MasukHazel entró en la habitación del hotel donde se había alojado; era pequeña, pero al menos cómoda para pasar la noche.
La puerta se cerró tras ella con un suave clic, y el silencio de la habitación la envolvió en su quietud. Se movió por el espacio como aturdida, como si estuviera en un sueño, con pasos lentos y apagados.
La cama era pequeña, las paredes estaban desnudas, pero a Hazel no parecía importarle. Por primera vez en mucho tiempo, estaba realmente sola, libre de las expectativas y restricciones de la vida en la manada. Y aun así, la soledad dolía como un miembro fantasma.
Ahora vamos a quedarnos aquí, ni siquiera puedes luchar por ti misma —dijo Mia.
No estoy lista para hablar contigo —murmuró Hazel.
¿Crees que yo quiero hablar contigo? —escupió Mia, y cortó el débil vínculo.
Hazel suspiró y se recostó en la cama.
El silencio en la habitación parecía amplificar su soledad, el aire pesado por la ausencia de la manada, de su familia, del compañero que alguna vez creyó que sería suyo. Cerró los ojos, intentando silenciar los susurros, el dolor de la traición, pero la noche era oscura e implacable, sin ofrecer consuelo.
Las palabras de Mia resonaban en su mente como clavos en un ataúd. ¿Cómo había fallado de forma tan estrepitosa? ¿Cómo había permitido que su vida llegara a esto?
**
El mejor amigo de Ethan, Henry, entró en su oficina y lo encontró trabajando.
—No me digas que lo que escuché es cierto —preguntó Henry.
—¿Qué escuchaste? —respondió Ethan.
—Que dejaste a Hazel por su hermana.
—¿Eso siquiera es una pregunta? Ya no la amo…
—¿Así que la echaste y planeas casarte con su hermana? —lo interrumpió Henry.
—¿Tienes algún problema con eso? Mi vida y mi manada me pertenecen, puedo hacer lo que quiera con ellas —rugió Ethan.
La expresión de Henry se endureció, su mandíbula tensa por la ira.
—Tengo un problema con la traición, con la deshonra. Le prometiste a Hazel una vida contigo, ¿y ahora la tiras como si fuera basura? ¿Cómo puedes llamarte Alfa?
Ethan fulminó a su amigo con la mirada, sus ojos ardiendo.
—Soy el Alfa, y haré lo necesario para asegurar el futuro de mi manada. Hazel era estéril, inútil. Layla es fértil y leal. Tomé la decisión que era mejor para la manada.
Henry negó con la cabeza, su voz cargada de desprecio.
—¿Mejor para la manada? ¿O mejor para tu ego? Llamas estéril a Hazel, pero ¿qué hay de tu semilla, Alfa? Quizá fue tu impotencia lo que causó su supuesta infertilidad.
Ethan se levantó de un salto, con los puños apretados, su lobo agitándose bajo su piel.
—Cuida tu lengua, Henry. No olvides con quién estás hablando. No faltes al respeto a tu Alfa.
Los ojos de Henry se entrecerraron, sus palabras afiladas como dagas.
—No cuidaré mi lengua cuando dice la verdad. Has perdido el rumbo, Alfa. Has traicionado a la misma manada que dices servir.
El aire chisporroteaba de tensión, la amenaza de violencia era palpable. Pero Henry no retrocedió, su cuerpo tenso y preparado.
—Puede que tengas el título de Alfa, pero no es el título lo que te hace un líder. Es tu corazón, tu honor… y has perdido ambos.
—¿Acaso estás interesado en Hazel? Puedes ir a buscarla y casarte con ella entonces —Ethan puso los ojos en blanco.
El rostro de Henry se deformó, su voz convertida en un gruñido bajo.
—Esto no se trata de mí, y lo sabes. Se trata de tus decisiones y tus acciones. Usaste a Hazel, la desechaste, ¿y ahora intentas echarme la culpa a mí?
Negó con la cabeza, lleno de desprecio.
—No, no me casaré con Hazel. Pero tampoco me quedaré de brazos cruzados mientras arrastras a esta manada al fango con tu egoísmo. Y tú… tendrás que vivir con la sangre de la traición en tus manos.
—Si no tienes nada útil que decir… ¿puedes salir de mi oficina? Como ves, estoy preparándome para mi boda con la madre de mis hijos por nacer —dijo Ethan, volviendo a lo suyo.
Henry se quedó allí por un largo momento, hirviendo de rabia, con los puños apretados y el cuerpo temblando. Pero sabía que no había nada que pudiera hacer en ese momento. Ethan había tomado su decisión, y la manada pagaría el precio.
Se dio la vuelta, sus pasos pesados y firmes, cada uno como una condena. Y al cruzar el umbral de la oficina del Alfa, lanzó una última advertencia por encima del hombro:
—Disfruta tu trono, Alfa. Pero recuerda, el lobo solitario muere, mientras la manada sobrevive. Has hecho tu elección. Puede que no vivas para arrepentirte.
Ethan lo ignoró y salió de la oficina.
—¿Quién demonios se cree que es? —bufó mientras veía a Henry marcharse.
—Un verdadero amigo —murmuró Ethan para sí mismo, su ego resentido por el intercambio—. Un verdadero miembro de la manada… más de lo que mereces.
Pero apartó ese pensamiento, sumergiéndose nuevamente en el papeleo, en la tarea que tenía entre manos. Les demostraría a todos. Haría a la manada más fuerte que nunca. Probaría que estaban equivocados.
Sonrió para sí mismo, sus ojos brillando con ambición.
—Ya lo verán —dijo con determinación—. Yo soy el Alfa. Y la manada seguirá mi liderazgo, sin importar el costo.
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Suite de Layla
Estaba sentada mientras las doncellas masajeaban sus piernas y su cuerpo.
—Tráiganme un jugo frío, por favor… y enciendan la televisión —ordenó Layla.
—Sí, mi señora —respondió una de las doncellas.
Layla se recostó en la silla acolchada, con los ojos medio cerrados mientras las sirvientas atendían cada uno de sus caprichos. Se sentía como una reina, como si finalmente tuviera la vida que merecía.
La doncella se apresuró a salir y regresó momentos después con un vaso de jugo frío en una bandeja de plata. Se arrodilló junto a la silla, ofreciéndolo con una reverencia respetuosa.
—Aquí tiene, mi señora. ¿Desea que encienda la televisión ahora?
Layla hizo un gesto despectivo con la mano, ya bebiendo el jugo con una pajilla, disfrutando su sabor dulce y refrescante.
—Haz lo que quieras.
—Sí, mi señora —murmuró la doncella, inclinándose antes de retroceder. Encendió la televisión y dejó el volumen bajo.
Y eso era exactamente lo que Layla quería. Los últimos días habían sido un torbellino de actividad, de planificación, de asegurarse de que todos siguieran su voluntad. Pero ahora, con Hazel fuera, no había nadie que desafiara su posición, nadie que cuestionara su dominio.
Sonrió para sí misma, sus ojos brillando como piedras pulidas.
Noah salió del misterioso edificio, escudriñando los alrededores con cierta cautela. Miró a la derecha, luego a la izquierda, deteniéndose en las sombras proyectadas por las farolas parpadeantes. Satisfecho de estar solo, caminó con paso firme hacia su coche, acortando la distancia con sus largas zancadas.Justo cuando iba a abrir la puerta, su teléfono sonó con un estridente timbre que rompió el silencio de la noche. Dudó un instante antes de contestar, con voz baja y cautelosa. "¿Sí?""Noah, ¿dónde estás?", preguntó Hazel con voz preocupada, suave pero insistente.Noah recorrió con la mirada la calle desierta, buscando excusas en su mente."En la oficina", respondió finalmente con voz pausada."Tengo muchísimo trabajo que hacer."Hubo una pausa al otro lado de la línea, y por un instante, Noah se preguntó si Hazel se habría dado cuenta de su mentira. Pero entonces su voz volvió a sonar, suave y tranquilizadora."Oh, espero que no sea demasiado estresante. Sabes que siempre puedes ha
Hazel entró en el estacionamiento de la empresa, sus neumáticos chirriaron ligeramente al detener el coche. Sin perder tiempo, salió rápidamente del vehículo y se dirigió a la sala de descanso.Allí vio a Summer, su jefa, que ya estaba sentada tomando un café.En cuanto Summer vio a Hazel, una cálida sonrisa se dibujó en su rostro.—¡Oh, Hazel! —exclamó, dejando la taza—. Pareces tener prisa. ¿Todo bien?Hazel aminoró el paso, con el ceño fruncido por la preocupación.—No mucho —respondió, con la mirada fija en Summer—. ¿Qué pasa? Dijiste que era urgente.La sonrisa de Summer se desvaneció un instante antes de recuperarse.—Bueno, tienes una sesión de fotos inesperada hoy —explicó con voz pausada.—Y ya tengo tu agenda lista. —Hazel entrecerró los ojos, con la mente llena de preguntas—.—Genial… ¿pero qué pasa después de la sesión? ¿Tengo alguna otra cita o reunión programada para hoy? —Hizo una pausa, escudriñando el rostro de Summer en busca de alguna información oculta.Summer adop
Maya salió de su habitación con la mochila al hombro y el pelo recogido en una coleta, lista para afrontar otro día de clases.Mientras caminaba por el pasillo, chocó con Hazel, que venía corriendo en dirección contraria."Hola, venía a verte", dijo Hazel con voz baja y urgente. "No me quedaré a desayunar, tengo que irme".La curiosidad de Maya se despertó. "¿Por qué tanta prisa? ¿Vas a algún sitio?", preguntó, entrecerrando los ojos mientras observaba la expresión nerviosa de Hazel.Hazel dudó un instante, recorriendo el pasillo con la mirada antes de fijarla en Maya."Sí, tengo una reunión con mi jefa en la empresa. Me llamó anoche y me dijo que era urgente", respondió con un ligero tono de ansiedad.Los ojos de Maya se abrieron de par en par."Eso suena serio. ¿Está todo bien?" —preguntó, con la preocupación por su hermana evidente en su tono.Hazel asintió apresuradamente.—Sí, todo bien. Solo una reunión para hablar de algunos proyectos nuevos, eso es todo. —Pero sus palabras den
Damien entró en la habitación con una cálida sonrisa, sus ojos brillando de cariño. Frente a él, Nora yacía acurrucada, su delicada figura envuelta en su camisa, sus suaves ronquidos una apacible serenata. La luz de la mañana danzaba sobre su rostro, iluminando su expresión serena.—Despierta, dormilona —susurró Damien con voz ronca y tierna—.—Despierta, mi amor. Los párpados de Nora se abrieron lentamente, con la mirada aún adormilada. Al ver a Damien, su rostro se iluminó con una sonrisa radiante, sus ojos brillando como diamantes a la luz de la mañana.Damien rió entre dientes, sus ojos arrugándose en las comisuras. —Buenos días, preciosa —dijo con voz cálida—. Te traje tu desayuno favorito: panqueques y té de jengibre.Dejó la bandeja a su lado, y el aroma de los panqueques recién hechos y la suave fragancia del té de jengibre llenaron el aire. Los ojos de Nora se abrieron de par en par, su estómago rugió de anticipación.—Gracias, mi amor —susurró con voz ronca por el sueño—. Si
Noah tenía la mirada fija en el teléfono que sostenía en la mano; su rostro estaba pálido y sin color, como si la conversación que acababa de terminar lo hubiera dejado aturdido. Ni siquiera se inmutó cuando Hazel entró en la habitación, su repentina presencia pasó casi desapercibida. No fue hasta que ella habló, con voz teñida de preocupación y curiosidad, que volvió a la realidad.Colgó el teléfono bruscamente, y sus ojos se encontraron con los de Hazel, con una mezcla de sorpresa y culpa reflejada en su rostro."Hazel... yo... no te esperaba", balbuceó, apenas un susurro.Los ojos de Hazel se entrecerraron, intrigada."¿Qué te pasa, Noah? ¿Por qué pareces haber visto un fantasma? Estás temblando", dijo, suavizando su voz mientras se acercaba a él.Los ojos de Noah recorrieron la habitación como buscando una vía de escape o una explicación plausible."Yo... solo recibí una noticia inesperada, eso es todo", murmuró con voz evasiva.La mirada de Hazel no se apartó de su rostro, penetr
Los hombros de Ethan se hundieron mientras veía a Nora salir furiosa de la cámara, el eco de la puerta desvaneciéndose en un silencio incómodo. Suspiró profundamente, cerrando los ojos como si intentara ignorar la confusión que acababa de desatarse.Sentía el pecho pesado, oprimido por el conflicto y la certeza de que su relación con su hermana acababa de quedar irreparablemente dañada. Había elegido a Layla, su compañera, por encima de las exigencias y manipulaciones de Nora, pero ¿a qué precio?La cámara, otrora símbolo de su poder y liderazgo, ahora le resultaba asfixiante; las sombras proyectadas por las antorchas parecían envolverlo como una trampa. La mente de Ethan se llenó de pensamientos sobre el futuro, preguntándose si había cometido un grave error al sacrificar una parte de su familia por su amor a Layla.El silencio era opresivo, un recordatorio de que las consecuencias de su decisión perdurarían, un recordatorio constante de la brecha que lo separaba de su hermana. El su







