เข้าสู่ระบบEstimadas lectoras y lectores ¿Qué creen que hay sucedido con ese par de primos?
Mucho después, Marina estaba acostada de lado, con una pierna enredada entre las de Efraín y la cabeza sobre su pecho; no sabía qué hora era, su teléfono estaba lejos, no quería saberlo.Efraín recorría distraídamente su espalda con las yemas de los dedos; Marina tenía los ojos cerrados.—¿Estás dormida? —preguntó él.—Casi.—Entonces no voy a hablar.—Ahora tienes que hablar porque ya me despertaste. —dijo Marina abriendo un ojo.—Quería preguntarte algo. —dijo Efraín sonriendo.—Espero que no sea otra propuesta de matrimonio; ya gastaste la de hoy.—Estaba pensando en una segunda esposa.Marina levantó la cabeza; Efraín comenzó a reír antes de que pudiera sostener la broma.—Ni siquiera eres bueno provocándome.—Es tarde.—Eso no es excusa.Volvió a apoyar la cabeza sobre él; Efraín acarició sus rizos.—¿Estás contenta?Marina tardó en responder, no porque no supiera, sino porque la pregunta era enorme.—Ahora mismo sí.Efraín permaneció en silencio; Marina levantó la cabeza nuevame
Llegaron a la habitación sin saber exactamente en qué momento habían comenzado a caminar hacia ella. Marina se rio cuando chocó suavemente contra el marco de la puerta.—Esto era más sencillo cuando teníamos menos cosas que pensar.—No recuerdo que antes pensáramos demasiado.—Ese pudo haber sido parte del problema.—Definitivamente.Efraín volvió a besarla; Marina desabrochó lentamente su camisa, un botón, después otro. Efraín la observó; ella levantó la mirada.—¿Qué?—Nada. Solo estoy disfrutando que esta vez seas tú la que parece tener prisa.—No tengo prisa.Abrió otro botón.—Podemos detenernos si quieres.—No dije eso.Marina sonrió.—Entonces no interrumpas.Él obedeció; algunos segundos después sus manos regresaron a ella. Marina sintió sus dedos sobre los hombros, la espalda, la cintura; había deseo y mucho, pero no había una carrera y eso hizo que pudiera sentirlo todo.El roce de su barba contra la piel, su respiración cuando ella terminó de abrirle la camisa, la forma en
Marina salió despacio; no había planeado caminar de aquella manera; de hecho, en cuanto vio la expresión de Efraín, estuvo a punto de detenerse.Él no dijo nada, sus ojos descendieron, no de una forma que la hiciera sentir examinada; fue peor, mucho peor, porque Marina reconoció inmediatamente el deseo. Efraín volvió a mirarla a los ojos.—Marina…Ella sintió una pequeña descarga en el estómago.—No digas nada si vas a arruinarlo.—Estoy intentando encontrar una frase que no suene como algo que diría un hombre incapaz de pensar en este momento. —dijo Efraín soltando el aire contenido.Marina sonrió.—¿Tan grave está la situación?—Mucho más de lo que parece.Ella caminó hacia él; Efraín continuó inmóvil. Eso la hizo sentir extrañamente poderosa. No porque lo controlara, porque no tenía que esconder que disfrutaba siendo mirada.Durante años había asociado la mirada de un hombre con una evaluación: ¿Todavía soy bonita? ¿Todavía me deseas? ¿Soy suficiente?Esa noche no quería preguntar
Marina tardó más de lo necesario en abrir la puerta, no porque estuviera arrepentida, tampoco porque quisiera esperar a que Efraín fuera a buscarla; simplemente necesitó unos minutos para acostumbrarse a la mujer que veía frente al espejo.La había observado mientras se quitaba el vestido, mientras soltaba los rizos que había acomodado con más cuidado para la cena, mientras retiraba los aretes, mientras limpiaba parte del maquillaje de sus labios y descubría debajo el rostro de todos los días.Después se había puesto el camisón; su color era beige, no idéntico al de aquella noche, ni siquiera lo había buscado así. Cuando lo encontró en la tienda, había recorrido la tela entre sus dedos y el recuerdo apareció antes de que pudiera impedirlo.Durante unos segundos pensó en devolverlo al perchero; después se preguntó por qué, el color no pertenecía a Esteban. Un camisón no pertenecía a una noche; su cuerpo tampoco pertenecía a la mujer que había sido entonces.Lo compró y ahora estaba ahí
Salieron del restaurante mucho más tarde de lo que Marina había calculado; miró el teléfono, había un mensaje de Ofelia.—“Todo bien, los bebés duermen, las niñas también, diviértete y deja de revisar el teléfono”.Luego de ver el mensaje, Marina rio.—¿Qué? —preguntó Efraín al ver que ella sonreía.Le mostró el mensaje y Efraín sonrió.—Me cae muy bien esa mujer.—Porque no tienes que discutir con ella.—Tú discutes con todo el mundo.—Eso no es cierto.Efraín la miró; Marina guardó el teléfono.—No voy a darte la razón el día que acabas de proponerme matrimonio.Caminaron hacia el automóvil; Marina miró su mano bajo la luz; todavía le resultaba extraño.—¿Te gusta?—Mucho.—Podemos cambiarlo si…—No termines esa frase. —dijo Marina levantando la cabeza.—Solo quería decir…—Me gusta.—Bien.Efraín abrió la puerta para ella; Marina no entró inmediatamente.—¿Qué hora es?Él miró el reloj.—Casi medianoche.—Deberíamos regresar.Las palabras salieron automáticamente; Marina se quedó qu
La sonrisa desapareció lentamente de los labios de Marina, porque de pronto supo, no porque hubiera visto una caja, no porque Efraín se hubiera arrodillado, no porque hubiera música. Lo supo por la forma en que él acababa de entregarle primero la posibilidad de negarse y eso… Eso era algo que Marina no sabía que necesitaba hasta ese momento.—No voy a perderte si digo que no —murmuró.—No. —dijo él negando lentamente.—¿Y si digo que todavía no?—Tampoco.—¿Y si cambio de opinión?—Entonces hablaremos. —dijo él respirando.Marina sintió que los ojos comenzaban a arderle.—No llores todavía.Ella rio mientras se limpiaba rápidamente debajo de uno.—No estoy llorando.—Claro.—Continúa antes de que me arrepienta de dejarte hablar.Efraín sonrió y entonces metió la mano en el bolsillo interior de su saco. Marina contuvo el aire; la caja era pequeña, oscura y nada más. Efraín la puso sobre la mesa; no la abrió inmediatamente.—Una vez pensé que casarme contigo significaría finalmente tener







