LOGINEl restaurante tenía un ambiente acogedor: luces cálidas, música suave y el aroma de las especias mezclado con el del vino.La mesa redonda reunía al grupo en una armonía que hacía mucho tiempo no se veía.Thiago y Emma conversaban animadamente, Sofia y Thomas intercambiaban sonrisas discretas, y Eloise, entre risas, bromeaba con Nathalia sobre su nuevo corte de cabello.Pocos minutos después, un camarero se acercó para hacer espacio a otro invitado.— ¿Puedo? —preguntó una voz conocida.Nathalia levantó la mirada y sonrió, sorprendida.— ¡Heitor! Pensé que no vendrías.Él sonrió de lado, acomodándose el saco antes de sentarse junto a ella.— Cambio de planes. Decidí no perderme la oportunidad de cenar con el equipo más peligroso de MonteiroCorp.Thiago rio.— Peligroso se queda corto. Estas cuatro juntas dominan la ciudad.— Y tú también estás incluido, señor director —lo provocó Eloise, divertida.Las risas se extendieron por toda la mesa, creando un ambiente ligero, casi familiar.
El sonido de las risas todavía resonaba en la cocina cuando la puerta se abrió lentamente.Tres siluetas aparecieron en el umbral: Augusto, Thomas y Thiago, observando discretamente la escena.Las cuatro mujeres miraron en la misma dirección, todavía sosteniendo sus tazas y sus sonrisas.— Vaya, vaya… —comenzó Thiago, con una sonrisa traviesa—. ¿Qué está pasando aquí? Parece una reunión de la alegría.Nathalia apoyó el codo sobre la mesa y respondió sin perder el ritmo:— Y lo es, señor Albuquerque. Reunión exclusiva, entrada solo con invitación y buen humor.— Entonces estoy dentro —replicó él, acercando una silla y sentándose a su lado—. Puedo ser el invitado especial.Emma rio.— Tú eres de los que llegan sin invitación, Thiago.— Y aun así tienen éxito —replicó él, guiñándole un ojo.El ambiente volvió a llenarse de risas.Thomas se apoyó en el marco de la puerta y cruzó los brazos.— ¿No van a ofrecerles café a los recién llegados? —preguntó, fingiendo estar ofendido—. ¿O la regl
El celular vibró sobre el escritorio y el nombre que apareció en la pantalla hizo que Eloise sonriera de inmediato.«Carlos Papá».Respondió casi al primer timbrazo, con una voz suave y cariñosa.— Hola, papá… ¿Ya me estás extrañando?Al otro lado de la línea se escuchó una risa ligera.— Sabes que sí —respondió Carlos, con aquel tono tranquilo que siempre conseguía arrancarle una sonrisa—. Solo llamé para saber si todo está bien.Eloise apoyó el codo sobre el escritorio, haciendo girar distraídamente un bolígrafo entre los dedos.— Todo está bien. Solo ha sido una semana intensa en la empresa… Nada que no pueda soportar —dijo, sonriendo—. ¿Y tú? ¿Estás disfrutando del spa?— Sí —respondió él, riendo—. Pero ¿sinceramente? Ya me cansé de los masajes, el agua aromatizada y la gente diciéndome «respire profundamente».— ¿Ah, sí? —lo provocó ella, divertida—. ¿El señor Carlos Nogueira se cansó de que lo consientan?— No es eso —dijo él en tono bromista—. Es que este lugar es agradable, pe
El silencio de la habitación era casi sofocante.José Monteiro todavía sostenía el celular en la mano, con la pantalla apagada, pero las palabras resonaban como un trueno tardío:«El nombre es Louvre».«Quiere destruirlos».José se apoyó en el borde del escritorio, con la mirada perdida en la ventana.Afuera, la ciudad seguía su ritmo habitual, indiferente a la guerra que acababa de comenzar.Respiró profundamente, intentando organizar el torbellino de pensamientos.Márcia, su amor del pasado.Antônio Mello.Louvre, cuya identidad desconocía.Cada nombre era una pieza suelta de un rompecabezas que, de repente, parecía estar completamente relacionado con el pasado que tanto temía revivir.Tomó el vaso que estaba sobre el escritorio, pero lo dejó suspendido en el aire, sin atreverse a beber.Las manos le temblaban ligeramente.«Si se lo cuento a Augusto…», pensó, «querrá actuar inmediatamente. Querrá enfrentarse a ellos. Y entonces todo saldrá a la luz».Caminó hasta la ventana, contemp
Alrededor de las tres de la tarde, Sofia entró apresuradamente en MonteiroCorp.Sus tacones resonaban contra el suelo de mármol mientras corría hacia el ascensor.Las puertas estaban a punto de cerrarse cuando presionó el botón.Se escuchó un suave ding y, al entrar, se quedó inmóvil durante un segundo.¿Quién estaba allí?Sí. Thomas.Él levantó la mirada del celular y una amplia sonrisa apareció en su rostro.— Mira quién decidió aparecer —dijo, divertido—. Te extrañaba, ¿sabías? Estos últimos días han sido una locura.Sofia se acomodó el bolso sobre el hombro, intentando disimular el nerviosismo.— Me imagino —respondió con una ligera sonrisa—. Yo también he estado desaparecida… Semana de exámenes. Casi no he tenido tiempo ni para respirar.Thomas asintió, inclinándose ligeramente hacia un lado, con una mirada tranquila.— Tiene sentido —dijo en un tono más suave—. Pero ahora que terminaron… ¿vas a tardar mucho aquí en la empresa?— Creo que no. Solo vine a resolver los trámites de
En la oficina, Antônio, al escuchar el leve tintineo de la porcelana, miró inmediatamente hacia la puerta.— ¿Qué haces ahí parada? —murmuró.Márcia empujó suavemente la puerta y entró con la bandeja todavía caliente entre las manos, mientras el té desprendía vapor. Solo iba a dejarle la bebida y decirle que necesitaba descansar, un pequeño gesto cotidiano que ahora parecía representar un riesgo.Durante un segundo, la expresión de él permaneció tranquila; después, algo feroz apareció en sus ojos. La palabra «muerto» todavía vibraba en el ambiente como un trueno amortiguado. Márcia intentó retroceder, con la bandeja temblando entre las manos.— ¿Qué pasa, Márcia? —la voz de él sonó baja, controlada, como la de alguien que se prepara para dictar una sentencia.Ella abrió la boca para decir que solo había ido a llevarle el té. Intentó fingir naturalidad. Sin embargo, el hombre era más perspicaz de lo que ella había imaginado. En lugar de aceptar la taza, Antônio agarró la bandeja con fu







