LOGINAdanna Rodhe, heredera legítima del alfa y marcada desde niña para gobernar la manada junto a su mate, enfrenta el momento que cambiará su destino para siempre. Su padre murió meses atrás en una sangrienta batalla, y ahora la manada espera la marcación que los unirá y los hará fuertes. Iker Grayson, hijo del mejor amigo de su padre y su protector desde la infancia, es su verdadero mate... o eso parecía. En el día más esperado, cuando Adanna soñaba con sellar ese vínculo sagrado, Iker rompe todas las reglas y marca a la persona equivocada: su propia hermanastra. Una traición que hiere más allá del cuerpo, un golpe que desgarra su corazón y sacude los cimientos de la manada. La hermanastra, hija de la mujer que usurpó el lugar de la luna real tras su misteriosa muerte, ha esperado este momento para tomar lo que cree suyo. ¿Podrá Adanna sobreponerse a esta traición? ¿Reclamará su lugar como verdadera líder? ¿Luchará por el amor que le fue arrebatado o buscará justicia y venganza?
View MoreAdanna
El sol brillaba con entusiasmo sobre la manada Luna de Acero, como si celebrara el gran acontecimiento que se llevaría a cabo.
Yo, Adanna Rodhe, hija del difunto alfa William Rodhe, tomaría mi lugar como luna junto a mi amado mate, Iker Grayson, hijo de quien fue el mejor amigo de mi padre y alfa de la destruida manada Fuego Azul.
—¿Señorita, o debería decir «Luna»? —Reen, una de las criadas que me estaba haciendo el maquillaje, soltó una risita traviesa—. Está quedando hermosa. El alfa Iker estará encantado cuando la vea. Usted rara vez usa maquillaje y vestidos.
Sentí eso como una reprensión, pero me limité a sonreír. Yo me crie en medio de guerreros, con una espada de madera en las manos y jugando a las guerras. Por lo tanto, se podían contar las veces que me arreglaba como las demás chicas de mi edad.
Solté un suspiro y volví a sonreír. La verdad era que estaba ansiosa por que Iker me viera con el vestuario tradicional de unión. Había soñado con este día desde antes de saber que éramos compañeros destinados. Y por fin llegó. Era hoy. Iker me reclamaría, y yo a él.
Toda la abstinencia valdría la pena porque seríamos inseparables una vez nos marcáramos.
Quería gritar, saltar, danzar, pero debía mantener la compostura delante de mis subordinadas. Desde hoy sería su luna de manera oficial; por lo tanto, tenía que actuar con prudencia.
Y, pese a que mi corazón se sentía inflado de felicidad, también había temblores en mis manos y piernas, y por ratos, un leve escalofrío me recorría por completo, como si fuera una corriente que me advirtiera... como esa espinita molesta que se empeñaba en empañar este momento tan especial.
Solo esperaba que se tratara de los nervios.
—¡Listo! —anunció Reen, ufana de sus resultados.
Casi lloré cuando vi mi reflejo en el espejo. ¿Esta era yo? Me veía espectacular. Jamás me hubiera imaginado que un maquillaje elaborado me hiciera ver tan delicada y hermosa.
Yo no era fea, pero me la pasaba vestida como guerrera o con ropa deportiva, así que no mostraba lo mejor de mis atributos de mujer.
Con lágrimas luchando por caer y dañar mi maquillaje, acaricié la suave tela de mi vestido blanco con detalles de oro. Sí, era oro real.
Mi cabeza estaba adornada con una corona dorada con piedras de diamante, recogiendo parte de mi cabello. Sobre mi rostro caían varios mechones rizados y, detrás, mi cabellera lacia y negra se derramaba sobre toda mi espalda.
Sonreí a mi reflejo, solté un suspiro y, con pasos nerviosos, salí de la habitación, no sin antes darle una última mirada.
Aquí pasé mis veintitrés años de vida. Sobre esa cama lloré y reí; también soñé con mi futuro junto a Iker, mi amado mate.
Estaba feliz y entusiasmada por ocupar la nueva habitación marital que compartiríamos él y yo desde este día; sin embargo, sentía un pequeño amargor al despedirme de mi habitación de soltera.
Suponía que era normal.
Avancé por el largo pasillo y bajé las escaleras. Con cada paso, sentía que el estómago se me apretaba y que podía marearme si caminaba muy rápido.
En la sala, había sirvientes bien vestidos que me hacían una reverencia, y en medio de ellos estaba mi madrastra, Dakota.
Sus ojos, llenos de felicidad y satisfacción, se encontraron con los míos y no pude evitar sonreír. Perdí a mi madre cuando era una niña, por lo que Dakota había sido mi figura materna desde entonces.
—¡Qué hermosa estás! —exclamó ella con felicidad desbordante y esa sonrisa dulce que me derretía el corazón.
—Gracias, mamá —le respondí, sonrojada, y bajé las escaleras con un poco de prisa, pues necesitaba sus brazos para calmar los nervios que me consumían.
Ella me recibió como siempre, con mucho amor. Sentí que era fuerte de nuevo, que podía entregarme a Iker sin miedos.
Mamá me agarró de las manos y no me las soltó. Eso fue reconfortante.
En el vehículo, me extrañé porque Isa, mi hermanastra, no estaba en la limusina que nos transportaría. ¿Acaso no asistiría a mi unión?
—Ella ya está en el lugar de la ceremonia —comentó mamá al notar la interrogante en mi rostro.
Asentí, aliviada, y solté un largo suspiro. Pese a que Isa y yo no éramos muy cercanas y ella siempre se mostró brusca conmigo, la consideraba mi hermana. Así que, para mí, era importante tenerla en mi unión y contar con su apoyo.
Mi corazón dio un brinco cuando llegamos al valle que estaba entre las dos montañas sagradas. Estas eran de color rosa y violeta, pues sus árboles poseían ese tono. Aquí se hacían las uniones importantes de la manada; también se repartían los cargos más influyentes.
Cuando salí del vehículo, solté un largo suspiro y sentí la necesidad de llorar al ver a tantas personas reunidas, pero me contuve. En su lugar, brindé mi más cálida sonrisa.
Fruncí el ceño cuando no escuché mi anuncio. Era como si no hubiera llegado nadie. ¿Qué sucedía? ¿Acaso el vocero no fue informado de mi llegada?
Apreté las manos para controlar los temblores y me percaté de lo sudadas que estaban. No quería recibir a Iker con las manos húmedas, así que saqué un pequeño pañuelo que Reen colocó en un bolsillo secreto que tenía mi vestido elegante y que pasaba desapercibido para los demás.
Solté un largo suspiro y miré a mamá, buscando esa calma que necesitaba.
—¿Por qué tardan en anunciarme? —le pregunté; mi voz salió temblorosa—. ¿Debo caminar ya hacia ellos o debo esperar? —añadí, entre confundida y ansiosa.
Había un presentimiento extraño que me angustiaba.
Mamá sonrió, pero esta vez ese gesto me supo amargo. ¿Por qué?
—Espera un poco más, querida. Pronto anunciarán que llegó la nueva luna, y entonces será el momento indicado —trató de tranquilizarme, pero sus palabras revolvieron algo negativo en mí.
¿Qué me sucedía?
Entonces lo vi. Con su armadura negra y elegante, esa que usaba para eventos especiales. Era ligera y resaltaba su porte varonil, fuerte e intimidante.
Iker era muy apuesto y resaltaba entre los demás lobos de la manada. Él era de un linaje de sangre distinto, y así lo demostraba su apariencia. Mientras nosotros teníamos el cabello oscuro y ojos marrones o negros, él lucía una cabellera rubia como el oro, de hebras finas y largas.
Sus ojos eran como jades: verdes, claros y hermosos. Sus labios, rosados pálido, llenos y atractivos. Y su piel era más clara que la nuestra, aunque un poco bronceada por el sol.
Iker era el dueño de los suspiros, el favorito, el deseado por muchas, porque para nosotros era exótico.
Y ese hombre era mi mate. Solo mío. ¿Podría sentirme más afortunada?
Los latidos de mi corazón aumentaron cuando él se colocó frente a los líderes y sacerdotes de la manada, y la gente hizo reverencia.
Era el momento.
Música sagrada se escuchó en todo el lugar y sentí que me mareaba. Ya iba a suceder. Me uniría al amor de mi vida.
La brisa fresca de la montaña levantaba pequeños pétalos blancos, rosados y violetas, y ese perfume natural y agradable se regaba por doquier, mientras la música tenue hacía de este momento el más perfecto y maravilloso.
Suspiré, porque era mi turno, pero la mano de mamá me sostuvo del brazo izquierdo, deteniéndome.
—Espera, querida —dijo con calma y esa sonrisa de victoria que me hizo suspirar, pues me dio un poco de calma.
Me quedé esperando algún discurso maternal, pero su silencio me empezó a angustiar.
Alguien anunció a la luna y la música cambió a una triunfal, mientras las personas empezaron a aplaudir, como era costumbre en nuestra manada.
Solté un suspiro y miré al frente para ir hacia Iker; sin embargo, ocurría algo que me dejó paralizada. Mi corazón se desgarraba con cada paso que ella avanzaba, y la confusión me dejó sin palabras.
Fue cuando ella llegó hacia él que entendí lo que sucedía, pero todavía estaba pasmada y un poco atolondrada.
—¿Por qué Isa está vestida como yo? —pregunté, en estado de negación.
AdannaTuve el impulso de ir tras el alfa Drako. No obstante, me contuve, porque eso habría sido muy raro y fuera de lugar. Pero había una angustia dentro de mí que me torturaba.No solo porque él se había ido de repente, como si estuviera molesto por algo, sino también por cómo esa mujer lo llamó: su pareja. Y él ni siquiera lo negó. Eso significaba que estaban juntos.Sacudí la cabeza varias veces.¿Qué me importaba a mí? Ese alfa no era Iker. Podía hacer con su vida lo que quisiera. ¿Por qué tendría que darme celos?Aun así, no dejaba de dolerme el corazón. Me puse una mano en el pecho y apreté los labios para no llorar.Solté un largo suspiro y observé a mi alrededor.Yo no era la única incómoda allí. Todos los demás miraban en dirección al bosque, hacia donde el alfa se había ido.—¿Para dónde vas? —intervino el alfa Kalo cuando vio que la tal Ela iba detrás del alfa.—Voy a buscar a Drako. ¿No ves que está molesto? Sé que algo le pasa. Lo vi en su rostro. Quiero saber qué está s
DrakoTodo mi interior se detuvo cuando mis ojos se encontraron con los de la señorita Adanna. Entonces, una incomodidad me recorrió de la cabeza a los pies y, de forma instintiva, tomé distancia de Ela.¿Por qué actuaba así, como si estuviera haciendo algo incorrecto? ¿Por qué me ponía tan nervioso que a esa mujer, a la que apenas conocía, le molestara verme tan cercano a ella?Tragué pesado y miré a Ela.—¿Todo bien? —me preguntó. Al parecer, ella había notado mi incomodidad.Luego, su mirada descubrió a Adanna y pude notar un cambio en su semblante.—¿Quién es ella? —preguntó Ela, un poco demandante.Acto seguido, se acercó a mi invitada y la recorrió de arriba abajo, en silencio, de forma analítica.Sentí que la respiración se me detenía y mis manos empezaron a temblar. Ni siquiera sabía la razón.Las miré a ambas. Pude sentir una tensión extraña, como si cada una se estuviera preguntando lo mismo y hubiera un enfrentamiento silencioso entre ellas.De momento, el lugar se sintió s
AdannaApenas podía pasar la comida, pues esta melancolía era como un bloqueo para mi apetito. Así que duré un largo rato masticando el mismo bocado.Los ojos me ardían y las manos me temblaban ligeramente.Observé al alfa Drako una vez más. Él era Iker. No había duda. Si tan solo mi loba pudiera confirmarlo.Por alguna razón, durante el viaje ella se ocultó y no ha vuelto a salir. No entendía por qué, pero solo esperaba que apareciera y me confirmara que bajo ese alfa estaba nuestro lobo o si, simplemente, todo era una confusión.Me lamí los labios y cerré los ojos por un rato.No quería llorar, no delante de los demás, pero ya no soportaba el ardor que las lágrimas acumuladas me causaban. Por tal razón, giré un poco la cabeza y me sequé la humedad dejada por las gotas de dolor que salieron sin que pudiera evitarlo.Entonces me eché otro bocado.—¿No le gusta la cena? —me preguntó el alfa Drako.Lo miré por instinto, un poco espantada.—Sí, está deliciosa —dije y me obligué a tragar e
AdannaTodo a mi alrededor se tornó borroso y me tambaleé un poco porque sentía que el piso era inestable bajo mis pies.Mis manos temblaban y el corazón me latía con ímpetu.Tenía la boca abierta, incapaz de respirar con regularidad, y mis ojos estaban clavados en él, en el hombre rodeado por guerreros, vestido con una armadura ligera negra. Su cabello rubio estaba libre. Algunas hebras eran levantadas por el viento.Sus ojos verdes me escrutaban, como si quisieran descifrarme.No sabía cuánto tiempo había transcurrido. Solo me había quedado allí, paralizada, incapaz de hablar, de reaccionar, ni siquiera de llorar.¿De verdad estaba sucediendo esto o era una alucinación?Intenté hablar, pero solo moví los labios y la voz no salió.—Alfa Drako, esta es Adanna Rodhe, nuestra invitada —le informó el beta.Iker no respondió; solo me contemplaba con sus ojos entrecerrados, intentando reconocerme. ¿Acaso me había olvidado o qué? ¿Qué era esta ridiculez?Tragué saliva, apreté los puños y di












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