Share

CAPÍTULO 5

Penulis: Day Torres
last update Tanggal publikasi: 2020-11-07 10:16:03

— ¿Tienes un minuto?

Aitana estaba sentada en el patio trasero, acomodada en una de las mecedoras, con una copa de vino en la mano y la mirada perdida en alguna onda del lago.

— Por supuesto, ¿qué necesitas?

Carlo dio algunas vueltas frente a ella sin llegar a mirarla, y terminó sentándose en una silla alejada.

— Han llegado dos camiones de carga esta mañana — aseguró — están estacionados en el paso a la glorieta…

— Y quieres saber lo que traen.

— No sería mala idea teniendo en cuenta que esta es mi casa. — su enojo fue genuino, como si alguien hubiera puesto en duda su derecho a cuestionar.

— Si no hubieras hecho hasta lo imposible por evitarme desde ayer tarde, sabrías qué hay en esos camiones. —sonrió Aitana.

— No te he estado evitando.

— Realmente no me importa pero sí, me estás evitando. Vamos a dejar algo claro, Carlo, no estoy aquí por ti. Ni por ti ni por el contenido de una cuenta de cheques que no me interesa. Si me quedo es por los niños, y justo como dices, no podré quedarme por mucho tiempo, de modo que quiero disfrutarlos y tratar de arreglar las cosas antes de irme.

— ¿Esta vez será definitivo? — el brillo de triunfo en sus ojos la desconcertó.

— Me temo que sí.

— ¿Eso significa que me darás el divorcio, y a los niños?

Aitana se tensó y sus dedos recorrieron la copa con viva impaciencia. Seguía siendo un asunto en el que no tenía ningún poder de decisión.

— Digamos que así sucede, que te doy el divorcio…

— Te pagaría una buena cantidad…

— ¡Ya te dije que el dinero no me interesa! — lo obligó a callar — ¡Por amor de Dios, no quiero nada tuyo! Pero si eso pasa, si… ¿si te doy el divorcio me dejarías ver a los niños?

— Sabes que no soy tan canalla como para negarte eso. — Carlo se levantó de golpe y la enfrentó — ¡Somos dos personas muy diferentes Aitana, no lo olvides!

— ¿Qué quieres decir?

— Que yo jamás te amenazaría con alejarte de nuestros hijos. Tú lo has hecho por tu propia voluntad y sabes que Stefano y Maya están mejor sin ti.

Aitana dejó la copa a un lado y se puso en pie. Llevaba un vestido negro muy informal, con los hombros descubiertos y la tela suave y vaporosa rozándole los tobillos. Y por alguna razón aquella ausencia de exuberante maquillaje y perfumes de marca le pareció a Carlo una provocación.

— Todos los niños necesitan a su madre. Deberías ver lo felices que se sienten cuando estoy cerca.

— ¡Pues debiste pensarlo antes de desaparecer! — estalló él — Sabes que la única razón por la que no te echo a patadas de mi vida es por esas dos criaturas,  porque si te atreves a apartarlas de mi lado como has amenazado tantas veces tendré que pasar el resto de mi vida en la cárcel, Aitana, porque te juro que te mato.

Su mano fue a sostener con violencia la barbilla femenina y todo el cuerpo de Aitana se arqueó hasta acomodarse al suyo.

— Me parece justo. — dijo con los ojos llameantes de indignación — Nadie tiene derecho a quitarte a tus hijos, ni siquiera porque seas un ogro.

Estaba temblando, de repente la proximidad con aquel hombre se le hizo insoportable, como si cada poro de su piel reaccionara ante un impulso eléctrico. Había algo en la fiereza de su mirada que la subyugaba, y si hasta ese momento se había alegrado en cierto modo de que la evitara, la cercanía inminente la dejaba demasiado expectante, por no decir incapaz de moverse.

— ¿Qué demonios te pasa? — barbotó Carlo, sin poder descifrar aquellas reacciones que jamás había visto.

— Te dije que yo no soy la mujer que crees.

— ¡Diablos!

La apartó de sí con un movimiento discorde y alargó la mano para tomar la copa de vino que Aitana había dejado. Necesitaba alejarse cuanto antes o de lo contrario se pondría en una posición comprometedora.

— Carlo, no estoy buscando un enfrentamiento deliberado contigo. — intentó calmarlo — Sé que no me crees cuando te digo que no soy la Aitana que conoces, pero espero que puedas entenderlo pronto.

Le puso una mano en el hombro, como si fuera un viejo amigo, y trató de reprimir con toda su alma el instinto que la impulsaba a abrazarlo. Lo arrastró hasta la mecedora y después de obligarlo a sentarse, se recostó en la silla que él había dejado vacía.

— Los camiones traen todo lo que se necesita para el cumpleaños. Quizás sea un evento un poco desacostumbrado para un hombre de tu clase, pero confío en que los niños lo disfrutarán, y al final eso es lo único que importa, por eso he preferido que sea una fiesta familiar.

Carlo lanzó por lo bajo una risa llena de amargo sarcasmo.

— Así que también tratarás de conquistar a mi familia. — ironizó — No te basta con tus hijos y conmigo. El rol de madre dedicada debe estrenarse por todo lo alto.

— ¡No seas necio, Carlo! — pero su reproche se interrumpió de inmediato — ¿Tu familia tampoco quiere a Lia… tampoco me quieren?

— No tienes que fingir que no lo sabes. Las relaciones se limitan a lo siguiente: tú los odias y ellos te detestan.

De repente Aitana sintió que le ardía la sangre, como si comprendiera el mundo tan torcido en el que su hermana había ido a meterse.

— Parece que tengo muchos enemigos por aquí. Tú me detestas, tu familia me detesta… debió ser difícil aceptar que una inglesita de clase media compartiera el hogar con el renombrado señor Di Sávallo.

— ¡Calla esa boca venenosa! Mi familia no te quiere porque eres una mala madre, porque tus hijos te ven con suerte cada dos o tres meses, porque ni siquiera te dignaste a regresar hace un año cuando operamos a Stefano de apendicitis, y no notaste que tu hija estaba ardiendo en fiebre cuando le salieron los dientes, porque estabas demasiado ebria como para ocuparte de alguien que no fueras tú misma. — se levantó con rabia y le lanzó la copa, que fue a estrellarse a sus pies — Tú solita te has buscado todos los enemigos, y no mereces nada que no sea nuestro desprecio.

— Carlo… — Aitana se recogió sobre sí misma y los ojos se le llenaron de lágrimas. Algo le decía que solo un inmenso autocontrol impedía que el italiano le propinara una buena bofetada. Aquel era un hombre herido, un hombre al que habían lastimado profundamente porque habían lastimado lo que era más preciado para él: sus hijos. ¿Qué podía hacer ella contra un odio tan grande? — No sé cómo remediar las cosas. — confesó en un susurro.

— Yo sí lo sé. Vete, Aitana. Desaparece de una vez por todas y déjanos en paz.

La bestia enjaulada que llevaba dentro se fue como un bólido hacia la casa y la dejó allí, sentada bajo un mar de estrellas que ya no quería mirar, agobiada por aquellos sentimientos que le arrancaban el aliento en silentes sollozos.

Cómo había ido a parar a aquel campo de batalla, no lo podía comprender. Por qué Dios la había enviado a contemplar aquella familia destrozada, era un enigma que iba más allá de sus fuerzas o su voluntad para arreglarlo, pero como siempre, aun en los peores momentos, sabía que no se encontraba sola.

Sacó el celular y marcó un número lentamente.

— ¿Papá? Perdona que te despierte tan tarde, necesito… necesito…

— Hija ¿estás llorando? — al otro lado la voz fue como un bálsamo frío que alivió su ánimo.

No supo cuánto tiempo estuvo hablando con su padre, pero cuando terminó estaba riendo, segura de que la ayuda venía en camino, y de que su tiempo allí estaba destinado a hacer alguna diferencia.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Los labios de Aitana (4to Libro)   EPÍLOGO

    Epílogo—¿Estás lista para esto? —preguntó Carlo dos días después, tomando la mano de Aitana mientras entraban en la estación de policía.—Sí. Tengo que terminar con esto de una vez —declaró Aitana armándose de valor.Hans había sobrevivido a la caída, pero por más que los médicos habían intentado ayudarlo, había quedado inválido. Ya no sería una amenaza para ellos, pero Carlo había preferido que se quedara en una institución donde pudieran cuidar de él como lo necesitaba.Por otro lado, solo por estar en un escándalo que involucraba a los Di Sávallo, el Colegio de abogados le había retirado la licencia para practicar, pero lo que sucediera con él, dependía de lo que Aitana quisiera hacer.El jefe de la estación,

  • Los labios de Aitana (4to Libro)   CAPÍTULO 43

    Carlo no era capaz de describir el terror que se había acendrado en su alma al ver a Aitana en aquella cornisa. Solo dio gracias a Dios que tuviera la entereza suficiente como para distraer a Hans. Le importó muy poco que lo besara, solo que le diera el tiempo para alcanzarla y ponerla a salvo.Tampoco pudo describir la sensación de paz cuando la tuvo entre sus brazos, a salvo, con una barrera de hombres entre ellos y el psicópata de Hans. La dejó ocultar la cara en su pecho y la abrazó con fuerza mientras lo miraba. No iba a dejar que la tuviera nunca más, que la asustara nunca más.Pudo ver la determinación en sus ojos, era un hombre enfermo después de todo, y ninguno de sus hombres logró alcanzarlo antes de que saltara. Cuando el cuerpo de Hans chocó contra una de las camionetas estacionadas abajo, Carlo sintió que el el cuerpo de Aitana se relajaba por completo.Le ech

  • Los labios de Aitana (4to Libro)   CAPÍTULO 42

    Aitana no sabía precisamente qué estaba pasando por la cabeza de Carlo, ni la de Hans ni la de nadie, pero sintió alivio cuando se vio encerrada de nuevo en el baño. Estaba mareada y se sentía débil, pero era mejor que estar con Hans y con su madre.Sabía que Carlo no se quedaría tranquilo sabiendo que estaban en peligro, así que solo tenía que esperar, solo tenía que esperarlo. No había pasado ni una hora cuando el escándalo afuera la hizo levantarse llena de esperanzas. Pero cuando la puerta se abrió de par en par, la persona que entró fue la que menos esperaba.Hans la tomó el brazo con fuerza, lastimándola, y la sacó del baño.—¡Recoge todo, nos vamos! —exclamó mientras miraba a todos lados como si estuviera loco.—¿Qué…? ¿Mi madre…? ¿El dinero&hell

  • Los labios de Aitana (4to Libro)   CAPÍTULO 41

    —Corre. Aquella era una palabra simple y estaba llena de agresividad, de odio y de un resentimiento infinito. Y se escapaba entre los dientes apretados de Ilenia como si fuera veneno. Habían ido al primer banco que tenían cerca del motel y el mismo gerente los había recibido en sus oficinas al saber que iban a hacer dos depósitos millonarios. Varios asesores internos se habían acercado para ayudar con los trámites, y en el mismo segundo en que el primer fajo de billetes había sido ingresado a la máquina de contar, la sonrisa del gerente general pareció atornillarse a su cara. Hans estaba demasiado entusiasmado o estaba demasiado loco para darse cuenta, pero a Ilenia no le pasó desapercibido aquel gesto, y en el mismo segundo en que un par de hombres de traje entraron en el banco se dio cuenta de que todo estaba perdido. Habían cometido un error. Miró los billetes desparramados entre un escritorio y cuatro máquinas de contar, y se dio cuenta de que ya

  • Los labios de Aitana (4to Libro)   CAPÍTULO 40

    Carlo sintió que se le cerraba la garganta mientras veía a Aitana alejarse a paso rápido, y Fabio llegó hasta él, sosteniéndolo porque parecía que se iba a desmayar de un momento a otro.—¿Tú también oíste lo que dijo…? ¿Lo escuchaste…? —dijo apoyándose en la pared mientras palidecía.—No —dijo su hermano—. No pude escuchar nada pero ¿qué te dijo Aitana?—Dijo que no había querido lastimar a mis hijos… ¡a ninguno de los tres! —exclamó Carlo y Fabio abrió mucho los ojos.—¡Santa m13rd@! —se espantó Fabio—. De todos los momentos ¡¿tenía que ser ahora?!Carlo se mesó los cabellos, desesperado.—Tenemos que sacarla ya, Fabio. No puedo dejarla ni un minuto más con esa gente.

  • Los labios de Aitana (4to Libro)   CAPÍTULO 39

    Aitana sintió un peso en el estómago en el mismo momento en que salió de aquella oficina. Solo podía esperar a que Carlo entendiera su mensaje, pero más importante, esperaba que hiciera algo al respecto pronto.Evadir a Hans esa noche fue extremadamente difícil, y solo lo logró haciendo algo que detestaba: comió todo lo que le daba asco y vomitó en sus zapatos pocos minutos después.—¡Tienes que llevarme a un médico! No me siento bien, por favor —le suplicó, pero estaba bastante segura de que no conseguiría nada con eso.—Ya estamos muy cerca de terminar con todo. Mañana a las ocho tendremos nuestro dinero y nos iremos para siempre —siseó Hans—. Entonces te llevaré al médico que quieras… solo espero por tu bien, Lianna que lo que tengas sea un virus, porque si te me apareces con otra cría del mil

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status