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Capítulo 3

ผู้เขียน: Crimson R
Asentí.

—Está bien. Una disculpa.

La azafata me anunció: —¡La señora López está aquí para disculparse, señorita Applegate!

Hice una leve reverencia.

—Mi comportamiento fue inaceptable. Por favor, acepte mis disculpas.

Chloe se puso de pie.

—Está bien. Déjame abofetearte dos veces. Entonces las aceptaré.

La jefa de azafatas soltó una risa nerviosa.

—Señorita Applegate, por favor. Ella es mayor. Muestre un poco de compasión.

—Que sea mayor no significa nada —sonrió Chloe con desdén—. Esa cara ya está arruinada. Con bofetadas o sin ellas, ningún hombre la va a querer. Le estoy haciendo un favor. Ella recibe un diamante, yo obtengo satisfacción.

Otra azafata me susurró: —Solo déjela, señora. Dos bofetadas y se acaba. Ella es la chica del Don.

—El diamante es de seis cifras, señora López. Es un buen trato.

Seis cifras.

Una década de mi vida.

Esa piedra podía comprar mis últimos diez años.

La sostuve en alto. Dejé que atrapara la luz.

Luego giré la muñeca.

El diamante trazó un arco en el aire, chocó contra la bandeja de Chloe y rebotó hasta el suelo.

—No lo quiero.

«CRACK».

Su mano estalló contra mi mejilla.

La fuerza giró mi cabeza hacia un lado. Tropecé, con el sabor metálico me llenó la boca. Una azafata me sostuvo del brazo.

—Señora López, por favor, déjelo así.

—Encontraremos el diamante por usted.

Chloe sonrió con desprecio.

—¿Te atreves a rechazar un regalo?

«CRACK».

Mi propia mano salió disparada.

El sonido fue más ruidoso, más duro.

Chloe se tambaleó hacia atrás, chocando contra su asiento, con un grito agudo escapando de su garganta.

—¡Perra! ¡Me golpeaste!

—¡Haré más que golpearte!

Me abalancé.

Unas manos me sujetaron y me arrastraron hacia atrás. El resto del vuelo transcurrió bajo la vigilancia constante de la tripulación, con una tregua tensa manteniéndonos separadas.

En cuanto el avión tocó tierra, Chloe, con una mejilla enrojecida, salió disparada de su asiento.

La vi atravesar la puerta de llegada.

Y lanzarse a los brazos de un hombre.

Matteo.

Las manos de él fueron a su cintura. Luego vio la marca en su rostro.

Su voz, normalmente tan controlada, sonó afilada.

—¿Quién hizo esto?

—¡Ella lo hizo! ¡La misma a la que le diste el diamante! ¡Solo lo empeoró! ¡Nadie me había golpeado nunca!

Las lágrimas de Chloe fueron instantáneas, convincentes.

La expresión de él se oscureció, como una tormenta formándose. El Don apacible desapareció, siendo reemplazado por algo peligroso.

—¿Dónde está?

Chloe señaló detrás de ella, llorando contra su chaqueta.

—Justo aquí.

Di un paso a través de la puerta.

El cuerpo de Matteo se quedó rígido.

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