Masuk
Emma
Necesito que vengas.
Estoy al borde de un orgasmo demencial mirando los dedos del Sr. Williams.
Me está follando con los dedos mientras me aferro a mi vida. Le ruego que me folle más fuerte y vea cómo mi humedad resbala por su brazo. Necesito algo más grande. Necesito su...
“¡Emma!”
Me sobresalto en mi asiento. La voz grave del señor Williams me saca de mis fantasías turbias.
Maldita sea.
—Sí, señor —respondo, parpadeando con fuerza. Llevo un minuto completamente absorto en mis pensamientos.
¿Qué demonios me pasa?
“Te dije que vinieras conmigo”, repite esas mismas palabras que me llevaron a una de mis muchas fantasías con él.
Esta no fue la primera vez. Y créeme, no será la última vez que me imagine a mi jefe y a mi padrastro follándome.
Me pongo de pie a toda prisa, sintiendo cómo se me ruborizan las mejillas. Los ojos grises del señor Williams me observan. Sus largos dedos se aferran al pomo de la puerta.
El pensamiento de ellos envueltos alrededor de mi cuello cruzó mi
mente.
Para ya, Emma.
—Lo siento —murmuro mientras agarro el último archivo. Alcanzo a ver a otros empleados mirándome fijamente mientras ordeno los archivos en mi lado de la mesa de conferencias.
Ya es bastante malo que todos me conozcan como su hijastra. Me pregunto qué pensarían de mí si alguna vez descubrieran cuánto fantaseo con acostarme con él.
Sí.
Me llamo Emma Collins y sueño con la polla de mi padrastro enterrada dentro de mí. Su grosor y longitud me hacen perder la cabeza.
Knox Williams es el nuevo juguete de mi madre. Guapísimo, con un cuerpo sexy y tatuado que solo puedo ver en casa.
No puedo negar que tengo celos de la elección de mi madre. O de que sea ella quien se acueste con él mientras yo sufro los estribos de sus fuertes gemidos por la noche.
Pero sé que no durará mucho. Ninguno de los muchos matrimonios de mi madre dura hasta que encuentra a un nuevo tipo más rico con quien acostarse y al que seducir para que se convierta en su esposa.
Mi madre tampoco pierde nunca la oportunidad de recordarme que fui un error suyo desde el principio.
Nunca llegué a conocer a mi padre y quiero conservarlo.
De esa manera. Me dice que mi cara le recuerda a él, lo cual ni siquiera es culpa mía.
¿Pero a quién le importa? Ella ya me ve como nada más que un error del que guarda rencor.
Y planeo darle más razones para odiarme cuando finalmente me acueste con su marido.
Tuve la oportunidad perfecta cuando me ofreció un puesto de pasante en su empresa de marketing y no perdí el tiempo en aceptarlo a pesar de que mi
Mi madre estaba en contra.
Que se joda. Pero, para ser justos, no tenía muchas opciones cuando lo único que había recibido eran varios rechazos de las otras empresas a las que había solicitado empleo. El señor Williams fue mi salvador y, a la vez, podría ser mi perdición.
Tiene el cuerpo de un dios griego y un rostro por el que cualquier mujer se arrodillaría.
En secreto, odio que mi madre lo haya visto primero. Esos labios y ojos carnosos son mi peor distracción.
Apenas pude concentrarme durante toda la reunión. Ni siquiera ahora, cuando se gira para mirarme.
Ya estoy hecha un desastre ahí abajo.
Él abre la puerta y sale primero, reteniéndola para mí. Su mirada sobre mí me provoca un escalofrío.
deslizándose sobre mi piel.
Es eléctrico. Y caliente. Me ajusto la falda mientras intento seguirle el paso.
La sensación palpitante entre mis muslos me está matando. No puedo evitar pensar en lo que me hará cuando mis pensamientos sobre él me provocan esto.
“¿Vienes?”
Lo quiero. Y voy a hacer que Knox Williams sea mío.
KnoxMe siento detrás de mi escritorio, con la rabia maldiciendo por mis venas.Gina está parada en el umbral. Antes de que pueda siquiera articular palabra, cierra la puerta de golpe con tanta fuerza que el sonido resuena en mi pecho como un disparo.El ambiente en la habitación se vuelve denso al instante, cargado con ese tipo de tensión que siempre parece acompañarla.Se dirige directamente hacia la mesa donde tengo mis papeles extendidos, sus tacones resonando contra el suelo con un ritmo que coincide con la frustración que crece en mi interior.La observo acercarse, notando cómo echa los hombros hacia atrás en señal de desafío, el ligero rubor en sus mejillas que podría ser de enfado o de algo completamente distinto.Aprieto las manos contra el borde del escritorio mientras intento controlar mi ira.—Gina —digo, con la voz baja y teñida de una furia que no puedo ocultar del todo—, ¿dónde demonios has estado estos últimos días?Se detiene jus
KnoxUna semana después, me siento a la cabecera de la larga mesa de conferencias con la ira ardiendo en mi pecho.Mónica, mi exesposa, ocupa uno de los asientos de los inversores como si aún perteneciera a mi mundo.Todavía recuerdo cómo intentó seducirme.Su presencia me produce una profunda irritación que se resiste a desaparecer. Jamás quise que volviera a estar cerca de esta empresa, y sin embargo, aquí está, tranquila y vigilante.Cada vez que mis ojos se desvían hacia ella, el resentimiento se hace más pesado, presionando contra mis costillas como una piedra que no puedo quitarme.Me obligo a concentrarme en la reunión, pero verla al otro lado de la mesa no deja de distraerme, removiendo viejos dolores y nuevas frustraciones que me dificultan respirar con normalidad.Hemos completado la revisión habitual de nuestros productos y sus márgenes de beneficio. Las cifras son sólidas y las proyecciones parecen
KnoxObservo cómo la duda se asienta en los ojos de Emma mientras me mira. Siento una opresión en el pecho al instante.Me equivoqué. No debí haber mencionado a su padre. Las palabras simplemente brotaron y, en ese momento, dejé que las emociones me dominaran. Emma no se merece este tipo de confusión ni dolor.Me recuesto contra el cabecero, la madera fría contra mi espalda, mientras sus ojos permanecen fijos en mí, buscando respuestas que no estoy preparado para dar. El silencio en la habitación se hace más denso hasta que finalmente habla, con voz suave y cautelosa.“¿Qué más dijo sobre mi padre?” Hace una pausa antes de preguntar, con la voz ligeramente temblorosa: “¿Está vivo?”Sus palabras me golpearon como un puñetazo en el estómago. Conozco a Victor Collins; lo conozco desde hace años. Fue un amigo íntimo, pero han pasado demasiadas cosas desde entonces.Hay cosas que no puedo decir, cosas que le prometí a G
EmmaEmpujé la puerta principal, con el peso del día sobre mis hombros. La oficina parecía interminable; cada correo electrónico, cada reunión me agobiaba, hasta que mi cabeza palpitaba de cansancio.Pero en cuanto entro en la casa, un aroma intenso y cálido me envuelve: ajo, especias, algo delicioso chisporroteando en la estufa.Siento un nudo en el estómago y, por primera vez en todo el día, una pequeña sensación de alivio. Lo que sea que estén cocinando huele a hogar de la mejor manera posible, un recordatorio de que alguien se preocupa lo suficiente como para hacer que la velada sea apacible.Dejo mi bolso junto a la puerta y sigo el aroma hasta la cocina.Ahí está Knox, sin camisa, de espaldas a mí, con pantalones cortos de talle bajo y un delantal oscuro atado holgadamente alrededor de la cintura.Sus músculos se contraen bajo su piel mientras revuelve algo en una sartén; sus movimientos son concentrados y serenos. Verlo en ese momento de quietud m
KnoxEstoy sentada detrás de mi gran escritorio, la luz de la mañana se filtra oblicuamente a través de las persianas, iluminando los informes financieros extendidos ante mí.Hoy siento una gran tensión en la oficina, me asfixia, como si las paredes se cerraran a mi alrededor con cada minuto que pasa.El señor Adams, nuestro contable, se sienta frente a mí; su habitual calma disimula la tensa tensión que existe entre nosotros. Sus dedos se mueven más rápido de lo normal al pasar las páginas del libro de contabilidad, y cada una nos acerca a una evidente discrepancia en los números.Se trata de la importante cantidad de dinero que ha desaparecido y del peso que siento al oprimirme el pecho.Me inclino hacia adelante, con la voz baja pero cargada de frustración. "Señor Adams, explíqueme esto otra vez. ¿Cómo es posible que algo tan importante se pierda cuando todas las transacciones pasan por su escritorio? Usted lo ve todo antes de que se mueva."Me mira f
EmmaEsa noche, di vueltas en la cama, incapaz de escapar del torbellino de pensamientos que giraban en mi cabeza.El colchón cruje suavemente bajo mí con cada movimiento, pero ninguna postura me proporciona comodidad.Mi mente revive los mismos recuerdos dolorosos: el nombre desvanecido en el libro, las frías palabras de mi madre sobre el hombre que nos abandonó, la pesada soledad que se instaló en mi pecho y se niega a irse.El sueño se mantiene fuera de mi alcance, burlándose de mí.Un hambre voraz me atormenta. Me doy cuenta de que no he comido nada desde esta mañana temprano. El vacío en mi estómago refleja el hambre que siento en lo más profundo.Pero esto sí que puedo intentar arreglarlo. Aparto las sábanas y me incorporo lentamente, sintiendo el peso del día oprimirme.Mis piernas cuelgan un instante por el borde de la cama mientras reúno fuerzas para ponerme de pie. Me ajusto el camisón, que se me ha amontonado alrededor de la cintura, alisá







