceridad.Esteban sabía que todas y cada una de las palabras que su madre decía eran verdad. Él desde hacía mucho tiempo había hecho a un lado a la mujer que le dio la vida; pocas eran las veces que este mostraba interés por ella; casi siempre eran favores, era lo que ella podía dar, pero jamás había
Una vez que Florencia vio cómo Yorgos y Armando se retiraron del lugar, se acercó más a su hijo; este la miró e inmediatamente le preguntó:—¿Quién es el hombre que viene contigo?—Hijo, vine a verte, no vine a hablar de quién viene o no conmigo.—Madre, ¿dónde estuviste todo este tiempo? Con mi padre no, porque de haberlo estado, hubieses estado en verdadero peligro.—Hijo… Lo estuve, pero no quiero hablar del tema.Esteban notó el extraño aspecto de su madre; ella ya no se veía como la mujer que veía todo el tiempo, comenzando por el corte de cabello y continuando por la ropa que llevaba puesta.—¿De qué tema quieres hablar, madre?—Hijo, mira, sé que para ti y tus hermanos, yo solo soy una molestia, pero soy su madre y me preocupan, vine a verte. ¿Cómo estás? Sé honesto, por favor…—Estoy bien, digo, dentro de lo que cabe. No podré caminar por un largo periodo, pero estoy bien.—Hijo… —dijo Florencia, sintiendo una extraña sensación de pensar en que su propio hijo había dado la vid
Tras aquella rápida despedida, Patrik salió directo hacia el aeropuerto; eran varias horas de vuelo, pero nada de ello importaba; lo único realmente de peso ahí era llegar con Adelina.Aquel hombre era consciente de que al llegar a Oía, se enfrentaría a una Lina furiosa; sabía que ella se le lanzaría con todo, no sería nada fácil; estaba sabedor de que ella sabría aceptar que fue por su bien.Patrik estaba seguro de que, tan pronto le dijese que Marina había dado a luz, esta se querría regresar; por lo que, en definitiva, este sería un viaje muy pero muy agotador.El hospital donde ahora estaban Esteban, Efraín y Marina ahora mismo era visitado por varias personas; una de ellas y muy importante fue Florencia, quien solo se enfocó en recuperarse del shock en el que estaba tras lo ocurrido.—¿Estás segura de que quieres hacer esto?—Sí, Yorgos, si lo que me dices es verdad, mi hijo está aquí, mi exnuera también; aún no puedo creer cuánta maldad cargaba Dante, pero, mira que poner una bo
—Sí, sí lo creo y… —dijo Efráin algo agotado. —Soraya, será mejor que dejes de hacerte la tonta conmigo; sé que no te has metido con Marina, pero si lo haces, créeme, me meteré con tu familia y no será nada agradable lo que verás.Por años le he dado a ganar a tu padre mucho dinero; tú te has aprovechado de nuestra amistad una y otra vez. Me he hecho de la vista gorda solo porque éramos amigos; ni porque éramos amantes lo hice, pero tú, mi querida Soraya, has rebasado los límites, así que debe quedarte claro: si se te ocurre hacer algo en contra mía, de Marina o incluso, si se te llega a meter la loca idea de meterte con mis hijos, créeme, la vida como la conoces dejará de existir.—Efraín, ¿Por qué eres tan cruel conmigo? ¿Por qué no ves lo que siento por ti? Esa mujer nunca se va a fijar en ti, esa mujer nunca será tuya; ella llevaba años enamorada de tu primo, ¿por qué no puedes entenderlo?Sí, Marina se acostó contigo, lo hizo por despecho, lo hizo porque su marido la engañó con u
--- Días atrás ---—¡Efraín, cariño! ¿Qué te sucedió? —dijo Soraya entrando a la habitación con cara de preocupación.—¿Soraya?—¡Sí, cariño! Aquí estoy, aquí estoy para cuidarte, mi vida… —dijo la mujer acercándose a abrazarlo como si de un chiquillo se tratase.—Soraya, ¿qué… ¿Qué haces aquí?—Me enteré por los medios… —dijo ella, sintiéndose descubierta.—¿Cuáles medios, Sor? Lo que me ocurrió solo fue una pelea; no es un accidente, no es nada que deba ser cubierto por los medios. Dime la verdad, ¿Cómo fue que supiste lo que me ocurrió?—Cariño… yo…—¿Es verdad? ¿cierto?—¿De qué hablas?—Es verdad que tú me andas siguiendo todo el tiempo, ¿correcto?—¡No! ¿Cómo puedes creer eso? ¿Qué clase de mujer crees que soy?—Sor, ¿sabes bien con quién estás tratando, verdad?—No sé de qué me estás hablando.—Mira que si hubieses llegado y me hubieses dicho cualquier otra tontería, podría creerte, pero decir que lo viste en los medios, eso sí que es una reverenda estupidez.—¡Cariño! ¿Tú qué
Mientras Marina recibía la inesperada visita de Paulina y tenían una larga charla, en la habitación de Efraín se encontraba Patrik despidiéndose.—Mi trabajo aquí ya terminó, debo ir por Lina—¿A dónde la enviaste por fin?—Está en Oia, Grecia.—¿Ella sabe por qué la enviaste ahí?—¡Claro que no! ¿Sabes cómo me va a recibir? -dijo Patrik pensando en la reacción inmediata a verlo.—¡Ella va a estar furiosa! Supongo.Patrik dejó salir un suspiro de resignación.—Era eso o arriesgarla como sucedió con Marina.—¿Qué fue lo que sucedió con mi tío?—Para serte completamente honesto, ni yo mismo lo sé.—¿Cómo?—Cayó en las manos correctas o incorrectas, como se quiera ver.—Así que finalmente sí lo dejaste con ese hombre.—Margarito Juárez no quería deshacerse de él; sin embargo, tu tío se lo echó de enemigo en el momento en que puso la bomba en su camioneta.Efraín apretó los ojos con furia; él había puesto en peligro a Marina y sus hijos. ¿Cómo demonios pudo verla a la cara?—¿Qué vas a ha







