MasukEn la mansión comenzó a escucharse que el Alfa de Midgar asistiría como invitado especial a cenar dentro de pocos días, de modo que Joel ordenó preparar la residencia.Todas las empleadas fueron movilizadas para limpiar hasta el último rincón, encerar los pisos, desempolvar los muebles, acomodar los jardines y colocar adornos nuevos por toda la casa.Mientras fregaba el suelo o ayudaba a trasladar utensilios de un lugar a otro, Daphne no conseguía apartar un pensamiento de su mente. Una y otra vez se preguntaba si aquel Alfa de Midgar sería el mismo hombre que había conocido durante el cumpleaños de Paloma.Finalmente, la noche señalada llegó. Nathan apareció en la mansión y fue recibido con todos los honores. Joel y Rocío comenzaron a enseñarle la residencia y Daphne los observó desde muy lejos. No se atrevía a acercarse demasiado porque, si se trataba de su mate, deseaba evitar que pudiera percibir su aroma.Desde la distancia le bastó un solo vistazo para reconocerlo. No había ning
Esperó a que Joel, su esposa y Rocío abandonaran la mansión para dirigirse al castillo. Solo entonces tomó una decisión.Entró en la habitación de Rocío, escogió uno de sus vestidos más elegantes y también unos zapatos que combinaban con él. Después dedicó varios minutos a peinarse lo mejor que pudo, intentando recordar cómo lo hacía su madre cuando todavía vivía.Lo único que le faltaba era el antifaz.Una de las empleadas de la casa, una mujer que siempre había sentido una profunda compasión por ella debido al trato frío y humillante que recibía constantemente por parte de la familia, decidió ayudarla.Aquella mujer desconocía que Daphne había sido alguna vez la dueña de aquella mansión, pues había comenzado a trabajar allí mucho tiempo después de la muerte de sus padres. Aun así, siempre le dolía verla tratada con tanta indiferencia, especialmente porque Joel y los suyos despreciaban al personal de servicio y con Daphne parecían mostrarse todavía más crueles.La empleada salió a co
—¡Recoge toda esa ropa!—Estos platos todavía están sucios, ¡vuélvelas a lavar!—El baño está hecho un asco. Ve a limpiarlo ahora mismo y no regreses hasta que no quede una sola mancha.—¡No te acerques a mí, estás toda sucia y llena de moho, Daphne!Eran el tipo de reprimendas que ella escuchaba prácticamente a diario desde que había cumplido catorce años, una edad en la que su vida había cambiado de manera irreversible después de perder a sus padres y quedarse sin la protección que hasta entonces había conocido.Su nombre no era Maribel, sino Daphne.Tras aquella tragedia, su destino parecía estar encaminado hacia un orfanato, pues era demasiado joven para sostenerse por sí misma, hasta que sus tíos, Joel y su esposa, decidieron acogerla.Sin embargo, aquella acogida estaba muy lejos de parecerse a la protección y el cariño que una niña huérfana habría necesitado; ellos la llevaron consigo porque eran su familia y, además, porque habían heredado todo el patrimonio que pertenecía al
A la mañana siguiente, Nathan no tardó en buscar a Raihan. Desde que había perdido el rastro de Maribel durante la celebración, no había dejado de pensar en ella.Conocía solo su nombre y el recuerdo de su rostro oculto tras el antifaz. No sabía a qué familia pertenecía, dónde vivía ni quiénes eran sus padres. Aquella escasez de información comenzaba a desesperarlo, así que decidió acudir al Alfa de Argán con la esperanza de encontrar alguna pista.Cuando ambos quedaron a solas, Nathan fue directo al asunto.—Necesito pedirle un favor. ¿Podría permitirme revisar los registros de nacimiento de Argán?Raihan frunció el ceño, claramente extrañado por aquella petición tan inusual.—¿Los registros de nacimiento? ¿Para qué querrías hacer algo así?—Yo... conocí a una loba durante el cumpleaños de Paloma. Me interesa encontrarla, pero no sé nada sobre ella. Lo único que sé es su nombre.—¿Y cómo se llama?—Maribel.El Alfa se quedó pensativo.—No conozco a ninguna mujer llamada Maribel, tamp
Nathan no alcanzó a ver el instante preciso en que ella se fue, pero la súbita ausencia de su rastro en el ambiente del castillo le confirmó lo inevitable: la chica simplemente había desaparecido.Por más que intentó buscar con la mirada o percibir aunque fuera un hilo de su aroma, no quedaba nada; era evidente que ya se había ido.Nathan se quedó desconcertado, intentando entender qué había salido mal. La conversación entre ambos fluía de una forma tan natural y ella se veía tan a gusto a su lado, que no lograba recordar haber dicho nada fuera de lugar.Empezó a preguntarse si no la habría asustado al proponerle irse juntos tan de golpe, sobre todo considerando que ni siquiera se había presentado como era debido; le había dicho su nombre, sí, pero no de dónde venía ni el puesto que ocupaba.Pensar que por culpa de su propia precipitación la chica había salido huyendo con el corazón le dejó una sensación amarga en el pecho.Aún estaba sumido en sus pensamientos cuando sintió una mano
Nathan prolongó el beso con ternura mientras que una de sus manos descansó sobre la parte baja de su espalda, acercándola todavía más a él. Ansiaba profundizar el contacto, pero notó que a Maribel le costaba seguirle el ritmo.Los labios de la joven vacilaban, seguían el beso con torpeza y nerviosismo que delataba su falta de experiencia. Sin embargo, lejos de molestarlo, a Nathan le resultaba adorable descubrir que ella nunca había compartido una intimidad semejante con nadie. Eso significaba que sería únicamente suya.No existía otro hombre reclamándola, ni un pasado amoroso que pudiera interponerse entre ellos, ni heridas semejantes a las que él había cargado durante tantos años. Era como si aquella joven hubiera estado aguardándolo desde siempre, aunque la vida los hubiera hecho encontrarse recién en ese momento.Nathan habría continuado besándola durante mucho más tiempo. La cercanía de Maribel, su aroma y el vínculo recién descubierto hacían verdaderamente difícil separarse de e







