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last update publish date: 2026-04-18 23:44:56

El silencio en la habitación era tan espeso que podía escuchar los latidos de mi propio corazón, acelerados por la humillación. Julián se metió al baño y escuché el sonido del agua golpeando los azulejos. Me quedé inmóvil, mirando la pared, sintiendo que la piedra en mi pecho se hacía cada vez más grande. Unos minutos después, el agua se detuvo. Julián salió, trayendo consigo el aroma del jabón mezclado con el rastro de alcohol que el agua no había logrado borrar por completo.

Sentí el colchón
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  • La novia del viudo hermético   33

    El calor de las dos de la tarde se volvía sofocante sobre la carretera que conectaba la capital con los Altos. En el asiento trasero de la camioneta blindada, Camila revisaba por última vez las copias selladas por la delegación de la Procuraduría Agraria. El trámite había sido implacable: la validez de sus certificaciones sanitarias y los dictámenes de los laboratorios no dejaron espacio para ninguna objeción legal. Valenzuela ni siquiera se había presentado a la mesa de ratificación; en su lugar, envió a un pasante junior que firmó el desestimamiento de la denuncia antes del mediodía.A su lado, el licenciado Orozco cerró su maletín de piel con un chasquido metálico de alivio.—Tengo que admitir, doctora Solares, que su temple en la mesa de negociación dejó sin palabras a los inspectores federales —comentó el abogado con una sonrisa de respetuosa admiración—. El argumento sobre la cadena de custodia de las pruebas biológicas fue el tiro de gracia para las pretensiones de ese consorci

  • La novia del viudo hermético   32

    La noche en la casa grande del rancho Flores se instaló con la pesadez de una tregua armada. El salón principal, habitualmente sereno tras la jornada de trabajo, se había transformado en un centro de mando improvisado. Mapas cartográficos de la propiedad, planos de las tuberías del sector norte y legajos de la concesión de aguas subterráneas cubrían la mesa de caoba. Raúl permanecía sentado al frente, con la camisa de lino desabotonada en el cuello y las mangas arremangadas, alternando llamadas entre sus abogados de Guadalajara y sus contactos en la capital del país.A un costado del ventanal, Camila revisaba de manera metódica los libros de control de residuos biológicos y las bitácoras médicas de los últimos tres años. Su concentración era absoluta; con un marcatextos amarillo subrayaba cada folio de inspección sellado por la Secretaría de Agricultura, armando un expediente blindado para desmentir la acusación de la Procuraduría Agraria.Doña Marta entró en la estancia con una bande

  • La novia del viudo hermético   31

    El regreso al rancho el domingo por la tarde debía ser una transición apacible tras dos días de encierro y pasión en la capital. Sin embargo, en cuanto la camioneta negra cruzó el portón principal de la propiedad, la atmósfera en el ambiente dejó en claro que la paz se había fracturado.A un costado de la casa grande, junto a las oficinas de la administración, aguardaban estacionadas dos patrullas de la Policía Estatal y el vehículo oficial de la Procuraduría Agraria. No era la escolta habitual de Raúl ni los camiones de insumos; era la presencia fría de las instituciones de la ciudad irrumpiendo en sus dominios.Camila detuvo el vehículo frente a la escalinata. Antes de que el motor terminara de apagarse, Gervasio ya se encontraba al lado de la portezuela del copiloto, con el rostro tenso y la mano apoyada de forma discreta sobre la empuñadura de su arma de cargo.—Patrón —saludó el jefe de seguridad con voz baja y urgente en cuanto Raúl descendió de la camioneta—. Tenemos un problem

  • La novia del viudo hermético   30

    El viaje a Guadalajara amaneció con una brisa fresca que barría los campos de agave antes de que el sol terminara de despuntar en el horizonte. Fiel a su palabra, Raúl Flores cedió el volante de la camioneta negra a Camila en cuanto cruzaron la reja principal del rancho. Gervasio, desde el asiento del copiloto del vehículo de escolta que los seguía a distancia prudente, miró la escena con una mezcla de asombro y respeto silencioso: en más de quince años de servicio, jamás había visto al patrón soltar el mando de su transporte a nadie.Camila conducía con una destreza impecable, manteniendo un ritmo firme sobre las curvas serpenteantes de la carretera federal. A su lado, Raúl permanecía reclinado contra el asiento de cuero, con el brazo apoyado en la ventana y la vista fija en el perfil de la mujer que había transformado su existencia. La severidad que habitualmente marcaba su rostro se hallaba suavizada por la tranquilidad de saber que Emma quedaba perfectamente resguardada en el ranc

  • La novia del viudo hermético   29

    El sol del mediodía caía a plomo sobre los cerros de los Altos de Jalisco, cocinando la tierra colorada y haciendo vibrar el aire sobre las hileras infinitas de agave. Sin embargo, en el interior de la casa grande del rancho Flores, el ambiente se mantenía fresco, protegido por los anchos muros de adobe, los techos altos de viga de caoba y el suelo de barro cocido que conservaba el aliento de la sombra.En la oficina principal, el silencio era absoluto, roto únicamente por el rasguño rítmico de una pluma estilográfica sobre papel de gramaje pesado y el silbido distante del viento cruzando los potreros. Raúl Flores permanecía sentado tras su monumental escritorio de madera noble. A su derecha, apoyada con firmeza sobre la esquina de los balances contables del trimestre, descansaba la pequeña piedra rojiza y pulida que Emma le había regalado semanas atrás. Un objeto insignificante para cualquiera, pero que para el hombre más poderoso de la región se había convertido en un ancla invariab

  • La novia del viudo hermético   28

    La noche cayó sobre los Altos de Jalisco con un manto espeso de estrellas y una brisa helada que descendía desde la sierra, susurrando entre las hileras infinitas de agave. En el rancho Flores, la actividad del día había cesado por completo. Las luces perimetrales iluminaban con discreción los caminos de piedra y los portones de herrería, mientras la escolta de Gervasio mantenía una vigilancia silenciosa y distante, consciente de que la prioridad del patrón esa noche no estaba en los negocios ni en la seguridad de las fronteras del consorcio.En el interior de la casa grande, un fuego tenue crepitaba en la chimenea de piedra del salón princi

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