LOGINPOV IgnacioNo me lo esperaba...Nunca me esperé un golpe tan doloroso y certero como el que mi abuelo me acaba de dar. Es algo muy difícil de digerir.Desde que tengo uso de razón, él ha sido mi mentor, mi mayor apoyo aun poniéndose en contra de mi padre cuando un castigo le parecía excesivo.Es verdad que él jamás me enseñó a evadir responsabilidades, pero siempre me dijo que si me proponía algo lo podría lograr simplemente porque era un Della Rovere y el “no” nunca ha existido en nuestro árbol genealógico.Así me educaron así crecí, sin un NO y casi sin límites, más que los mandatos familiares a cumplir. Pero no tuve en cuenta una cosa: que por las venas de mi rival corre mi misma sangre y la casi la misma educación, tal vez con ciertas diferencias: a mí me educaron para ser el jefe y a él, para ser mi sombra, el segundo en todo.Por eso, este trago amargo es muy difícil de digerir. Nadie pierde con el segundo. El segundo solo es eso, un despojo del líder.Me quedo desplomado en el
Pov LucianoApenas puedo creer lo que estoy escuchando de labios de mi abuelo. Él... ¿acepta mi relación con Leona?Si la situación no fuera tan dramática diría que me tengo que pellizcar para saber si estoy soñando o no.—¡Abuelo! —grita Ignacio, para que oiga quien quiera escuchar—. ¡No puedes aceptar esa relación! Leona, ¡fue mi mujer! Mi abuelo no se inmuta. Confieso que, si aun no me he ido es porque en este momento, algo dentro mío se está regocijando. ¿Está mal? Hum, tal vez. Yo creería que no, que es algo así como una justicia divina o poética que está poniendo las cosas en su lugar.Me cruzo de brazos, sin apartar la mirada sobre esos dos.—¿Tu mujer? —responde mi abuelo, entre suspiros—. Hasta donde mi informante me dijo, solo fue alguien a quien tú veías y tenías escondida mientras hacías tu vida. Eso no es tomar a alguien como mujer. Tampoco algo que yo te haya enseñado ¿no?Ignacio traga saliva y estira su mano para tocar e brazo de mi abuelo, él, da dos pasos hacia at
POV LucianoNo desclavo la mirada de los ojos inyectados en sangre de Ignacio. Siento cómo su manzana de Adán se traba contra el cañón de mi pistola mientras intenta tragar saliva, aterrorizado. Sabe que no estoy jugando. Sabe que un milímetro de presión en mi dedo bastaría para manchar de rojo este ventanal.Esto es por Leona, pero en parte, también por mí. Es una acumulación de humillaciones, cansancio y presiones que por años tuve que soportar de él y de sus padres. También de mi abuelo.—¡Luciano, baja eso! ¡Es tu primo! —grita el abuelo, dando un paso vacilante hacia nosotros con la voz temblando por primera vez en décadas—. Por favor, no cometas una locura de la que después te vayas a arrepentir.Sin soltar a Ignacio, le dirijo al viejo una mirada lateral tan cortante que se queda congelado en el sitio.—Tu nieto mimado no es más que un delincuente de poca monta y un peligro para la familia —sentencio con voz metálica, sin perder la firmeza en la mano—. Hoy cruzó el punto de no
POV LucianoCierro la puerta de la habitación con extrema lentitud, asegurándome de que el pestillo no haga un solo ruido. Me quedo un segundo inmóvil en el pasillo, escuchando el silencio de la casa y la respiración ya más pausada de Leona. Con ella, cada gesto mío tiene que ser cuna, refugio y aire limpio. Se merece toda la ternura de la que soy capaz, toda la paciencia que jamás le tuve a nadie.Pero en cuanto me doy la vuelta y doy los primeros pasos hacia la escalera, la máscara de mansedumbre se me cae de golpe.La tibieza desaparece. La dulzura se congela. Un odio negro, espeso y sofocante me sube desde las entrañas hasta la garganta. La imagen de las marcas en sus muñecas, la puerta astillada de ese departamento inmundo y el recuerdo de mi primo acorralándola me envenenan la sangre.Ni siquiera quiero pensar en detalle en qué hubiese pasado si yo no llegaba a tiempo.Maldito.Por suerte para él, llegué antes o de lo contrario la historia hubiese sido muy distinta. Nadie me cul
POV LeonaApoyo la cabeza en su hombro, cerrando los ojos por momentos, dejando que el ritmo pausado de su respiración ahuyente los últimos vestigios del aroma del aquel lugar que me son asfixiantes. Si antes me gustaba ese olor, ahora lo detesto.Cuando el vehículo se detiene finalmente en la entrada de su casa, el alivio me recorre las venas como una marea cálida. Este lugar, a diferencia de aquel pent-house helado y artificial, sí se siente como un refugio real.Luciano baja primero, rodea el auto y abre mi puerta. Sin darme tiempo a reaccionar, se inclina y me pasa un brazo por la espalda y otro debajo de las rodillas, levantándome en brazos con una soltura y una delicadeza infinitas.—¿Qué crees que estás haciendo? Puedo caminar, Luciano. Algo puedo hacer bien todavía ¿eh? —murmuro con una sonrisa pequeña, la primera en horas, rodeándole el cuello con los brazos.—Lo sé —responde con voz grave, mirándome a los ojos mientras sube los escalones de la entrada—, pero no quiero que de
POV LeonaAl escuchar la voz de Luciano, un calor abrasador me recorre el pecho, barriendo de golpe todo el frío y el asco que me aplastaban. Ignacio afloja el agarre de mis muñecas por una fracción de segundo, paralizado por la sorpresa y el odio al ver a su primo invadir su santuario.Aprovecho esa brecha. Con todas las fuerzas que me quedan, le clavo las uñas en los brazos, me zafo de su contacto y corro hacia el vestíbulo, buscando el refugio inexpugnable de los brazos de Luciano.—¡Leona, mi amor! —ruge Luciano al verme viva y de pie.Me recibe contra su pecho con una fuerza desesperada, envolviéndome en un abrazo protector que me devuelve el aire. Puedo sentir el latido desbocado de su corazón contra mi mejilla y el temblor de la rabia contenida en cada uno de sus músculos. Me rodea la cintura con un brazo, manteniendo su cuerpo como un escudo infranqueable entre Ignacio y yo.—¿Estás bien? ¿Te hizo algo? —me murmura al oído con la voz quebrada, revisando rápidamente mi rostro y







