INICIAR SESIÓNBIANCAApenas me lanzan al interior del vehículo, siento que el pánico se apodera de mí. Me atan las manos a la espalda y una venda cubre mis ojos, dejándome completamente a oscuras. El labio inferior me tiembla mientras intento controlar la respiración, pero resulta imposible. El miedo se instala en mi pecho y se extiende por todo mi cuerpo con una fuerza que apenas consigo contener. Me atraparon. La idea se repite una y otra vez en mi cabeza mientras el vehículo comienza a moverse. Me llevan con ellos y no tengo la menor idea de qué harán conmigo cuando lleguemos.Pienso en Austin. En Adrián. En mis padres, mis abuelos, Aurora, mis amigos. Pienso en la forma en que Adrián me miró antes de que el humo nos separara y siento que las lágrimas comienzan a deslizarse por mis mejillas. Pero hay alguien más en quien no puedo dejar de pensar.Mi bebé.La desesperación me aprieta la garganta al recordar que apenas hace unas horas descubrimos que existe una pequeña vida creciendo dentro de mí.
ADRIANSubimos a las camionetas que todavía pueden moverse y, apenas los motores rugen, abandonamos el lugar. Todo ocurre con una rapidez casi automática. Nadie pierde tiempo recogiendo lo que quedó atrás; los vehículos dañados permanecen en la carretera mientras los hombres revisan por última vez que no haya ningún herido que necesite atención inmediata. Yo apenas consigo pensar en otra cosa que no sea Bianca. Mantengo la mandíbula apretada y los dedos cerrados alrededor del arma mientras observo por la ventana cómo dejamos atrás el escenario de la emboscada.La radio de Larson cobra vida apenas unos minutos después.—¡Christian, te dije que no vinieras! —su voz suena irritada, pero debajo de aquella molestia puedo escuchar perfectamente la preocupación.La respuesta llega entre interferencias. No alcanzo a distinguir todas las palabras, pero sí la desesperación en la voz de Christian. Está asustado. Su madre acaba de llevarse a Bianca y Elena, y sé perfectamente que no existe ningun
ADRIANSe la llevaron.Mi puño se estrella contra el vidrio de la camioneta una y otra vez. El dolor comienza a extenderse por mis nudillos, pero apenas consigue hacerme reaccionar. Necesito golpear algo, cualquier cosa que consiga sacar de mi pecho esta desesperación que me está asfixiando. No puedo dejar de pensar en sus ojos antes de que el humo nos separara, en la forma desesperada en que intentó volver hacia mí, en sus dedos escapándose de los míos cuando intentaba sujetarla.Y en nuestro bebé.Aprieto la mandíbula mientras siento que mis ojos comienzan a arder. Contengo las ganas de llorar porque no puedo permitirme derrumbarme ahora, pero la sola idea de no volver a verla, de que puedan hacerle daño, de que alguien ponga una mano sobre ella o sobre nuestro hijo, consigue que el miedo se transforme en una furia que apenas puedo controlar.Cierro los ojos durante un instante.No.No puedo pensar en eso.Si empiezo a imaginar todo lo que podría estar ocurriendo en este momento, vo
NARRADOR OMNICIENTEAdrián apenas tuvo tiempo de distinguir una sombra junto a la puerta cuando reaccionó. Sacó su arma y disparó contra el atacante antes de lanzarse sobre él cuando intentó entrar al vehículo. El forcejeo fue rápido y brutal. Consiguió derribarlo, pero otro hombre apareció entre el humo y levantó el arma.Adrián reaccionó antes.Disparó y el hombre cayó hacia atrás.No podía detenerse. La niebla cada vez era más densa, y ya no distinguía bien, quien era enemigo o aliado.No podía permitir que ninguno de ellos se acercara a Bianca.La sola posibilidad de perderla hacía que todo su cuerpo se estremeciera. No le importaba cuántos hombres tuviera delante ni cuánto tiempo pudiera mantenerse en pie. Lo único que importaba era sacarla de allí.Regresó inmediatamente junto a ella y volvió a tomar su mano.—No te separes de mí.Bianca negó desesperadamente con la cabeza. No pensaba hacerlo. No quería hacerlo. Después de todo lo que habían vivido, después de haber descubierto
NARRADOR OMNICIENTEEl primer vehículo salió despedido hacia un costado envuelto en llamas. El estruendo hizo vibrar los cristales blindados de los vehículos que venían detrás y, antes de que cualquiera pudiera reaccionar, una ráfaga de disparos comenzó a golpear la carrocería con una violencia ensordecedora.El ataque había sido perfectamente sincronizado: la explosión había detenido la formación y, apenas unos segundos después, los disparos habían comenzado desde distintos puntos de la oscuridad, impidiendo determinar con exactitud cuántos hombres los estaban rodeando.Bianca se sobresaltó y Adrián reaccionó por puro instinto. La tomó entre sus brazos y la obligó a agacharse, cubriéndola con su propio cuerpo mientras los impactos continuaban golpeando el blindaje. No sabía de dónde provenían los disparos ni cuántos enemigos había al otro lado de aquellas ventanas, pero había algo que sí tenía completamente claro: Bianca no podía quedar expuesta. Su mano buscó la de ella y la apretó
NARRADOR OMNICIETEMargaret tenía personas distribuidas por distintos puntos de la región y, ahora que Tideman estaba próximo a llegar, comenzaba a sentirse mucho más segura. Sus topos ya le habían informado que Bianca había abandonado la propiedad para dirigirse al hospital y, si hasta ese momento no había movido un solo dedo, era precisamente porque aquellos desgraciados se habían mantenido escondidos dentro de su madriguera. Mientras permanecieran allí, cualquier intento de atacar significaba enfrentarse a demasiados hombres y correr un riesgo innecesario. Margaret no pensaba meterse en la boca del lobo sin contar con un buen refuerzo.Pero ahora habían salido.Sabía que Bianca no viajaría sola y que probablemente aumentarían la vigilancia, pero eso no le preocupaba demasiado. Ella también tenía hombres preparados. Apenas recibió la confirmación de que Bianca había abandonado la propiedad, sus subordinados comenzaron a moverse como hormigas alrededor de un hormiguero. Vehículos ocu







