LOGINQuizás las decisión de contar la verdad no sea la correcta en algunas situaciones, pueden herir a las personas y pueden quebrarlas hasta el punto de mostrar su verdadera cara.
El miedo me recorrió la piel como una corriente helada. Estaba ahí, sentado en mi sala, respirando el mismo aire que mi familia, como si nada hubiera pasado. Jacobo. Su presencia era un eco del pasado que yo había dejado enterrado —o al menos, eso había intentado.Mi cuerpo se tensó, pero mi rostro se mantuvo sereno, casi indiferente. No podía permitir que ellos notaran nada, no ahora. No sabían. Nadie en casa conocía la verdad de lo que ocurrió en España, de las veces que el miedo se me escondía bajo la lengua cuando él hablaba, de cómo mi libertad se fue desdibujando sin que me diera cuenta.Y no, no iba a contarles. No en ese momento. No cuando mi abuela estaba en casa, cuando el desayuno estaba servido como una celebración silenciosa de mi regreso. No quería manchar la mesa con la sombra de algo que aún dolía.Mientras tanto, me esforzaba por no mostrar la incomodidad, por sonreír cuando Gabriel —mi hermano— intentaba hacerme sentir como si todo estuviera en orden. Me preocupaba q
Dormí plácidamente toda la noche, sumida en un descanso que no recordaba haber sentido en mucho tiempo. No fue solo el sueño, fue la paz que me envolvía, como si el cuerpo hubiera esperado meses por este instante de rendición total. La cama —mi cama— me recibió como una vieja amiga que no reprocha ausencias, solo abraza sin condiciones.La comodidad del hogar no era solo física: era algo más profundo. Como si las paredes, los rincones, los olores familiares supieran exactamente lo que necesitaba para recomponerme. Cada cobija me envolvía con una dulzura tibia, como si alguien —o algo— me susurrara que todo estaría bien.A la mañana siguiente de mi llegada, me despertó algo que no era una alarma, ni el bullicio de una ciudad desconocida. Fue un olor. O mejor dicho, una sinfonía de aromas que flotaban en el aire, llenando la casa como un eco de memorias dulces. El café recién hecho, el olor tibio de unos panqués dorándose, y el crujiente perfume del tocino chisporroteando en la sartén,
El avión tocó tierra con suavidad y sin contratiempos, como si la ciudad de México me recibiera con una respiración contenida, había vuelto a mi país después de todas las cosas que viví en España. El viaje había sido largo, sí, pero también curioso en su calma: esa clase de trayecto en el que el tiempo parece estirarse solo para permitir que uno piense mejor las cosas. Observe desde la ventanilla, el mundo se había reducido a nubes, luces lejanas y pensamientos desordenados que al fin tomaron forma conforme mas y mas los pensaba.Cuando por fin descendí del avión, con el cuerpo algo adormecido y la mente un poco más clara, me golpeó una verdad simple pero inquietante: no había avisado a nadie que volvería, no había avisado a mi hermano o siquiera a mi madre que estaría de vuelta. Nadie sabía que estaba en casa otra vez. Y por más que me dijera que era una decisión tomada con intención, ahora, con los pies firmes sobre el suelo de un aeropuerto que me era familiar, no podía evitar senti
El encuentro que habíamos tenido en mi habitación, ese encuentro casual se había convertido en un impulso carnal que no debía repetirse por supuesto que no pasaría nuevamente, me gustaba mucho tener sexo con el, puesto que siempre habia sido muy exitante, su sola presencia me dejaba sin aliento pero no me dejaria engañar nuevamente, su locura y sus ganas de estar conmigo las tendria que dejar un lado, el era un hombre malo que no media las consecuencias de nuestros actos, ademas de todo el ya se habia casado. —Gabriel por favor te pido de la manera más amable que te vayas, fue un momento bastante bueno, muy rico y sexy, pero no se repetira jamas, yo me tengo que preparar para mi vuelo a México y tu tienes que regresar a tu casa en España en compañía de tu pareja, tienes que regresar a españa con tu esposa la que probablemente sea la madre de tus hijos— comencé a tomar mis prendas y vestirme, mientras el solo me observaba. —Aurora, se que esto no fue un error y se perfectamente que a
El me poso sobre la cama con dulzura, yo estaba completamente desnuda, él comenzó a quitarse la camisa, boton por boton fue desabrochando, me quede inmovil, viendo a detalle cada uno de sus movimientos, era como si estuviera ofreciendo ese placer tan diminuto y sencillo pero muy erotico para mi.Lo que venía después de eso era completamente excitante. Mostró poco su pecho, su cuerpo marcado por el ejercicio.Cuando se encontraba sin la camisa, me senté en la orilla de la cama, justo frente a el, tome de él y viéndole a los ojos comencé a desabotonar su pantalón y poco a poco baje la cremallera, su mirada reflejaba el placer de estar viviendo el momento. Baje sus pantalones a la rodilla y posteriormente con suavidad y cautela baje sus boxer dejando al descubierto su sexo, se notaba completamente exitado, estaba en un punto de placer que me hacia palpitar por mis adentros, comence a tomarlo entre mis manos y poco a poco lo llegue a exitar aun más, veia en su cara, en sus gesto como lo d
Volvi dentro del departamento con un mundo de sensaciones en mi estómago, muchos pensamientos invadieron mi mente, puso el pasador a la puerta y me recargue un momento sobre de ella mientras asimilaba lo que había pasado, camine hacia el sillón me senté nuevamente, tomé mi copa de vino, estuve meditando lo que había pasado en este corto momento, no habíamos tenido más que un beso, pero no un beso cualquiera, había sido un beso completamente apasionado y lleno de fuego, será posible que si tenga algún sentimiento de amor por Emiliano.Pero un ruido dentro de la alcoba me hizo regresar, alguien estaba en la habitación, por dios era Gabriel, había olvidado que él estaba aquí y lo había dejado por más de una hora encerrado sin siquiera poder moverse ya que cualquier ruido podría hacer sospechar a Emiliano, me levante rápidamente a abrir la puerta y me encontré con un hombre un poco cansado y lleno de desesperación. —Aurora, fue una tarea difícil mantenerme encerrado aquí, no sabía si pod







