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Tres meses después…El jardín estaba adornado con flores blancas, rosas rosadas y pequeñas luces que brillaban entre los árboles.El aire de aquella mañana tenía algo especial, una tranquilidad que Lola había deseado durante mucho tiempo.Aquel día era doblemente especial.Lola y Ambar habían bautizado a sus hijos.La pequeña de Ambar recibió el nombre de Alanya, mientras que Lola había elegido Elías para su pequeño.Ambas familias se habían reunido para celebrar el bautizo de los bebés.Y había otro motivo para ser felices.Aunque legalmente Justin y Ambar ya eran marido y mujer, aquella noche volverían a casarse en una ceremonia íntima.***Cuando llegó la hora de prepararse para la boda, Lola acompañó a Ambar hasta la habitación que habían dispuesto para ella.La novia llevaba un vestido sencillo, de tela delicada, que resaltaba su belleza natural.No necesitaba joyas extravagantes ni una ceremonia ostentosa para verse hermosa.Su felicidad iluminaba su rostro de una manera que ning
Lola salió de aquel lugar sin mirar atrás. El corazón le latía con tanta fuerza que apenas podía escuchar sus propios pasos.El humo se elevaba a sus espaldas y el resplandor de las llamas iluminaba la vieja carretera, pero ella solo quería alejarse, encontrar un lugar seguro y asegurarse de que su bebé estuviera bien.Caminó sin rumbo, con una mano apoyada sobre el vientre y la otra aferrada a su ropa.Las piernas le temblaban por el esfuerzo y el miedo. Sentía que, si se detenía, todo el terror que había mantenido a raya terminaría por derrumbarla.Lola se detuvo en seco y apretó los labios, sintió contracciones. Esperó unos segundos, respirando despacio, hasta que el dolor comenzó a disminuir. Se apoyó contra un árbol cercano y cerró los ojos, intentando tranquilizarse.¿Serían contracciones?Estaba demasiado cerca de la fecha prevista para el nacimiento, pero todavía faltaban algunas semanas.Había escuchado hablar de las falsas contracciones, de aquellas molestias que podían apare
Lola sintió que el miedo le paralizaba las piernas. Lo único que quería era escapar de aquel lugar, alejarse del hombre que alguna vez había formado parte de su vida y que ahora parecía dispuesto a destruirlo todo con tal de no perderla.Instintivamente, llevó ambas manos a su vientre, que estaba muy hinchado por el embarazo.Su bebé se movió ligeramente, y aquel pequeño movimiento le recordó que no podía rendirse.No importaba cuánto miedo tuviera ni lo desesperada que se sintiera: tenía que proteger a su hijo.—¡Por favor, Darius, no me hagas daño! —suplicó, retrocediendo unos pasos—. Piensa en lo que estás haciendo. Podemos hablar, podemos encontrar una solución, pero no tienes que llegar a esto.Darius tenía los ojos enrojecidos y el rostro desencajado.Su aspecto era el de un hombre que había perdido el control de su propia vida y que buscaba desesperadamente a alguien a quien culpar por su desgracia.De pronto, cayó de rodillas frente a ella.—¡Ganaste, Lola! —gritó, golpeándose
Pronto, Lola y Greg llegaron a la habitación donde descansaba su hermana.Después de tantas horas de angustia, cansancio y preocupación, finalmente podían conocer a la pequeña.Al acercarse al cunero, ambos se quedaron en silencio durante unos segundos.La bebé dormía plácidamente, envuelta en una mantita, con su pequeño rostro relajado y los diminutos puños apretaditos, junto a sus mejillas.Parecía completamente ajena al revuelo que había provocado su llegada al mundo.Su respiración era suave y tranquila, y de vez en cuando movía los labios, como si estuviera soñando con algo maravilloso.Greg no pudo evitar sonreír.—Nuestra sobrina… —murmuró, inclinándose un poco para observarla mejor—. Es tan hermosa.Lola se colocó a su lado. Sus ojos se llenaron de lágrimas al contemplar a aquella pequeña criatura que, sin siquiera abrir los ojos, ya se había ganado el corazón de todos.—Es preciosa —susurró, llevándose una mano al pecho—. No puedo creer que sea tan pequeñita.—¿Ya estás lloran
Justin conducía con los ojos fijos en la carretera, apretando el volante con tanta fuerza que sus nudillos habían comenzado a ponerse blancos.A su lado, su madre sostenía la mano de Ámbar, acariciándola con delicadeza mientras intentaba tranquilizarla.—Respira, cariño. Eso es, despacio. Ya casi llegamos al hospital —le decía con voz serena.Ámbar asintió, aunque apenas tenía fuerzas para responder.Otra contracción la obligó a cerrar los ojos y apretar los dientes. Se aferró a la mano de su suegra, intentando soportar aquella oleada de dolor que parecía atravesarle todo el cuerpo.—No puedo más… —murmuró con la respiración entrecortada.—Sí puedes, mi niña. Eres más fuerte de lo que imaginas. Tu bebé está a punto de llegar.Justin escuchaba cada palabra, pero no se atrevía a apartar la mirada del camino. Tenía el corazón desbocado y las manos le temblaban. Estaba emocionado, aterrorizado y feliz al mismo tiempo. En cuestión de minutos, su vida cambiaría para siempre.¡Iba a convertir
Meses despuésEl tiempo continuó avanzando, indiferente a las desgracias de unos y a las esperanzas de otros.Mientras Darius intentaba encontrar una salida a su ruina, Justin luchaba por recuperar el amor de Ámbar.No había sido fácil.Aunque él se esforzaba por demostrarle que sus sentimientos eran sinceros, las heridas que había dejado en el corazón de Ámbar no podían desaparecer de la noche a la mañana. Ella había sufrido demasiado y ya no estaba dispuesta a creer ciegamente en las promesas de nadie.Sin embargo, Justin no se había rendido.Acudía a visitarla siempre que podía, la acompañaba durante sus citas médicas y procuraba estar presente en cada momento importante de su embarazo.No le exigía que lo perdonara ni pretendía que olvidara el pasado. Se conformaba con tener la oportunidad de demostrarle, mediante sus acciones, que podía convertirse en el hombre que ella y su hija merecían.Aquella noche volvió a visitarla.Ámbar estaba recostada en la cama, con una mano apoyada so







