Mag-log inEl hospital aquella mañana estaba cargado de tensión.Merlin acababa de ser ingresada al área de urgencias por una hemorragia severa tras caer desde las escaleras. Milan llevaba un rato llorando afuera de la sala, caminando de un lado a otro sin poder calmarse.Arnaldo, por su parte, permanecía de pie con el rostro sombrío y lleno de presión. Varios médicos y enfermeras pasaban a toda velocidad, haciendo la atmósfera aún más asfixiante.—Hermano... —sollozó Milan aferrándose a sus propios brazos. —¿Qué pasa si le ocurre algo a Merlin?Arnaldo no respondió. Su mirada estaba fija directamente en Diego, quien estaba sentado en una silla de espera no muy lejos de allí.El hombre se veía mucho más tranquilo que ellos. Y eso precisamente hacía que Arnaldo sospechara aún más.Diego estaba sentado con la cabeza inclinada, las manos entrelazadas con fuerza. Su mente seguía llena de lo que había ocurrido en casa aquella mañana.De repente,¡Brak!Le agarraron bruscamente el cuello de la camisa
En el balcón del segundo piso, el viento de la mañana soplaba suavemente cuando Tania estaba de pie abrazándose ligeramente.—¿Qué pasa en realidad? —preguntó confundida.Diego parecía inquieto.Miró a Renzo y Renzi que estaban de pie al lado de Tania antes de decir al fin en voz baja:—Tienes que tener cuidado viviendo en esta casa.La frente de Tania se frunció de inmediato.—¿Qué quieres decir?Antes de que Diego pudiera responder, un sonido fuerte se escuchó de repente desde la dirección de la escalera principal. Todos se volvieron sorprendidos. Y el rostro de Milan se puso pálido al instante.Un sonido fuerte desde la dirección de la escalera principal retumbó por toda la casa. Seguido del grito de una mujer que dejó a todos paralizados.—¡Aaaakhhhh!!Tania se volvió rápidamente hacia el interior de la casa. Al igual que Renzo, Renzi y Diego que salieron corriendo del balcón.En el piso de abajo, los empleados se veían en pánico corriendo hacia la escalera principal.—¡Dios mío!
El corredor del segundo piso de la casa de la familia Rocchi se veía silencioso y oscuro. Solo la luz tenue de las lámparas de pared iluminaba parte del camino.La puerta del cuarto de Arnaldo y Milan no estaba completamente cerrada. Y detrás de la pared junto al corredor, Diego estaba paralizado.La respiración del hombre había estado contenida desde hacía varios minutos cuando sin querer escuchó la conversación de ese matrimonio. Su rostro fue palideciendo lentamente.—Están completamente locos... —murmuró en voz baja, sin poder creerlo.Los puños de Diego se cerraron con fuerza. El corazón le latía a toda velocidad después de escuchar el plan de ellos para hacerle daño a Tania y al bebé en su vientre. Incluso para meter al señor Rocchi y a Alex en una nueva trampa.Diego retrocedió lentamente alejándose de la puerta con pasos suaves para no hacer ruido.Esa mujer en su momento le había gustado en silencio.Incluso hasta el punto de que Alex lo había golpeado brutalmente por haberse
Arotro lado de la gran casa de los Rocchi, el ambiente era muy diferente en la habitación principal de Arnaldo y su esposa, Milan.La puerta del cuarto no estaba cerrada del todo. La luz principal seguía encendida aunque la noche había avanzado bastante. A diferencia de los demás habitantes de la casa que ya comenzaban a dormir, Milan caminaba de un lado a otro con el rostro lleno de inquietud.Mientras tanto, Arnaldo estaba de pie junto a la ventana masajeándose las sienes con brusquedad.—No podemos seguir callados así —dijo Milan al fin con tonolleno de presión.Arnaldo exhaló con pesadez. —Lo sé.—Si Tania sigue viviendo en esta casa... —continuó Milan con voz afilada—, con el tiempo todo volverá a caer en sus manos.La mirada de esa mujer estaba cargada de ansiedad y de una codicia difícil de disimular.—Esta casa, la empresa, incluso toda la herencia de la familiaRocchi... —Milan apretó los puños con fuerza—. Tania lo puede recuperar todo.Arnaldo la miró de reojo antes de vol
La noche había avanzado en la residencia del señor Rocchi.Casi todos los habitantes de la casa ya dormían después del largo y agotador día. Los corredores de aquella gran casa se veían silenciosos, con luces amarillas tenues encendidas en algunos rincones.En uno de los cuartos del piso de arriba, Renzo y Renzi en realidad todavía no se habían dormido del todo; habían vuelto a despertarse.Los dos niños estaban acostados en la cama grande mirando el techo. Renzi abrazaba su almohada pequeña, mientras Renzo parecía ocupado pensando con las cejas fruncidas.Varios minutos pasaron en silencio antes de que de prontoRenzo hablara en voz baja.—Renzi.—¿Hm? —respondió su hermana sin ganas.—¿Todavía recuerdas la grabación del circuito de seguridad que vimos en el penthouse aquella vez?Renzi se volvió de golpe. —¿La del abuelo Armando?Renzo asintió despacio.De repente, el sueño de Renzi se disipó un poco. También se incorporó apoyándose en el cabecero.—¿Y qué pasa? —preguntó curiosa.R
La noche ya había avanzado cuando el auto de Alex entró por fin en el estacionamiento privado del penthouse de la familia Vasillo. Tras asegurarse de que Tania y sus dos hijos estaban a salvo en casa del señor Rocchi, Alex eligió regresar para terminar de resolver todo el caos que quedaba pendiente.En cuanto la puerta del elevador privado se abrió dando acceso al salón principal del penthouse, el ambiente se sintió de inmediato tenso.Varios empleados estaban de pie con los rostros pálidos, sin atreverse siquiera a mirar directamente a Alex. Desde lejos se escuchaba el sonido de algo rompiéndose en el estudio principal.¡Cras!Alex caminó con calma hacia el origen del sonido sin sorprenderse lo más mínimo.Cuando la puerta del estudio se abrió, se vio al Patriarca Vasillo de pie junto al escritorio con el rostro enrojecido de furia. Un vaso roto estaba esparcido por el suelo.—¡Por fin llegas! —tronó en cuanto vio a Alex.Pero Alex se mantuvo tranquilo. Se quitó el saco lentamente y







