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Capitulo 216

Author: Ariana Fénix
last update publish date: 2026-09-05 14:34:00

A media jornada en Shanghái, el sol alcanzaba su punto más alto sobre el cielo plomizo de la metrópoli, filtrándose como un haz cenizo a través de los cristalerales del piso ejecutivo de Bellini Corp. El ambiente en la oficina de Luca era un hervidero de llamadas entrantes y susurros urgentes; los asesores financieros de la firma corrían de un lado a otro atónitos tras la orden categórica del magnate de ceder ante todas las pretensiones de Li-Na.

Sin embargo, para Luca el mundo se ha
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  • La vida que no fue   Capítulo 228

    Estando nuevamente abrazados en la comodidad del lecho, envueltos en la tibieza del edredón y en una atmósfera de serenidad absoluta que no habían compartido en años, Luca se incorporó despacio. Miró a Amelia con una mezcla de seriedad solemne y profunda ternura, acariciándole el rostro con la yema del pulgar antes de deslizarse fuera de la cama. La luz dorada del sol de la mañana dibujaba contornos cálidos sobre su figura mientras caminaba con paso sereno hacia la silla del tocador, donde el saco de vestir de su traje a medida había quedado colgado desde la víspera.Buscó en el bolsillo interior de la prenda y extrajo una pequeña caja de terciopelo oscuro, suave al tacto y pesada en la mano. Era el objeto que había llevado consigo durante todo el trayecto desde Shanghái, la pieza que no había tenido la oportunidad de entregarle durante el tumulto de la recepción en la villa, cuando las sombras del pasado amenazaban con destruirlo todo.Luca regresó a la cama con actitud con

  • La vida que no fue   Capítulo 227

    Entre besos hambrientos y caricias que abrasaban la piel, romper la efímera barrera de la tela fue un gesto casi automático. Luca deslizó los nudos del albornoz de algodón con la prisa de quien busca salvarse en el cuerpo del otro, dejándolo caer sin ruido sobre el suelo de mármol. Amelia quedó completamente desnuda bajo la luz dorada del alba que ya inundaba los rincones de la cocina, exhibiendo las marcas rosadas y aún frescas que las horas previas habían impreso en sus pechos, hombros y muslos.Sin romper la voracidad del beso, Luca la tomó por las caderas con una fuerza arrolladora y la alzó en el aire. La acomodó sobre la superficie de madera pulida de una de las mesas auxiliares de la cocina. El contraste de la madera fresca contra la piel ardiente de Amelia le sacó un brinco y un suspiro hondo, pero de inmediato rodeó el torso de Luca con sus piernas, atrayéndolo hacia su centro húmedo y ansioso.Sin rodeos ni esperas, el italiano se abrió paso entre sus muslos.

  • La vida que no fue   Capítulo 226

    El primer sorbo de café ardiente se sintió como una caricia profunda en la garganta de Luca. El aroma particular, denso y especiado, impregnó el ambiente de la cocina antes de que el líquido siquiera tocara sus labios. Era café de olla mexicano, impregnado con el toque dulce del piloncillo y la fragancia amaderada de la canela. A Luca jamás le había gustado el café dulce; su paladar italiano, acostumbrado al amargor concentrado y seco del espresso, solía rechazar cualquier añadido. Sin embargo, el café que preparaba Amelia era una excepción sagrada, un bálsamo sutil, casi una curita para las cicatrices de su corazón. Al cerrar los ojos por un instante, el sabor lo transportó a través de las décadas. Revivió en un destello su juventud en México, aquellos días luminosos y lejanos en los que el futuro parecía infinito; sintió de nuevo la angustia fría de las noches en el hospital de Shanghái, esperando en vela a que Amelia despertara de aquel coma devas

  • La vida que no fue   Capítulo 225

    Luca deseaba tomarla ahí mismo, bajo la cascada de agua tibia que les empapaba la piel, pero la estrechez del baño amenazaba con entorpecer la fluidez de su entrega. Sin romper la cercanía abrasadora de sus cuerpos, la giró con suma delicadeza sobre las baldosas húmedas, quedando frente a frente.Apresó el rostro de Amelia entre sus dos manos, acunándola con una veneración casi desesperada, y se lanzó sobre su boca en un beso voraz, impregnado de fervor, pasión incontrolable y un amor desbordante que parecía consumir cada partícula de aire entre ellos. Amelia respondió al instante, enredando los dedos en el cabello mojado del italiano, perdiéndose de nuevo en la marea de sus labios.Luca comenzó a deslizar las manos lentamente por los contornos de su cuerpo: recorrió su cuello, la curva de sus hombros marcada por la noche previa, bajó por sus pechos erguidos y moldeó la firmeza de su cintura mientras la devoraba a besos. Cuando sus palmas alcanzaron las caderas de Ameli

  • La vida que no fue   Capítulo 224

    Aquella noche no hubo espacio para las treguas a medias ni para la prudencia. Hicieron el amor varias veces, devorándose con una voracidad casi desesperada, amándose como si el mundo exterior hubiera dejado de existir y nada ni nadie pudiera volver a separarlos jamás. Amelia, exhausta de erigir muros y de sostener una batalla interminable contra sus propios sentimientos, tomó la decisión consciente de entregarse por completo al presente. Estaba agotada de luchar; simplemente deseaba disfrutar del momento junto al único hombre que amaba. No había alcohol de por medio ni excusas a las cuales aferrarse al día siguiente para justificar la rendición de su piel; estaba lúcida, plenamente consciente de cada caricia, de cada gemido y de cada entrega. Finalmente, vencidos por el cansancio y la intensidad del deseo, quedaron enredados en un abrazo profundo, con las sábanas rodeando sus cuerpos sudorosos en la penumbra de la cama.En la quietud de la madrugada, cuando el silencio de l

  • La vida que no fue   Capítulo 223

    Sin romper el abrazo, Luca se desabrochó el pantalón con una torpeza desesperada, impulsado por una urgencia ciega. Liberó su miembro rígido, latente y pulsante de pura necesidad. Acomodó la punta en la entrada húmeda de Amelia y, mirándola fijamente a los ojos con una mezcla de veneración y locura, se hundió en ella de un solo golpe fluido, profundo y arrollador.Un grito de placer puro y desgarrador se le escapó a Amelia, sofocado de inmediato por la boca de Luca, que buscó la suya con avidez. La sensación de plenitud fue tan abrumadora que ambos se estremecieron en una sacudida compartida. Él estaba completamente dentro de ella, uniendo sus cuerpos en el mismo santuario donde tantas veces habían encontrado la salvación y la perdición.Luca comenzó a embestir desde abajo, lentamente al principio, disfrutando del roce estrecho y ardiente que los consumía por completo. Cada estocada era una súplica de perdón; cada embestida, una promesa desesperada de no volver a soltarla ja

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