LOGINSOL:
Se queda mirándome fríamente, luego sin decir nada gira y se introduce por una puerta, estoy a punto de irme, cuando de ella sale una anciana que me mira y sonríe.
—¿En qué puedo serle útil señorita? — pregunta en mi idioma. —Buenos días, ¿puede decirme como se llama este lugar? —pregunto bajando la voz. —Se encuentra en la ciudad de Luxemburgo, señorita—responde con amabilidad sin dejar de observarme. —¿Luxemburgo? ¿En serio? —pregunto sorprendida, recordando que mis padres odiaban este país, por lo que respiro aliviada pensando que ellos no vendrán. —¿Desea algo más, señorita? —pregunta amablemente la señora. —No, no señora, muchas gracias —me despido y me alejo de la recepción. Camino ahora tímidamente hacia la salida, quiero salir a inspeccionar el hermoso parque que observo desde la altura de mi terraza y que queda justo frente al edificio. Me detengo en la acera con intención de cruzar la calle, después de veinte minutos tratando de decidirme, se me acerca un joven con un bastón, y choca conmigo. —Perdón, perdón —se disculpa una y otra vez. —No se preocupe, no fue nada— le respondo asombrando que también habla mi idioma, percatándome de que es ciego. —Joven, ¿sería tan amable de ayudarme a cruzar la calle?— pregunta con una sonrisa tímida. Me quedo callada observándolo. Es alto y delgado, viste un impecable traje negro, que hacen total armonía con sus espejuelos negros, que no me dejan ver sus ojos. Sigue delante de mí, sonriendo. Es muy hermoso, tanto que se me corta la respiración. Lo observo embelesada, me recuerda a alguien, pero no me acuerdo. Escucho como se limpia la garganta y es cuando caigo en cuenta, que no le he respondido. —Oh, disculpe, disculpe usted. Si como no, deje que lo ayude— seguidamente lo tomo por un brazo y decido ahora, con más seguridad, cruzar la calle. —Muchas gracias, muchas gracias —dice mientras sigue sonriendo, y a mi me parece realmente hermoso y conocido—, ¿va al parque? —Sí, quería estirar mis piernas —no sé ni porque le respondo, es un desconocido. Pero cómo es ciego, me da pena. —¿Le molestaría que camine a su lado? —pregunta con amabilidad moviendo su bastón en mi dirección. —No, claro que no —me coloco a su lado tomando su brazo. —Perdón, no me he presentado, mi nombre es Rijan —vuelve a inclinarse y tengo la sensación de ver sus ojos brillar detrás de sus espejuelos oscuros. —Mi nombre es Sol —me presento también. —¿Sol? —sonríe en lo que vuelve a inclinarse y agradece: — Hermoso y cálido nombre. —Gracias. Avanzamos despacio, uno junto al otro. Es hermoso el parque, lleno de muchos árboles. El olor a hierba fresca, recién mojada, hace que respire feliz. Me encanta el olor de la naturaleza, me hace sentir muy bien. También, quizás por costumbre, he tomado sin darme cuenta la mano de Rijan, que no dice nada. Cierra su bastón y se deja guiar por mí. Que todavía no me he percatado de lo que he hecho, y camino como acostumbraba a hacer con papá o mamá. Voy tan ensimismada en mis recuerdos, que de pronto siento un tirón en mi mano, y es cuando me doy cuenta de que Rijan, por no guiarlo bien, ha chocado con un banco, y ha estado a punto de caer. Lo sujeto fuerte enseguida, ayudando a que se enderece. —Disculpa Rijan, disculpa, acostumbro a caminar con papá así, que lo hice sin darme cuenta contigo. Perdón, por no fijarme por donde iba, ¿te hiciste daño?— le pregunto al ver como frota su rodilla, lo ayudo a sentarse en el banco, y sin escuchar sus reclamos diciendo que se encuentra bien, le subo el pantalón para ver una herida. —No es nada —me dice mientras sonríe— me he hecho cosas peores, sanará pronto— e intenta bajar su pantalón. —Es una herida, tenemos que llevarte al doctor. ¿Conoces un hospital cerca? Soy nueva aquí, no conozco nada. —Yo soy turista, me hospedo en ese hotel de allí— dice señalando el edificio en que vivo. ¿Es un hotel? Y es cuando veo el cartel con el nombre Hotel Luxemburgo. Vaya, vivo en un hotel —no es necesario que me lleves al hospital, solo necesito que me ayudes a encontrar una farmacia, creo que está en una de las esquinas, me dijeron. Giro mi cabeza en busca de la farmacia, y la veo muy cerca de nosotros. Meto mi mano en el bolsillo, sonrío feliz de no haber olvidado mi cartera. —Espera aquí Rijan, iré a comprar de todo lo necesario —le pido decidida a curar su pierna. —Espera Sol, deja que te acompañe —me detiene tomando mi brazo. —Me percaté que no hablas el idioma de aquí, te acompañaré, yo tampoco lo hago, pero si me hago entender con el alemán. —¿Alemán? —Me detengo al escucharlo. —Lo hablo un poco. Rijan se ha puesto de pie, extendido su bastón, intenta caminar, sin embargo, se ve que le duele. Corro y me coloco al otro lado, atrapando su brazo, lo llevo a mi cuello mientras lo sujeto por su cintura. Por un instante me parece que me huele, me detengo y lo observo, él mira hacia delante, seguro fue mi imaginación, me digo. Avanzamos en silencio con algo de dificultad hasta llegar a la farmacia, al vernos una joven muy hermosa corre a ayudarnos. —Señor Rijan, ¿qué le ha pasado? —pregunta con preocupación. —Hola señorita, no es nada, he tenido un pequeño accidente. He chocado con un banco del parque —explica sin soltar mi brazo como si temiera que me fuera. —Pero señor, ¿para dónde iba mirando? —pregunta y entrecierro los ojos. Lo observo ahora molesta. ¿Es que acaso no se ha dado cuenta de que es ciego? La veo que lo va a tomar de una mano, pero me interpongo. Después de todo fui quien hizo que tuviera el accidente. —No hace falta, señorita, yo soy su compañera. ¿Puede buscarnos algo para curar una herida? —pregunto muy seria a la señorita. —¿Compañera? ¿Qué quieres decir con eso? ¿Herida? ¿Qué herida?—pregunta observándome ahora de arriba a abajo. —Como lo escuchó, señorita. Sol es mi compañera— confirma Rijan, sonriendo de una manera encantadora, que hace me quede observándolo embelesada— y me hice una pequeña herida en mi rodilla — explica y me parece que le hace una seña a la dependiente. —Entiendo, ¿tú eres Sol? — pregunta esta vez sonriente la dependiente. —¿Así que al fin encontró a su Sol, señor?NARRADOR:Han pasado muchos años desde que Sol y Arni realizaran una espectacular boda en los tres reinos. Han tenido cinco hijos, que conforman, como dijera la profecía, una nueva raza, ya que pueden convertirse, como su padre, en cualquier animal, aunque en ellas predomina el lobo y en los varones, el murciélago. Sirius y Alis, al final, vinieron a vivir en el castillo de Arni, que les cedió un ala completa. Aunque podía fácilmente hacerles uno nuevo, quería tener a Sirius a su lado toda su vida. Su madre, al fin, podía vivir sin problemas en el inframundo, aunque subían mucho al mundo de las bestias; también habían procreado dos hijos más. La reina Lilith, al enterarse de que su nieto era el emperador elegido, dejó de querer robarle sus poderes. Aunque Arni le otorgó solo los necesarios para que no estuviera indefensa. Kenai se había mudado completamente a la manada con su esposa y su hijo. Maxas, al fin, encontró a su mitad, una loba muy joven de su manada. Al igual que su herma
NARRADOR:¿Por qué todo con él es así? Nada de romanticismo, se pregunta ella, a quien le encantan las novelas de amor. —¡No me casaré contigo si no lo haces bien! —dijo de pronto Sol. —Mi Sol, ¿otra vez con lo mismo? —bufa incómodo Arni, pensando que fue muy malo que su Sol creciera creyendo ser humana. ¡Es un fastidio! ¿Qué le estará pidiendo ahora?—. ¿Ayer no te gustó cómo te lo pedí? ¿No era eso lo que dijiste que tenía que hacer? ¡Lo hice! ¿Qué debo hacer ahora, mi Sol? —¡No me lo pediste! —niega ella con vehemencia. —¡Sí, lo hice! —afirma Arni. —¡No! Haz memoria, me pediste ser tu amante. Y acepté... acepté porque me moría de ganas también —confiesa ella. —¿No es lo mismo? —pregunta asombrado, tratando de recordar todo lo que aprendió de los humanos. Sol lo mira fijamente, como si quisiera saber si está bromeando o si de verdad no entiende dónde está la diferencia. Arni, por su parte, parece genuinamente confundido, lo que solo aumenta la frustración de ella. —¿Cómo pued
NARRADOR:Arni se entretiene haciendo muchas cosas que ha visto en las películas de escenas de sexo. No tenía la menor idea de que se hacía eso; para él, ese acto era solo introducirla y ya. Tanto Sirius como él habían aprendido mucho al respecto, y ahora se daba cuenta de que, en verdad, aquello hacía disfrutar a su mujer. Siguió esforzándose al máximo; había grabado cada detalle en su mente. Así que colocó su frente en la de su amada y le transmitió lo que había aprendido, queriendo que ella también pudiera hacerle cosas, haciendo que Sol lo mirara asombrada. —¿Dónde aprendiste eso? —pregunta sorprendida. —Con los humanos, ¿jugamos como ellos? —pregunta Arni. —¿Quieres que haga eso que me enseñaste? —ríe Sol, divertida y curiosa—. Está bien, colócate boca arriba, ahora me toca a mí. Y diciendo esto, con las nuevas informaciones que le pasara el príncipe, más las que ella había visto escondida en las escenas de amor de las películas, se dedicó a saborear y a lamer una y otra vez
NARRADOR: El emperador Árnyék, ha hecho que Sol permanezca con los ojos cerrados cubiertos por un pañuelo, luego de llegar a su castillo. Recuerda bien las escenas que viera de las habitaciones y acomoda la inmensidad de flores que llevó consigo ayudado por Sirius por todo el lugar, este último le agrega velas, y hace venir a su esposa Alis, que trae un hermoso traje a Sol, que está feliz. No sabe exactamente qué es, aunque la increíble fragancia de rosas la llena de felicidad y se deja hacer por ella. Al fin, le dicen que todo está listo. Sirius se retira con Alis, Arni, toma a Sol de las manos y la hace caminar despacio hasta que se detienen, luego le quita la venda de los ojos. Sol los abre despacio, y se encuentra en un mar de pétalos de rosas, con globos rojos por todo el techo, miles de velas esparcidas armoniosamente y a sus pies de rodillas, su príncipe vestido hermosamente, que la mira con adoración. —Sol, antes que digas nada —comienza a hablar nerviosamente Arni—, sé q
ÁRNYÉKMe quedo observando a mi hermano Sirius. ¿Cómo no se me ocurrió eso? Definitivamente, la decisión de cambiarlo fue muy buena, me digo. Aunque ahora mismo no me gusta que esté lejos de mí; debería pensar en eso. Me los llevaré a vivir a mi castillo. ¿No soy el emperador? Pues puedo hacer lo que quiera. —Sabía que ibas a ayudarme —le digo al tiempo que abrazo a Sirius, contento—. Vamos ahora mismo, de hoy no puede pasar que mi Sol me acepte y me deje hacer lo que quiero. En la ciudad, junto a Sirius, he explorado todas las maneras posibles que utilizan los humanos para enamorar a sus parejas. Y lejos de sentirme satisfecho, me encuentro más confundido. —Sirius, creo que debo hablar muy claro con mi Sol —digo frustrado—. Somos esposos y es su obligación estar conmigo, complacerme. No voy a andar corriendo detrás de ella como un tonto, como hacen los humanos. —No digas eso, Arni, es lindo. Si me hubiera enterado antes, lo hubiera hecho con mi Alis; creo que lo haré de ahora en
SIRIUS:Observo a Arni, que ha aparecido delante de mí en el castillo de Glendinning. No dice nada, solo se pasea molesto frente a mí, mientras yo espero pacientemente que finalmente se decida a hablar. Siempre ha sido así; quiere resolver los problemas solo, aunque en el fondo corre a mi lado en busca de ayuda. Al fin lo veo detenerse delante de mí y mirarme fijo con tremenda expresión de desesperación. Me asusto. —¿Qué pasa, señor? ¿Qué lo tiene así? —pregunto realmente preocupado. Pero sigue sin responder. Nunca lo había visto de esta manera, como si estuviera perdido y sin esperanzas. Ni siquiera cuando no encontraba a la descendiente de Al lo vi así. Arni mueve la cabeza negativamente y suelta un largo suspiro antes de decidirse a contarme qué le sucede. —Estoy perdido, Sirius —al fin habla. —¿Qué quiere decir con eso, señor? —pregunto con sumo respeto. El príncipe levanta la cabeza al escuchar cómo lo llamo. Aunque me ha exigido decirle su nombre, en momentos así sient