LOGINCamila Taylor ve su vida derrumbarse cuando su prometido Mauricio y su mejor amiga Pamela le tienden una cruel trampa que la deja marcada como infiel tras pasar la noche con un desconocido. Lejos de asumir responsabilidad, Mauricio la culpa y la amenaza: si no le entrega la empresa Taylor, el legado de su madre fallecida, publicará las fotos íntimas que tiene en su poder. Sin salida, Camila cede… solo para descubrir que durante los tres años de compromiso ambos la engañaron sin escrúpulos y que la supuesta disfunción eréctil de Mauricio, atribuida a un accidente, no era más que una farsa para evitar tocarla. Con el corazón roto, traicionada y sin dinero, Camila decide asistir a una exclusiva fiesta de la poderosa familia Montalbán en busca de una última oportunidad. Sin embargo, antes de entrar, un misterioso hombre le entrega un sobre que cambia su destino para siempre: dentro se encuentra un certificado de matrimonio que la declara esposa de Gabriel Montalbán, el hombre más rico de Chicago… alguien a quien no conoce en absoluto. Camila entra al banquete de cumpleaños de los Montalbán no como una víctima, sino como la mujer que ostenta el título que miles desean. Ahora, armada con un poder que no comprende y un esposo que apenas conoce, Camila iniciará un camino de redención y venganza para recuperar lo que le pertenece y destruir a quienes pensaron que era una "hormiga" fácil de aplastar.
View More—¡Camila, basura desvergonzada! ¡Tuviste una aventura con otro hombre!
La bofetada resonó con violencia en la habitación silenciosa. Camila, que dormía profundamente, se despertó de golpe. El ardor en la mejilla la hizo jadear. Con los ojos desorbitados, se llevó la mano al rostro mientras miraba a su prometido, completamente aturdida. —¿De qué estás hablando…? —preguntó con la voz temblorosa—. ¿Una aventura? Anoche… anoche estuvimos juntos, ¿no? —¿Juntos? —Mauricio la señaló con furia. Su atractivo rostro estaba distorsionado por la ira—. ¡¿De verdad sigues fingiendo?! Sacó su teléfono y, sin darle tiempo a reaccionar, comenzó a tomarle fotos desde distintos ángulos. —¿Ni siquiera sabes quién durmió contigo anoche? —la regañó con desprecio mientras disparaba la cámara—. ¡Yo estuve en casa toda la noche! ¿Cómo iba a estar aquí contigo? Si no hubiera recibido ese mensaje diciéndome que viniera a este hotel esta mañana, ¡jamás habría sabido que me traicionaste! ¡Cancela la boda! ¡Terminamos ahora mismo! ¡No pienso cargar con la vergüenza de ser un cornudo! El mundo de Camila se derrumbó. Con manos temblorosas, agarró la colcha para cubrir su cuerpo desnudo, pero las marcas rojizas en su cuello seguían siendo imposibles de ocultar. Si el hombre de anoche no era Mauricio… ¿entonces quién había sido? Su mente retrocedió a la noche anterior. Estaba completamente borracha cuando su mejor amiga, Pamela, la ayudó a entrar al hotel. Recordó claramente cómo Pamela le había dicho, entre risas, que Mauricio la estaba esperando en esa habitación para darle una sorpresa. En cuanto cruzó la puerta, un hombre la atrapó entre sus brazos. Después de eso… todo era confuso, fragmentos borrosos, sensaciones sin rostro. Siempre creyó que ese hombre era Mauricio. Llevaban cinco años juntos y tres comprometidos. Aunque aún no se habían casado, para todos ya vivían como marido y mujer. Sin embargo, tras un accidente automovilístico, Mauricio había sufrido un problema íntimo que los había mantenido separados físicamente desde el compromiso. Pamela le dijo que la sorpresa era para ella. Camila pensó —ingenuamente— que se trataba de la recuperación de Mauricio… que por fin podrían amarse como una pareja normal. Estaba tan convencida de eso que jamás dudó. Nunca imaginó que el hombre de aquella noche no fuera él. —Está bien… —murmuró Camila con dificultad, como si cada palabra le desgarrara el pecho. Había ocurrido un error imperdonable. Aunque fue accidental, Mauricio no podía soportarlo. No le quedaba otra opción que aceptar la ruptura. Estaba devastada, llena de culpa y arrepentimiento. Se culpaba una y otra vez por haber confiado, por haber bebido, por no haber sido más cuidadosa. Pero ya era demasiado tarde. Nada podía deshacerse. Mauricio le lanzó un documento y un bolígrafo sin piedad. —Fírmalo. Terminamos ahora. ¡No voy a esperar ni un segundo más! Camila creyó que, al menos, se separarían de manera pacífica. Pero al leer el acuerdo de ruptura, su rostro palideció. El documento exigía que se marchara sin absolutamente nada. —No estoy de acuerdo —dijo con firmeza, obligándose a mantener la calma—. Industrias Taylor lo es todo para mi madre. Ya te cedí el 20 % de las acciones antes. Como esta vez fue mi culpa, te daré otro 15 % como compensación. Pero el otro 15 % no te lo daré. Mauricio reaccionó al instante. La agarró brutalmente de los hombros y la empujó hacia él, con una mirada oscura y aterradora. —¡Camila! ¡Tú fuiste la que engañó primero! ¡Esto es completamente tu culpa! Que te vayas sin nada ya es mi misericordia. ¿Industrias Taylor? Desde que tu madre se suicidó hace un año, ¿te has preocupado siquiera por la empresa? ¡Yo me encargué de todo! Si los accionistas no te despedazaron fue por mi trabajo incansable. ¿Y aún te atreves a no darme las acciones? La ira de Camila estalló. —¡No te pases, Mauricio! ¡No lo hice a propósito! ¡Pamela me engañó! Además, después de darte ese 15 %, tendrás el 35 % de la empresa, la mayor participación. ¡Eso equivale a 150 millones de dólares! ¿Todavía no estás satisfecho? Mauricio soltó una carcajada fría. Con desprecio, arrojó el teléfono frente a ella, mostrando las fotos que acababa de tomar. —Te daré dos opciones —dijo con una sonrisa cruel—. Primera: te vas sin nada. Segunda: te vas sin nada y con tu reputación completamente destruida. Sus ojos brillaron con amenaza. —Sabes perfectamente de lo que soy capaz. Camila palideció de miedo. Aunque Mauricio no explicó exactamente cómo la destruiría ni de qué forma la dejaría sin nada, ella sabía muy bien que lo haría. Mauricio nunca hablaba por hablar. Durante los tres años de compromiso, Camila había permanecido casi siempre en casa, dedicada a una vida doméstica que la fue aislando poco a poco. Su círculo social se había estancado, y ella había quedado completamente desconectada de los cambios del mundo exterior. En cambio, Mauricio había estado trabajando sin descanso en Industrias Taylor. Hace un año, se convirtió en su presidente. El mundo de los negocios era un auténtico campo de batalla. Y Mauricio había sobrevivido —y triunfado— en él. En solo un año, estabilizó el grupo con su propia capacidad, demostrando que no solo era ambicioso, sino verdaderamente peligroso. Era excelente en todo lo que hacía. Para Mauricio, destruir a Camila sería tan sencillo como aplastar una hormiga. Incluso si ella se negaba a entregarle las acciones, él podía diluir su capital en poco tiempo o convertir Industrias Taylor en una empresa fantasma cargada de deudas. Peor aún, si ella no recuperaba esas fotos primero, él podría usarlas para arruinarla públicamente de las formas más sucias posibles. Por eso, lo más prudente por ahora era acceder a su petición. Luego… ya encontraría la manera de recuperar la empresa que su madre había dejado con tanto esfuerzo. Camila apretó los puños con fuerza. Las uñas se le clavaron en las palmas, provocándole un dolor punzante que la ayudó a mantenerse consciente. Apretó los dientes. —Está bien —dijo finalmente—. Acepto. En ese instante comprendió algo con absoluta claridad: Mauricio ya no sentía nada por ella. Este era el momento en el que más rota, más humillada y más herida se encontraba. Necesitaba consuelo, comprensión… pero él no solo se lo negó, sino que la abandonó sin piedad y le arrebató todo lo que tenía. Sin decir una palabra más, Camila firmó su nombre en el acuerdo de ruptura. Tarde o temprano, recuperaría Industrias Taylor. Ese juramento ardía en su pecho. Cuando terminó de firmar, levantó la mirada y lo observó con frialdad. —Dame el teléfono. Necesito borrar todas las fotos que acabas de tomar. —Entrégame primero el acuerdo —respondió Mauricio. Una luz triunfal y cruel brilló en sus ojos—. Después te daré el teléfono. —Está bien. En cuanto tuvo el móvil en sus manos, Camila borró una por una todas las fotos. No dejó ni rastro. Aun así, temiendo que hubiera una copia de seguridad, tomó una decisión drástica: rompió el teléfono, lo arrojó al inodoro y accionó la cadena sin dudar. Eran ya las dos de la tarde cuando salió del bufete. Desde ese momento, Camila y Mauricio habían roto oficialmente. Toda su propiedad había pasado a manos de él. Ahora… no tenía nada. —Camila —dijo Mauricio con frialdad—. Vuelve de inmediato y saca tu basura de mi casa. Si no lo haces esta noche, le pediré a los sirvientes que la quemen toda. Tras decir eso, subió al coche sin mirarla. Cuando la puerta del vehículo se abrió, Camila vio algo que la dejó sin aliento. En el asiento del conductor estaba Pamela. Su ex prometido, Mauricio, se acomodó en el asiento del copiloto y, sin ningún pudor, besó a Pamela en la mejilla. Camila se quedó completamente paralizada. La ira estalló en su pecho. Avanzó apresuradamente y agarró la puerta del coche con fuerza, señalándolos con dedos temblorosos. —U-ustedes… —Camila… ¿qué quieres de Mauricio y de mí? —dijo Pamela con una expresión inocente—. Ya rompiste con él, ¿no? Entonces está bien que salga con Mauricio. No es asunto tuyo. Pamela apoyó la barbilla en el hombro de Mauricio y le guiñó un ojo a Camila. —Pamela, ignora a esta tonta—dijo Mauricio con impaciencia—. Mis amigos ya llegaron. Vamos al Bar Crown a celebrar. ¡Hoy festejaremos como nunca! No le dedicaron ni una sola mirada más a Camila, como si no existiera. Pamela sonrió ampliamente. —Hoy es el primer día que estamos oficialmente juntos —dijo con dulzura fingida—. Lo recordaré toda mi vida. Luego giró la cabeza hacia Camila, cuya mirada parecía lanzar cuchillos, y añadió con una sonrisa venenosa: —Camila, hoy empecé una relación con Mauricio. Deséanos lo mejor. Aunque seas su ex prometida, no me importa. Después de todo… seguimos siendo las mejores amigas, ¿no?Pensó que todo lo que él decía era verdad. Sin embargo, Pamela le confesó personalmente que Mauricio no tenía ninguna disfunción sexual. Al contrario, durante los tres años posteriores al compromiso, ¡había canalizado todos sus deseos hacia Pamela! Camila pensó que ella le resultaba desagradable. Sin embargo, ¡ahora la obligaba a besarlo! Eso era lo que ella había esperado antes… Pero ahora, para ella, era tan sucio y repugnante como el lodo. ¿Por qué la trataba así? ¿Por qué? Ella lo amó sin reservas, lo dejó todo por él, y él desperdició su amor sin el menor escrúpulo. La envió a la cama de otro hombre, le arrebató la compañía de su madre y rompió con ella. Y aun así, creía que ella seguía amándolo… ¡Qué ironía! ¡Su amor por él no había servido de nada! Esa noche, Camila se emborrachó en la casa que alquilaba. Al día siguiente, continuó buscando trabajo. Su abuela seguía llamándola, rogándole que regresara con la familia y asegurándole que siempre tendría un lugar allí. Pero
Camila se sorprendió por su violencia y palideció. Sin embargo, al mirarlo, no perdió firmeza en su actitud. —¿Hacerme rica acostándome con él? ¿Estás hablando de ti mismo? El chico pobre que no tenía nada hace cinco años consiguió todo lo que tiene hoy fingiendo amarme, ¿no es así? Mauricio tensó los dedos al verse herido en su punto más sensible. Sus ojos furiosos parecían dispuestos a lanzar dagas en cualquier momento. La mujer frente a él se veía cada vez más refinada y hermosa con el paso del tiempo. Camila y Pamela eran completamente diferentes. Pamela era hermosa, pero algo vulgar; en cambio, Camila no solo tenía una figura encantadora capaz de atraer todas las miradas, sino también unos rasgos delicados que transmitían una frialdad natural. Si Pamela era una flor ostentosa en el mundo mundano, Camila era como un loto en aguas cristalinas, admirable desde la distancia. Sabía que Camila era hermosa, pero eso no tenía sentido. Ella no podía ayudarlo en nada. Aun así, nunca p
La última frase fue una advertencia.Si Pamela no fuera miembro de la familia Montalbán, Gabriel Montalbán no sería tan paciente con ella.Frente al enemigo, nunca dudaba.—Yo… —Pamela estaba asustada.Gabriel era su hermano, pero era la primera vez que Pamela se reunía con él. Había pensado que Gabriel sería amable con ella, ya que eran hermanastros. Después de todo, era su única hermana.Sin embargo, estaba equivocada.Sabía que Gabriel ni siquiera le hablaría si no se hubiera convertido en miembro de la familia Montalbán. En cambio, habría mostrado directamente a todos las pruebas de su colusión secreta con Mauricio.Estaba perturbada. Se suponía que era su tierra natal, pero estaba siendo opacada por Camila, ¡una perdedora!Mierda.¡Camila, espera y verás!No creía que Camila estuviera realmente casada con él.Podía soportarlo por ahora. Después de todo, ella era parte de la familia Montalbán, mientras que Camila solo era una forastera. ¡Al final, ella sería la que ganaría!Pensan
Camila también observó a Gabriel. «¡Es hermoso! ¡Realmente guapo! ¡Cien veces mejor que Mauricio!», pensó. Sabía que si un hombre así se convirtiera en su esposo, Pamela y Mauricio se morirían de la envidia. Sin embargo, algo le inquietó: Gabriel le resultaba familiar. Sentía que lo había visto en alguna parte, pero sacudió la cabeza para descartar la idea. Era imposible; ella nunca lo había conocido. Después de todo, a un hombre como él lo recordaría con solo un vistazo. Además, el nombre de Gabriel Montalbán resonaba con la fuerza de un trueno; era el "niño de oro" de la alta sociedad desde que ella era pequeña. Si se hubieran cruzado antes, lo sabría con certeza. De repente, los ojos de Gabriel se clavaron en Camila, quien también lo miraba fijamente. Tras un breve segundo, él apartó la vista. A pesar de la brevedad del contacto visual, una sensación de familiaridad recorrió a Camila, haciendo que su corazón latiera con fuerza. Confundida, se dio la vuelta y bebió unos sorbos de






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