تسجيل الدخولNARRADOR OMNICIENTEEl primer vehículo salió despedido hacia un costado envuelto en llamas. El estruendo hizo vibrar los cristales blindados de los vehículos que venían detrás y, antes de que cualquiera pudiera reaccionar, una ráfaga de disparos comenzó a golpear la carrocería con una violencia ensordecedora.El ataque había sido perfectamente sincronizado: la explosión había detenido la formación y, apenas unos segundos después, los disparos habían comenzado desde distintos puntos de la oscuridad, impidiendo determinar con exactitud cuántos hombres los estaban rodeando.Bianca se sobresaltó y Adrián reaccionó por puro instinto. La tomó entre sus brazos y la obligó a agacharse, cubriéndola con su propio cuerpo mientras los impactos continuaban golpeando el blindaje. No sabía de dónde provenían los disparos ni cuántos enemigos había al otro lado de aquellas ventanas, pero había algo que sí tenía completamente claro: Bianca no podía quedar expuesta. Su mano buscó la de ella y la apretó
NARRADOR OMNICIETEMargaret tenía personas distribuidas por distintos puntos de la región y, ahora que Tideman estaba próximo a llegar, comenzaba a sentirse mucho más segura. Sus topos ya le habían informado que Bianca había abandonado la propiedad para dirigirse al hospital y, si hasta ese momento no había movido un solo dedo, era precisamente porque aquellos desgraciados se habían mantenido escondidos dentro de su madriguera. Mientras permanecieran allí, cualquier intento de atacar significaba enfrentarse a demasiados hombres y correr un riesgo innecesario. Margaret no pensaba meterse en la boca del lobo sin contar con un buen refuerzo.Pero ahora habían salido.Sabía que Bianca no viajaría sola y que probablemente aumentarían la vigilancia, pero eso no le preocupaba demasiado. Ella también tenía hombres preparados. Apenas recibió la confirmación de que Bianca había abandonado la propiedad, sus subordinados comenzaron a moverse como hormigas alrededor de un hormiguero. Vehículos ocu
BIANCALas palabras del doctor me dejan completamente en shock.¿Un embarazo? Miro a Adrián y descubro en su rostro la misma sorpresa que siento yo. Se acerca a la camilla, toma mi mano y entrelaza sus dedos con los míos. Por unos segundos parece no saber qué decir, y verlo así de desconcertado termina provocándome una pequeña sonrisa. Mi abuelo, en cambio, tiene una sonrisa de oreja a oreja; parece haber recibido la mejor noticia de su vida.—No puedo creerlo —murmuro, todavía intentando asimilarlo—. Adrián... un bebé.—Nuestro bebé —corrige él, mirándome con una emoción que no necesita palabras.La felicidad dura apenas unos segundos antes de que la realidad caiga sobre mis hombros como un balde de agua fría. Pienso en todo lo que todavía tenemos pendiente, en Margaret, en lo que podría ocurrir mañana y en el peligro que nos rodea. Hasta hace unos minutos estaba preocupada por nuestra seguridad, por el operativo y por lo que pudiera suceder cuando finalmente enfrentáramos a Margare
ADRIANLa llegada al hospital es rápida. Apenas ingresamos, se llevan a Bianca para realizarle los primeros exámenes, mientras nosotros quedamos esperando afuera. La presencia de tantos hombres armados no pasa desapercibida; algunas personas nos observan con curiosidad y otras directamente se apartan al ver el despliegue de seguridad que nos acompaña. A estas alturas, poco me importa lo que puedan pensar. Después de todo lo que hemos vivido, no estoy dispuesto a correr ningún riesgo con Bianca, mucho menos después de verla desplomarse entre mis brazos.Joseph permanece a mi lado, igual de inquieto que yo. Ninguno de los dos habla demasiado porque no hay mucho que decir mientras esperamos noticias. Intento mantener la calma, pero mi cabeza no deja de repasar los últimos días, buscando alguna señal que pudiera haber pasado por alto. Bianca llevaba tiempo sintiéndose mal y yo me repetía que seguramente era consecuencia del estrés, de todo lo que hemos tenido que soportar con Margaret. Ah
ADRIANBianca luce mucho mejor. Ya se ha unido a nosotros mientras se cocinan algunas carnes. Ella se limita a beber un vaso de jugo y Joseph insiste en que debería verla un médico. Yo también creo que es lo más sensato, aunque Bianca lleva todo el día asegurando que no tiene nada.El ruso insistió, aunque, pensándolo bien, no fue el único. Todos querían hacer una pequeña celebración antes de que comenzara el verdadero caos, y eso será mañana.Esta noche es la última oportunidad que tenemos para relajarnos.—Relájate. Hoy nadie se preocupará por nada. Ya mañana deberemos estar alerta en todo momento —dice el ruso.—Eso ya lo sé.Asiente y comienza a abrir la botella. Saca su navaja y corta el sello con precisión.Christian se acerca con un par de vasos y Vladimir llena ambos hasta el borde. Yo, por mi parte, cojo uno de los pequeños.—No pienso terminar en el suelo antes de que comience el operativo —advierto.—Cobarde —responde Vladimir.—Prudente.Christian suelta una carcajada.—Dé
ADRIANVladimir ha estado jodiendo estos últimos días con la misma pregunta: cuándo será el momento en que consiga el maldito trago que Francis alabó tanto.Y, finalmente, lo tenemos.Sebastián pudo conseguirlo.Mandé a buscarlo, pero di instrucciones bastante claras: que se encargaran de traer el más fuerte de todos. Si Vladimir está tan ansioso por probarlo, entonces pienso darle el gusto.Aunque probablemente termine arrepintiéndose.Bianca ha estado algo enferma durante los últimos días. Su apetito ha disminuido y, aunque intenta restarle importancia, puedo notar que no se encuentra del todo bien.Eso me preocupa más de lo que estoy dispuesto a admitir.Supongo que el estrés también está haciendo lo suyo.Según nos informaron, Margaret se encuentra en el pueblo. Está armada hasta los dientes y ha aumentado considerablemente la seguridad de su finca.Por alguna razón absurda, creí que simplemente se largaría de este pueblo.Pero no.Parece que tiene agallas y no teme enfrentarnos.







