INICIAR SESIÓNEl silencio llegó de manera tan abrupta que resultó casi irreal.Después del estruendo de la batalla, del barro removido y de los aullidos que habían sacudido el pantano durante lo que parecieron horas, el bosque volvió a respirar con normalidad.Permanecí inmóvil al lado de mi Alfa. Aunque mi respiración seguía acelerada, el miedo comenzaba a desvanecerse. Gamaliel permanecía en su forma de lobo. Su enorme pecho subía y bajaba con lentitud mientras recorría el bosque con la mirada, evaluando los daños. La rabia había desaparecido de sus ojos. Ahora solo quedaba una calma, como el arcoíris después de la tormenta. Los últimos miembros de la manada del sur se internaron entre los árboles, cargando a sus heridos. Ninguno volvió la vista atrás.Habían perdido frente al nuevo Alfa, y lo peor, es que el bosque no olvidaba. Pronto se correría la voz y todos sabrían que el heredero había nacido. Remus se acercó a nosotros en completo silencio, con cautela. Se detuvo frente a Gamaliel y, tr
—¡Gamaliel!Mi grito se perdió entre los rugidos que estremecían el pantano.Intenté nuevamente abrirme paso entre los lobos del sur, pero uno se interpuso en mi camino. Me lancé contra él con todas mis fuerzas y lo obligué a retroceder varios metros. Apenas cayó al suelo, otro ocupó su lugar con el único fin de debilitarme. No buscaban matarme, solo mantenerme lejos del nuevo Alfa, y eso me aterraba mucho más que cualquier daño físico que me pudieran propinar. Necesitaba estar con Gamaliel, había algo dentro de mi pecho que tiraba en su dirección. Volví la vista hacia él y pude ver que cinco lobos lo rodeaban, intentando contenerlo. Sin embargo, cada vez que uno lograba acercarse, él respondía con una fuerza salvaje que ninguno parecía capaz de resistir.Era evidente que su cuerpo luchaba por puro instinto, pero su lobo ya sabía exactamente qué hacer.Un nuevo rugido profundo nació en su pecho. Era una orden directa que se extendió por el pantano como una onda invisible.Los guerr
Todo ocurrió demasiado rápido.Los primeros cuerpos chocaron con una violencia brutal. El pantano, que minutos antes había sido el escenario de una ceremonia sagrada, se convirtió en un campo de batalla. El barro salpicó en todas direcciones mientras los aullidos llenaban el bosque.Vi a Remus lanzarse sobre el Alfa del sur sin dudarlo. Sus fauces buscaron el cuello de su rival, obligándolo a retroceder varios metros.Al mismo tiempo, el resto de la manada respondió con el ataque. Los guerreros del norte cerraron sus filas, formando una barrera entre los atacantes y nosotros.Nos estaban apoyando. Defendiendo a Gamaliel, el Alfa prometido por la pofecía. —¡No los dejen pasar! —rugió uno de los Betas.Por otra parte, la manada de la periferia fue liderada por Remus y Marcella, quien se mostraba firme y dispuesta a defendernos. El sonido de los colmillos chocando, de las garras rasgando la tierra y de los gruñidos de dolor terminó por mezclarse en un solo estruendo.Busqué a Gamalie
No sabía cómo ayudar a Gamaliel. La razón me decía que tenía que dejarlo vivir la transformación solo, sin intervenir. Por otra parte, mi instinto gritaba que me acerque a él, que lo ayude. Su figura humana se encontraba recostada sobre el suelo, temblaba con fuerza y estaba en posición fetal. Me acerqué con pasos lentos, pero seguros. Una vez que estuve a pocos centímetros de él me senté a su lado sobre mis patas traseras y acerqué mi hocico a su rostro. Pasé mi lengua por su fría piel y eso lo hizo reaccionar. Abrió los ojos y el reconocimiento inundó sus ojos. Parecía mirarme como siempre, como si yo fuera la misma chica que hace unas horas lo había llevado hasta el río para vivir nuestros últimos momentos de normalidad. Y la misma que hace unos meses lo había salvado de la muerte con esa loba del sur que lo había atacado en Manhattan. —No te resistas al lobo —hablé en el lenguaje de la mente. Gamaliel intentó responder con una sonrisa. Entonces ocurrió algo. Un grito agudo
Nunca había visto reunidos a tantos lobos.El bosque, normalmente silencioso, estaba ocupado por decenas de miembros de la manada del norte. Algunos permanecían en su forma humana, otros descansaban convertidos en lobos, atentos a cualquier movimiento. Nadie levantaba la voz. Las conversaciones eran apenas murmullos que el viento se llevaba antes de que pudiera distinguir alguna palabra.Gamaliel se encontraba a unos metros de mí.Vestía una camisa oscura y unos pantalones sencillos. Tenía los hombros tensos y la vista fija en el enorme círculo de piedra dispuesto en el centro del claro. Alrededor de él, los ancianos de la manada terminaban de preparar el ritual con ramas de sauco, cuencos de agua y ceniza.No parecía asustado, pero ya habíamos conversado de esto hace horas en el río. Sabía con certeza sobre sus miedo e inquietudes. Me acerqué despacio hasta quedar a su lado.—¿Listo? —pregunté en voz baja.Tardó unos segundos en responder.—Creo que ya es tarde para arrepentirme.No
La manada del norte nos tenía rodeados desde hacía horas, recordándonos con su sola presencia que la luna roja estaba a punto de alzarse sobre nosotros.Nadie hablaba demasiado.No hacía falta.La tensión podía olerse en cada rincón de la aldea. Remus permanecía inmóvil frente al círculo de piedra donde tendría lugar la ceremonia, mientras los ancianos terminaban de preparar el terreno. Más allá, decenas de lobos observaban en absoluto silencio.Todos habían venido por la misma razón.Presenciar el nacimiento del Alfa que cambiaría la historia, que quebraría los tronos. Como la profecía indicaba. Busqué a Gamaliel con la mirada.Estaba sentado sobre uno de los troncos caídos, con los codos apoyados en las rodillas y la vista fija en el bosque.Parecía tranquilo, pero yo lo conocía lo suficiente para saber que solo lo aparentaba.Me acerqué despacio y me senté a su lado. Durante unos segundos ninguno dijo nada.El silencio ya se había vuelto parte de nosotros.—¿También estás contand







