MasukLa verdad o el reto arruinaron mi vida. Una noche apasionada de graduación con mi inalcanzable mejor amigo, Anthony Vance, me dejó con el corazón roto, un embarazo secreto y un billete de ida fuera del país. Obligado por el imperio corporativo de su familia, Anthony me apartó, así que huí, decidida a proteger sola a mi hijo por nacer. Siete años después, vivo en Milán, trabajando sin parar para costear la atención médica especializada de mi hijo de seis años, Ben, que sufre una grave cardiopatía congénita. Justo cuando por fin alcanzamos una frágil paz, mi empresa es adquirida, y el despiadado nuevo director general que entra en mi despacho no es otro que Anthony. ¿Podré mantener oculta la verdadera identidad de mi hijo al multimillonario que destruyó mi mundo? ¿Qué ocurre cuando la red de mentiras que construí para protegernos finalmente se desmorona? ¿Y hasta dónde llegará Anthony cuando descubra el secreto definitivo que he estado guardando durante siete largos años?
Lihat lebih banyakPunto de vista de Anna
Una noche apasionada con mi mejor amigo, en nuestra última noche antes de la graduación, trastornó nuestra relación para siempre.
En aquella época, pensaba que «Verdad o Reto» era solo un juego estúpido. Jamás habría imaginado que terminaría por romperme el corazón.
Los bajos hacían vibrar el sótano mientras una botella de vodka giraba en medio del círculo.
Sigue girando. Yo no. Por favor, Dios mío, yo no.
Pero la botella se detuvo frente a mis rodillas.
—No te preocupes. Relájate —murmuró Anthony a mi lado.
Sus ojos avellana se cruzaron con los míos. Tuve que luchar contra las ganas de apartarlo. Todo era culpa suya. Si no me hubiera suplicado que fuera a esa estúpida fiesta de fin de curso, estaría tranquilamente en mi cama, preparándome para la ceremonia del día siguiente. En su lugar, estaba atrapada en una habitación llena de tipos ruidosos que se comportaban como depredadores.
Tania recogió la botella, con una sonrisa burlona en los labios, y luego se inclinó hacia mí.
—¿Verdad o reto, empollona? —soltó con una sonrisa socarrona.
—No la llames así, Tania —intervino Anthony con voz más grave.
—Sí, sí —replicó ella poniendo los ojos en blanco antes de clavar su mirada en la mía—. Entonces, ¿Anna? ¿Verdad o reto?
En este juego, los retos consistían generalmente en desnudarse o tocar a alguien de la habitación. Huelga decir que prefería evitar esa opción.
—Verdad —respondí con voz titubeante.
Un gemido colectivo recorrió el círculo.
—Ya sabía yo que iba a aguar la fiesta —se quejó un tipo sentado en el suelo.
—Sí —añadió Tania apoyando los codos en las rodillas—. Y como es mi fiesta, impongo una nueva regla: esta ha sido la última verdad de la noche. A partir de ahora, solo habrá retos. Pero para tu última verdad... dinos, ¿cuándo fue la última vez que follaste de verdad?
Una ola de risas crueles estalló en la habitación. Algunos chicos se golpeaban las rodillas riendo, mientras las chicas se inclinaban unas hacia otras para soltar risitas tras sus manos manicuradas. La vergüenza me subió al rostro, quemándome hasta el cuello. No querían una respuesta. Querían humillarme.
Sin pensar, agarré un vaso de chupito de plástico colocado en una bandeja cerca de mi pie. Me tragué de un trago el líquido ámbar, y luego volví a dejar caer bruscamente el vaso. El alcohol me quemó la garganta antes de bajar hasta mi pecho. Era mi primer trago en la vida, y acababa de beberlo únicamente para olvidar la vergüenza.
—¡Miren a esta! —se burló alguien—. ¡Ni siquiera es capaz de responder!
—Tampoco estoy segura de que ningún tío la haya tocado jamás —añadió Tania volviéndose hacia Anthony—. Sinceramente, no entiendo que nunca te la hayas follado. ¿Qué han hecho durante cuatro años? ¿Repasar juntos?
Anthony se enderezó bruscamente sobre su cojín.
—Ya basta, Tania. No tiene gracia —soltó en un tono seco.
—¿Qué? —Ella mostró una sonrisa burlona, perfectamente insensible a su reacción—. Siempre están pegados el uno al otro. Mañana nos graduamos. No me vas a decir que ni siquiera lo has intentado.
Me sentí diminuta, expuesta a las miradas de todos. Mis dedos volvieron a juguetear con la montura de mis gafas mientras mi pecho se oprimía.
A mi lado, la imponente corpulencia de Anthony desprendía un calor familiar.
Cuatro años. Había pasado cuatro años fingiendo que su amistad me bastaba, tragándome mis sentimientos y esperando que terminara por mirarme de otra manera.
—¡He dicho que basta! —gritó Anthony, con la mandíbula tan crispada que una vena sobresalía en su cuello.
Un silencio incómodo cayó sobre la habitación.
—Tony, estaba bromeando —respondió Tania antes de lanzarme una mirada asesina y volver a colocar la botella.
Anthony volvió a sentarse a mi lado. Giré la cabeza hacia él. Él cruzó mi mirada, y luego apartó los ojos. Le di un suave codazo, con la mano temblorosa.
Tania hizo girar la botella una vez más. Se detuvo frente a Anthony.
Su sonrisa se amplió.
—Ya que solo hacemos retos, vas a besar a Anna en los labios. Con la lengua. Durante diez segundos. Y ni se te ocurra echarte atrás.
Mi corazón latía tan fuerte que lo escuchaba en mis oídos, mientras todo el sótano empezaba a corear:
—¡Un beso! ¡Un beso! ¡Un beso!
Anthony se acercó a mí, su rodilla rozando la mía. Contuve la respiración, incapaz de apartar la vista.
De verdad va a hacerlo...
Pero en el último momento, agarró una botella de tequila, la destapó y se tragó varios tragos largos.
—Déjala fuera de esto —declaró volviendo a dejar la botella bruscamente.
Los gritos se detuvieron en seco.
—¿En serio, tío? —se quejó Tania levantando los ojos al cielo—. ¡Era solo un beso!
—Pasemos a otra cosa —replicó fríamente Anthony.
Mi rostro me quemaba de vergüenza. Me había defendido, es verdad, pero había preferido beber antes que besarme.
No me quería.
—Como sea, amargado —gruñó Tania agarrando la botella para hacerla girar de nuevo.
El juego se reanudó en un ambiente cada vez más caótico.
La mitad de los chicos se habían desabotonado la camisa. Los demás ya estaban con el torso desnudo. Las chicas no estaban mucho mejor: algunas iban en ropa interior, mientras que otras debían poner una mano sobre sus partes íntimas desnudas.
Y luego, estaba Anthony.
Incluso con su simple camiseta negra ajustada, que subrayaba sus amplios hombros y su cintura fina, tenía una belleza casi injusta. Su mandíbula estaba perfectamente dibujada, sus cejas oscuras y pobladas, y su cabello castaño desordenado sepegaba ligeramente a su frente húmeda. Era guapo sin siquiera hacer esfuerzo, y eso me dolía.
La botella giró de nuevo y se detuvo frente a mí.
Tania mostró una sonrisa carnívora.
—Te toca cumplir un reto. —Me miró, y luego bajó los ojos hacia la botella—. Veamos quién eres realmente detrás de tus aires de niña buena. Cinco chupitos de ron oscuro seguidos. Puros. Y esta vez, sin guardaespaldas para salvarte.
—¡Es completamente estúpido! Ella nunca... —protestó Anthony.
—Lo voy a hacer —lo interrumpí.
Agarré la bandeja y encadené los chupitos. El alcohol me quemó la garganta, mi vista se nubló, pero me negué a parar.
—Anna, basta —murmuró Anthony tendiendo la mano hacia mi codo.
Lo aparté y vacié el último vaso.
Una rabia ardiente me recorría las venas, mientras el alcohol empezaba a dar vueltas en mi cabeza y a revolvérseme el estómago.
—Salgo un momento —mascullé con voz pastosa.
### Punto de vista de AnnaLa voz grave y ronca de Anthony resonó a lo largo de la mesa de caoba, lo suficientemente seca como para romper el silencio de la sala de reuniones.Por un instante interminable, mi corazón martilló mis costillas como un pájaro atrapado. El pánico me recorrió las venas, pero siete años pasados sobreviviendo me habían enseñado a mantener la cabeza fría. Apreté mi maletín de cuero hasta blanquearme los nudillos, sosteniendo su mirada sin dejar que mi expresión se agrietara.—Con el debido respeto, director Vance, mi vida personal no tiene por qué discutirse aquí. Existe una frontera clara entre los negocios y mi vida privada, y pretendo que la respetemos.Anthony frunció sus oscuras cejas. Sus amplios hombros se tensaron y su mirada se volvió más penetrante.—Todavía no has respondido a mi pregunta.—Porque no concierne al trabajo.—Tienes un hijo, Anna. ¿Acaso crees que voy a hacer como si no hubiera oído nada?Sentí que se me hacía un nudo en el estómago, pe
### Punto de vista de AnnaSiete años más tarde.Alisó el frente de mi pantalón gris, ajusté mi blazer y tomé una profunda inspiración frente al ala de la dirección general.Como coordinadora principal del equipo de adquisiciones en Super Eagles Entertainment, estaba acostumbrada a las mañanas bajo alta presión. Sin embargo, hoy todo el piso parecía a punto de explotar. Los expedientes circulaban de mano en mano, los murmullos febriles se elevaban de los despachos y las tazas de café abandonadas daban testimonio de la agitación general. Todo el mundo se preparaba para la reunión oficial de fusión.—El consejo de administración ya está instalado —me susurró mi secretaria, Sofía, tendiéndome una pila de informes financieros—. El nuevo director general ha llegado diez minutos antes. Todo el mundo dice que es implacable.—Todo irá bien —respondí esforzándome por mantener una voz tranquila—. Tenemos todos los datos necesarios.Empujé la pesada puerta de cristal y entré en la sala de reunio
### Punto de vista de AnnaNi siquiera recordaba haber arrancado el coche. El trayecto hasta la casa de mi madre fue solo un borrón de semáforos de neón y un silencio sofocante.Apenas había cerrado de golpe la puerta de mi habitación y girado la llave en la cerradura cuando un sollozo incontrolable se me escapó. Tiré mi birrete de graduada al suelo, y luego me desplomé en el borde de la cama, con el pecho oprimido por el dolor.Cuatro años. Cuatro años amándole en secreto. A estremecerme bajo su mirada. A temblar al menor de sus gestos. Y a esto era a lo que me reducía.Un error. Un simple error debido al tequila.Lo había amado en secreto desde hacía tanto tiempo que ese amor casi formaba parte de mí. Cada mirada furtiva, cada contacto me había empujado a preguntarme, durante años, si él sentía lo mismo.Y entonces, había sido aquella noche.Hundí el rostro en mis manos, dejando escapar un sollozo desgarrador mientras los recuerdos me inundaban de nuevo. La calor de sus manos en mi
### Punto de vista de AnthonyAcababa de volver después de acompañarla. El único ruido en el apartamento era el zumbido del frigorífico, pero, en mi cabeza, era el caos.Me incliné hacia adelante y hundí el rostro en mis manos. Mis palmas callosas me raspaban las mejillas, recordándome brutalmente que todo aquello no era un sueño. Anna había estado allí, justo aquí. En esta cama. Bajo estas mismas sábanas.Cuatro años. Cuatro años fingiendo no reparar en ella. Cuatro años haciendo el papel de mejor amigo fiel e inofensivo, mientras el pecho me quemaba cada vez que un imbécil arrogante del instituto se atrevía siquiera a posar los ojos en ella.Y esta noche, ella me había mirado con sus grandes ojos sinceros para decirme que me quería.Una risa breve y estrangulada se me escapó.La universidad estatal, dentro de dos meses.Ya habíamos elegido nuestros apartamentos. Hablábamos de ello como de un proyecto aún lejano. ¿Pero ahora? Ahora, la simple idea de mudarme con ella hacía correr una












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