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Ambar lo miró con miedo. Quería negarse, decirle que jamás podría amarlo y que su corazón pertenecía a Justin, pero sabía que cualquier enfrentamiento podía complicar las cosas.Al final, bajó la mirada y asintió.—Está bien.Luis sonrió, satisfecho.***Una semana después, Justin finalmente despertó por completo y comenzó a mostrar señales alentadoras de recuperación.Cuando abrió los ojos y reconoció a su madre junto a la cama, intentó incorporarse, pero una molestia en el cuerpo lo obligó a detenerse.—Tranquilo, hijo —dijo ella, sujetándole la mano—. No te esfuerces. Acabas de pasar por una operación importante.Justin respiró profundamente y miró a su alrededor.—¿Ambar?—Estoy aquí —respondió ella, acercándose de inmediato.Al verla, Justin extendió una mano hacia ella. Ambar se apresuró a tomarla y se sentó junto a la cama, incapaz de contener la emoción.Él le acarició los dedos con debilidad.—Ambar, lo único que me importa es que tú y mi bebé estén bien.Ella sintió que se l
Finalmente, la operación comenzó.Ambar permaneció en la sala de espera con las manos entrelazadas y los ojos fijos en las puertas del quirófano.Aunque el médico le había explicado que existían buenas posibilidades de éxito, no podía evitar que el miedo se apoderara de ella.minuto que transcurría parecía interminable, y su imaginación no dejaba de mostrarle los escenarios más terribles.No quería perder a Justin. No después de todo lo que habían vivido, de las heridas que habían sufrido y de los sueños que todavía tenían pendientes.Se llevó una mano al vientre, acariciándolo suavemente.—Por favor, pequeño, sé fuerte —susurró, con lágrimas en los ojos—. Tu papá está luchando por regresar a nosotros. Necesitamos que esté aquí contigo.Su corazón se encogía cada vez que alguien cruzaba el pasillo. Intentó distraerse mirando su teléfono, pero era incapaz de concentrarse en la pantalla. Ni siquiera podía responder los mensajes de Lola, quien le preguntaba constantemente si había alguna
Al día siguiente, Lola llegó con el acta falsa de divorcio entre las manos.Había pasado buena parte de la noche pensando en la manera de conseguir que Luis cumpliera su promesa, y aquella era la única salida que se le había ocurrido para obligarlo a salvar a Justin sin permitir que Ambar quedara atrapada para siempre en sus manipulaciones.Cuando Ambar vio el documento, sintió que el corazón le daba un vuelco.Miró primero las hojas y después a Lola, incapaz de ocultar su preocupación.—Pero… ¿estás segura de que esto funcionará? —preguntó en voz baja, aferrándose al papel con los dedos temblorosos.Lola asintió con firmeza.—Confía en mí, Ambar. Es necesario para que ese hombre te deje en paz. Si le entregas lo que quiere, al menos tendremos una oportunidad de conseguir que salve a Justin.Ambar bajó la mirada. No le gustaba mentir, mucho menos presentar un documento falso para engañar a alguien, pero la vida del hombre que amaba estaba en peligro.Los médicos habían sido claros: ne
Lola tomó la mano de Ambar entre las suyas y la apretó con firmeza, intentando transmitirle un poco de la seguridad.—Espera, Ambar. No vas a casarte con ese hombre.Ambar levantó la miradaPor un instante, la esperanza pareció iluminar sus ojos, pero enseguida desapareció, sustituida por la desesperación que llevaba horas atormentándola.—Pero, Lola… ¿qué haré? —preguntó con la voz quebrada—. No tengo otra opción. Si no acepto casarme con Luis, él retirará su ayuda y Justin podría morir. ¡No puedo permitirlo! No puedo quedarme de brazos cruzados mientras el hombre que amo pierde la vida porque yo me negué a cumplir las exigencias de un desgraciado.Lola sintió que la indignación le ardía en el pecho.¿Cómo se atrevía aquel hombre a utilizar el sufrimiento de su amiga para satisfacer sus propios deseos?—Escúchame bien —le pidió, acercándose un poco más—. No vas a ver morir a Justin. Si necesita ese trasplante, lo conseguirá. Pero no voy a permitir que Luis se salga con la suya después
Luis sonrió al escuchar la respuesta de Ambar. Aquella aceptación era todo lo que había estado esperando.Se acercó a ella con una tranquilidad que contrastaba cruelmente con la desesperación que la consumía y, como si tuviera derecho a hacerlo, levantó una mano para acariciarle el rostro.—Bien. Lo haré —murmuró—. Salvaré a Justin, pero primero tendrás que cumplir tu parte del trato. Divórciate de él y cásate conmigo.Ambar sintió una oleada de repulsión cuando los dedos de Luis rozaron su mejilla.Su primer impulso fue apartarse, rechazar aquel contacto y recordarle que no era una mujer a la que pudiera comprar con dinero ni manipular con promesas.Sin embargo, recordó a Justin.Su rostro pálido, su respiración débil y la angustia que había sentido al escuchar al médico explicar la gravedad de su estado.No podía permitirse el lujo de rechazar aquella oportunidad.Ambar retrocedió un paso, apartándose de la mano de Luis. Después, asintió lentamente, aunque el simple hecho de imaginar
Ambar se quedó completamente paralizada. Durante unos segundos, fue incapaz de procesar las palabras que acababa de escuchar.Miró a Luis con incredulidad, esperando que se tratara de una broma cruel, de una amenaza pronunciada en un momento de ira que después lamentaría.Sin embargo, la expresión de su rostro no dejaba lugar a dudas. Aquel hombre hablaba en serio.Negó lentamente con la cabeza, sintiendo que el corazón comenzaba a golpearle con fuerza contra las costillas.—¿Cómo puedes pedirme algo así? —preguntó con la voz quebrada—. ¿Cómo puedes aprovecharte de esta situación para obligarme a casarme contigo? Yo… yo amo a otro hombre, Luis. No puedo convertirme en tu esposa cuando mi corazón le pertenece a alguien más.Luis alzó la mirada hacia ella. Hasta ese momento había mantenido una actitud relativamente tranquila, pero algo cambió en su expresión.La amabilidad fingida desapareció de sus facciones y, por primera vez, Ambar tuvo la impresión de estar contemplando al hombre que







