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DAÑO COLATERAL

last update publish date: 2025-12-13 03:50:31

días después:

—¿Y bien, licenciado? ¿Qué dicen los resultados?

Ethan sudaba de desesperación; sus manos temblaban. En el fondo sabía que aquella hoja arrojaría un POSITIVO, pero una parte de sí se negaba a aceptarlo. El horror de no ser lo suficientemente bueno para Willy lo carcomía.

—Calma, yo estoy aquí —Margaret apretó su mano—. Por favor, Ernesto, lea esos resultados. Ya no hay razón para continuar con esta tortura.

—Los resultados indican que… Joven, en efecto, el niño es suyo —dijo Ernes
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    La reunión de la junta directiva del hospital duró tres horas. Alonso salió con dolor de cabeza y la certeza de que el mundo empresarial estaba diseñado para agotar a las personas decentes. Había un inversor nuevo, un hombre llamado Gerardo Fuentes que llevaba meses comprando participaciones y que en la reunión de ese lunes había dejado caer, casi sin querer, que tenía información sobre "ciertas irregularidades en el proceso de selección del proyecto del ala Torres".Alonso supo en ese momento que Beatriz no había guardado todos sus cartuchos.Fuentes era conocido en el mundo financiero por una cosa: compraba empresas en problemas usando información privilegiada que alguien de adentro le pasaba. Y Beatriz Williams, que llevaba décadas en ese mundo, tenía contactos en todos lados.Esa noche Alonso se lo contó a Carol sin rodeos. Ella escuchó sentada en la silla de la cocina con los codos sobre la mesa y la expresión de quien está haciendo cálculos.—¿Puede echar abajo el proyecto? —preg

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  • ME CONVERTI EN SU ESCLAVA SEXUAL   LO QUE ESCONDEN LOS HOMBRES BUENOS

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    Beatriz Williams no perdía. Llevaba sesenta y dos años sin perder y no pensaba empezar ahora. Que Rosendo hubiera intervenido en el lobby del hospital fue un contratiempo, no una derrota. Que Dante estuviera fuera de la mansión era una pieza en el tablero que podía moverse de vuelta. Y que Laura hubiera aparecido y no hubiera logrado desestabilizar nada era simplemente información: la chica era más sólida de lo que parecía.Así que Beatriz cambió de estrategia.Empezó por el lugar más blando: la universidad de Carol. Una llamada discreta a una persona en la dirección académica, un rumor plantado con cuidado sobre irregularidades en la beca, una insinuación de que los trabajos de la señorita Torres habían tenido "apoyo externo no declarado". Nada que se pudiera probar fácilmente. Todo lo suficientemente sucio para ensuciar.Carol se enteró un miércoles por la mañana, cuando su tutora la llamó a su despacho con cara de quien tiene que decir algo incómodo.—Hay una denuncia anónima —le di

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    Carol estaba en la cocina cuando escuchó el timbre. Eran las ocho de la noche, Alonso había salido a una reunión en el hospital que se había extendido más de lo previsto, y Estrella ya dormía. Miró la pantalla del intercomunicador y vio a una mujer rubia, delgada, con un abrigo beige que le costaba más de lo que Carol ganaba en tres meses. No la conocía. Pero había algo en la manera en que esa mujer miraba la cámara, directa, sin ningún nerviosismo, que le dijo que ella sí sabía exactamente dónde estaba parada.—¿Quién es? —preguntó Carol.—Me llamo Laura —respondió la mujer—. Vengo a ver a Alonso. Somos... viejos amigos.Carol no abrió de inmediato. Tomó el teléfono, le escribió a Alonso: "Hay una mujer llamada Laura en la puerta. Dice que son viejos amigos. ¿Abro?". Esperó treinta segundos. Un minuto. Nada. La reunión seguía. Volvió al intercomunicador.—Alonso no está —dijo Carol—. Puede dejarle un mensaje.Laura sonrió. No fue una sonrisa simpática.—Prefiero esperar, si no le mole

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