Se connecterEPÍLOGO LAURENTHMi nombre es Laurenth Blake Fui una omega rechazada. Una loba a la que le rompieron el corazón por no poder concebir. Durante mucho tiempo creí que mi destino era vivir en la sombra de otros, mirando la felicidad desde lejos. Pero el destino, ese caprichoso y cruel maestro, me dio una nueva vida, un maravilloso compañero, e hijos hermosos.Han pasado diez años desde aquel día en el que el mundo cambió. Desde que la guerra terminó. Desde que los rugidos se apagaron y los corazones rotos encontraron consuelo.Hoy, cuando miro hacia atrás, me cuesta reconocer a la mujer que fui. La que lloraba sola en el bosque con el corazón roto, la que no sabía su valor. Porque ahora… ahora tengo todo. Un amor inmenso, tres hijos que son mi orgullo y una familia tan grande que el bosque entero parece latir con nuestros nombres.El hombre que me rompió el corazón —aquel alfa que me rechazó— hoy es mi cuñado, y lo adoro con el alma. Rhydan encontró su destino en Mila, y verla
MILA Desperté con el sonido del viento acariciando las cortinas.El amanecer teñía la habitación con tonos dorados y suaves, y por un momento me quedé quieta, abrazando la almohada, dejando que mi cuerpo —aún un poco adolorido por tantas emociones— recordara dónde estaba.La casa olía a leña, a pan recién horneado… y a él.A Rhyd.Su aroma a tierra mojada y pino seguía impregnado en cada fibra de mi piel y en cada rincón de su habitación.Me giré, buscando su calor a mi lado, pero la cama estaba vacía.Su lado aún tibio, pero vacío.—Kyros debe haberlo sacado temprano —susurré medio dormida, acariciando el borde de la sábana.Una risita ronca resonó en mi mente.Era Kira, mi loba, siempre curiosa y un poco entrometida.«O tal vez Rhyd fue a presumir que vamos a ser mamás.»Sonreí, aunque mis ojos se llenaron de lágrimas al recordar la voz del doctor, el latido de mis cachorros… nuestros cachorros.Aún no podía creerlo.Después de todo lo que habíamos vivido, después de tanto dolor, e
ALFA RHYDAN La luna apenas asomaba entre los árboles cuando salí de la casa.El aire del Bosque Plateado estaba cargado con el aroma de pino, tierra mojada y la tibia calma que llega después de la tormenta.Cada paso que daba sobre las hojas secas parecía retumbar dentro de mí, como si el bosque entero escuchara los latidos de mi corazón.Cachorros.La palabra seguía girando en mi mente como un eco imposible.Kyros rugía dentro de mí, su voz llena de un entusiasmo que me arrancaba sonrisas incluso cuando aún no entendía cómo era posible.«Seremos padres, Rhyd. ¡Tendremos cachorros!»—Así es, Kyros —respondí en voz baja, sintiendo cómo su emoción me recorría la piel—. Pero… necesito respuestas. No puedo simplemente aceptarlo sin entender.«¿Importa cómo? La diosa nos bendijo, eso basta.»Negué con la cabeza, aunque sonreí.—Siempre necesitas menos explicación que yo, viejo amigo.«Porque yo tengo fe, humano testarudo.»Reí entre dientes y seguí caminando, hasta que los árboles se abri
KAELANDos días habían pasado desde la ceremonia.El Bosque Plateado seguía oliendo a flores frescas, a tierra húmeda y a paz.Era extraño caminar entre la calma después de tanto caos.Laurenth y yo estábamos terminando de empacar para regresar a nuestro hogar.Lyra correteaba alrededor de las maletas mientras Elian dormía en los brazos de una omega.Todo parecía perfecto. Demasiado perfecto.Mila llegó al patio con su sonrisa habitual, esa que se había vuelto tan familiar.Nos abrazó con fuerza, con la emoción de quien despide a su familia y no a simples aliados.—Gracias, Lau. Por todo, de verdad. —sus ojos brillaban—. Te voy a extrañar mucho. Estoy tan acostumbrada a ti y a los niños…Laurenth la abrazó con ternura.—Pueden venir cuando quieran. Siempre serán bienvenidos. Y Lyra te ama, Mila. Lyra, que escuchaba atenta, se acercó corriendo y tomó la mano de su “tía”.—Sí, tía Mila, ve con tío Rhyd. Me gusta jugar con Kyros.Mila rió y se agachó para abrazarla.—Jajaja, Kira tambié
KAELANHabía pasado un mes desde que la guerra con Aris sucedió. El aire del Bosque Plateado olía a paz.El mismo bosque que alguna vez fue un lugar de dolor para mi Luna, ahora vibraba con risas, música y vida.Las antorchas marcaban un camino de luz dorada hacia la gran explanada, donde la manada entera se había reunido.Al centro, Rhydan y Mila bailaban bajo la luna llena, rodeados de su familia, sus lobos y sus hermanos.El viento movía el vestido blanco de Mila, sencillo pero radiante, tejido con hilos de luna y coronado por una cinta plateada en su cabello.Rhydan no apartaba la mirada de ella, la sostenía con esa mezcla de amor y respeto que solo los verdaderos alfas saben dar.Sus movimientos eran suaves, lentos, como si el mundo se hubiera detenido solo para ellos.Y quizá así era.Me quedé observándolos, con Lyra sentada en mis brazos y Elian dormido en el pecho de Laurenth.Lyra aplaudía, feliz, con sus rizos rebotando mientras gritaba entre risas:—¡Tío Rhyd! ¡Tía Mila! ¡B
ALFA RHYDAN La llamada fue corta. —Padre… tengo que decirte algo —le había dicho, con la voz más firme de lo que sentía. Del otro lado, el silencio se hizo eterno. Podía escuchar su respiración contenida. —Habla, hijo, ¿Está todo bien allá? Tragué saliva. —Sí, pero debes saber algo, el rey Kearan está vivo. Otro silencio, más pesado. —¿Qué dijiste? —Kaelan lo tiene prisionero desde que terminó la guerra. Nadie en la manada lo sabe. Él quiere que seas tú quien cobre tu venganza. No hubo gritos. No hubo sorpresa fingida. Solo una voz profunda, dolida, que tembló en el oído. —Voy para allá.A la mañana siguiente, un rugido de motor rompió el silencio del patio central. Dos vehículos negros avanzaron por el camino de piedra hasta detenerse frente a la fortaleza. Kaelan y yo estábamos esperándolos. Mila estaba a mi lado, su mano apretando la mía; podía sentir su pulso rápido, el aire vibrante de un día que marcaría otro final.La puerta del primer auto se abrió. De él descendi







