Início / Romance / MIA POR DEUDA / COMPARTIENDO LA CAMA

Compartilhar

COMPARTIENDO LA CAMA

Autor: Nelpin
last update Data de publicação: 2026-04-24 04:08:40

**ELENA**

Su sonrisa era jodidamente atractiva, pero este no es el punto. Busqué con la mirada la puerta del baño. 

—Salga de aquí —logré articular, aunque mi voz sonó más como una súplica que como una orden.

—¿Te recuerdo quién ha pagado por esta vista, Elena? —Damián caminó hacia mí con pasos lentos y rítmicos. Cada golpe de sus zapatos contra el suelo de madera resonaba como una sentencia—. Esta habitación es el único lugar donde no tienes permitido esconderte.

—El contrato hablaba de una imagen pública, no de… de esto —señalé mi estado, sintiendo cómo el calor subía por mis mejillas hasta quemarme las orejas.

“No permitas que vea tu miedo. Si nota que te intimida, habrás perdido la guerra antes de empezar”.

Me obligué a bajar los brazos y busqué una bata de seda sobre el diván, pero antes de que pudiera alcanzarla, Damián atrapó mi muñeca. Su agarre no era doloroso, pero sí absoluto. El contraste de su mano fría contra mi piel ardiente provocó que un escalofrío me recorriera la espina dorsal.

—El acuerdo dice que eres mi esposa —susurró, inclinándose tanto que su aliento rozó mi lóbulo—. Y un hombre como yo no deja sus inversiones sin supervisión. Además, no me desagrada tu mal olor.

—Usted no es un hombre, es un cobrador de deudas sin escrúpulos, un animal…  —le espeté, intentando zafarme, pero él me atrajo hacia su pecho.

La dureza de su cuerpo contra el mío era una advertencia silenciosa de su fuerza. Mis manos impactaron contra la fina tela de su camisa, y pude sentir el latido constante y calmado de su corazón. Él estaba en total control, mientras que yo era un manojo de nervios y adrenalina. Soy una imbécil.

—Llámame como quieras —sus ojos oscurecieron, adquiriendo un brillo peligroso—. Pero esta noche dormirás en esta cama. A mi lado.

—No puede obligarme a… —las palabras se me atascaron en la garganta cuando él deslizó su otra mano por mi espalda desnuda, deteniéndose justo donde empezaba la curva de mi cadera.

—No voy a obligarte a nada que tu propio cuerpo no esté pidiendo a gritos, Elena —su voz bajó un octavo, volviéndose una vibración profunda que sentí en el vientre—. ¿Crees que no noto cómo tiemblas? ¿Crees que no veo cómo se acelera tu pulso cuando me acerco?

—Es odio, no deseo —mentí, aunque mis propias reacciones me traicionaban. Lo que más me avergonzaba era mi olor corporal. 

Damián soltó una risa seca, desprovista de alegría, y me soltó con la misma brusquedad con la que me había sujetado. El frío regresó de golpe a mi piel, haciéndome extrañar, por un segundo prohibido, su contacto.

—Convéncete de eso si te ayuda a dormir. Pero mañana a las ocho quiero que estés lista para el desayuno. Vendrá un equipo de relaciones públicas para preparar nuestra primera aparición oficial.

Él se dirigió hacia el otro lado de la estancia, donde un bar privado de madera oscura exhibía botellas de cristal. Se sirvió un trago de whisky, dándome la espalda.

—Ve a bañarte, y te pones algo decente —ordenó sin mirar atrás—. No quiero que el servicio piense que he empezado a cobrarme la deuda tan pronto.

Corrí hacia el baño. Qué vergüenza, ese maldito lo hace por humillarme, pero me las desquitaré algún día. Me bañé y, al salir, tomé la bata y me la puse con manos temblorosas, anudando el cinturón con tanta fuerza que casi me dolió. Me senté en el borde de la inmensa cama, observándolo. Damián bebía en silencio, con la mirada perdida en el ventanal que mostraba las luces de la ciudad a lo lejos. Parecía un rey vigilando un territorio conquistado.

—¿Por qué yo? —pregunté de repente—. Podría haber elegido a cualquier mujer. Hay cientos que se lanzarían a sus pies por una fracción de ese dinero.

Damián dejó la copa sobre la mesa y se giró. La luz de la luna entraba por el cristal, dándole un aspecto espectral y hermoso a la vez.

—Porque ninguna de esas mujeres tiene un padre que me quitó lo que más quería. Eres el trofeo que le arrebaté.

“Venganza. Todo se reduce a eso”.

—Mi padre es un tonto, pero no es un hombre malvado. ¿A quién le haría daño? —lo defendí, aunque ni yo misma estaba segura de ello. Es un ambicioso, eso lo sé, y un jugador empedernido. ¿Pero un ladrón?

—Tu padre es un ladrón que viste de etiqueta, Elena. Y ahora, yo soy el dueño de lo único valioso que le quedaba. Tú.

Él caminó hacia su lado de la cama y empezó a desabrocharse los botones de la camisa, uno a uno, con una tranquilidad tortuosa. Mis ojos, traidores, siguieron el movimiento de sus dedos, revelando un pecho firme y marcado por cicatrices que hablaban de un pasado mucho menos elegante que su presente.

—Apaga la luz cuando termines de analizarme —dijo con sarcasmo, metiéndose bajo las sábanas—. Mañana empieza tu nueva vida. Intenta no arruinarla en el primer día.

Me acosté en el extremo opuesto de la cama, puse dos almohadas en mi costado de modo que no me tocara. Mientras yo estaba tan cerca del borde que temía caerme. El silencio en la habitación era denso, cargado de una tensión que casi podía cortarse. Podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo a unos centímetros del mío, una frontera invisible que ambos sabíamos que terminaría cayendo.

“Dos años”, los voy a soportar, no perderé mi virtud, por muy tentador que parezca. 

**DAMIAN**

Desperté porque no podía respirar. Miré a un oscuro; el sol aún no sale y se filtra por las cortinas. Qué carajos. La pierna de ella sobre mi cuello, ella atravesada en la cama; esta mujer no conoce la decencia. Lo quité con cautela. 

“Crees que has sobrevivido a la primera noche, pero esto apenas comienza”. Espero no tragarme mis propias amenazas. 

Me senté en el borde del colchón, observando su silueta envuelta en las sábanas de seda. Su cabello castaño estaba desparramado sobre la almohada gris, creando un contraste que me resultó irritante por lo hipnótico que era. Me puse de pie y me vestí con movimientos precisos. Hoy empezaba la transformación. Ella ya no era la hija de un rico; ahora era la mayor exhibición de mi poder.

Caminé hacia su lado y apoyé una mano sobre el colchón, inclinándome hasta que mi rostro quedó a centímetros del suyo.

—Despierta, Elena. El tiempo es oro y hoy me debes mucho —susurré.

Ella abrió los ojos de golpe. El pánico inicial en sus pupilas se transformó rápidamente en ese desafío que tanto me empezaba a gustar.

—¿Ni siquiera en mis sueños voy a tener paz? Tenía que ver ese maldito rostro en cuanto abrí los ojos. —preguntó con la voz ronca por el sueño, sentándose y sujetando la sábana contra su pecho.

—Tuviste ocho horas de paz. Es más de lo que tu padre nos dio a muchos de nosotros —me incorporé, ajustándome los gemelos de oro—. Báñate y prepárate. Mi equipo de imagen está en la planta baja.

—¿Equipo de imagen? No soy una muñeca de porcelana, Damián.

—En este momento, eres lo que yo diga que eres. El mundo tiene que creer que me he casado con la mujer más radiante de la ciudad, no con una heredera en desgracia que parece que no ha dormido en un siglo.

—No voy a fingir que soy feliz a su lado.  Es cierto, en mis mejores tiempos yo era la sensación del momento, ¿cómo terminé así?

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • MIA POR DEUDA   EPILOGO

    **DAMIAN**“He pasado la mitad de mi existencia auditando el peso exacto de los contenedores de acero y calculando los dividendos de la naviera central, pero ver cómo mi imperio de hierro ha quedado completamente desarmado bajo los pies descalzos de tres niños es el único balance perfecto que mis números jamás podrán registrar”.El atardecer de la costa caía sobre la terraza principal de la villa, tiñendo el horizonte marino de un tono cobrizo, denso. Permanecí de pie junto a la balaustrada de piedra, vistiendo un pantalón oscuro flojo y una camisa de lino gris perla con las mangas recogidas hasta los codos, libre de la rigidez formal de mis viejos sastres de la City, pero manteniendo esa fijeza café inquebrantable fija en el jardín inferior. El aroma dulce del jazmín ascendía desde los parterres nuevos, borrando cualquier vestigio del salitre y la brea de la aduana vieja.Cinco años habían transcurrido desde la madrugada en que las gemelas forzaron las costuras de la clínica privada.

  • MIA POR DEUDA   PERDERLAS, JAMAS

    **DAMIAN**Cediendo sutilmente a su berrinche, la cargué en vilo con una fijeza rotunda que protegió su anatomía del menor esfuerzo. La trasladé con zancadas lentas hacia el diván de la veranda cerrada, donde la luz templada de la tarde costera comenzaba a teñir los cristales de un tono cobrizo. Nos sumergimos en un encuentro íntimo, pausado y protector; un juego de caricias lentas y demandantes donde mis manos calientes delinearon la curvatura de su vientre, sintiendo el movimiento sutil de las gemelas bajo mis palmas.“Puedes gobernar mi orgullo con un solo parpadeo de tus ojos verdes, Elena, pero en este santuario de cristal sigues respondiendo exclusivamente a mi frecuencia”.Nos complementábamos de una forma implacable: mi fuerza corporativa ponía las rejas de oro para blindar su salud de las hienas del exterior, y su entrega amorosa era el único dividendo capaz de pacificar mis celos territoriales. Rocco se mantuvo en el sendero inferior, vigilando que el radio residencial perma

  • MIA POR DEUDA   ABURRIDA

    **ELENA**Se me arrugó el rostro de inmediato ante su brutalidad protectora y le hice un puchero de frustración contenida, con una audacia indomable que intentaba restarle drama a su pánico corporativo.—No soy una prisionera de tus muelles, Damián —le respondí en un susurro denso, espeso, tirando de su mano para obligarlo a doblar las rodillas frente a la camilla—. Son tus hijas las que se están abriendo espacio; no puedes ponerle un bloqueo naval a mi cuerpo.El regreso a la villa costera se ejecutó bajo una atmósfera cargada de alta tensión. Rocco nos esperaba en el porche inferior, apagando los intercomunicadores y ordenando a la nodriza que retirara a Leo hacia los jardines del ala este para evitarnos cualquier impacto que alterara mis sienes.Damián me cargó en vilo por el pasillo de madera noble, ignorando mis jadeos suaves y mis quejas informales hasta depositarme sobre el colchón de plumas de la suite alta. Se despojó de su chaleco oscuro con una parsimonia violenta, dejándom

  • MIA POR DEUDA   ¿GEMELAS?

    **DAMIAN**Mis zancadas felinas devoraron la distancia formal entre nosotros en un fragmento de segundo, bloqueando su silueta contra la mesa de juntas privada antes de que pudiera pronunciar una sola cláusula de papel. Mi aroma denso a sándalo la colonizó de golpe, obligándola a reclinar la cabeza para sostener la línea de mi mandíbula de piedra.—Estás revisando contratos de seguridad a las diez de la noche, esposo —me murmuró entre jadeos suaves, plantando sus manos calientes en mi pecho desnudo con una audacia indomable—. Tus celos territoriales te van a secar las sienes si no dejas descansar los balances de la naviera.—Estoy revisando el imperio que levanté para ti —le siseé entre dientes, y mis falanges masivas la atraparon por la nuca con una presión exacta, milimétrica, que anuló cualquier amago de distancia—. Te advertí que lo dominante no se me quita con los años, y ver este sastre blanco en mi oficina me despierta una urgencia sádica que ningún contrato puede regular.Se l

  • MIA POR DEUDA   SU RETRATO

    **ELENA**Escuché las zancadas felinas de Damián antes de que su silueta inmensa bloqueara la luz que entraba por el lateral del porche. Mi esposo apareció despojándose del chaleco oscuro, con la camisa de lino gris perla desabrochada hasta la mitad del pecho y su aroma denso a sándalo borrando de golpe el perfume de las flores. Se detuvo junto a mi mecedora, clavando su fijeza café en los movimientos del niño con una rigidez de CEO dominante que me provocó una sonrisa sutil de complacencia sádica.—Ese niño está doblando las rodillas sin ninguna fijeza formal, Elena —siseé entre dientes, y su tono profundo bajó a ese registro espeso y denso que usaba para auditar los muelles—. Si no aprende a plantar los talones con firmeza, los capataces del norte no le van a respetar el carácter cuando tenga que heredar las líneas navieras.—Tiene apenas un año y medio, cariño —le respondí con una audacia indomable, girando la cabeza para obligarlo a sostener el peso de mi mirada—. No puedes aplica

  • MIA POR DEUDA   UNA SERENIDAD

    **DAMIAN**“Controlar el tráfico de mercancías en el muelle central requiere un pulso firme, pero obligar a mi mente a asimilar que el jazmín de su piel casi se apaga en mis manos es un balance que me mantiene el sistema en un parpadeo constante de alerta”.El regreso al ala norte de la villa costera se ejecutó bajo mis órdenes más estrictas de cuarentena residencial. Permanecí de pie junto al umbral de la suite principal, con las manos hundidas en los bolsillos de mi pantalón oscuro y la camisa de lino gris perla desabrochada, vigilando el laberinto de seda de nuestra cama con una fijeza café que no se había relajado desde la madrugada de la clínica. Mis zancadas felinas eran cortas, pesadas, condicionadas por el eco del terror que todavía me vibraba en las sienes.Rocco avanzó por el pasillo de madera noble con su parsimonia de siempre, deteniéndose a la distancia formal justa. No traía carpetas comerciales ni los habituales pliegos de la City; su rigidez reglamentaria estaba volcad

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status