ANMELDENJairo miró la espalda de Julieta. Se quedó ahí de pie, con una expresión perdida y abatida.En ese momento sonó su celular. Lo sacó del bolsillo, se dio la vuelta y salió de la cocina.Contestó la llamada.Mientras hablaba por celular, de pronto se escuchó un fuerte estruendo dentro de la cocina.La expresión de Jairo se tensó. Colgó y se dio la vuelta para entrar.Una empleada había caído al suelo. En el piso había un charco de agua hirviendo que todavía soltaba vapor. Julieta estaba de pie, apoyada en la orilla, aún con el susto en el cuerpo.Jairo avanzó a grandes pasos.—¡Julieta!En medio de la preocupación, su nombre se le escapó sin pensarlo.Julieta volvió en sí poco a poco.Jairo llegó a su lado y preguntó con ansiedad:—¿Estás bien? ¿Te lastimaste en alguna parte?Julieta no respondió. Solo lo observó fijamente.Al encontrarse con aquella mirada escrutadora, Jairo evitó sus ojos de manera evidente. Revisó a Julieta de arriba abajo. No tenía manchas de agua en la ropa;
Al escucharla, el rostro de Karina se ensombreció.No pudo refutar las palabras de Teresa.Después de un buen rato, soltó un suspiro.—Con razón pudiste convertirte en asistente de Héctor. Pero ¿piensas quedarte siempre a su lado como asistente? ¿No vas a volver para hacerte cargo de las empresas de tus padres?Teresa dijo:—Primero tengo que reunir suficiente capital y experiencia antes de regresar a tomar el control. Mis padres también quieren que me foguee unos años antes de hablar de eso.Karina dijo:—Yo no puedo compararme contigo. Con tus méritos, en el futuro no tendrás problema para heredar la empresa de tus padres. Aunque antes te escuché decir que querías entrar a Grupo Altamira.Teresa respondió:—Grupo Central también está bien.Karina no siguió preguntando.—Vámonos.Las dos se marcharon.***En la cancha, llegaron hasta la sexta ronda sin que hubiera un ganador claro.Para entonces ya eran las cinco y media de la tarde.Los niños hacía rato que se habían cansado y los ha
Sofía dijo feliz:—Fueron Jairo y yo quienes las recogimos.Julieta levantó la mirada hacia Jairo.Jairo le sonrió con suavidad.Una empleada se llevó las fresas para lavarlas y preparar postres.Efraín les preguntó si querían jugar tenis.Daniela fue la primera en aceptar.—Claro. Hace mucho que no juego tenis.Daniela había sido tenista profesional en el pasado, aunque ya se había retirado hacía tiempo. Ahora solo jugaba de vez en cuando.Daniela dijo:—Julieta, ven a jugar también.La jaló con insistencia, así que Julieta no tuvo más remedio que aceptar.Daniela le pidió a Fabián que cuidara a los niños.Fabián asintió.Samuel dijo:—Yo quiero ir a echarle porras a mamá.Sofía dijo de inmediato:—Yo también quiero ir a echarle porras a mi mamá.Al final, todos fueron con los niños a la cancha.La cancha contaba con vestidores, donde había ropa deportiva limpia tanto para hombres como para mujeres.Después de cambiarse, entraron a la cancha.Solo jugarían Efraín, Jairo, Daniela y Ju
Renzo añadió:—Además, tú conoces el carácter de Karina. Al final, ¿no terminó dándote una oportunidad con Bianca?Los ojos negros de Héctor miraron a Joel con frialdad.—No habrá una tercera vez.Joel dijo:—Te garantizo que algo así no volverá a pasar. Ella está a punto de comprometerse.Renzo comentó:—No dejes que vuelva a actuar con tanta impulsividad. Teresa es unos años menor que ella; debería aprender un poco de Teresa.Joel respondió con impotencia:—Comparada con Teresa, la verdad sí le falta estabilidad.Efraín lo miró con una expresión cargada de intención.—Ya que estás bien, vuelve tú.Héctor dijo:—Si quieres jugar, sigue jugando.Efraín respondió:—Hoy no traigo suerte. Además, estaba jugando por ti, así que todo cuenta a tu nombre.—Está bien.Efraín se levantó y le cedió el lugar.Julieta no fue de inmediato a buscar a Sofía. Se sentó en una banca junto al estanque, estiró una pierna y levantó la vista hacia el cielo azul, despejado y limpio. La luz del sol caía sob
De pronto, él bajó la cabeza y besó los labios suaves de Julieta. Esta vez solo fue un beso ligero. Sus labios se demoraron un instante sobre los de ella, con una ternura íntima y persistente.Julieta lo miró con expresión aturdida. Un rayo de luz entraba por la ventana y caía sobre Héctor, formando a su alrededor un tenue halo. Aquella mirada profunda parecía la de un hombre que contemplaba a la mujer que amaba hasta lo más hondo.—Claro que estoy satisfecho.La voz de Héctor era tan suave que parecía una brisa de primavera rozando el corazón, o un océano capaz de abarcarlo todo.Por un instante, Julieta tuvo la ilusión de ser profundamente adorada por él.Pero muy pronto salió de aquella ilusión, le lanzó una mirada molesta y lo empujó para levantarse.Héctor no la detuvo. También se levantó y volvió a tomarle la mano.—Todavía no me abrocho la camisa.Julieta retiró la mano, se giró de lado y lo miró con impaciencia.—¿De verdad no vas a parar?En ese momento sonó un celular. E
Julieta se sentó al otro lado.—Que alguien se atreva a meterse contigo de forma tan descarada aquí, y que precisamente tú caigas en la trampa... Parece que también eres bastante fácil de provocar.Héctor giró la cabeza hacia ella y dijo con tono juguetón:—Sí. Por eso será mejor que te quedes a mi lado y me vigiles un poco.Julieta entrecerró los ojos y lo miró fijamente. De pronto, una mala sensación inexplicable le nació en el pecho. Al pensar en lo que acababa de ocurrir, tuvo la impresión de que él lo había hecho a propósito.Después de un buen rato, Julieta dijo:—De verdad eres bastante calculador.Ahora sospechaba que aquella vez también había sido así. Pero, al pensarlo con cuidado, tampoco parecía posible. Después de eso, él realmente la había detestado. Incluso en el trabajo siempre era serio, rígido y jamás sonreía.Héctor solo sonrió. Su mirada cayó sobre la ropa a un lado.—Ayúdame a cambiarme.Julieta volteó la cara y lo ignoró por completo.Héctor tampoco se molest







