LOGINNatalie, una joven y naif, fue obligada a integrarse en una familia mafiosa que nunca quiso por decisión de su madre, y ahora pierde a su madre tras el matrimonio de esta con el jefe de la mafia. No tiene más opción que vivir ahora con su padrastro y su hermano. Su hermano, Lucien, por otro lado, es un psicópata que la ama de forma distinta al amor fraternal común, el tipo de amor que puede matar si alguien se atreve a respirar el mismo aire que su hermanastra Natalie. Es obsesivo y posesivo con Natalie, y ella se siente algo asfixiada por él, ya que no le permite hablar con otros chicos y tampoco le explica claramente lo que siempre hace. Cada día trae un tipo diferente de unión y intimidad entre ellos, donde él la tortura íntimamente como forma de entretenimiento.
View MoreNatalie’s POV
La puerta de mi habitación se abrió de golpe con un estruendo cuando Lucien me lanzó sobre la cama. Siempre actúa así cada vez que un chico intenta acercarse a mí y eso ya me tiene harta… —¿Qué te pasa a ti, Lucien? Por el amor de Dios, eres mi hermanastro y ¿por qué te pones tan furioso cada vez que un tipo se acerca a mí? —Natty, ¿qué tan ciega puedes ser? Esos chicos de ahí afuera son buitres que juegan con el corazón de una chica y nunca la aman de verdad. —¿Y por qué te importa exactamente? —Porque le prometí a tu mamá que te cuidaría. —Te dije… que dejes de mencionar a mi mamá. —Voy a mandar a todos a casa, se acabó la discusión y no vuelvas a hacer fiestas así, papá pronto volverá a casa y no te va a gustar lo que tenga que decir sobre tu comportamiento tan descarado. —Escúchame, Lucien, no soy tu mascota o perro al que tengo que tener encerrada solo porque tu papá es mi padre adoptivo. Puedo hacer lo que quiera, esta es mi vida, mételo en tu cabeza de una vez. Dije todo eso mirándolo directamente a los ojos, y él seguía con la misma cara fría e inhumana de siempre. Desde hace tres años soy su hermanastra desde que mi mamá y su papá se casaron. Después de la boda, un mes después ella murió, a causa de un disparo descuidado de los rivales de la mafia. Siempre le dije que no se casara con esta familia, pero ella estaba obsesionada con el dinero y no hizo caso, así que ella sola tiene la culpa de su muerte. —Quédate aquí, no bajes hasta que se vayan todos. ¿Entiendes? —No, porque tú no estás haciendo nada de eso, ellos son mis amigos y yo decido cuándo se van… Ni siquiera terminé la frase cuando su mano grande envolvió mi cuello y me aplastó contra la pared, su respiración superficial contra el hueco de mi cuello. —No me gusta que alguien se niegue a hacer lo que le pido, Natty, y tú estás haciendo exactamente eso ahora mismo. Te lo voy a decir una sola vez más: te quedas aquí, yo bajo y mando a tus amigos a casa. ¿Entendido? Seguí negándome a contestar y entonces movió su otra mano a mi cintura y la apretó fuerte. —Suéltame, hijo de puta. —Cambia tu ropa. Vuelvo para la cena. Contestó con voz plana mientras soltaba mi cuello y salió de la habitación cerrando la puerta detrás de él. Poco después la música de abajo dejó de sonar, siguió un silencio y luego pasos apresurados abandonando el penthouse. Minutos después volvió a subir, entró en mi habitación con una bandeja de pancakes y leche… —Toma… —¿Te pedí que me trajeras la cena? —¡Come! —dijo con un tono más profundo mientras dejaba la bandeja sobre la mesa cerca de mí. Estaba tan enfadada con todo lo que había pasado que empujé la bandeja al suelo, rompiéndola en mil pedazos. Él sonrió apenas y llamó a un sirviente para que limpiara el desastre. Cuando el sirviente se fue, se volvió hacia mí sin expresión. Se acercó lentamente y eso hizo que mi corazón empezara a latir descontrolado. No sabía si estaba furioso, en realidad no me importaba si lo estaba. Había escuchado historias de los sirvientes de que cuando se enfadaba se volvía violento. Cuanto más se acercaba, más oscura se volvía su mirada sobre mí. Se colocó entre mis piernas mientras yo estaba sentada en el borde de la cama, me miró desde arriba, levantó mi barbilla y por fin habló: —¿Qué quieres, Natalie? —No te importaría nada de lo que quiero. Así que fuera de mi habitación, no tengo hambre, ni siquiera si la tuviera no comería nada que te sirva a ti. —Te lo voy a preguntar una sola vez más, ¿qué quieres? —Quiero que ese tipo al que le pegaste porque solo me sostenía la mano vuelva. —¿Y para qué? —¿Cuál es tu problema con mi vida personal? —grité. Él sonrió antes de inclinar mi cabeza hacia arriba para mirarme a los ojos. —Sé lo que quieres… Pero tu gusto es… Hizo una pausa antes de continuar… —…malo. Le diré a los sirvientes que traigan más pancakes y vas a comerlos, o las consecuencias por desobedecerme serán muy graves. Hizo una pausa y apretó más su agarre en mi barbilla, inclinando mi cabeza hacia arriba… —Este vestido no se ve bien. Cámbialo por algo más largo… es una orden. —¿Ahora también quieres controlar cómo me visto? —Está demasiado corto y revelador. Cámbialo, no me hagas pedirlo por tercera vez. No me gusta repetirme, y estoy segura de que ya deberías saberlo por ahora —se encogió de hombros antes de soltar mi cara y enderezar su chaqueta mientras salía de la habitación. Es un dolor de cabeza, no quiere que esté con otros chicos, no habla más de dos párrafos, habla en parábolas, ¿qué demonios quiere? Ahora tampoco le gusta mi vestido… Me tiré de nuevo en la cama, mirando el techo en blanco, luego las paredes. Celine entró a informarme que la cena estaba lista y que Lucien me esperaba en la mesa. Bajé y me senté en mi silla habitual, su padre en el extremo opuesto de la larga mesa de la cena. No había conversaciones en la mesa de la cena si no involucraban armas, rivales y disparos, eso era todo de lo que hablaban siempre, pero ese día parecía bastante tranquilo y era agradable no escuchar sus tonterías. Giré el spaghetti en mi tenedor y le di un bocado. Levanté la vista y noté que Lucien ya me estaba mirando intensamente. Eso me asustó y a pesar de que lo habían pillado en falta no sintió la necesidad de parar. Era un rarito, me aclaré la garganta, terminé de comer, me bebí el agua y subí a mi habitación. Estaba pasando el dedo por el teléfono cuando escuché un ruido en mi ventana y miré hacia arriba para ver que alguien estaba lanzando piedras contra ella. Caminé despacio hacia la ventana para comprobarlo y la verdad, ¿podía empeorar? Era mi ex. Lo había dejado hacía un mes y estaba segura de que Lucien le había dejado claro que nunca volviera, pero aquí estaba, sonriendo de oreja a oreja porque yo había abierto la ventana. Estaba rodeada de idiotas, de verdad. Estaba demasiado ocupada pensando en cómo decirle que se fuera cuando no noté que alguien había abierto mi puerta hasta que se aclaró la garganta. —Ehem, ¿no deberías estar en la cama ya? ¿Qué haces aún despierta tan tarde? —me sobresalté cuando lo escuché hablar. Cerré las persianas y me volví para mirarlo. —No sabía que necesitaba tu permiso para dormir también. ¿Qué quieres ahora? Si vienes a empeorar mi noche más de lo que ya está, lo siento, ya he tenido suficiente por hoy. —No vine a empezar una discusión… vine a darte esto… —Hizo una pausa y abrió su mano para mostrar un collar de choker con un diamante en el centro… —¿Para qué es esto? —Tu cumpleaños pasó y no te di nada, así que este es tu regalo de mí. —¿Y si digo que no lo quiero? —No fue una petición —dijo con frialdad antes de girarme hacia la pared y ponerme el collar alrededor del cuello. Luego me giró de nuevo para mirarlo, se inclinó ligeramente y apartó un mechón de mi cabello, su aliento caliente rozó mi piel, lo que me provocó escalofríos por toda la espalda. Se apartó rápidamente y salió de la habitación dejándome atónita y confundida.POV de NatalieÉl me amaba.Las palabras flotaron en el aire entre nosotros como algo que había dejado caer y esperaba que yo lo recogiera y lo cargara por él. Y cuanto más tiempo se quedaron allí, menos encajaban.Retiré la mano de su cuello de camisa y la dejé caer a un lado. Lo miré bien por primera vez desde que lo había dicho.—¿Amar? —repetí. No era una pregunta. Ni siquiera una declaración—. ¿Amar?Él asintió una vez, lento, como si el movimiento no le costara nada.—Amar —dije otra vez, y luego me reí, y salió lo suficientemente afilado como para que algunas personas en el sendero volvieran la cabeza. —¿Eso es amar? Aiden, tú me *secuestraste*. Me metiste en una casa con una puerta cerrada y a un hombre que no respondía ni una sola de mis preguntas, y te quedaste fuera de mi ventana mientras me bañaba como un fantasma, y nunca se te ocurrió tocar y decir *hola, soy el hombre que ahora te posee*… y ¿eso es amar?Él no se inmutó. Solo me miró con esos ojos firmes, los que tenían
POV de NatalieFinalmente me volví para mirarlo… al hombre detrás de la máscara. El que me había mantenido encerrada en esa casa. Y era él. El mismo hombre que había estado de pie frente a mí ayer mientras me bañaba, los mismos hombros, la misma quietud… y todo este tiempo nunca había visto su cara ni una sola vez.Mi mente se volvió loca, intentando encajar las dos versiones de él: la forma enmascarada en el pasillo y la cara que estaba de pie en el sendero. Y de alguna manera, se negaban a encajar. Podía ser él. Tenía que ser él. Y sin embargo mis pensamientos seguían desviándose, negándose a asentarse en la simple verdad que tenía justo delante de mí.Así que solo permanecí allí, mirando a Aiden Ross. El hombre con el que, por lo que parecía, iba a vivir felizmente para siempre. Y no dije una palabra.Él dejó que el silencio se extendiera un momento entre nosotros, como si quisiera que lo tuviera, y luego se acercó. Despacio, calmado, como hacía con todo. Cuando llegó hasta mí, ext
POV de NatalieEn el instante en que la puerta se cerró tras él, abrí los ojos.Había estado acostada en ese colchón delgado durante lo que parecieron horas, mirando el techo y contando las pequeñas grietas en el yeso, como se cuenta ovejas cuando el sueño se niega a llegar. Pero no estaba durmiendo, no de verdad. Mi cuerpo había aprendido a permanecer medio despierta en esta casa, con un oído siempre atento a la puerta, escuchando pasos que nunca se anunciaban… Y esa voz. Su voz.La conocía de alguna parte. Me tiraba de los hilos sueltos del fondo de mi mente, algo familiar que no lograba ubicar del todo, y cuanto más la perseguía, más se escapaba. Venía de la casa de Lucien. Estaba casi segura de ello. La había oído antes, en esos largos pasillos, en los momentos silenciosos en que los sirvientes pasaban junto a mí sin mirarme a los ojos. Pero ¿quién era él? Y más confundido aún, ¿quién era ese otro hombre, el que me había arrastrado de mi propia vida y me había encerrado en esta ha
**POV de Natalie**—¿Jefe? —me pregunté mientras escuchaba esa voz familiar llamando a ese hombre desconocido que me había secuestrado. ¿Quién era él en concreto y por qué su voz me sonaba tan familiar?Esa voz sonaba como la de uno de los hombres de Lucien. Estaba casi segura de ello, porque había escuchado suficiente de ellos hablando en los pasillos de esa casa para saber cómo hablaban: con ese tono plano y cuidadoso, llamando “señor” y “jefe” y “lo manejaremos”, bajando la voz cada vez que pasaban frente a una puerta cerrada, nunca diciendo más de tres palabras cuando dos bastarían. Y ahora estaba llegando a través de un teléfono en una habitación en la que nunca había estado, llamando a alguien “jefe” y esperando una respuesta como si el mundo entero dependiera de ello.Así que tenía algo que ver con mi secuestro. Después de todo.Lucien tenía algo que ver con mi secuestro, o al menos sus hombres. Y honestamente, con Lucien no había mucha diferencia entre él y sus personas, porqu












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