Mag-log inAllegra trabaja para Egan Benson, el poderoso y despiadado dueño de la Corporación Benson, un hombre arrogante, severo y acostumbrado a conseguir todo lo que desea. Ella lo detesta. Para Allegra, Egan representa todo lo que desprecia de los ricos que amasaron fortunas después del cataclismo que cambió el destino de la humanidad, mientras los más pobres luchaban por sobrevivir. Pero su vida da un giro inesperado cuando viaja con su jefe a Bahía Norte por motivos laborales, termina pasando una noche con un desconocido cuya identidad ignora. Semanas después, descubre que está embarazada. Allegra decide tener a su bebé y para eso planes como conseguir dinero rápido. Sin embargo, su jefe Egan le ofrece un trato imposible de rechazar: un millón de dólares si consigue encontrar a una mujer en tan solo siete días. Cuando termine el trabajo, podrá marcharse para siempre. Desesperada por asegurar el futuro de su hijo, Allegra acepta. Lo que no imagina es que la mujer que su jefe busca desesperadamente es ¡Ella misma! Ahora, mientras Egan sigue cada pista convencido de que está cerca de encontrar a la desconocida que no ha podido olvidar, Allegra debe ocultar su identidad y proteger al bebé que lleva en el vientre. Porque si su jefe descubre la verdad podría perder la única oportunidad de escapar. ¿Podrá escapar Allegra de su jefe, antes de que él sepa que es la mujer que busca?
view moreOdio a mi jefe. Es tan sexy como severo.
Alto, de hombros anchos, cabello oscuro y
unos ojos verdes como esmeraldas, capaces de
congelar a cualquiera que se atreviera a
contradecirlo.
Era sexy. Terriblemente sexy.
Si pudiera ahorcarlo con sus corbatas caras,
lo haría.
Egan Benson era un hombre de corazón
helado, modales impecables y una capacidad
sobrehumana para encontrar errores en el trabajo ajeno.
Hablaba poco, sonreía menos y parecía considerar las emociones una enfermedad que debía erradicarse.
Era como un robot programado para ganar dinero.
Un robot endiabladamente guapo, debo admitirlo.
Y lo odiaba. Lo odiaba porque representaba todo aquello que me parecía injusto de este nuevo mundo.
Yo era su asistente personal, la única que había conseguido soportarlo durante un año entero sin presentar su renuncia o terminar llorando en el baño.
No era porque tuviera una paciencia extraordinaria. Era porque necesitaba el dinero,
perder mi trabajo podía significar morir de hambre, literalmente.
Sobreviví al apocalipsis.
Hace tres años, un meteorito cayó en el océano y cambió la vida de la humanidad para
siempre.
Terremotos, inundaciones, enfermedades y hambruna arrasaron el mundo,provocando la muerte de casi un tercio de la población.
Los primeros en morir fueron los pobres. Sin medicamentos, alimentos ni refugios seguros,
millones de personas quedaron a merced de una tragedia que nadie estaba preparado para
enfrentar. Las familias se desintegraron y muchos tuvimos que elegir entre pasar hambre o gastar nuestros últimos ahorros para sobrevivir
un día más.
¿Y los ricos?
Ellos tuvieron mucha más suerte. Se refugiaron en búnkeres, acumularon provisiones y protegieron sus fortunas mientras el resto del
mundo se hundía en el caos.
Pero su suerte no terminó ahí.
Cuando los científicos descubrieron que los
fragmentos del meteorito contenían un mineral
capaz de producir energía renovable, los multimillonarios encontraron una nueva forma
de enriquecerse. Lo llamaron Neval, y pronto se convirtió en el recurso más codiciado del
planeta.
En teoría, era la solución que permitiría reconstruir el mundo. En la práctica, terminó en
manos de las empresas más poderosas, que compraron los yacimientos, contrataron
supervivientes por salarios miserables y monopolizaron la energía.
Tres años después, la humanidad comenzaba a recuperarse, pero la desigualdad era peor que nunca. Mientras las zonas
privilegiadas volvían a brillar gracias al Neval,
los pobres seguíamos haciendo filas para conseguir agua y alimentos.
Los ricos eran más ricos. Los pobres, más pobres Y muchos habíamos terminado trabajando para las mismas personas que se beneficiaron
de nuestra desgracia.
Supongo que se nota mi resentimiento.
Respiré profundamente y dejé escapar un
suspiro mientras observaba el enorme edificio
que se levantaba al otro lado de la ventana.
Benson Corporation. Una de las empresas más poderosas del mundo. Una de las principales beneficiarias de la explotación del Neval.
Y, por desgracia, mi lugar de trabajo.
Apenas llegué a mi oficina, mi jefe apareció,
fingí una sonrisa amable.
—Necesito que vengas conmigo a Bahía
Norte este sábado —anunció.
Parpadeé.
—¿Este sábado —¿Hay algún problema con tu audición?
Apreté los dientes.
Algún día voy a estrangularte con una de tus corbatas carísimas, Benson.
—No, señor. Solo quería confirmar la fecha.
—Habrá una reunión de magnates y representantes de las principales compañías
energéticas. Tu presencia es indispensable para
organizar mi agenda y atender a los invitados.
Miré la carpeta que había dejado sobre el escritorio.
Después miré el calendario de mi computadora. Y sentí que mi alma abandonaba mi cuerpo.
Este sábado era mi cumpleaños
Llevaba semanas prometiéndome ir a un
restaurante sencillo y disfrutar. En las circunstancias actuales, celebrar un cumpleaños no era precisamente sencillo.
Había conseguido ahorrar para reservar una habitación en un restaurante modesto.
Y ahora mi jefe pretendía arruinarlo.
—Señor Benson, ¿sería posible que asistiera otra persona en mi lugar? —pregunté,
intentando mantener la calma—. Tengo un compromiso personal que organicé con
bastante anticipación.
Egan levantó la mirada de su tableta.
Sus ojos se encontraron con los míos.
—¿Un compromiso personal?
—Sí.
—Entonces tendrá que cancelarlo.
Lo dijo con tanta naturalidad que me quedé mirándolo, esperando que añadiera alguna
explicación.
No lo hizo.
—Pero
—La empresa está pagando su salario, señorita. Espero que comprenda cuáles son sus
prioridades.
Sonrió apenas, una expresión tan fría que ni siquiera podía llamarse sonrisa.
Luego recogió su tableta y se dirigió a la puerta.
—Prepare el equipaje. Saldremos el viernes por la tarde.
Lo observé marcharse, sintiendo que la poca paciencia que me quedaba estaba a punto de desaparecer.
Maldito multimillonario arrogante. Maldito Neval. Maldito apocalipsis.
Y, por supuesto, maldito fuera Egan Benson
POV ALLEGRAEgan se puso de pie y rodeó el escritorio, fijando sus ojos en mí con una expresión difícil de descifrar.Egan permaneció en silencio durante unos segundos. Después, se dio la vuelta y caminó hacia el enorme ventanal de su despacho.Desde allí se observaba buena parte de la ciudad. Los edificios, las avenidas y los vehículos parecían diminutos a aquella altura, como si todos los problemas del mundo fueran insignificantes para un hombre que tenía tanto poder como él.Lo vi suspirar.—Está bien. Este trabajo es muy importante, escúchalo bien.Mi corazón dio un vuelco.Me apresuré a cerrar la boca.Egan se giró lentamente hacia mí.—Te ofrezco una buena cantidad de dinero. Un millón de dólares, además de una cantidad considerable de oro.Me quedé mirándolo, convencida de que había escuchado mal.—¿Un millón de dólares?—¿Necesitas que te lo repita?—No, señor. Lo escuché perfectamente.Lo que no podía comprender era por qué estaba dispuesto a ofrecerme semejante cantidad de
POV AllegraTenía mi mente llena de pensamientosY entonces saqué mi caja de ahorros, los pobres como yo no teníamos acceso a un banco, así que mi dinero estaba en una caja, en casa. Conté los billetes una vez. Después volví a contarlos, como si el resultado pudiera cambiar.No era suficiente, necesitaba más dinero, y lo pensé bien, mi hijo no podía nacer aquí en al ciudad. Si quería comenzar una vida nueva, tendría que tomar una decisión pronto.Apoyé los codos sobre las rodillas y miré por la ventana.Nuestra ciudad era una de las más prósperas de la región, aunque también una de las más contaminadas. Las fábricas de extracción y procesamiento del Neval ocupaban enormes extensiones de terreno, y sus trabajadores pasábamos años expuestos a sustancias cuyos efectos a largo plazo todavía eran motivo de preocupación.La empresa de Egan Benson tenía políticas estrictas para las personas que presentaban ciertos problemas de salud. En particular, las embarazadas no podían permanecer en
POV Allegra¿Y si realmente estaba esperando un bebé?No podía ser. Había sido una sola noche. Una noche confusa, de la que apenas conservaba recuerdos claros. Nunca imaginé que algo así pudiera cambiar mi vida de aquella manera.Además, después de la catástrofe, la natalidad había disminuido considerablemente. La contaminación, la escasez de recursos y las difíciles condiciones de vida habían hecho que tener hijos fuera cada vez más complicado.Entonces, decidí ir a la farmacia, no era fácil conseguir una.Sonreí todo con este desabastecimiento, pero al final, conseguí comprar una con el dinero de mi jefe. Ay, si supiera como gasté su dinero.En fin, volví a casa, debía hacerlo, salir de dudas, pero estaba convencida de que esto no pasaría, era imposible para mí. O eso quería creer. Bajé la mirada.Tomé la caja con las manos temblorosas y caminé hacia el baño.Abrí el empaque. Mis manos temblaban tanto que tuve que apoyarlas en el lavabo para tranquilizarme.Solo necesitaba hacer
Un mes después, mi vida había vuelto a una rutina que cada día me resultaba más insoportable.Seguía trabajando para Egan Benson.Lo que sí comenzaba a preocuparme era mi salud.Últimamente tenía un sueño insoportable. Podía dormir durante horas y aun así despertarme cansada. Mi estómago parecía haberse convertido en mi peor enemigo: sentía náuseas a cualquier hora, había comenzado a vomitar con frecuencia y, en ocasiones, bastaba con percibir ciertos olores para que tuviera que correr al baño.Pensé que se debía a la contaminación.Desde la catástrofe del meteorito, la calidad del aire había empeorado en muchas regiones. Aunque las autoridades aseguraban que los filtros ambientales ayudaban a reducir los efectos más graves, los ciudadanos comunes seguíamos expuestos a condiciones que los ricos podían evitar pagando por vivir en zonas protegidas.Tal vez había respirado demasiado aire contaminado.O quizá simplemente necesitaba descansar.No podía permitirme perder el trabajo por se


















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Rebyu