Mag-log inClara
Los latidos de mi corazón aumentan como si fueran el ritmo apasionado de tambores, haciéndose cada vez más difíciles de soportar.
Creo que en algún momento colapso.
Mis ojos siguen sus movimientos, bien abiertos y fascinados. No puedo evitar admirarlo, encontrarlo atractivo e irresistible. ¿Se debe al lazo de mates? ¿Por eso a Dylan le fue imposible rechazar a Legna?
Ahora entiendo sus dudas cuando yo lo presionaba para que rompiera su lazo con ella, para que me escogiera a mí como me lo había prometido.
El vínculo es demasiado fuerte. Te ata, te aprisiona, te convierte en un esclavo del otro.
No, no quiero eso para mí.
Aquel hombre me mira y siento que me mareo por su escrutinio intenso. Intento disimular mis nervios y lo mucho que su presencia me está afectando, pero creo que fallo, pues tiemblo con el simple hecho de que me mire, de que también sienta el lazo.
No, de seguro me rechazará, pues, a simple vista, soy una omega débil y él luce como un beta, alfa o gamma; alguien fuera de mi alcance.
—¡Quemen los cadáveres! —ordena él con voz de mando, y enseguida los demás guerreros lo obedecen.
Él da instrucciones que sus hombres acatan, pero cada cierto tiempo sus ojos me buscan.
Los percibo curiosos, serios y un poco intimidantes.
¿Qué pensará acerca de nuestro lazo? ¿Qué pasará ahora?
Respiro profundo para tranquilizarme.
El olor a carne quemada me revuelve el estómago, más aún porque pertenece a esos hombres.
No comeré carne en mucho tiempo.
Mis ojos se pasean por todo mi alrededor en busca de un escape, pero el guerrero que ahora resulta ser mi mate se tira del caballo y camina en mi dirección.
No puede ser.
Siento que me asfixio.
Aprieto los puños de forma instintiva y me muerdo el labio inferior; aun así, me siento presa de su encanto, frágil y sin voluntad.
—Tú… —susurra él, impresionado.
Guau, su porte es más intimidante de cerca.
—Gracias por salvarme —me apresuro a decir—. Debo regresar…
—Eres… —me interrumpe, y me contempla con una fascinación que me provoca escalofríos. Da un paso hacia mí, pero al instante retrocede.
Me da la impresión de que lleva una lucha interna, al igual que yo.
—Gracias por salvarme —finjo indiferencia—. Tengo que regresar a casa.
—Como has visto y vivido en carne propia, es peligroso que andes sola por este territorio. Es común encontrar lobos rebeldes, rufianes y ladrones por estos lares. ¿Qué haces sola aquí? —me regaña.
Me relamo los labios y clavo la mirada en el suelo, sin saber qué responder.
—No volverá a suceder —me limito a decirle—. Gracias por todo —repito por enésima vez.
Estoy tan nerviosa.
Me giro para marcharme, pero, de un movimiento rápido, él acorta nuestra distancia y me sostiene la muñeca con la intención de detenerme.
Siento que me mareo y me sofoco.
No puedo evitar mirarlo a los ojos y buscar en ellos su reconocimiento del lazo que nos acaba de unir. Hay un brillo especial que me estremece, pero también veo duda, sorpresa y desconcierto.
Me parece que él no quiere este vínculo, de que yo no soy la pareja que él esperaba.
Un punzón me atraviesa el pecho y la decepción me amarga el paladar.
Si bien no quiero tener un compañero destinado, encontrarlo y que no me quiera duele. ¿Por qué nunca soy la opción, la deseada?
Siempre tengo que perder…
Lucho contra las lágrimas que anhelan salir, suelto un suspiro que me compone y me libero del agarre que me está quemando la piel.
—No se preocupe por mí, estaré bien —le digo con firmeza.
—La llevaremos a casa —se ofrece—. Es peligroso que deambule sola por aquí.
¿Qué?
No quiero que sepa dónde vivo.
Niego con nerviosismo y trato de restar importancia.
—No es necesario, no vivo lejos de aquí.
Él ríe y sacude la cabeza, divertido.
—¿Sabes dónde estamos, lobita? No hay manadas cerca, ni siquiera viviendas o carreteras. Deja de mentir.
—No miento —refuto, temblorosa y un poco avergonzada por mi torpeza—. No pertenezco a ninguna manada. Si me disculpa, me…
No termino de hablar porque él vuelve a agarrarme y me jala hacia él. Casi me da un mareo cuando nuestros cuerpos chocan.
¿Qué es esta corriente tan intensa que me recorre toda?
Los latidos de mi corazón aumentan su ritmo y mi loba se mueve ansiosa en mi interior, deseosa de saltarle encima a este extraño.
¿Por qué tengo esta necesidad tan irracional de besar a un hombre que apenas conozco?
¿De qué se trata este cosquilleo que me eriza los vellos y me aprieta el pecho hasta que la respiración se me dificulta?
¿Él siente lo mismo que yo? ¿Aceptará el vínculo entre nosotros o me rechazará?
Tengo tanto miedo. Las dos opciones me aterrorizan.
Noto que sus pupilas se dilatan y su rostro se acerca demasiado al mío.
Un escalofrío me recorre cuando su nariz me roza el cuello y olfatea mi perfume.
—¡¡Gamma de gammas!! —grita alguien de repente—. ¡Alarma en el norte!
Él se aparta de mí en un santiamén, como si yo fuera prohibida.
Todos ellos se agrupan.
¿Gamma de gammas?
Un nudo me aprieta el estómago y la desilusión se siente pesada. Él es más de lo que creí. ¿Es el famoso Garthor del que todos hablan con orgullo y admiración?
Es el único Gamma de gammas que existe en el reino de Kal, la mano derecha del rey y quien pelea las batallas de decenas de manadas.
El aludido me mira a mí, luego a ellos, indeciso, hasta que por fin suelta un suspiro de resignación y corre hacia sus hombres.
—Tú, asegúrate de que la señorita llegue con bien a casa —le ordena a uno de ellos. Me mira por última vez y se sube a su caballo.
Yo, aterrorizada, aprieto las asas de las canastas y me doy a la huida, aprovechando la distracción del guerrero que debería acompañarme.
Corro con todas mis fuerzas bosque adentro, dispuesta a perderme, pero miro por última vez desde las penumbras de los árboles.
El guerrero está atento al informe que da un mensajero, mientras que el Gamma ya ha jalado las riendas de su caballo. Lo veo desaparecer y un vacío melancólico se me clava en el corazón, pero lo ignoro.
No debo sentirme así con un extraño.
Los demás se marchan, dejando al guerrero a mi cargo solo, cuya mirada se pasea por todo el lugar, buscándome, pero no me encuentra.
Él se encoge de hombros, como si restara importancia a mi desaparición, sonríe malicioso, se sube a su caballo y se va, pero toma un camino diferente al resto.
Vaya…
No sobrepienso su acción; más bien agradezco su desobediencia porque así no sabrá dónde vivo, y su jefe no podrá encontrarme.
¿Duele? Sí, pero ya lo superaré.
De todas formas, ese Gamma es un desconocido, así que no debe importarme no cruzarme más con él… aunque este sea mi mate.
Con ese pensamiento, y el resentimiento de mi loba, regreso a casa.
Mi cuerpo tiembla y mis músculos duelen. Siento un enojo extraño, como si quisiera reprocharle a ese Gamma su indecisión.
—Es mejor así —me autoconvenzo—. Es obvio que él no me acepta como pareja. Lo vi en sus ojos y en su abandono. Yo solo soy una omega frágil, y él… él es demasiado poderoso para mí.
Clara—Vamos a dormir —dice Garthor de repente, rompiendo la tensión del momento.Entonces, no va a reclamarme. La decepción me embarga el pecho y trago pesado. Me siento tan triste; de verdad lo deseo, que me haga suya, aunque nuestra situación es incierta.Trato de conciliar el sueño, pero se me hace difícil debido a que él está a mi lado, con su cuerpo caliente pegado al mío y su respiración pausada cerca de mí.¿Cómo podría conciliar el sueño si tengo a mi pareja semidesnuda junto a mí? Mi cuerpo y mi loba me exigen que lo haga mío.Me relamo los labios y cierro los ojos. Intento pensar en otras cosas y no sé en qué momento el sueño me domina.Los rayos del sol me acarician el rostro y puedo percibir mis labios extenderse por una sonrisa porque he dormido tan bien. Nunca imaginé que dormir acompañada con otra persona me hiciese sentir tan relajada, protegida y a gusto, ya que siempre había dormido sola. Pues mis hermanos son varones y ellos siempre tuvieron su propia habitación.S
ClaraPese a la incomodidad que quedó desde la última conversación con Garthor, pasar el día con él ha sido agradable. Es maravilloso no estar sola, tener a alguien con quien conversar, con quien reír.Por supuesto, podría tener todo eso si regresara a mi manada de origen con mi familia, pero ya nada sería igual. Ver a cada uno hacer su vida y avanzar me hacía sentir estancada; por eso había escogido este sitio. No es que haya avanzado mucho tampoco aquí, pero, por lo menos, estoy por mi cuenta.Sin embargo, ahora no tengo por qué estar sola porque tengo a mi compañero conmigo.Creí que el amor no era para mí, que viviría sufriendo por Dylan eternamente, pero tener un mate me ha hecho superar mi amor frustrado y me llena de una felicidad que, lamentablemente, se ve manchada por la incertidumbre que me provoca la actitud de Garthor.¿Qué es eso que tiene que decirme? ¿Qué es lo que necesita resolver? ¿Acaso tiene a otra mujer?Trato de que esas preguntas que me rondan la mente no me da
GarthorSus ojos azules, claros, grandes y puros me observan preocupados, como esperando lo peor. Siento que el corazón se me desgarra. Los labios me tiemblan levemente y no puedo seguir hablando.No soy capaz de decirle todo, de destruirla en cuestión de segundos.Cuando llegué y vi su rostro, fue el mejor regalo que jamás me habían dado: su sonrisa, tan bella, tan inocente. Esa felicidad con la que me recibió... nunca nadie me había recibido así.No puedo partirle el corazón a mi Clara. No puedo hacerle esto.Ella es mi mate, debe ser la persona más importante de mi vida. Más que el rey, más que mi familia, más que todo lo que he construido. No puedo simplemente apartarla.No, pero debo decirle la verdad. Ella debe saber lo que sucede, aunque juntos busquemos una solución.Sin embargo, temo tanto que me odie o que no quiera verme después de esto, porque he tardado demasiado en confesarle la verdad, cuando he tenido cientos de oportunidades.Me relamo los labios y la miro. Los ojos m
ClaraDespués de guardar todos los perfumes que estaban listos en las canastas, salgo del taller y observo el cielo.Ya la mañana está avanzada, pero yo ni siquiera tengo ganas de hacer nada para almorzar. Me he pasado el día pensativa, separando los perfumes que ya podían ir a venderse de los que todavía necesitaban más tiempo.Los había preparado unas semanas atrás y ahora podría ir a venderlos. Partiré mañana temprano al mercado y solo espero tener buenas ventas, pues ya me estoy quedando sin dinero.Suelto un largo suspiro. Vuelvo a suspirar cuando recuerdo a Garthor. Quizás mi estado de ánimo decaído sea porque lo extraño demasiado y estoy muy ansiosa por volver a verlo.Tengo un presentimiento extraño en el pecho, una inquietud, y no sé si es el temor de que jamás regrese a mí o la ansiedad de que venga a reclamarme al fin. Yo siento que eso hará; me lo dejó claro aquella noche en la que casi me entregué a él.Me relamo los labios.Camino en dirección a la entrada de la casa, qu
GarthorNo, no puedo decirles eso.Debo buscar la manera de romper con el decreto del rey sin que afecte a mi familia ni traiga la vergüenza y la ruina a casa.Pero ¿cómo?Si fuera yo el único que perdiera, no dudaría ni un segundo en abandonarlo todo por ella. Sin embargo, no solo soy yo; están mi madre, mi padre, mi hermana, su esposo y su manada.Incluso el estúpido de Azrael, mi primo.No puedo afectarlos a ellos. No es justo que paguen por mi desdicha, pero tampoco puedo aceptarlo.No soy capaz de ir en contra de mi naturaleza ni de mis sentimientos, mucho menos de dañar a mi bella Clara. Ella no se merece este dolor.¡Rayos!Debí rechazarla en el primer momento. Ya quizás lo hubiese superado, pero ahora la he ilusionado y mi cuerpo no puede estar sin su calor. La necesito como respirar. ¿Qué voy a hacer?El silencio se ha extendido demasiado. Todos me observan, preocupados. Hay una angustia grupal que me tortura, que me acorrala, que me asfixia, que exige una respuesta que no sé
GarthorMe quedo congelado en el mismo lugar, incapaz de responderle a mi madre, siquiera de mover un músculo, con el corazón latiéndome impasible y potente, y una resequedad en la garganta que me empuja a aclarármela. Y lo hago, pero aun así no puedo hablar.—¡Garthor, di algo! ¡Tan impresionado estás! Me imagino lo feliz que te encuentras. Mira que ser el prometido formal de la sobrina del rey ¡Ay, nuestra familia ha entrado en la buena fortuna y la bendición! —exclama mi madre, sin saber que sus palabras me hieren, me torturan, me hacen sentir encarcelado y muy culpable.—Mamá, es muy pronto para cantar victoria —logro decir.Ella me mira sorprendida. —¿De qué hablas, querido? —inquiere confundida.—Un compromiso no es una decisión que se tome a la ligera. Hay muchos factores a considerar…—¿De qué estás hablando, Garthor? —me interrumpe—. ¡No me digas que no quieres comprometerte con nuestra bella Isabella, la sobrina del rey! ¿Estás bien? Sabes que ella siempre te ha amado y qu







