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Capítulo 66. La Piscina (Otra Vez)

Autor: Katja Brook
last update Data de publicação: 2026-11-03 03:16:23

La reunión por Zoom terminó más tarde de lo previsto.

Viola cerró la tapa del portátil con un gesto seco, se pasó una mano por el rostro y se quedó unos segundos mirando la pantalla negra. Había cerrado dos contratos y evitado una discusión con un socio de Nueva York, pero la cabeza no le descansaba. Bajó las escaleras buscando a Violet. La habitación de la niña estaba vacía. El camisón doblado con esmero sobre la cama, el cepillo sobre el tocador, los zapatos alineados… pero ni rastro de ella.
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  • Loca por mi padrastro   Capítulo 66. La Piscina (Otra Vez)

    La reunión por Zoom terminó más tarde de lo previsto.Viola cerró la tapa del portátil con un gesto seco, se pasó una mano por el rostro y se quedó unos segundos mirando la pantalla negra. Había cerrado dos contratos y evitado una discusión con un socio de Nueva York, pero la cabeza no le descansaba. Bajó las escaleras buscando a Violet. La habitación de la niña estaba vacía. El camisón doblado con esmero sobre la cama, el cepillo sobre el tocador, los zapatos alineados… pero ni rastro de ella. Preguntó a Margaret en la cocina.—Salió hace un rato con el señor Grant —respondió la mujer, un poco insegura, secándose las manos en el delantal—. Hacia el jardín, creo. Llevaban toallas.Viola frunció el ceño. Cruzó el salón con pasos rápidos hasta las puertas de cristal que daban al exterior. El sol de media mañana brillaba con fuerza sobre el césped y el agua de la piscina. Cuando llegó al borde, se detuvo en seco.Lionel estaba dentro del agua, en la zona menos profunda, con el agua hasta

  • Loca por mi padrastro   Capítulo 65. Leche tibia

    Más tarde esa noche, la casa había quedado en un silencio denso.Viola no lograba dormir. Se había dado vueltas en la cama durante más de una hora, repitiendo mentalmente la cena, las palabras de Violet, la forma en que Lionel la había mirado cuando la niña lo llamó “abuelo” y, sobre todo, lo último que le dijo Violet de su amor y la familia. Al final se levantó, se puso un batín ligero sobre el camisón y bajó la escalera descalza, cuidando que ningún escalón crujiera demasiado.La luz de la cocina estaba encendida.Lionel ya estaba allí. Apoyado contra la mesada de mármol, con un vaso de agua entre las manos, miraba hacia la ventana oscura del jardín. Llevaba una camiseta negra y pantalones de pijama. Al escucharla llegar, no se sorprendió. Giró apenas el rostro y la observó entrar.—Te esperaba —dijo en voz baja, sin levantar el tono.Viola se detuvo un segundo en el umbral. Después entró del todo y cerró la puerta con cuidado, como si todavía pudiera protegerse del resto de la casa

  • Loca por mi padrastro   Capítulo 64. La cena

    La cena fue servida con la precisión habitual de Margaret.La mujer entró y salió del comedor en silencio, dejando platos de carne asada, papas gratinadas, verduras al vapor y una ensalada que nadie parecía especialmente interesado en tocar. Había encendido solo las luces bajas del comedor, como si intuyera que la noche iba a ser tensa. La mesa de madera caoba oscura relucía. Viola ocupaba su lugar habitual, la espalda perfectamente recta, la expresión ya preparada para el combate. Lionel estaba frente a ella, curioso a pesar de sí mismo, todavía asimilando la presencia de una niña que se parecía demasiado a la mujer que tenía enfrente y cuya edad era sospechosamente inconveniente. Violet, por su parte, se había sentado entre los dos ala cabeza, con la servilleta impecablemente colocada sobre el regazo y esa postura erguida que solo tienen los niños educados en colegios caros.El silencio inicial fue incómodo. Se oía el leve tintineo de los cubiertos contra la porcelana y el sonido le

  • Loca por mi padrastro   Capítulo 63. Abuelo

    El silencio que siguió a la presentación de Violet no duró mucho.Viola recuperó el control de su expresión con la velocidad de siempre, pero el color todavía no le había regresado del todo al rostro. Miró a Paul como si estuviera calculando el costo exacto de despedirlo en ese mismo instante.—Arriba —ordenó en voz baja, demasiado baja—. Ahora.Paul asintió con la cabeza, claramente aliviado de salir del comedor. Violet, en cambio, no se movió. Seguía de pie frente a Lionel, la mano todavía dentro de la de él, estudiándolo con una curiosidad abierta y sin vergüenza.—Violet —dijo Viola con un tono que no admitía discusión—. Ven conmigo.La niña giró apenas el rostro hacia su madre.—Estoy saludando —respondió con naturalidad—. Es de mala educación interrumpir.Viola cerró los ojos un segundo. Cuando los abrió, miró a Margaret.—Prepara una habitación. Temporal.—Sí, señorita Viola.Después señaló a Paul con la barbilla.—Tú. Oficina. Ahora.Paul recogió la maleta pequeña y el abrigo

  • Loca por mi padrastro   Capítulo 62. Una visita inesperada

    El desayuno transcurría en un silencio más llevadero que de costumbre.La luz de la mañana entraba sesgada por los ventanales del comedor, iluminando la madera oscura de la mesa y el vapor que subía de las tazas. Lionel leía algo en su tableta mientras comía tostadas con mermelada, la postura más erguida que semanas atrás, el color recuperado en el rostro. Viola, frente a él, revisaba correos en el teléfono con una concentración casi quirúrgica. El café se le enfriaba sin que lo notara. La tensión de las noches anteriores seguía presente, pero ambos habían aprendido a acomodarla entre el ruido de los cubiertos y el tintineo ocasional de una cuchara contra la porcelana.Margaret entraba y salía de la cocina con su eficiencia habitual, reponiendo el jugo, retirando platos, ajustando el mantel con gestos discretos. Llevaba el delantal impecable y el cabello recogido en un moño apretado. No hacía preguntas. Nunca las hacía cuando el ambiente se ponía demasiado denso.Hasta que sonó el tim

  • Loca por mi padrastro   Capítulo 61. Servicio nocturno

    Viola abrió los ojos despacio.La primera sensación fue el calor. Estaba desnuda, recostada contra un pecho amplio y firme, una pierna echada sobre la de él. El brazo de Lionel la rodeaba por la cintura con una posesión silenciosa. La cocina estaba en penumbra; solo la luz tenue bajo los muebles seguía encendida, dibujando líneas doradas sobre el suelo de madera. Él la observaba. No fingió lo contrario. Cuando sus miradas se encontraron, Viola sintió cómo el calor le subía al rostro con una fuerza casi dolorosa.Se incorporó de golpe.El movimiento fue torpe, casi violento. El camisón seguía tirado en el suelo, arrugado. El semen le resbalaba por el muslo interno, frío ya. Sin decir una sola palabra, recogió la prenda, se la puso de cualquier manera —al revés, con una tira torcida— y salió de la cocina con el paso rígido de quien huye de algo que no quiere nombrar. Lionel no la detuvo. Solo la siguió con la mirada hasta que su silueta desapareció por el pasillo oscuro, dejando atrás e

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