分享

Lo que quería el capullo

作者: Lia Maxwell
last update publish date: 2026-10-26 03:15:09

Kaelen no habló durante mucho tiempo.

Permaneció sentado en el jergón, sosteniendo la mano fría de su madre entre las suyas, con la cabeza oscura inclinada y los hombros rígidos. La luz gris del amanecer se filtró sobre los marcos rotos del invernadero y tiñó su cabello del color de las cenizas. No lo toqué. Sabía que algunos silencios debían dejarse en paz.

—Una cicatriz así —dijo finalmente— tarda años en desvanecerse. Diez, como mínimo.

—Sí.

—Eso significa que alguien le introdujo esa semill
在 APP 繼續免費閱讀本書
掃碼下載 APP
已鎖定章節

最新章節

  • La sanadora destinada del Rey Dragón    La corona de hojas

    —Espera.No alzó la voz. Ni siquiera sonó enfadada. Fue una sola palabra pronunciada por una mujer muy anciana que llevaba muchísimo tiempo escuchando y que, por fin, había oído algo que no podía dejar pasar.Sael se interpuso entre mi madre y la corona.Lo hizo sin apresurarse. Cruzó la orilla mojada con su capa verde oscuro, mientras su cabello surcado de mechones plateados se agitaba con el viento, y se detuvo a un paso de la Suma Sacerdotisa, lo bastante cerca como para tocarla. Era una cabeza más baja que Ilsabet. Parecía muy pequeña. Pero todo el río pareció contener la respiración.—Ilsabet de Vesh —dijo—. Tienes buena voz. Eso te lo concedo. Y una manera extraordinaria de hacer que una mentira suene como una ley.Los ojos ámbar de Ilsabet se entrecerraron.—Madre.—No me llames así. No te lo has ganado. —Sael levantó la mano y, con mucha delicadeza, tocó con un dedo la hoja más cercana de la diadema. Esta tembló. Un tenue resplandor plateado recorrió la punta de su dedo—. Esto

  • La sanadora destinada del Rey Dragón    El séptimo barco

    Sael abrió el camino plateado en medio del río, y Maren salió de él corriendo.Respiraba con dificultad, con la túnica blanca recogida hasta las rodillas y su largo cabello plateado suelto, deshecho de la trenza. Una docena de sus sanadores salieron detrás de ella entre el estrépito de sandalias y frascos de barro. Se detuvo en seco al llegar al borde del muelle destrozado, contemplando el río, y vi cómo el color desaparecía de su rostro.—Vesh —dijo.El séptimo barco avanzaba por el agua como un fantasma.Era más grande que los demás. Más alto. Su casco era negro como el interior de un pozo, brillante y sin costuras, y su única vela enorme no era blanca, sino gris, del color del peltre viejo. No emitía ningún sonido. Ni crujidos de madera, ni chapoteos de remos, ni gritos de marineros. Se deslizaba entre la niebla matutina con una calma lenta, inmensa y deliberada, dejando tras de sí una larga estela plateada que lamía las piedras de la orilla como un suspiro. Una luz azul pálida ard

  • La sanadora destinada del Rey Dragón    La deuda de Merrow

    Isolde no lloró.Me había preparado para ello. La había imaginado desplomándose sobre la hierba, con los guantes apretados contra el pecho y sollozando, tal como había llorado en el suelo de la alcoba con un cuchillo clavado en el costado. Sin embargo, permaneció muy erguida en la ladera gris, vestida con su camisón, mientras el viento agitaba su cabello negro. Leyó la nota por segunda vez, despacio, moviendo los labios.—Van a matarla —dijo.—No lo sabemos.—Tiene setenta y un años. Camina con un bastón. Nunca ha alzado la voz a un sirviente, ni siquiera una vez. —Sus ojos grises como una tormenta estaban enormes—. Va a entrar en un campamento de doscientos fanáticos armados y va a hablar.—Isolde.—Debería haberla oído marcharse. —Por fin se le quebró la voz—. Tengo el sueño muy ligero. Siempre lo he tenido. Pasó por encima de mí. Me besó la frente. Pensé que había sido un sueño.Tomé sus manos frías entre las mías. Le temblaban tanto que los guantes entrechocaban.—La encontraremos

  • La sanadora destinada del Rey Dragón    El arbolito

    Nadie lo tocó.Permanecimos de pie formando un círculo irregular alrededor del hogar derruido, bajo la larga luz dorada del atardecer, mientras el humo de la batalla todavía flotaba en finos hilos grises por todo el valle. Los jinetes de Halvara habían bajado de la colina. Albañiles, niños y soldados vendados se agolpaban en los bordes, susurrando. Ysolde se apoyaba en su atizador, con el cabello blanco suelto y el rostro del color del papel. Kaelen estaba a mi lado, con la mano aferrada a la mía, y todo su cuerpo vibraba con una tensión protectora, cautelosa y ardiente.El arbolito creció otro centímetro.Era una cosa hermosa. Lo diré sin rodeos, porque no me lo esperaba. Un esbelto tallo plateado, tan fino como una pluma, se alzaba desde una grieta entre las piedras de los cimientos. A lo largo de él se desplegaban pequeñas hojas, pálidas y translúcidas, recorridas por venas luminosas. Se balanceaba suavemente con un viento que yo no podía sentir. Y con cada respiración que tomaba,

  • La sanadora destinada del Rey Dragón    La colina

    Sael abrió el camino plateado en medio del suelo de la taberna.Lo hizo sin decir una palabra. Simplemente se arrodilló sobre las tablas, entre una tetera derramada y un perro dormido, apoyó las palmas contra los tablones y cantó. La madera se estremeció. Una línea de luz plateada dividió el suelo de pared a pared, y una escalera se desplegó bajo ella, descendiendo en espiral hacia el resplandor. El dueño de la taberna, que había regresado sigilosamente para ver qué había sido de su juego de té, soltó un grito y dejó caer una bandeja.—Vayan —dijo Maren.Me volví. Estaba junto a la ventana, con sus túnicas blancas agitándose por la corriente de aire y sus ojos ámbar fijos en la escalera. Estaba pálida. Tenía las manos largas cerradas en puños.—No lo sabía —dijo—. Te lo juro, Zara. No sabía que irían allí.—Te creo.—Son mis primos. Son mi sangre. Llevo cuarenta años discutiendo con ellos. —Su voz se quebró—. No son malvados. Solo tienen miedo.—Esa es la excusa más antigua del mundo

  • La sanadora destinada del Rey Dragón    La Madre de las Siete Casas

    Llegaron a tierra en el pequeño puerto de Saltmere al amanecer.Los observé desde la cubierta de un barco pesquero que la Asamblea había requisado, acurrucada en una capa prestada, con una taza de té que se enfriaba entre mis manos. Habíamos volado durante toda la noche. Skarn había transportado a los cuatro a lo largo de todo el reino: Kaelen, Sael, Draven y yo. Sus enormes alas retumbaban en la oscuridad mientras la voz tenue de Orla susurraba desde las raíces bajo nosotros.Están girando. Están reduciendo la velocidad. Están echando el ancla frente a una ciudad portuaria. Creo que se llama Saltmere. Huele a pescado.Y, en efecto, olía a pescado.La ciudad era un conjunto de casas de piedra gris al final de una larga lengua de tierra, con un embarcadero torcido, un faro y una plaza de mercado llena de redes mojadas. La milicia de Torvald había llegado la tarde anterior. Dos mil hombres y mujeres, agricultores, panaderos, tejedores y un número sorprendente de marineros, formaban fila

更多章節
探索並免費閱讀 優質小說
GoodNovel APP 免費暢讀海量優秀小說,下載喜歡的書籍,隨時隨地閱讀。
在 APP 免費閱讀書籍
掃碼在 APP 閱讀
DMCA.com Protection Status