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Capitulo 195: El Caido

Author: Soneste
last update publish date: 2025-06-02 10:27:51

Aldrik alzó la cabeza. Las cadenas tintinearon con un eco metálico que se perdió entre las piedras del círculo. Su mirada recorrió el fuego, el consejo, el pueblo expectante… y se detuvo en Nyrea y Darien, como si aún le pertenecieran.

—No niego nada. Lo hice todo. Y lo haría de nuevo.

Su voz no temblaba. Su convicción era gélida y brutal.

—Fui el único que vio lo que venía. Caellum era débil. Idealista. Se aferraba a sueños de paz y hermandad cuando el mundo solo entiende una lengua: el miedo.
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    Cinco años después La nieve caía suave sobre los techos de Lobrenhart, cubriéndolo todo con un manto blanco como si la Luna misma hubiera descendido a bendecir su legado. El viento arrastraba risas infantiles y el crepitar de las antorchas, mientras dos figuras diminutas corrían entre los árboles decorados con cintas rojas y azules. —¡Volrik, te vas a caer! —gritó Nyasha con voz de mando. —¡Solo si me alcanzas primero! —contestó él, soltando una carcajada que retumbó como un eco de fuego en la noche.Desde lo alto de la Torre del Alba, Darien y Nyrea observaban aquella escena con el corazón colmado. Ella tenía las manos apoyadas sobre la baranda de piedra; él, abrazándola desde atrás, recostó su frente contra la suya. —¿Crees que alguna vez entenderán lo que atravesamos? —susurró él. —No tienen que entenderlo —respondió ella —. Lo llevan en la sangre. Y era cierto. Aquellos dos pequeños nacidos del fuego y el exilio, del amor y la furia, crecían en libertad. Con una historia ta

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    Los tambores comenzaron a sonar.Lentos. Rítmicos. Antiguos.Como el latido mismo de la tierra bajo sus pies. Un cuerno largo y grave retumbó desde la Torre del Alba, anunciando lo que el pueblo ya sabía: la oscuridad había terminado.Lobrenhart estaba de fiesta.Banderas danzaban en las alturas. El fuego purificador aún chispeaba en los bordes de la plaza del juicio, pero ahora era cálido, celebratorio. Las familias se apiñaban en círculos, los niños se alzaban sobre los hombros de sus padres, y los ancianos de la manada, por primera vez en años, sonreían con esperanza.Kaelrik se abrió paso hasta el centro del círculo de piedra, golpeando su lanza contra el suelo con tres toques firmes.—¡Que se abran los caminos! —proclamó con orgullo—. Hoy, la manada no solo honra a sus líderes… ¡hoy da la bienvenida a sus herederos!El pueblo estalló en vítores. Se abrió un pasillo entre la multitud, y entonces ellas aparecieron.Nerysa, soberbia como una Reina del Lobo, con la túnica ceremonial

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    La plaza seguía envuelta en un silencio expectante tras la marcha ardiente de Aldrik. La Llama Sagrada aún crepitaba en el centro del círculo, como si se negara a apagarse del todo.Darien respiró hondo. El eco de los vítores aún flotaba en el aire, pero su expresión cambió. Sostenía la mano de Nyrea con fuerza, pero ahora se volvió hacia ella con los ojos nublados por la emoción.—Antes de que este día se grabe en la historia como el inicio de una nueva era… hay algo que debo decir.El pueblo enmudeció al oír la gravedad en su voz.—Pueblo de Lobrenhart… cometí un error.Hizo una pausa. Tragar esa culpa ante tantos costaba más que enfrentarse a cualquier enemigo.—Hace un tiempo, le fallé a quien fue mi Luna… y que hoy es mi igual. A mí Aeryn. A Nyrea. La desterré por miedo, por presión, por no saber ver más allá de las mentiras que nos rodeaban.Su voz tembló apenas.—Permití que fuera humillada. La dejé sola cuando más me necesitaba. Y aunque fue para protegerla… el daño fue real.

  • Luna Destinada: El Juramento de Venganza   Capitulo 195: El Caido

    Aldrik alzó la cabeza. Las cadenas tintinearon con un eco metálico que se perdió entre las piedras del círculo. Su mirada recorrió el fuego, el consejo, el pueblo expectante… y se detuvo en Nyrea y Darien, como si aún le pertenecieran.—No niego nada. Lo hice todo. Y lo haría de nuevo.Su voz no temblaba. Su convicción era gélida y brutal.—Fui el único que vio lo que venía. Caellum era débil. Idealista. Se aferraba a sueños de paz y hermandad cuando el mundo solo entiende una lengua: el miedo. ¿Creen que el poder se hereda? No. El poder se toma. Se impone. Se defiende con sangre.Clavó sus ojos en Nyrea, no con culpa, sino con un odio viejo y rancio.—Y ustedes… los Ignarossa… portadores de un fuego caótico, destructivo. ¿Qué ofrecieron cuando más los necesitábamos? Cuando mi compañera Marien agonizaba, acudí a ustedes, suplicando por su vida. ¿Y qué recibió? Silencio. negativas, de que no había tiempo. Su fuego no salvó… su fuego abandonó.Hizo una pausa. Respiró hondo, como si las

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