MasukEl asistente, siguiendo a Edward, no pudo evitar elogiar a Olivia.—La señora Jones es realmente inteligente; ha sabido encontrar un enfoque muy acertado. He oído que, desde que se anunció la sesión de la rifa en Internet, las sucursales del Hotel ST en todo el país están completas para este mes.—¿Qué clase de enfoque es ese? —replicó Edward, ocultando la admiración en sus ojos mientras observaba la esbelta figura a lo lejos. Fingiendo desagrado, añadió—: La inversión inicial es demasiado alta, con un nivel de incertidumbre y riesgo igualmente elevados. Si no fuera por la celebración, no habría oportunidad de aprovechar este efímero efecto fan para generar ingresos. Y, además, este método es inútil para el desarrollo a largo plazo del hotel; podría tener un impacto negativo en poco tiempo.—¿Inútil para el desarrollo a largo plazo? ¿Impacto negativo? Entonces, ¿por qué me pidió que llamara al departamento de finanzas para aumentar el presupuesto?Edward lo fulminó con la mirada, y Lo
—Hoy hablas demasiado.El asistente se encogió, inseguro de si había dicho algo indebido.En ese momento, una voz grave y pausada sonó detrás de ellos.—Señor Campbell.Edward giró la cabeza y vio a un hombre de unos cincuenta años, vestido con un traje impecable y la espalda recta a pesar de su edad. Sin embargo, sus profundas ojeras y el ligero cansancio en su mirada delataban su estado físico.—¿Señor Jones? —preguntó Edward.—Soy yo. No esperaba que todavía me recordara —respondió Bentley, presidente del Grupo Jones, con tono neutro—. ¿Puedo hablar con usted un momento?Edward frunció el ceño y asintió. Antes de retirarse, volvió la vista hacia el escenario: Olivia acababa de concluir su discurso y el maestro de ceremonias tomaba su lugar.La cafetería al aire libre de la segunda planta estaba vacía por la celebración; sólo quedaba personal de servicio. Pidieron dos tazas de té y se sentaron frente a frente bajo la sombrilla.—¿No me va a preguntar por qué vine hoy? —rompió el sil
—Si fracaso, presentaré mi renuncia.—En realidad, ya tienes pensado renunciar —dijo Edward con franqueza—. Estás apostando todo a esta celebración, intentando un último movimiento para salvar una situación desesperada. Incluso si sale mal y surgen problemas, igual te irías.Olivia carraspeó.—Lo admito. Aunque dijera que no, no me creerías. Lo hago para aumentar el rendimiento. Si sale bien, no tendré que renunciar, y eso también es bueno para el hotel. Ganamos todos.Era hábil con las palabras, pero Edward sabía que ese pequeño truco para desviar la atención no ocultaba el hecho de que el hotel asumiría todo el riesgo si el plan fallaba. Aun así, aceptó. Ni siquiera él entendía bien por qué; tal vez quería darle una razón legítima para quedarse.—Gracias. Haré todo lo posible para que salga bien.—Las gracias no me sirven de nada. Mejor invítame a cenar después de la celebración —propuso él.Ella aceptó.Después de colgar, Edward descorrió las cortinas. La luz de la luna le provocó
Después de apartar los pensamientos molestos de su mente, Olivia sacó el teléfono con intención de llamar a su padre. Sin embargo, por alguna razón, le vino de pronto a la memoria la actitud de Sofía y la expresión en sus ojos rasgados momentos antes. Una idea fugaz se instaló en su cabeza.—Señor, ya no quiero ir a la Villa Imperial. Lléveme a la zona de la Villa Jinshui —indicó al chófer.Era evidente que su padre había ordenado que nadie tocase sus cosas en el estudio. Apenas dos días antes había hablado con él sobre ir a recoger las llaves, así que no creía que Bentley hubiera ido a su habitación para quitárselas. Por lo tanto, si la llave había desaparecido, solo quedaba una posibilidad:alguien que siempre se empeñaba en quedarse con lo que no era suyo la había tomado.La zona de la Villa Jinshui, situada en la carretera central de Nankín Zhixi, estaba rodeada de todo tipo de comodidades. Con el aumento del precio de la vivienda en los últimos años, aquella villa de dos plantas
En la villa de la familia JonesOlivia volvió deliberadamente el lunes al mediodía para recoger las llaves. Debía regresar pronto a la empresa, y aunque su madrastra, Sofía, no era precisamente amable, siempre mantenía una fachada educada. Olivia pensó que, si se marchaba inmediatamente después de tomar las llaves, todo transcurriría sin problemas.Pero cuando Camille, la vieja criada de la familia Jones, la vio, estuvo a punto de romper a llorar.—¡Señorita Olivia, ha vuelto! ¿Dónde ha estado todos estos años?Camille había servido a la madre de Olivia desde hacía muchos años. Tras la muerte de esta, se quedó al lado de la joven, y no se marchó incluso después de que Olivia se fuera de la casa de los Jones.Los ojos de Olivia se humedecieron. Tomó la mano de Camille y, con la voz entrecortada, dijo:—He vuelto por un tiempo. Lamento haber hecho que te preocupes.—Está bien. No quiero ni imaginar lo que habrás pasado ahí fuera. Si tu madre lo supiera, me culparía por no cuidarte bien.
¿Había algo raro ocurriendo en el hotel? ¿Había ofendido el Hotel ST a alguien? ¿O acaso alguien estaba preparando un plan para manchar su nombre?Pocos minutos antes de terminar su jornada, Olivia recibió una llamada de su padre. Habían quedado en un café cercano a la empresa.Cuando llegó, Bentley ya la esperaba, con una expresión algo ansiosa.—He pedido leche caliente para ti. No es bueno tomar demasiado café por la noche, podría afectar tu sueño. Si no te apetece, pide otra cosa —dijo él.Olivia negó con la cabeza.—Está bien, me conformo con esto.Bentley sonrió, aliviado.—Olivia, me alegra mucho que me hayas llamado. Me ha sorprendido, pero para bien.Ella fijó la vista en la taza de leche caliente y removió el contenido lentamente. No se atrevía a mirarlo a los ojos. Tras un instante de duda, comenzó:—Papá, la razón por la que quería verte… es para pedirte un favor.—¿En qué puedo ayudarte? Dímelo.Olivia rara vez le pedía algo, así que Bentley se sintió satisfecho de que es







